Francisco Garamona: “Mis canciones van directo al corazón”

El último romántico, le dicen algunos de sus amigos, y sólo hay que escuchar cualquiera de sus canciones o leer sus poemas para ratificar la boutade. Lo que sí sabemos es que Francisco Garamona es de esa clase de artistas multifacéticos e inquietos que lo prueban todo, con osadía y bastante inconciencia, como si el mundo de las artes fuese un enorme pelotero o un laboratorío para experimentos extraños. Los datos lo comprueban: es el factótum de Mansalva, una editorial que ya llega a los 100 títulos, publicó una quincena de libros de poemas, es parte del proyecto musical colectivo Súper siempre y acaba de sacar un disco como solista, Las armas dulces,

-¿Cómo surgió la idea y el momento de grabar el disco?
-Son todos temas que compuse en los últimos dos años. Yo tocaba sobre todo con mi banda, El pony infinito, que luego se disgregó. Tenía una serie de canciones dando vueltas y en un viaje a la Bienal de San Pablo lo conocí a Nacho Marciano. Fuimos los dos a participar en un proyecto de Roberto Jacoby y nos hicimos amigos. El estaba produciendo el disco de Roberto y me dijo entonces que quería producirme un disco con esos temas. Le fui mostrando algunas con la guitarra y él iba eligiendo o recortando las que más le gustaban.

-¿Cambiaron mucho los temas, desde ese momento en el que se los mostraste por primera vez a lo que hoy se escucha?
-Bueno, yo toco sólo con la guitarra, así que eran mucho más despojados. Ahora es una banda, con todas las capas que eso significa. Los arreglos y los revestimientos empezaron a surgir en la sala de grabación. Aparecieron los músicos, que iban agregando sus sonidos. La orquestación y los arreglos son sobre todo trabajo de Nacho, el productor artístico. Hay temas que tienen casi 50 tracks, que están cargadísimos de arreglos y otros que no quedaron tan abigarrados.

-¿Si tuvieras que tocar este disco completo, haciéndolo sonar como está grabado, cuántos músicos necesitarías en escena? 
-Se podría hacer con un tecladista, un bajista, otra guitarra además de la mía y una batería, la estructura se sostiene. Podemos contar además con la ayuda de la programación. Para hacerlo completo, habría que contar con un chelo, una trompeta, un acordeón: una orquestita de siete, ponele. En algun momento lo vamos a hacer.

-¿Cómo conviven los elementos electrónicos con el sonido de los instrumentos palpables?
-Lo único que es digital es la programación del ritmo. Después, los instrumentos no están loopeados ni demasiado procesados. El estilo de grabar de Nacho es old school, con mucho instrumento y poca computadora. Otra cosa que me gusta del disco es que es muy corto, con canciones de dos minutos, una cosa medio punk aunque sea melódica. Directas al corazón.

-¿Cómo surgen las letras?
-Mi sistema es particular, en el sentido en que no escribo las canciones ni la música. Como me aburre tocar canciones de otros (soy lo menos fogonero que hay), agarro la guitarra y me pongo a jugar con alguna estructura melódica y a improvisar un poco sobre eso. Las canciones que resisten, de ese proceso que es un poco como un juego, son las que realmente me gustan y vuelven a aparecer. En ese proceso se va construyendo la letra y se va puliendo sola, como una piedra que cae por una cantera, like a rolling stone.

-Contame también del disco que hiciste con los chicos de Fiorito.
-Fue un proyecto muy lindo, de la revista que hacen los chicos de la escuela taller que dirige Fernanda Laguna en el barrio Fiorito, de arte para niños. Me invitaron a tocar mis canciones en el marco de la presentación de la revista y pensé que no tenía mucho sentido tocar cosas mías en una celebración de ellos. Y como me gusta mucho improvisar, se nos ocurrió que podía improvisar canciones en base a textos de ellos. Salió tan lindo que decidimos llevarlo a un disco. Es un disco fresco, todo improvisado. Se llama Cuentos raros y sueños extraños, que es un nombre que le pusieron ellos.

-¿Qué historias escriben los chicos?
-Historias tremendas. De abandono, de amor, de cómo ven su barrio. Las letras son muy fuertes y tremendas. Siempre me interesó la poesía escrita por niños y estas son letras fuertes pero muy delicadas, muy hermosas. Al mismo tiempo siniestras y encantadoras. Ellos estaban fascinados con que sus letras fueran interpretadas por alguien que no conocían.

-Estás también por sacar un disco con Súper siempre [la banda de ruidismo que comparte con Sergio Bizzio, Alfredo Prior y artistas itinerantes], ¿verdad?
-Sí. Lo de Súper siempre son experiencias sonoras y por eso son siempre nuevas. No tenemos canciones, tenemos estados. Cada uno, después, tiene su rol en esa experiencia. Yo quizá pienso un poco más en el fluir, algo más estructural. El resto es pura libertad: eso es Súper siempre.

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