EXPLORACIÒN DEL AMAZONAS

Exploración del río Amazonas: entre el paraíso y el infierno
La búsqueda de El Dorado fue una de las quimeras que llevaron a la Amazonia a hidalgos como Lope de Aguirre, marginados del reparto de riquezas tras la conquista de Imperio inca.

La exploración del río Amazonas constituyó una de las gestas más impresionantes de la conquista española de América. El río fue descubierto por los primeros navegantes que bordearon la costa oriental de América, quienes lo bautizaron como Río Grande. Pero nadie se atrevió a adentrarse en él hasta varias décadas después, cuando desde Perú, recién conquistado por Francisco Pizarro, se organizó una expedición hacia el interior del continente. Dirigida por Gonzalo Pizarro y su lugarteniente Francisco de Orellana, en ella participaron 350 españoles y 4.500 indios. Primero atravesaron a pie las cordilleras andinas, en medio de grandes penalidades, hasta alcanzar el curso de los ríos Coca y Napo, ya en la cuenca amazónica. En un punto Orellana se adelantó con una cincuentena de hombres en una barcaza; ellos fueron quienes culminaron la hazaña de recorrer el Amazonas hasta su desembocadura en el océano Atlántico: miles de kilómetros entre una espesa jungla, acosados por el calor y la humedad, los mosquitos y los indígenas. Fue una refriega con un grupo de indígenas la que dio nombre al río, pues los españoles creyeron que los capitaneaban unas mujeres guerreras, las «amazonas» de la mitología europea.
La segunda expedición española a lo largo del Amazonas, que también partió de Perú, fue la más dramática de todas. Cuando los expedicionarios llevaban tres meses de camino, su capitán fue asesinado por instigación de Lope de Aguirre, quien a partir de ese momento se haría con el mando de la comitiva ejerciendo sobre sus compañeros un dominio absoluto basado en el terror y el asesinato. Aguirre descendió por el río hasta salir al océano, desde donde avanzó hacia Venezuela con la idea de sublevarse contra el rey de España. Abatido por las autoridades, su leyenda de «loco», «tirano» o de «ira de Dios», como lo llamaron los cronistas, ha pervivido hasta nuestra época.
Otros conquistadores más pacíficos, aunque no menos atrevidos, fueron los religiosos franciscanos, dominicos y jesuitas que se establecieron en los más remotos lugares de la cuenca amazónica. Los portugueses, por su parte, pronto lanzaron sus propias campañas de exploración, entre ellas la de Pedro Teixeira, que en 1626 completó la primera travesía río arriba, desde Belém hasta Quito.

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