Hay chimpancés «policías» que mantienen la paz de sus grupos

Pueden ser indistintamente machos o hembras, según un estudio realizado en zoológicos europeos

Los chimpancés también tienen sus «policías» para mantener el orden y la cohesión del grupo, aunque a diferencia de lo que sucede a veces con sus «colegas» humanos rara vez necesitan recurrir a la fuerza.

«Es una evolución temprana de un tipo de moralidad», afirman varios antropólogos de la Universidad de Zurich que llegaron a esa conclusión tras observar a un grupo de chimpancés en un zoo cerca de St. Gallen (Suiza) y comparar sus resultados con los de otros tres zoológicos europeos.

El estudio, publicado en la revista PLoS One, se centró en aquellos casos en los que los chimpancés, definidos como «árbitros» para resaltar su imparcialidad, actuaban de forma desinteresada con la paz del grupo como único objetivo, explicó uno de los principales autores, Carel van Schaik.

Este comportamiento «poco frecuente» suele limitarse a los individuos, ya sean machos o hembras, que gozan de mayor autoridad dentro del grupo, y se da más a menudo cuando la pelea involucra a varios contrincantes, ya que este tipo de conflictos supone una mayor amenaza para la paz.

La investigación se llevó a cabo en el Walter Zoo de Gossau, cerca de St. Gallen, con 11 chimpancés cautivos, dos machos adultos y uno adolescente y seis hembras adultas y dos adolescentes.

Durante el estudio fueron agregadas al grupo otras tres hembras adultas y se produjo un cambio de papeles entre los dos machos adultos, dos sucesos que causaron inestabilidad social.

Aunque en los otros tres zoológicos en algunas ocasiones fueron las hembras las que restablecieron la paz, en el zoo de Gossau fueron los dos machos dominantes, Cess y Digit, los que intervinieron en 69 de los 438 conflictos registrados, en ocho ocasiones juntos.

Intervención

«Literalmente intervenían, se interponían entre los competidores. Al tratarse de individuos poderosos y respetados, los contrincantes tenían difícil seguir con su pelea y esta intervención virtualmente desembocaba en un cese de hostilidades», señaló van Schaik.

Esta no es la primera vez que se observa este tipo de comportamiento entre chimpancés y otros primates, pero sí es el primer estudio sistemático sobre este fenómeno poco usual, afirmó el científico.

En los cuatro zoológicos estudiados el arbitraje fue llevado a cabo por individuos altamente respetados por el grupo, ya fueran machos o hembras, resolvió conflictos tanto entre miembros del mismo sexo o del sexo opuesto y fue más frecuente en una situación de inestabilidad social.

Distintas «culturas»

Por otra parte, científicos analizaron comportamientos de distintos grupos de chimpancés en estado silvestre, en Africa y llegaron a la conclusión de que entre ese tipo de primates existen diferentes «culturas».

La investigación fue llevada a cabo con chimpancés de tres comunidades distintas en el parque nacional de Taí, en Costa de Marfil, que pese a ser vecinas emplean métodos distintos para partir nueces.

Y es que los chimpancés, al igual que el hombre, no siempre hacen lo mismo que sus vecinos, afirma el estudio, publicado en Current Biology.

Los científicos, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, en Alemania, comprobaron que los primates de una comunidad preferían siempre romper las nueces Coula con piedras, mientras los de las otras dos se pasaban a los útiles de madera cuando estos frutos son más blandos y fáciles de abrir, al final de la temporada.

También observaron preferencias en el tamaño del cascanueces elegido, que en el grupo que optó por las piedras era mayor, mientras que otro grupo se decantaba siempre por instrumentos de madera pequeños y el tercero adaptaba el tamaño del martillo a la dureza de las nueces.

«Hemos documentado diferencias en la elección del martillo a una distancia de una sola manzana en el bosque, con miembros de tres comunidades de chimpancés distintos pero adyacentes que están en contacto regular entre sí y por tanto no están genéticamente diferenciados», señaló la antropóloga Lydia Luncz, de aquel instituto.

Esta es la clave que ha llevado a los antropólogos a creer que se trata de una diferencia cultural, ya que estudios previos habían documentado comportamientos distintos entre los chimpancés, pero entre poblaciones separadas por una gran distancia geográfica, con lo que no podía descartarse un factor genético o medioambiental.

Según el estudio, la elección de uno u otro método para romper las nueces se mantuvo incluso cuando algún chimpancé se movía entre una comunidad y otra del bosque de Taí, situado en el suroeste de Costa de Marfil.

Integración

Luncz explicó que cuando las hembras abandonaron su grupo nativo para emigrar a otro al comienzo de la pubertad -algo que hacen una vez en la vida- adquirieron el método de romper nueces de su comunidad adoptiva, pese a ser ya expertas en el otro sistema.

Debe suponer una ventaja para las hembras recién llegadas integrarse y no llamar la atención, señaló Luncz al recordar que suelen ser agredidas, sobre todo por otras hembras.

«Los chimpancés son parecidos a los humanos en muchos aspectos y las tradiciones en cuanto a la selección de herramientas pasan de una generación a otra, lo que permite el desarrollo de diferencias culturales entre los grupos», agregó.

Según otro de los autores del estudio, Christophe Boesch, «al estudiar las similitudes con nuestros parientes vivos más cercanos en su hábitat natural en Africa tenemos la oportunidad única de saber más sobre las raíces evolutivas de la cultura, que es para nosotros los humanos uno de los elementos clave de nuestra identidad».

Hay estudios que describen una cultura entre otras especies animales y que demuestran que pueden transmitir una conducta aprendida socialmente, como es el caso de los distintos estilos para buscar alimento de los delfines mulares y los patrones de los cantos de las orcas.

Los científicos se percataron por primera vez de una cultura entre los primates cuando observaron a una hembra de macaco en Japón lavar una papa en un río para quitarle la arena en vez de limpiarla con la mano, como hacían los demás monos.

Esta práctica se extendió con rapidez a todo el grupo hasta que la misma hembra comprobó que las papas sabían mejor si se lavaban en el agua salada del mar.

A partir de entonces, los macacos comenzaron a introducir las papas en el agua de mar tras hacerles una hendidura con los dientes para sazonar mejor su interior.

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