GUION EXISTENCIAL

Para ayudarnos en el viaje[1] de la vida, la búsqueda de sentido espiritual, el peregrinaje, la Tradición ofrece «guiones», sugerencias e indicaciones, que señalan el «sentido» hacia un «buen destino» para nuestro «viaje del alma», dándole un significado a nuestras vidas: esos «guiones» son los textos sagrados, que indican qué hacer (es decir, «por donde ir») y qué no hacer («por donde no ir»).

Llegamos al punto en que podemos considerar nuestra vida como un guión[2], que indica la dirección del drama[3] en el que participamos como co-autores y protagonistas, como un mapa de ruta, cuyo desarrollo avanza en una determinada dirección[4].

Cada uno de nosotros desarrolla, escribe o «teje»[5] su propia trama[6], con su vida, sus acciones y omisiones, sus aciertos y errores, sus opciones y sus vínculos, alrededor de la urdimbre[7] que, alguna vez eligiera como «guión (y eso es lo que vamos a tratar de descubrir mediante el auto-examen) » en algún momento de su vida temprana.

Un dato importante, a tomar en cuenta, es que nuestros textos existenciales se relacionan con el de otras personas, de manera que lo único verdaderamente individual es la urdimbre, mientras que nuestra trama posee hilos de las tramas de aquellos con quienes nos hemos relacionado de manera significativa (lo cual nos ha permitido incorporar características de otras personas a nuestra propia historia y persona).

Podríamos decir que la urdimbre constituye el factor propiamente individual de cada uno de nosotros, como seres creados, y es el «hilo conductor» que nos conecta con Dios, como Principio, y expresa, en nosotros, Su «soplo» o Espíritu: lo que nosotros hacemos con ello, a través de nuestras acciones, constituye la trama.

El trabajo – no exento de lágrimas – consiste en examinar, detalladamente y con sinceridad, cada periodo a fin de hallar en ellos los «Sucesos y Personas» relevantes para nosotros, aquellos que tuvieron incidencia determinante en nuestra historia; la información que hallemos en este proceso, será puesta por escrito, de manera sintética, en un Cuadro de Situación.

Del examen detallado, surgirá la posibilidad de reorientar la vida o, en caso de ser imposible deshacer los efectos de las experiencias antiguas, deberemos hacer un trabajo interior denominado «duelo».

El proceso de duelo consta de varias etapas o aspectos, bien estudiados y definidos (negación/ ira/ negociación/ depresión/ aceptación), aunque no siempre transcurren en el orden descripto ni son necesariamente sucesivas (pueden saltearse, imbricarse, superponerse, etc., según la persona que transita este camino).

Una situación de nuestra vida, cuyas consecuencias fueron negativas y cuyos efectos no pueden resolverse o deshacerse, necesita del proceso de duelo, a fin de integrar en nosotros mismos esos «fantasmas» que gritan desde las sombras y nos ensordecen, confundiendo nuestros pasos actuales: la integración de esos resabios, mitiga el dolor y apacigua nuestra conciencia, nos brinda serenidad a través del aquietamiento y de ese modo, nos permite orientarnos a nosotros mismos, tomando el timón de nuestra propia barca, hacia la paz…

El proceso de duelo es, en definitiva, un proceso espiritual (más que psíquico) de desapego, donde «enterramos muertos para no vivir con fantasmas», proceso que necesita de la despedida y renuncia efectiva a mantener actuales los sucesos y personas que ya no están…

 

El autoexamen y la escritura nos permiten considerar la vida como un viaje y como un guión, a la vez…

Como viaje, la vida puede dividirse, esquemáticamente, en Nacimiento, desarrollo y Muerte; como guión, en Planteo, Desarrollo (Nudo) y Desenlace: ambas miradas pueden considerarse, a los fines de la aplicación cotidiana de los principios tradicionales, como paralelas, donde el Nacimiento (y los primeros años de vida) determinan el Planteo del guión vital (la «urdimbre»), el Desarrollo pone en juego las fuerzas vitales del individuo (en interacción con las de otros individuos y con las circunstancias ajenas a la voluntad de cada uno), tejiendo la «trama» alrededor de la «urdimbre», y la Muerte constituye el Desenlace final de la dirección tomada a lo largo del guión; no obstante, existe un planteo, nudo y desenlace para cada situación existencial relevante, por lo cual este esquema puede aplicarse a diferentes momentos de la vida de cada individuo…

Considerar la vida como viaje, implica pensar y poner por escrito, ciertos aspectos – reales y/o simbólicos – que comprenden diversos conceptos constituyentes de todo viajero (Línea de Tiempo, Otros Personajes, Equipaje, Geografía existencial, etc.).

Una vez comprendido el Guión, podemos abocarnos a la tarea de comprender el personaje, a fin de re-escribirlo, re-definirlo y re-orientarlo, pasando así a ser co-autores de nuestro drama…

Para ello, deberemos tener presente que el personaje (en este caso, nosotros mismos, entendidos como actores dentro de una obra dramática) avanza a través de conflictos, enfrentando fuerzas superiores a el (si fuesen inferiores, no habría conflicto alguno) y, para poder hacerlo, necesita de interlocutores validos (maestros, compañeros, villanos, fantasmas, etc.) cuyas características cuestionen o impulsen las del propio personaje…

La re-escritura del personaje, que constituye una verdadera re-construcción del individuo, se hace a partir de un momento clave en la vida de este, un momento existencial de enorme tensión: el «momento critico»[8]…

En ese momento, todo lo que se creía certero y seguro se resquebraja y tambalea, el camino entra en una curva sin aparente fin, el horizonte se pierde de vista y la autoestima se pulveriza, es en ese momento cuando el individuo deberá recurrir a lo mejor de si mismo, para lo cual deberá inevitablemente re-descubrirse, re-encontrar sus fuerzas y sus capacidades: es a través de ese momento de oscuridad absoluta donde deberá recuperar su propia luz, para transitar así su propia «noche oscura» (en palabras del gran guía de buscadores y viajeros nocturnos, San Juan de la Cruz) «sin otra luz y guía que aquella que en el corazón ardía»…

Es en ese momento crucial donde deberemos recurrir a la calma, haciendo una lista de las características de nuestro personaje, de la manera mas clara posible, definiendo cómo es, como ha sido y como queremos que sea…

 

 

Recordemos que:

 

  • No podemos escribir las circunstancias (ese es nuestro limite) pero podemos escribir las opciones, podemos optar, decidir y re-orientar nuestros pasos
  • El pasado no puede cambiarse, pero puede dejar de tener una influencia decisiva sobre nosotros, si lo afrontamos e integramos en nuestro presente; lo que ocurrió, lo hizo en el pasado pero ya no esta ocurriendo…
  • No somos responsables de lo que nos haya ocurrido, de las circunstancias de la vida, pero somos responsables de lo que hagamos con ello…



[1] Viaje, acción de ir de un lugar a otro, trasladarse; palabra que deriva del latín «vía», camino, que deriva del indoeuropeo «wegh», «ir, llevar, transportar»

[2] Guión deriva de «guiar» (dirigir, mostrar el camino) y esta deriva del indoeuropeo «weid» (ver, hallar, saber, cuidar, conducir, imagen, por lo tanto, imaginar), que se relaciona con «wid-e» (mismos significados, de donde deriva la palabra Druida) y «woid-o» (conocimiento, de donde deriva la palabra Veda): el guión, por lo tanto, es lo que permite ver, imaginar o conocer el camino a seguir.

[3] Drama significa, según su origen griego, «hecho o acción» que transcurre «en un escenario» y es una palabra que deriva del indoeuropeo «der-d», cuyo significado es el de «trabajar», de donde podemos concluir que «drama» es el «trabajo que hacemos sobre un escenario» que, para nuestro caso, es el contexto donde transcurre nuestra vida.

[4] Christopher Keane, Como escribir un guión vendible, Ed. de la Flor, Buenos Aires, 2002

[5] Tejer, entrelazar los hilos de la trama con los de la urdimbre, deriva del latín «texere» (tejer o construir), que deriva, a su vez, del indoeuropeo «teks-» (con el mismo significado), de la cual derivan diferentes palabras, cuya etimología se nos presenta entonces como afín: tejer, tejido, construcción, texto (palabra que presenta exactamente el mismo origen que «tejer»), arquitecto; de donde podemos concluir que el texto de nuestra vida es el entretejido que construimos, como arquitectos de nuestra existencia.

[6] Trama es el factor variable del tejido o texto, aludiendo a los hilos que pasan, por vaivén, entre los de la urdimbre, formando la tela; palabra derivada del latín «trama» (conjunto de los hilos transversales a la urdimbre), que deriva, a su vez, del indoeuropeo «tragh-» (tirar, mover o arrastrar)

[7] Urdimbre es el factor inmutable, designando los hilos tendidos para «anclar» los de la trama; así, «urdir» es «preparar los hilos del telar», palabra que deriva del latín «ordiri» (empezar a tejer), relacionado con «ordo» (orden, hilera de hilos en el telar), derivados a su vez del indoeuropeo «ar-» (colocar, ajustar). Urdimbre, por lo tanto, es el hilo conductor que ordena, dirige e indica la dirección que deberá seguir la trama, para completar el tejido o texto.

[8] Crisis, palabra derivada del griego «krisis» (punto decisivo), alude a un momento decisivo, una situación inesperada que requiere urgente solución. La palabra griega «krisis» deriva, a su vez, de «krinein» (separar, decidir), relacionada con el indoeuropeo «skribh» (cortar, separar, distinguir), de la cual derivan otras palabras clave para nuestro trabajo, como «discriminar», «distinguir», «diferenciar», «cernir», «discernir», «acertar», «critica» y «criterio». El momento crítico es, por lo tanto, una oportunidad única de discernir la vida y ponerla en cuestión, preguntándonos por el sentido de la misma, a fin de decidir un nuevo rumbo, acertando en la elección.

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