Fe y Razón: Coincidencias y conflictos de la enseñanza de la Iglesia Católica y la Medicina

Introducción

«Siempre son más las cosas que nos unen, que las que nos separan»,
afirmó con tanto acierto el Papa Juan XXIII.

La Iglesia -fieles y Pastores-, a lo largo de la historia, ha contemplado con respeto y admiración los avances de la ciencia y la técnica, particularmente de la Medicina.

El Concilio Vaticano II reconoce la autonomía de cada profesión u oficio y de los principios y recursos adecuados para obtener los resultados que se proponen[1]. Sin embargo, la Iglesia, en el fiel cumplimiento de su labor profética, hace una denuncia valiente y firme y expresa con claridad y constancia el compromiso de cada uno y de la comunidad en la que convive.

La Iglesia reconoce la competencia de una gran numero de médicos y quienes colaboran con ellos; pero, como Madre y Maestra, la Iglesia tienen el deber de iluminar la conciencia de quienes están implicados en las decisiones de los médicos, en sus procedimientos y métodos que siguen y sus consecuencias.

La Iglesia, en sus aportaciones- Magisteriales (sobre todo en las interven-ciones del Papa y los. Obispos), y los científicos y técnicos en Medicina, tienen numerosas coincidencias, entre las cuales señalamos: ¿Quién decide cómo proceder en, en las decisiones de mayor trascendencia? ¿por que?
Atención al hombre y a la mujer integralmente considerados.
Señala un antiguo dicho en latín: «Corruptio optima, pesima» (la corrupción de las cosas mejores son las peores); así puede decirse de los avances científicos en Medicina.

-Guiados por principios y normas de vida. .¿Cómo sanar y salvar el cuerpo y alma sin divisiones ?
-Atención a todos, sin importar raza ni condición social. ¿Conque criterios se mueve el médico?
Esfuerzo por estar al día en los avances del mundo actual
Lo que necesita la gente / Lo que se debe hacer
Se reflexiona, se escribe, se renueva, se perfecciona, se supera lo que se ha hecho y se quiere seguir haciendo. ¿Por qué opina la Iglesia del os que otros son especialistas?

La Iglesia se ha empapado del lenguaje propio del asunto, consultando a los especialistas; y donde se puede, deja la puerta abierta a la investigación y experimentación. La Iglesia no da una simple opinión, sino después de investigar con seriedad y con la asistencia del Espíritu Santo, trata de iluminar la realidad. La Iglesia investiga, consulta, comprueba para señalar los criterios adecuados para la investigación, experimentaci6n y todo tipo de atención medica.

El francés Louis Pasteur, en quien se fusionaron la Fe Católica y la Ciencia Médica
Van acumulando experiencias que transmiten de generación a generación y van descubriendo datos que ayudan a vivir una sabiduría práctica que no se deja de cultivar.

Se toma una noble actitud humanística de respeto y ayuda desinteresada al prójimo, como el Buen samaritano (CF Lc 10,29-37) Algunos toman posturas erróneas como: “Mejor no consulto a la Iglesia para que no me meta en líos o me impida lo que quiero hacer”.

Con frecuencia la Iglesia habla de lo que ya se hizo. ¿Por qué?

¿Por qué la Iglesia Católica ha tomado posturas rígidas que según algunos impiden los avances de la medicina?

Breves pistas de solución

Respecto a la actitud del cristiano ante la enseñanza de la Iglesia (Magisterio eclesiástico) acerca de la fe y la moral («de fide et moribus»), nos dice el Concilio Vaticano II :

«Entre los principales oficios de los obispos se destaca la predicación del evangelio. Porque los obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos discípulos para Cristo y son los maestros auténticos, o sea los que están dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de ser creída y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran bajo la luz del Espíritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelaci6n cosas nuevas y viejas (cf Mt 13,52), la hacen fructificar y con vigilancia apartan de su grey los errores que la amenazan (cf 2Tim 4,1-4). Los obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y cató1ica; los fieles, por su parte, en materia de fe y moral, deben aceptar el juicio de su obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a el con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento, de modo particular, ha de ser prestado al Magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su Magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por el, según su mente y voluntad manifestadas, que se derivan principalmente, ya sea por la índole de los documentos, ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo» (cf. Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium 25).

Respecto a la actitud del Medico ante la enseñanza de la Iglesia católica se debe caracterizar por :
Escuchar para dialogar.
Investigar mas cuidadosamente.
Apertura a los cambios y correcciones.
Considerar la postura de la Iglesia no como una opinión mas, sino como una voz de la Madre y Maestra de la humanidad.
Conocer mas lo que la Iglesia ha dicho acerca de la intervención medica, de la vida y la salud, del respeto a la dignidad e integridad humana.
Dar un asentamiento en lo que la Iglesia’ se ha pronunciado explícitamente y expresarse con respeto y disponibilidad a las indicaciones del Papa y los obispos acerca de la ética medica y sus implicaciones.
Nadie puede ponerse a criticar lo que no conoce. Son abundantes los documentos del Magisterio de la Iglesia que afrontan algún aspecto de la ética medica. ¿Los conocemos suficientemente ? .

Conclusión

La enseñanza acerca de la fe y la moral que propone la Iglesia es fuente de sabiduría practica para la realidad en que vivimos. Los verdaderos logros de la Medicina jamás se presentaran como opuestos a la enseñanza de la Iglesia en el mundo actual, puesto que los verdaderos avances coinciden con la fe y la razón.

Hemos enunciado brevemente ciertas coincidencias y conflictos, sin dar respuesta a cada uno, sino solo algunas pistas de solución. Convendrá profundizar mas acerca de los criterios, actitudes y hechos que ayuden a resolver las dificultades como se presentan en la actualidad.

Cumplamos cada uno nuestra responsabilidad en la sociedad. Hagamos un discernimiento, en consonancia con la fe y moral cristiana y una actitud de apertura y fidelidad al espíritu de la ley. Prestemos mayor atención a las necesidades de los que sufren en el cuerpo y en el alma.

Unámonos al empeño que tuvo el Papa Pablo VI: «Convirtamos este mundo de selvático en humano, y de humano en divino». Los médicos católicos y todos los científicos y técnicos de buena voluntad tienen un papel importante en este urgente compromiso.

[1] «Por autonomía de la realidad terrena se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores que el hombre ha de descubrir emplear y ordenar poco a poco… Pero si la autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador. no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabra… (Gaudium et Spes. 36).

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