Guerra Espiritual: la batalla de dos reinos

Hace algún tiempo recibí una llamada telefónica de Yolanda, una mujer presa de la desesperación porque no podían vivir—ni ella ni su familia—en un cómodo apartamento de Miami, Estados Unidos. ¿La razón? En un pasillo de la construcción se percibía un frío tremendo, a pesar de la calidez de las habitaciones, la sala, el comedor y la cocina. Sólo cuando se pasaba por ese espacio, de aproximadamente metro y cuarenta centímetros, se experimentaba la misma sensación que estar en la cima de una cumbre en los Andes.

 

No se qué hacer. Lo he intentad todo, pero nada funciona. Incluso el sacerdote de mi parroquia vino, pero no pudo hacer mucho. La heladse prosigue–, me dijo.

 

Le pedí que corroborara si no era producto de un escape de agua. “Puede ocurrir que trate de una humedad persistente”, expliqué.

 

Yolanda me indicó que habían comprobado la infraestructura hidráulica, y todo estaba bien.

 

Lo que está ocurriendo es espiritual–, aseguró tras indicar que había consultado el caso a un ministro evangélico–. Él me recomendó que le llamara–.

 

Hablamos un buen rato y me refirió que los anteriores dueños eran gnósticos. Incluso, por lo que había averiguado, sabía de reuniones periódicas los fines de semana con otras personas interesadas en el tema.

 

¡Allí estaba el meollo del asunto! A miles de kilómetros del lugar que ella se encontraba, le instruir sobre la necesidad de tomar autoridad en Jesucristo, y en el Nombre de Aquél que todo lo pude, echar fuera las fuerzas de las tinieblas que –sin duda—estaban generando el conflicto.

 

Ella lo hizo así. Oraban junto con su esposo y sus dos hijitos y al transcurrir menos de una semana, el panorama había cambiado por completo. No solamente había una temperatura estable en la vivienda, sino que se había ido el ambiente pesado que se percibía en ocasiones.

 

¿A qué se debía? A una realidad que no podemos desconocer: alrededor nuestro hay dos mundos, uno físico y otro espiritual, que libran una tremenda batalla, y más preocupante aún: por nuestras almas.

 

Una batalla que hace rugir el universo

 

En todo el universo creado se operan dos mundos claramente definidos: el Reino Natural y el Reino Espiritual. Así fue concebido desde el momento mismo de la creación (Génesis 1:1), pero Satanás desplegó su ataque sobre todo lo creado, y generó caos (Génesis 1:2). Desde siempre, entonces, el propósito de nuestro adversario ha sido la destrucción de una obra maravillosa de nuestro Padre celestial: usted.

 

Recuerde que producto de su rebelión, el diablo perdió todos los privilegios y fue echado a la tierra: Después hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. El dragón y sus ángeles pelearon, Así pues, el gran dragón fue expulsado, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás y que engaña a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron lanzados a la tierra.”(Apocalipsis 12:7, 9, versión Dios habla hoy)

Fue un enfrentamiento cósmico sin precedentes y que sobrepasa nuestro nivel de comprensión. Una vez en el mundo creado físicamente, Satanás se propuso promover destrucción, batallando por su alma y la mía a través de las condiciones propicias para que caigamos en pecado y experimentemos, o bien un estancamiento o revés de orden espiritual, que afecta nuestra forma de pensar y actuar.

 

Por otra parte, Dios a través de su amado Hijo Jesús procura la salvación de su alma, como lo enseñó el amado Redentor: El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.”(Juan 10:10, versión Dios habla hoy)

 

El esquema quedaría definido de la siguiente manera:

 

 

DOS REINOS BATALLAN POR SU ALMA

 

Reino Natural Todo lo que podemos ver y/o palpar. Incluye el universo con sus constelaciones.
Reino Espiritual

 

Reino de Dios El gobierno de Dios sobre las dimensiones física y espiritual. Cuando recibimos a Jesús como Señor y Salvador, empieza a gobernar sobre nuestras vidas.

Tiene además ejércitos angelicales, definidos en una jerarquía, que están a su servicio.

Reino de las tinieblas Gobierno sobre el género humano como consecuencia del pecado. Su esquema de presencia en el mundo está definido a través de principados, potestades, poderes de tinieblas y espíritus de maldad

 

Nuestras vidas son muy importantes para Dios, pero Satanás también quiere tener control para llevarnos a la perdición eterna.

 

¿Contra quién es la batalla?

 

Aunque una sociedad secularizada como la nuestra, se empecina en negar la existencia de una dimensión espiritual de maldad, no sólo es real sino que procura nuestra destrucción como criaturas de Dios.

 

Los cristianos del primer siglo tenían muy claro este aspecto, ya que el apóstol Pablo escribe a los creyentes de Éfeso: “Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en nuestro Señor y en la grandeza de su poder, y vístanse de toda la armadura de Dios, para que sean capaces de estar firmes ante las estrategias del Adversario; porque su lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra gobernantes, contra los poseedores  de este mundo de tinieblas y contra los espíritus malignos que están bajo los cielos.”(Efesios 6:10-12, versión Aramea-Peshita)

 

Es una batalla, y real. Si no estamos preparados, salimos perdiendo, de huida. ¿Qué se ve afectada? Nuestra vida física, porque se despliegan en contra enfermedades, ruina, maldiciones y toda el abanico de manifestaciones de maldad propiciadas por Satanás.

 

Aunque no lo notemos, alrededor nuestro se está librando esa guerra, y el apóstol Pedro es enfático en asegurar que debemos asumir una posición de combate:“Sean sobrios y estén alertas, porque su adversario, Satanás, anda como león rugiente buscando a quién devorar. Por tanto, resístanlo estando firmes en la fe. Sepan también que los mismos padecimientos les están sobreviviendo a sus hermanos que están en el mundo.”(1 Pedro 5:8, 9, versión Aramea-Peshita)

 

Hay tres aspectos que debemos destacar, de acuerdo con la enseñanza del apóstol a los cristianos del primer siglo y también a nosotros hoy:

 

a. Sometimiento a Dios

b. Resistir al diablo

c. Enviarlo en huida, que no es otra cosa que en derrota

 

No tendremos éxito en la Intercesión y Guerra Espiritual a menos que haya sometimiento a nuestro amado Padre celestial en cuerpo, alma y espíritu; es decir, con la integralidad de nuestro ser. Sólo entonces, tendremos los fundamentos para vencer.

 

El Adversario nos ataca, así no nos metamos con él

 

En cierta ocasión y mientras daba una conferencia, uno de los participantes señaló: “De estos temas como la Guerra Espiritual no me gusta hablar. Prefiero no alborotar avisperos; es mejor dejarlo quieto”.

 

El enemigo espiritual, maquina en contra nuestra  las 24 horas del día, 7 días a la semana,  durante 365 jornadas al año. Por esa razón es fundamental mantenernos alerta.

 

Él crea el escenario para que caigamos en pecado. Gracias a que haya pecaminosidad en nuestras vidas, él llega a tener dominio. Está tan seguro de esto, que tras los cuarenta días del Señor Jesús en el desierto, lo retó: “El Adversario lo llevó nuevamente a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré si postrándote me adoras.”(Mateo 4:8, 9, versión Aramea-Peshita)

 

El apóstol Pablo despejó el asunto, en el sentido de que hay dos Reinos, el Natural y el Espiritual, cuando escribió a los creyentes de Corinto en el primer siglo: “También hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales, pero una clase de gloria es la de los celestiales y otra la de los terrenales.”(1 Corintios 15:40, versión Aramea-Peshita)

 

Tener claridad al respecto no es fácil en nuestra limitada cosmovisión física. Viene a la  memoria un relato consignado en el 2 libro de Reyes, capítulo 6 en adelante. El rey de Siria envió a sus tropas para traer al profeta Eliseo, a quien consideraba “informante” de Israel y por ende, su peor enemigo.

 

El monarca de Siria  envió un destacamento de caballería, carros de combate y mucha infantería, que llegaron de noche a Dotán y rodearon la ciudad. A la mañana siguiente se levantó el criado de Eliseo, y al salir vio aquel ejército que rodeaba la ciudad con caballería y carros de combate; entonces fue a decirle a Eliseo: –Y ahora, maestro, ¿qué vamos a hacer? Eliseo le respondió: –No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo al Señor, diciendo: “Te ruego, Señor, que abras sus ojos, para que vea.” El Señor abrió entonces los ojos del criado, y este vio que la montaña estaba llena de caballería y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”(2 Reyes 6.14-17, versión Dios habla hoy)

 

¿Se da cuenta de lo que ocurría? Se abrieron los ojos espirituales del siervo de Eliseo. En nuestro tiempo ese fenómeno aún se da, y en casos en que no podamos apreciar lo que ocurre de manera fehaciente en la dimensión espiritual, sí puede darse el discernimiento, del que habla el apóstol Pablo: “Y los espirituales comparamos las cosas espirituales, porque el hombre que está en el alma no acepta las cosas espirituales porque le son locura, pues no es capaz de comprenderlas, porque han de discernirse espiritualmente por medio del Espíritu.”(1 Corintios 2:13, 14, versión Aramea-Peshita)

 

Cuando no hay tal discernimiento, se produce el rechazo y se avivan las polémicas comunes hoy  en contra de los cristianos que profundizan en el tema de Intercesión y Guerra Espiritual.

 

La organización del Reino espiritual de maldad

 

El Reino de Dios es más asequible a nuestra comprensión, mientras que el Reino espiritual de las tinieblas puede resultar más lejano a nuestra cosmovisión, por los prejuicios que muchos tienen al respecto y también porque muchos cristianos se han encerrado en la comodidad de sus templos e ignoran al diablo. El apóstol Juan explica que“Sabemos que somos de Dios, y que todo el mundo está puesto bajo el maligno…”(1 Juan 5:19, versión Aramea-Peshita)

 

Ese dominio lo ejerce el maligno a través de una bien organizada estructura, que podrá identificar a continuación:

 

 

ESQUEMA JERARQUICO DEL MUNDO DE MALDAD

 

Principados Un jefe, un gobernante, uno que tiene dominio.
Potestades Dueño, magistrado, un potentado.
Poderes de este mundo de tinieblas
Poderes Gobernadores del mundo, que usan la fuerza.
Tinieblas Oscuridad, tinieblas de error.
Huestes espirituales de maldad
Espíritus Espíritus, demonios.
Maldad De depravación, de malicia.
El propósito específico de estas potestades se orienta a la destrucción de la creación de Dios en nuestras vidas y al mismo tiempo, deformar toda la creación de Dios en todas las regiones posibles.

 

Aunque haya quienes desconozcan lo que está ocurriendo, el propio Señor Jesús reconoció su existencia:“Ahora es el juicio de este mundo; el gobernador de este mundo ahora es echado fuera.”(Juan 12:31; Cf. Juan 14:30versión Aramea-Peshita)

 

Pero algo más: por la obra redentora del Señor Jesús en la cruz, y como veremos algunas capítulos más adelante, Satanás y sus huestes están vencidos, como lo señaló nuestro amado Salvador: “…el gobernante de este mundo ha sido juzgado.”(Juan 16.11, versión Aramea-Peshita)

 

Cuando comprendemos los dos Reinos que batallan por nuestra alma (refiriéndonos a la integralidad del ser), comprendemos la urgente necesidad de guardar fidelidad delante del Señor.

 

¡Es posible vencer las tentaciones y el pecado, con ayuda del Señor Jesucristo! La victoria está asegurada. Podemos ir de gloria en gloria y de triunfo en triunfo, siempre.

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *