Famosos y próceres, mezclados en una satírica re-versión de la historia

Te hago una introducción al cuadro: trata sobre el 8 de agosto, considerado el día internacional de la maldad. Eso lo saqué de un documental sobre Charles Manson, fue el día de su matanza. Sobre la imagen del dios Abraxas se pasea Freyja, la diosa de la fertilidad de la mitología nórdica, relacionada al amor, la guerra y la muerte, acompañada por sus querubines: el Zodiac Killer, los asesinos Ed Gein y Richard Ramírez, Harry S. Truman -que ese día decide tirar la segunda bomba atómica- y el Ku Klux Klan, cuyo primer congreso también fue un 8 de agosto. Por debajo, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús encarnado por Charles Manson y sus discípulos: Susan Atkins en el papel de Judas, Tex Watson en el de Pedro, Leslie Van Houten en el de Santiago y Linda Kasabian en el de Juan, emulando un crossover multirreligioso que da paso a una extraña Santísima Trinidad: Padre Abraxas, Hijo Charles Manson, Espíritu Santo Freyja». De lo que se habla es de un óleo y acrílico sobre lienzo que mide metro y medio por metro y medio, y el que explica esto es el artista plástico y diseñador Emiliano «Pool» Paolini (Villa Constitución, 1983), vestido como un He- Man de cresta punk y abdominales de gomaespuma. Lo acompaña su novia y coequiper, la escultora, diseñadora y «maestra juguetera» –como ella misma se define- Marianela Perelli (San Nicolás, 1979), una She –Ra morocha de vestido y capa. Como reza el título de la muestra que ocupa todo el espacio de galería Fiebre, ellos son Marianela y Pool and the Masters of the Universe.

Entrar al estrecho cubículo de la galería que convoca modernidades en el Patio del Liceo, es entrar en un mundo del revés donde los protagonistas son caras conocidas en contextos extraños: las series de cuadros de Pool y los muñecos, punching balls y títeres de Marianela condensan a figuras del imaginario popular –próceres, músicos, deportistas, famosos en general- y rescatan a freaks, personajes de culto y fechas clave de la historia para componer una nueva versión de los hechos en technicolor, tan irónica como novedosa, tan familiar como siniestra. «Emplean el humor para subrayar su desconexión con un universo histórico, político, religioso que resaltan ficticio y en el que ven atrapados a sus mayores», escribe el periodista Uki Goñi en el flyer que hace las veces de catálogo de la muestra. «Pero Pool no se ríe de las vanidades de los famosos, se ríe de nosotros por creer en ellos. Nos muestra que ellos gozan de la gloria compartida de la notoriedad, que nutre indistintamente a Alfonsín o al Petiso Orejudo».

Otro de los cuadros que recibe a los visitantes es el hit de la muestra: San Martín cruza la cordillera de los Andes estilo Paramount Pictures sobre un Pequeño Pony rosa. Lo acompañan el Petiso Orejudo, Carlos Monzón, el Che Guevara y Robledo Puch, entre otros personajes que, directo desde el imaginario nac & pop, aterrizan en el enorme lienzo. En el mismo lodo, todos manoseaos, cita Pool a Discépolo: su serie de óleos crean una realidad alternativa, una version libre de la historia reciente y la cultura de masas entre freak y satírica. Por ejemplo, en una recreación del bombardeo a la Plaza de Mayo Pipo Cipolatti va en sidecar con Eva Perón, y en Ringo Vive!, la procesión fúnebre de Ringo Bonavena entra al Luna Park y al cortejo se suman entre otros su manager Joe Conforte y su mujer Sally, Joe Frazier y Muhammad Ali. Y dando vueltas en los cuadros siempre están los Thundercats o la revista Anteojito, por ejemplo: «Siempre hay un nexo con la infancia», dice Pool. «En todas mis obras los anclajes son los personajes, vehículos o insignias de los dibujos animados de los años 80 y 90, de mi propia infancia».

Firmes junto a los cuadros, están los muñecos tamaño bebote – ¡ Yiya Murano, Eternéstor, Perón vestido como He Man, Mirtha Legrand!- que crea Marianela con muñecos de plástico comprados a un mayorista, que luego amputa a conveniencia, recubre con masilla y enduido y deja listos para ser pintados por Pool. Dice Marianela: «Ahí nos sentamos en la compu y realizamos una investigación estética para definir el packaging». «Marianela nos invita directamente a pegar o maniobrar a nuestro antojo con nuestros dedos a estos seres que hemos elevado a nuestro Olimpo de la fama», continúa Goñi en el catálogo. «Más perturbadores aún que los cuadros, sus muñecos, de Néstor Kirchner, Maradona y tantos otros, nos permiten reconceptuar para abajo a aquellos que habitan las alturas. Estos muñecos reducen a los poderosos que controlan nuestras vidas a lo que ella sospecha que son en realidad, bebés malcriados por el disfrute del poder». Para esta muestra, inauguraron una nueva clase de muñecos: a modo de los Maneki-neko, los gatitos japoneses con una pata en actitud de llamada, Pool y Marianela crearon versiones gigantes de Bonavena y otros boxeadores. El dúo de artistas –»nunca exponemos por separado porque nuestra obra se refuerza mutuamente», sostienen- hace base en Rosario y desembarcó hace poco más de un año en Buenos Aires, donde comenzaron a exponer en la galería de arte del restaurante palermitano Il Ballo del Mattone. Con sus títeres de dedo de los panelistas de Animales Sueltos o el punching ball de Ricardo Fort a cuestas («con el afan de romper los prejuicios entre el arte y la tele populacha») pasaron por el Centro Cultural Konex y conferencias varias; las pinturas viajaron a Francia y tienen fanáticos locales como los artistas Milo Lockett y Daniel Santoro y el periodista Daniel Tognetti. «No nos llevamos bien con la contemporaneidad snob. Basta abrir un diario o mirar la tele para entender las obras, aunque hay muchos códigos que algunos entenderán más que otros. La sátira es el condimento que sabemos disfrutar los niños adultos», apuntan.

Después de esta muestra, los enfant terribles atacarán de nuevo: mientras buscan instalarse en Buenos Aires, preparan una nueva exhibición en Il Ballo y reciben invitaciones para participar en la prestigiosa Art Basel de Miami; trabajan en un nuevo combo de muñecos y pinturas, juegos de mesa y bowlings, todo con cierto aire retro que resignifica la época que nos tocó en suerte.

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