HAMMURABI-LEGISLADOR DE BABILONIA

Hammurabi: el legislador de Babilonia
Aunque hizo de Babilonia un gran imperio, Hammurabi pasó a la historia no tanto como un conquistador, sino como el autor de un código que sirviera de referencia a todos sus súbditos.

Llegado al trono de Babilonia en 1792 a.C., Hammurabi lograría en unos pocos años transformar el modesto Estado que le había legado su padre en un poderoso Imperio que se extendía por toda Mesopotamia. Las diversas ciudades de Sumer, el reino de Mari y Acad se verían forzados a acatar su supremacía. Pero Hammurabi no se conformó con la victoria militar; quiso también establecer un orden duradero basado en el derecho. Fue así como en torno al año 1755 decidió reunir en un único código jurídico distintas normas que regulaban las relaciones entre sus súbditos. Es lo que la historia conoce como Código de Hammurabi. A pesar de que no era el primer ensayo de este tipo (los sumerios se habían adelantado varios siglos), por su amplitud y la solemnidad de su redacción el Código de Hammurabi puede considerarse como el primer gran ejemplo de legislación judicial que nos ha legado la historia.
Hammurabi ordenó que las distintas normas que integraban el código se inscribieran en grandes estelas de más de dos metros de altura emplazadas en cada ciudad del reino, similares a la célebre pieza que se conserva en el Museo del Louvre. Todo aquel que deseara denunciar un abuso debía acudir ante la estatua del rey como «Rey de Justicia» y la estela inscrita, para así comprobar cuáles eran sus derechos. Las disposiciones jurídicas de tales estelas permiten imaginarnos cómo era la sociedad babilonia en el II milenio a.C. Muchas de ellas se refieren al matrimonio, previendo castigos para casos de adulterio, violación, abandono del hogar, repudio… Las penas a menudo son muy severas, como corresponde a una sociedad que valoraba por encima de todo la pervivencia de los linajes. Otras leyes muestran la diferencia de estatus entre cortesanos, hombres libres y esclavos. Es célebre la ley del «ojo por ojo y diente por diente», que sólo se aplicaba como tal entre iguales; un hombre de clase superior se salvaba pagando una simple multa. Pese a estas desigualdades, el Código representó un gran avance, y de algún modo cumplió el designio de Hmmurabbi de impedir «que el fuerte opirma al débil y hacer justicia al huérfano y la viuda».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *