FELICIDAD Y SALVACIÓN

Dios nos ha creado para que seamos felices: es la vocación fundamental del hombre. Consiste y se concentra en el amor. Dios no nos ha creado para sufrir. Aunque la vida humana comporta también reveses inevitables. La tierra no es un paraíso; pero tampoco es un infierno. Jesucristo nos ha hecho vislumbrar y saborear que la felicidad plena se anticipa ya aquí. En su vida, muerte y resurrección nos ha incluido y nos ha asociado a su destino. Estamos bajo el dinamismo de la salvación.
Acontece, sin embargo, que la experiencia de necesitar y recibir salvación se ha vuelto extraña para muchas personas en nuestra sociedad. En cambio la idea de la felicidad está muy presente en la cultura actual. Merece la pena intentar vivenciar y pensar la salvación mediante la experiencia de la felicidad.
La auténtica prioridad de los bautizados es la búsqueda de la salvación… Estamos llamados a ser imitadores de Dios, en la misericordia, en la perfección del amor y en la bienaventuranza. Dios es feliz. Su felicidad como su amor es difusiva; nos hace felices.
Revela su gloria haciendo que el ser humano viva y sea feliz.

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