Hacer de la Patria, una bandera

Las banderas españolas flamearon en las instituciones de Buenos Aires hasta 1815. Pero, los patriotas porteños comenzaron a diferenciarse desde 1810 con el uso de cintillos celestes y blancos; luego en 1812, Belgrano creó la bandera nacional que identific
Desde siempre, los seres humanos se valieron de imágenes para representar ideas, creencias, conceptos abstractos o sucesos. Tal es lo que se denomina símbolo: “una representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con ésta por una convención socialmente aceptada”, según la definición de la Real Academia Española. El sentimiento patriótico siempre ha exigido de una manifestación externa que materializase su fuerte connotación emocional y el sentido entrañable de pertenencia a una comunidad. Y desde la constitución de los Estados nacionales en la Edad Moderna, la bandera adquirió un carácter sustancial como símbolo de la Patria. Según el criterio de los etimologistas, el término bandera procede de la voz española banda, del latín bandum (o bandus), que originariamente significaba cinta, lazo, tira, propia para atar o ligar. Se entiende así, por qué se ha dicho que es “un paño dotado de alma”1. En toda la Europa monárquica, donde tenía vigencia la teoría patrimonial del Estado, el distintivo nacional se identificaba con el estandarte real. En el caso de España, luego de la unión de Castilla y Aragón surgió la bandera roja y gualda (gules y oro), por fusión de los colores dominantes respectivamente en la heráldica de esos reinos. En el siglo XVIII, con el traspaso del poder de los Austrias a los Borbones, se introdujo a partir de Felipe V, el blanco como color regio por ser la tonalidad de esa casa dinástica representada también por la roja cruz de Borgoña, la que ya se había introducido en España mucho antes a raíz del matrimonio de Felipe “el Hermoso” con Juana “la Loca”, hija de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. El nuevo signo heráldico tenía su origen en las aspas nudosas de los árboles ensangrentados por la crucifixión o martirio de San Andrés, hermano del apóstol Pedro que tuvo lugar en el 63 d. C.

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