Extravíos de un manchego

Pasados los 60, el hombre de La Mancha ha perdido el humor (y quizá el rumbo). Desde sus comienzos en los 80, el cine de Pedro Almodóvar se caracterizó por la mixtura de géneros y los excesos. Había algo de zumbón y paródico en todos esos primeros títulos, cargados de guiñadas y homenajes a algunos maestros reconocibles como Hitchcock o Sirk. Con el tiempo, este puntal de “la movida” fue afinando estilo (cada vez filma mejor) y tomándose demasiado en serio. “La piel que habito”, que acaba de aparecer en dvd, no tuvo mucho éxito en la cartelera local y los españoles tampoco lo consagraron con el Goya. Asomarse a su intriga es meterse en un desmadre en el que caben el thriller , el melodrama y la tragedia. Banderas es aquí el doctor Ledgard, eminente cirujano plástico, obsesionado por crear una piel sintética que reemplace a la auténtica con ventaja. Es asistido por un ama de llaves que, en realidad, es su madre. También le aparece un medio hermano ladrón, violador y fugitivo de la justicia (pariente cercano de aquel Paul Bazzo de “Kika”). Tiene una hija adolescente que es violada en una fiesta y muere al poco tiempo.Ledgard, además, ha perdido a su mujer en un accidente en el que ella acabó carbonizada. El doctor secuestra al violador de su hija, lo somete a una vaginoplastia y a una serie de operaciones que le cambian el sexo.De a poco, se convierte en el amor perdido del implacable médico. El filme está cargado de vejaciones, venganzas y asesinatos, pero todo sucede sin mayor escándalo. Banderas compone un personaje tan helado como “El Samurai” de Melville. Uno se pregunta qué pasó con la gracia y el desenfado. De pronto, la cosa se ha vuelto grave, sin el menor espacio para la sonrisa. Todo es obsesión y desmesura y si el espectador sigue la trama con interés es porque espera que al final alguien le diga que se trata de una broma negrísima. Pero no. Nada de parodias ni culebrones: esto va en serio. Como el atribulado Ledgard, el hombre de La Mancha pone proa al infierno y se quema sin que nadie disfrute.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *