Filosofía del Ajuste – Códigos Extraños y Superficiales

La vida es a menudo vacía e inútil para la gente a causa de que las leyes, los términos y los códigos por los cuales se vive son superficiales y extraños a su propia mentalidad, consciencia y personalidad. A fin de vivir una religión, una doctrina o una filosofía, ésta debe estar realmente en armonía con nosotros, debe ser parte de nuestro ser. Sus preceptos deben formar parte de nuestra propia consciencia. Sabemos que una ley hecha por el hombre no es popular entre la gente si no tiene una afinidad con sus moldes morales o convicciones personales. De otro modo, no le guardarán respeto y la atropellarán a la primera oportunidad sin escrúpulos ni remordimientos.

Cada uno de nosotros debiera saber si la vida que vivimos, las doctrinas que aceptamos, o los códigos que reconocemos son los que realmente se conforman con nosotros, con nuestro ser interior y razón , o si sólo son algo superficial. Deberíamos deducir tales cosas de nuestra experiencia, meditaciones y aspiraciones. Deberíamos analizarnos periódicamente; estar prontos a admitir faltas e imperfecciones. De otra manera no podemos esperar obtener lo que sinceramente aspiramos.

El individuo común no se percata de que el dogma religioso puede a menudo cerrar la mente, y puede también oponerse a la siempre creciente experiencia humana. La enseñanza religiosa debe limitarse a los principios, o sea , a los fines morales amplios. No debe tratar de regular cada detalle de la conducta humana, excepto los que se relacionan con los fundamentos mismos de la naturaleza del hombre.

Una sociedad constantemente en aumento empuja al individuo en diferentes actividades de las cuales nacen nuevas experiencias. El hombre tiene que expresarse en modos diversos. Sus relaciones con los demás ocasionan que continuamente tenga que hacer ajustes a sus finalidades en la vida. Su Dios, su concepto de la divinidad, debe, por lo tanto, mantenerse siempre adelante de las formas que asumen sus inclinaciones morales. Si no hace estos ajustes parece que la vida se torna perniciosa e inútil. El propósito divino no se reconcilia con lo que observa en sus asuntos diarios. El resultado de todos esto es un profundo pesimismo que llega a suprimir el impulso moral y trae ese espíritu de abandono
que se observa hoy en día.

El ser humano debe tener flexibilidad. Los códigos morales, ya sea concebidos como un mandato directo de Dios, recibidos por medio de un fundador de una religión, Mesías o profeta, o como el resultado de la voz de la consciencia, no deben excluir el valor del conocimiento empírico. Nuestra vida espiritual o psicológica debe vincularse estrechamente con la vida práctica. El éxito de la vida viene de una armonía en las relaciones humanas con aquellos propósitos que el individuo concibe como motivaciones espirituales.

En otras palabras, cada uno de nosotros, debemos en gran parte crear nuestra propia religión de nuestras mismas experiencias, ya sean éstas objetivas o subjetivas, y esto llega a ser, por supuesto, nuestra filosofía de la vida. Si nuestra religión no forma parte íntima de nuestra consciencia, nunca tendrá la eficacia de elevarnos. Se transforma en una mera formalidad a la cual nos adherimos quizás por la única razón de la fuerza del convencionalismo. Se destruye a sí misma a causa de su inmovilidad.

El análisis del ser, a nuestro juicio, debería ser el factor para el desarrollo del sentido moral. Este haría de la felicidad espiritual y del verdadero objetivo de la vida, un factor enteramente personal. No deseamos implicar que el hombre vive sólo para sí, sino más bien señalar el hecho de que sus pensamientos, comportamiento e ideales son factores determinantes para el éxito humano.

Ahora mismo todos quieren dirigirnos en una u otra forma; los amigos, la esposa, los hijos, el comentarista, el predicador, el escritor , el político. Empero, si preguntamos a cualquiera de estas personas qué es lo bueno, la virtud, la moral, la espiritualidad, la verdad, la inmortalidad, encontraremos, si acaso nos respondieran, que ofrecerían definiciones extrañas a su propio conocimiento íntimo. Son únicamente herencias, consecuencia de lo que han leído, de lo que los profesores le han enseñado, de citas, de dogmas religiosos, etc. Es decir, repiten, meramente, palabras vacías, palabras que nunca han vivido, o de cuyos significados no tienen una consciencia personal.
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¿Qué es lo que debemos hacer si deseamos progresar espiritualmente? La evolución es un mecanismo de ajustes. Debemos comenzar por revisar nuestro carácter, analizando nuestra conducta y nuestras relaciones con los demás. Debemos preguntarnos: ¿Cuáles son nuestras faltas y malos hábitos? ¿Qué hay en nuestro modo de vivir que es incompatible con lo que declaramos en nuestra filosofía de vida? ¿Le hace justicia a nuestro temperamento,mentalidad, a la naturaleza espiritual de nuestro serla filosofía acostumbrada o aceptada de los demás, o sentimos sinceramente que deberíamos efectuar cambios?

Medite intensamente, descarte sus ideas y costumbres que le ocasionan presiones y tensiones. Recuerde que debe analizarse seriamente, que no puede engañarse a sí mismo. Esta catarsis empieza por una decisión: «Seremos nosotros, nos aceptaremos como somos y entonces nos superaremos.» Esta es, – reconocimiento y decisión – la autopreparación para encontrar los ojos del Maestro en nuestros propios ojos.

Gabriel Cruz Martínez
1971

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