George R.R. Martin: “Nadie hace virus para DOS”

En 1991 George R.R. Martin era un escritor de fantasía y ciencia ficción poco reconocido que se ganaba la vida como guionista en Holywood. Escribía series de televisión como The Twilight Zone y La bella y la bestia. Ese año, durante las vacaciones de verano, se le metió en la cabeza la imagen de una loba, recién muerta, cuyo cuerpo aun daba de mamar a cinco cachorros recién nacidos. Era tan fuerte la imagen que se puso a escribir. Esa semilla terminó siendo la saga Canción de hielo y fuego, que por ahora lleva cinco novelas completadas (de lo que serán siete) y una temporada en HBO(actualmente está en el aire la segunda).

La serie escrita inspiró un nivel de fanatísmo a nivel de Harry Potter pero circunscrito al mundo de los nerds y los geeks. Es que aun la fantasía es considerada un género despreciable, casi al nivel de la pornografía. Así fue una vez para el género policial, quién sabe entonces si en un futuro Martin no será canonizado hecho y derecho y no solo por los fanáticos del género. En la nota del domingo pasado en Clarín cubrimos los temas generales acerca de su obra, pero en la charla telefónica que mantuvimos con Martin (se encontraba en Avilés, España, asistiendo un festival de Fantasía) le hicimos preguntas un poco más geek, cuyas respuestas acá reproducimos.

 

¿Por qué piensa que los escritores de ciencia ficción están más abiertos a sus lectores?

Se debe a la subcultura a la cual pertenecemos. El fanatismo de la ciencia ficción se convirtió en una subcultura definida a fines de los 1930. Fue cuando los lectores comenzaron a escribirse entre ellos después de que sus cartas fueran publicadas en revistas especializadas. Y a partir de eso se organizaron las primeras convenciones que reunían una docena de personas en Filadelfia y la ciudad de Nueva York y etcétera. Hoy en día no pasa un fin de semana en los Estados Unidos durante el cual no hay alguna convención de ciencia ficción en algún lado con un escritor como invitado de honor. Yo asisto a media docena por año desde 1971.

Creo que es algo valioso para un escritor. Y es único, pertenece a nuestro género. Los escritores literarios realmente viven en un aislamiento espléndido. Creo que se conocen en talleres o cosas por el estilo, pero sino tienen muy poco contacto entre ellos y casi ninguno con sus lectores.

 

Cómo es su espacio de trabajo. ¿Escribe a mano o en computadora?

Desde que comencé a escribir cuentos en la primaria siempre he tipeado. Conseguí mi primera computadora en 1982 y trabajo con un procesador de textos desde ese momento. Pero tenga en cuenta que me quedé trabado en la tecnología de los fines de los 80 cuando encontré un sistema de procesador de texto y sistema operativo que era perfecto para mí y que aun uso.

 

¿Cuál es?

Compongo mi ficción en una computadora DOS usando Word Star 4.0.

 

¿Se preocupa que ese sistema deje de funcionar y luego no consigue otro, o que no lo puedas actualizar?

Si, me preocupa. Y no pienso a actualizarlo porque justamente funciona perfectamente como esta.  Tengo otra maquina de Windows que uso para surfear a la red y mandar email y hacer todas las cosas de Internet. Pero mis maquinas de escribir no están conectadas a la red, así que están a salvo de virus o gusanos mis novelas están a salvo. Además nadie hace virus para DOS.

 

¿Qué es lo que le gusta de esa máquina?

Hace todo que le pido y nada más. No me ayuda. Odio Word porque ayuda demasiado. Siempre me esta corrigiendo mi ortografía. O tipeo una letra de minúscula y me la pone en mayúscula. Si quiero mayúscula tipeo mayúscula.

 

Usted fue un niño de una familia muy pobre pero lo salvó su imaginación. ¿Piensa que los chicos hoy tienen todo demasiado fácil, con la televisión, Internet y los videojuegos? ¿Sus imaginaciones están como cojas?

Bueno, no tengo hijos entonces no tengo experiencia de primera mano en el tema. Los chicos hoy, con Internet, tienen acceso a todo tipo de cosas que yo ni siquiera me hubiera imaginado. Ha producido cambios de comportamiento. Creo que ahora no están acostumbrados a esperar por las cosas. Eso lo veo en mis fanáticos más jóvenes. Tienen una expectativa de gratificación instantánea; quieren algo y lo quieren ahora – y van a Internet y lo compran o acceden en el momento. Mientras que en mi generación, obviamente, si escuchaste de un libro tenías que ir a la librería o la tienda de dulces y esperar que lo tuvieran. Y lo más probable es que no lo tuvieran, entonces tenías que seguir buscando. Si oías hablar de una película más vieja, tal vez la pasaban por la tele y tal vez no. Si te perdías el Mago de Oz tenías que esperar un año entero para verlo. Eso ya terminó. Y ha marcado la forma en cual la generación más joven percibe estas cosas.

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