EUTANASIA Y DISCAPACIDAD

Polémica acerca de la vida y la muerte
Eutanasia: ¿mejor morir?
¿Puede accederse al deseo de morir de aquellas personas que, postradas, sufriendo y sin esperanzas, lo piden?

A partir de una serie de casos que han tomado estado público muy recientemente, el debate sobre la eutanasia ha recobrado nuevas fuerzas, si bien no es un tema novedoso, dado que se encuentran menciones a ella desde la antigüedad clásica. Se trata nada menos que de proporcionar medios, realizar actos o dejar de efectuarlos para que cese la vida de una persona. En la actualidad, hay quienes prefieren llamarla “muerte asistida”, como si el eufemismo pudiera atemperar los sentimientos encontrados que provoca. La raíz etimológica de la palabra significa textualmente “mejor muerte” y se la ha clasificado de diversas maneras. Una de ellas se establece según que aquel sobre quien recaiga la acción preste su consentimiento o no. También se puede producir en forma directa o positiva, lo que sucede cuando se lleva a cabo alguna gestión concreta para provocar la muerte, o indirecta o negativa, en la cual se deja de realizar una acción que mantiene con vida al sujeto (desconectar un aparato o no suministrar una droga, por ejemplo). Otra forma es el suicidio asistido, en donde se pone al alcance de alguien impedido algún elemento, al que de otra manera no podría acceder, para que el propio interesado realice el acto. Casos recientes Piergiorgio Welby era un hombre de 60 años, quien estaba postrado desde hacía diez a causa de una distrofia muscular progresiva que contrajera a la edad de 16, por causa de la cual hubo que asistirlo mediante un respirador y alimentarlo a través de una sonda. En los últimos tiempos, sólo podía comunicarse por el movimiento de sus ojos y el movimiento de sus labios. Su mayor temor era morir por asfixia, lo que suele suceder en este tipo de dolencias. A pedido expreso del paciente, el doctor Mario Riccio, anestesiólogo del hospital de Cremona donde estaba internado, le suministró sedantes y desconectó el respirador. El 20 de diciembre pasado se produjo su deceso. Previamente, las solicitudes judiciales presentadas al respecto habían negado la autorización y la intervención del médico produjo múltiples declaraciones a favor y en contra en los ámbitos político, religioso, de la medicina y del público en general. Otro caso similar es el de Inmaculada Echeverría. Esta mujer de Navarra, España, tiene 51 años y sufre una enfermedad idéntica a la de Welby desde los 11 años. Como aquél, está postrada hace 9 años y conectada a un aparato que suple sus deficiencias respiratorias. Se encuentra internada en el hospital San Rafael de Andalucía, y el 20 de noviembre del año pasado presentó un pedido ante las autoridades de Granada para que se desconectara el respirador. Adujo que sola y sin posibilidades de mejoría, seguir con vida no tiene sentido para ella. La mujer apenas mueve los dedos de manos y pies y, pese a haber perdido parte de la musculatura de cara y lengua, logra comunicarse mediante la palabra. Si bien el Comité Autonómico de Ética autorizó su desconexión, todavía falta que ésta sea avalada por el Consejo Consultivo Andaluz. En Argentina, el 9 de febrero de 2005, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires negó el pedido realizado por el marido de suspensión de la hidratación y alimentación de una mujer que se encuentra en estado vegetativo, tras sufrir una falta de oxigenación prolongada posparto. Ella respira por sus propios medios, pero su daño cerebral es irreversible. El esposo adujo en su presentación que el estado que presenta su cónyuge resulta en un daño psicológico para él y sus hijos. Los padres y hermanos de la paciente se opusieron a tal medida. El fallo señala que no consta por ningún medio fehaciente que la mujer haya expresado su voluntad en tal sentido, además de hacer hincapié en consideraciones éticas, morales y religiosas. Las argumentaciones en pro y en contra de esta práctica no pueden dejar de lado concepciones filosóficas, éticas, morales, religiosas, sociales y políticas. Desde distintas posiciones se manifiestan puntos de vista diametralmente diversos. A favor Quienes están de acuerdo, sostienen que nadie sino el propio interesado puede decidir acerca de su vida. Señalan que la libertad de conciencia y de disposición sobre la propia existencia deben privar ante imposiciones legales y religiosas. Otro de los argumentos que esgrimen se basa en que mantener a alguien con vida artificialmente contraría las leyes naturales, constituye un exceso de la medicina y vulnera los derechos de las personas, además de prolongar el sufrimiento físico o moral. Welby, por su parte, temía la muerte por asfixia, final ineludible de su enfermedad, por lo cual prefirió adelantarla en forma incruenta. Inmaculada sostiene que esta harta de vivir así, dependiendo de todos y sufriendo. Ella prefiere no continuar. Ginés González García, el Ministro de Salud argentino, quiere llevar adelante un debate sobre la cuestión. En una entrevista concedida a Clarín, afirma: “Hoy se produce una lentificación de la muerte que a veces lleva al encarnizamiento. Yo no propicio la eutanasia, pero creo que tenemos que discutir hasta dónde llega la frontera para preservar la dignidad humana”. En contra En general, quienes se oponen a la eutanasia ponen el acento en el valor irrenunciable de la vida humana. Fundados en aspectos religiosos, morales y éticos de signo opuesto a quienes favorecen esta práctica, muy a menudo recaen en postulados imperativos, resaltando que la existencia es un don de Dios. Recientemente el Papa, en el rezo del Angelus, la condenó, junto con el aborto y las uniones homosexuales, en una extraña mezcla. En su discurso, Benedicto XVI expresó: que “no se debe caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida”. La mayoría de las asociaciones médicas no avalan su consumación, por el deber que tienen estos profesionales de hacer todo lo posible por mantener en curso la salud y la vida de las personas, presentes en el juramento que prestan al recibirse. La eutanasia en el mundo En distintos lugares del mundo, la eutanasia está permitida o reprimida levemente, aunque con sus características peculiares: Holanda: desde el 1/4/2000, una ley permite que los enfermos terminales sean asistidos por los médicos para morir incruentamente, aunque no se eliminan como figuras penales la eutanasia y el suicidio asistido. Para ello, es necesario que el paciente exprese su voluntad en forma fehaciente y que el profesional consulte al menos con un colega sobre la terminalidad del enfermo, quien deberá certificarla. Desde los 16 años, la sola expresión de este deseo habilita para llevarla a cabo, y desde los 12 hasta esa edad, es requisito el consentimiento de los padres. En Bélgica, la situación es similar a la holandesa desde la legalización de la eutanasia a partir del 22/8/2002, pudiendo realizar esta opción sólo los mayores de 18 años. Se prevé la ayuda del Estado en caso de que la persona carezca de medios y se contempla la posibilidad de que sea requerida por una persona que no se halle en estado terminal. En Colombia, si bien no se la permite, las penas son leves. La figura legal es “homicidio por piedad”, con condenas de 6 meses a 3 años. En España, la situación es similar. En Canadá ocurre otro tanto, y suelen minimizarse las condenas bajo el rótulo de “muerte por piedad”. En Uruguay, la legislación la permite desde 1934, con el requisito de que el paciente la solicite reiteradamente. No ocurre lo mismo con el suicidio asistido, el que es considerado un delito. En el Estado de California, EE.UU., algunos fallos judiciales abogan a favor de que la Constitución de dicho país garantice el derecho de cada paciente terminal a acabar con su vida. En Oregon, se aprobó una ley en este sentido en 1994 mediante un plebiscito. Entró a regir en 1997, y en 2001 la administración Bush intentó derogarla, lo que provocó un fallo de la Suprema Corte, estableciendo que el gobierno federal no podía tomarse tales atribuciones. El Código Penal brasileño la considera un delito, pero se halla en trámite desde larga data un proyecto de ley para establecer los requisitos que permitan la legalización de la “muerte sin dolor”. En Australia se la permitió desde el 1/7/1997 hasta el 24/3/1998, fecha en que fue derogada la ley que le daba curso. La Asociación Médica Mundial se expidió en forma negativa hacia la eutanasia, considerando que ella viola las normas éticas de la profesión e instando a sus miembros a abstenerse de practicarla, aun cuando existan leyes en sus países que la permitan. Si bien en España se halla prohibida, el Código Penal se refiere sólo a hechos positivos y necesarios que conduzcan a la muerte, por lo cual se hallaría condenada sólo la eutanasia positiva, lo que deja abierta a la interpretación judicial la realización de actos como la desconexión de un respirador. Francia y Suiza admiten la eutanasia indirecta. Consideraciones finales Pese a la oposición de las entidades rectoras del quehacer médico, en un par de congresos realizados en Cali y Cartagena (Colombia), un estudio destacó que el 50% de los médicos que tratan a pacientes terminales han recibido pedidos de sus pacientes para que los asistieran en una muerte sin dolor. Del total de profesionales encuestados, el 40% admitió que estaría dispuesto a realizar esta acción, el 8% admitió haber realizado alguna eutanasia directa y el 30%, alguna indirecta. Según una compulsa realizada en España en 2002, el 60% de los facultativos están a favor de legalizar la eutanasia. En el mismo país, un estudio reciente destaca que el 76% por ciento de lo jóvenes entre 15 y 29 años están de acuerdo con su práctica. También hubo casos como el de Jack Kevorkian, quien a principios de los años 90 asistió a gran número de pacientes a suicidarse, uno de cuyos casos fue grabado y reproducido por televisión. El médico fue condenado por asesinato. Los debates en España e Italia por los casos apuntados ponen de relieve el juego de intereses de todo tipo, de los que no están ajenos los ámbitos político y económico. En el primero, sirvió para cruzar posturas conservadoras, liberales y de izquierda por simples cuestiones ideológicas y de poder. En el segundo, porque la legalización de la eutanasia significaría la pérdida de una importante fuente de ingresos para algunas instituciones médicas y sus proveedores (en España solamente hay cerca de 35.000 personas en la condición de postrados que requieren de algún tipo de asistencia), que recaudan de los seguros sociales del Estado o del peculio de los propios pacientes o sus allegados. Si el problema de aceptar la eutanasia de pacientes que manifiestan su voluntad de realizarla es arduo, mucho más es en el caso de aquellos que, como Terri Schiavo, la norteamericana que estuvo 15 años conectada a un respirador en estado vegetativo, no pueden expresarla. Parece necesario establecer una discusión seria al respecto y sobre el aborto, en la que seguramente no pueden estar ausentes las posiciones religiosas, éticas, morales y políticas presentes en la sociedad. Pero sobre todo, habría que escuchar a quienes padecen, que son aquellos reales y casi únicos interesa-dos en que se llegue a una buena decisión, que quizás será una buena muerte. Para quienes quieran saber qué piensa y siente alguien que estuvo en ese predicamento, sugerimos visitar http://destiladospentaplejicos.blogspot.com/ Ronaldo Pellegrini ronaldopelle@yahoo.com.ar

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