Harry Potter está entre nosotros

Hay objetos frágiles, valiosos, vulnerables, en fin, no aptos para los descuidos. Tal vez por eso el Museo Nacional de Arte Decorativo atrae, en general, al público adulto. Sin embargo, hasta el 7 de marzo hay en tres salas de su subsuelo un imán para los más chicos: son las 78 ilustraciones que la artista Dolores Avendaño expone en la muestra “Fantasía y realidad en el Museo”, entre las que se cuentan sus dibujos originales para seis tapas de las versiones hispanoamericanas de Harry Potter.

Ese es el primer golpe a la vista: sobre un fondo azul –uno de los colores sobre los que prefiere trabajar, por eso le gusta tanto la tapa del quinto volumen de la saga– está el niño-mago inglés combatiendo un dragón, acompañado de su aliado y maestro Dumbledore, volando en escoba o en algún animal fantástico que J.K. Rowling inventó para la ocasión. “Terminé de ilustrar un texto para Emecé, la primera editorial de Harry Potter en español, y me dijeron ‘Tenemos un libro de un chico mago’; ni ellos ni yo imaginamos el fenómeno de ventas y de fanáticos que vendría con ese nene”, recuerda. Terminaban los años 90 y Avendaño ya había trabajado con editoriales de Estados Unidos, donde estudió ilustración: varios de los dibujos de su primera gran obra , un texto sobre Halloween, pueden verse en esta especie de retrospectiva, según la propia artista definió.

Es que no sólo de Harry Potter –y amigos suyos como el grandísimo Hagrid, custodio perpetuo de la escuela de magia Hogwarts y comprador experto de búhos– se nutre la muestra de Avendaño: hay una serie sobre el circo , que se usó para acompañar las tablas de multiplicar en afiches escolares, hay trabajos inspirados en el Arca de Noé y hay piezas de los primeros años de su trabajo. La muestra abarca dibujos hechos con acrílicos sobre papel acuarela entre 1992 y este año.

El propio museo fue fuente de inspiración para la artista, que estudió Diseño Gráfico antes de especializarse en dibujo: hay 6 obras que intervienen fotografías de distintas salas de la institución , con personajes, obras o detalles que pueden encontrarse en esas salas. El desafío, para que el paseo se extienda más allá de esa muestra, es que los visitantes busquen en la sala esos objetos ilustrados, que jueguen con el patrimonio y lo exploren. “Fue una propuesta que pensamos entre la parte educacional de la casa y yo para que hubiera algo interactivo”, describe Avendaño.

Sus imágenes, con criaturas inventadas, con animales animados, con reinterpretaciones de clásicos literarios como El Mago de Oz –otro hechicero–, con paisajes lejanos para el espectador, son cálidas, tiernas, como un regreso a esos años en los que se hojean los libros en busca de los dibujos que cuentan las historias.

Así recorría los textos Avendaño cuando era chica, recuerda, y así decidió que se ocuparía de eso incluso antes de saber fehacientemente que se podía trabajar como ilustrador. Sin embargo, ella estuvo en alguno de esos paisajes que se adivinan tan distintos al cotidianos, como las del zorro que mira a tres caminantes nocturnos, en pleno Sahara. La única mujer del grupo –están todos de espalda– es la propia autora: “Nadie lo sabe pero yo sí”, cuenta. Por allí, Avendaño participó de la Marathon des Sabies, que atraviesa 243 kilómetros del desierto marroquí; también corrió 160 kilómetros en el Himalaya, hasta estar a unos 3.900 metros sobre el nivel del mar. Es que además de ilustradora, Avendaño es atleta, y en muchos de sus recorridos encuentra imágenes que luego se vuelcan al papel. Aunque algunas panorámicas parezcan dignas de la imaginación más optimista.

Precavida, aunque visiblemente entusiasmada, Avendaño prefiere no adelantar expectativas sobre la muestra. “Cuando expuse en la UCA en 2010 surgió algún pedido particular de quienes vieron las obras, y fue el puntapié inicial para que el Museo Nacional de Arte Decorativo pensara en esta muestra; así que no sé qué puede venir, pero tengo un buen presentimiento ”, reflexiona.

Mientras tanto, hasta marzo se puede ir a hojear ese gran libro infantil con los ojos del que aún no se preocupa por no romper, no correr, no hacer ruido. Vale la pena el ejercicio.

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