Estación eléctrica aérea


CORTESÍA DE LA OFICINA DE PATENTES ESTADOUNIDENSE

Como buen residente de Seattle, Brian J. Tillotson, ingeniero de Boeing, ha pasado largo tiempo observando las nubes y preguntándose cómo los habitantes de una zona con tan poco sol podrían aprovechar la energía solar. Hace más de tres años halló la respuesta: construir una central eléctrica por encima de las nubes.
La idea, descrita en la patente número 8.006.933 B2 de la oficina estadounidense, tiene aplicaciones hasta en las zonas más soleadas. Entre el veinte y el treinta por ciento de la energía solar se disipa en las capas bajas de la atmósfera, incluso cuando no hay nubes ni neblina. Esa pérdida supone un desafío para Spectrolab, una filial de Boeing que fabrica células solares con reflectores que amplifican entre 400 y 800 veces la concentración de luz. Las células de Spectrolab suelen utilizarse para suministrar energía a los satélites que orbitan muy por encima de la atmósfera, donde ese apantallamiento se torna irrelevante. En 2008, sin embargo, Tillotson comenzó a investigar si habría alguna manera de adaptarlas a las tropas estadounidenses en Afganistán, donde los problemas de seguridad en el suministro habían llegado a elevar el precio del gasóleo hasta casi los 200 dólares por litro.
Tillotson se percató de que una central eléctrica flotante podría resolver el problema y, además, generar energía para Seattle. Su idea consiste en fijar células solares a un dirigible, del cual colgaría un cable de transmisión ligero de varios kilómetros de longitud. El Ejército de EE.UU. ya está experimentando con dirigibles de reconocimiento alimentados desde tierra a través de cables. El dispositivo de Boeing sería similar, con la diferencia de que la energía bajaría en lugar de subir.
La empresa aún no ha construido un prototipo. Sus ingenieros se encuentran investigando mejoras que abaraten la central, pues, por ahora, los dirigibles exigen un mantenimiento intensivo. Han de llenarse con helio una vez a la semana y necesitan reparaciones frecuentes de la estructura exterior, que sufre las inclemencias del tiempo y del viento. «Parece que, en la práctica, los dirigibles no son tan simples como me gustaría», explica Tillotson, quien espera que con el tiempo se encuentren materiales que hagan de la idea un invento más económico.

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