ESCUELAS PARA NIÑOS Y NIÑAS-INCLUSIÒN Y EDUCACIÒN

Inclusión y educación
¿Escuela para todos los niños y niñas?
La escuela homogénea es un ideal absurdo, porque termina por chocar contra la subjetividad de cada uno. Antes de interesarnos por la integración escolar de los niños y niñas es necesario plantearse qué educación queremos para nuestros hijos, si una que busque estandarizar lo particular o aquella que acoja las singularidades.

Cuando un niño o niña presenta alguna patología específica que pudiera condicionar u obstaculizar su paso por la escuela, múltiples dilemas comienzan a plantearse. El problema no es ese puntualmente sino que, ante dicho conflicto, suelen anteponerse los prejuicios relativos a lo diferente, los cuales nos pertenecen a todos y a todas, en mayor o en menor medida.
Si bien es innegable que la presencia de una problemática de orden subjetivo, sensorial, motriz, lingüístico o cognitivo puede obturar el desarrollo, crecimiento y aprendizaje de un niño o niña, también es necesario reflexionar respecto de la escuela como institución social que aloja a “todos” nuestros pequeños. Así, distintas teorías, paradigmas y disciplinas se convocan a fin de pensar acerca de estos sujetos, sus potencialidades y limitaciones, en relación con las demandas y requerimientos curriculares que la escuela supone como necesarios. Sin embargo, nadie o, al menos algunos pocos, se cuestionan respecto de las necesidades, capacidades y dificultades que cualquier niño o niña pudiera presentar en su devenir como alumno.
Resulta llamativo, en tanto la diversidad es un rasgo que nos asemeja a todas las personas y por ende, a todos los niños y niñas. Y si bien es importante reflexionar y proponer estrategias de intervención pedagógica que promuevan y acompañen la integración escolar y la inclusión social de aquellos que presentan alguna problemática específica, también es absolutamente significativo pensar las metas y los objetivos que la escuela propone para “todos los niños y niñas”. Expresión que intenta homogeneizar aquello que, por su propia naturaleza, resulta claramente heterogéneo: la subjetividad de un niño que ingresa a una nueva institución, con nuevas reglas, normativas, objetivos, finalidades y exigencias a conocer y aprehender.
Así, el ingreso al mundo de las letras, los números y nuevos saberes escolares se convierte en un desafío para todos los pequeños que comienzan a transitar ese camino. Sin dudas, quienes presentan alguna patología cuentan con ciertas desventajas, por lo cual es necesario pensar en las herramientas, recursos y sostenes que permitan andamiar su paso por la escuela, a fin de ampliar su horizonte y habilitar su despliegue simbólico. Sin embargo, toda la atención suele centrarse sobre ellos, olvidando que leer y escribir, contar y operar con los números, aprender nuevos conocimientos curriculares y otros que exceden a estos últimos es una tarea sumamente compleja para todos los niños y niñas. Claro que esta característica, general para todos, tiene su particularidad, ya que los avatares por los cuales transitará cada sujeto en su advenimiento como alumno y escribiente serán absolutamente singulares.
Es claro que no es simple la tarea de reflexionar acerca de la escuela, el lugar que ocupa realmente en este momento histórico-social, incluso aquello que suponíamos impensable tiempo atrás y los cambios que debieran vehiculizarse para efectivizar oportunidades de aprender accesibles a cada uno de los pequeños que deben tramitar esta instancia pedagógica.
En la actualidad, a la escuela le toca ocupar un rol aun más protagónico que en otras épocas, ya que educa, enseña, alberga, alimenta y asiste a necesidades y demandas sociales que exceden a sus funciones primordiales. Por lo tanto, no es la finalidad de este texto enjuiciarla sentándola en el banquillo de los acusados sino, por el contrario, intentar reflexionar acerca de cuál es la escuela que nuestros niños y niñas necesitan antes que continuar seleccionando -esto implica aceptar y segregar- cuáles son los alumnos y alumnas que la institución escolar requiere para cumplir con sus objetivos y finalidades.
La propuesta pedagógica ha ido sufriendo modificaciones varias: el preescolar ha dejado de ser un espacio en el cual el juego permitía aprender; las letras y sus distintos diseños han invadido las salas y con ello, nuevas exigencias se presentan, sin poder pensar que no todos los niños y niñas están disponibles para cumplimentarlas. Y estos requerimientos van incrementándose rápidamente en el transcurso de los años escolares sin poder detenerse a pensar si es propicio, oportuno o eficaz a los fines propuestos por la misma escuela.
No podemos olvidar que un niño es una persona que se encuentra transitando por un episódico fragmento de su vida, la infancia, en el cual intervienen distintos aspectos de orden subjetivo, emocional, madurativo, social, cultural, comunicacional, lingüístico y cognitivo, que constituyen su devenir como sujeto y como alumno, en consecuencia. Por lo cual, tratar de acelerar los tiempos que un niño requiere para aprender significativamente, posiblemente consiga lo contrario. Sin dudas, muchos podrán estar a la altura de las circunstancias pero muchos otros difícilmente lo logren de acuerdo al calendario escolar previsto.
No es casual que más y más niños y niñas presenten dificultades en el aprendizaje escolar sin contar previamente con una patología de especificidad lingüística o cognitiva que podríamos suponer como causal u origen de dicha problemática. Cada vez más pequeños requieren de atención especializada, docentes particulares, tratamientos diversos, o gabinetes psicopedagógicos para lograr sortear estos obstáculos. ¿Esta situación actual sólo tiene que ver con los niños? ¿Es posible que aumente significativamente el número de chicos con problemáticas del aprendizaje y con ello, el índice de dislexia, disgrafía y/o afasia sin preguntarnos nada? El riesgo es depositar en los niños una deficiencia que no les pertenece y el costo de este grave error es que muchos niños abandonen la escuela porque ella no tiene espacio ni tiempo para poder enseñarles.
Por eso, es preciso que reconozcamos que bajo el falaz supuesto de “una escuela para todos los niños y niñas”, se esconde la hipocresía de una escuela para unos pocos, capaces de ir detrás de los tiempos, demandas y objetivos propuestos por la currícula escolar.
No olvidemos las valiosas funciones que a la escuela le competen: aprender a convivir con otras personas, aprender el funcionamiento de nuevas instituciones sociales diferentes de la propia familia, aprender a leer y a escribir, aprender a utilizar los números y poder operar con ellos, aprender nuevos saberes que los enriquezcan y les permitan convertirse en sujetos epistémicos y reflexivos. Pero para que los niños puedan alcanzar esta meta es imprescindible que sus tiempos, necesidades, demandas, potencialidades y limitaciones sean reconocidas y respetadas. De lo contrario, permanecerán a merced de lo que la currícula escolar supone necesario; olvidando que la condición sine qua non para poder aprender es que dicho proceso sea significativo, en tanto el sujeto aprehendiente se sienta afectado por el deseo de aprender, valorando aquello que se le ofrece y encontrando así un buen motivo para seguir creciendo…

Fernanda Felice*

* Fernanda Felice es Licenciada en Fonoaudiología. Docente de la Cátedra “Lenguaje y Aprendizaje Patológico” (UNR). Integrante del Equipo de Investigación “Fonoaudiología Social y Comunitaria” (UNR). Docente de la materia “Desarrollo y Lenguaje” del Curso de Estimulación Temprana y Promoción del desarrollo infantil”. Integrante del Departamento de Lenguaje y Aprendizaje del “Centro del Desarrollo Infantil”. Integrante del Centro de Apoyo a la Integración “Tinku”.
E-mail de contacto: ferfelice22@hotmail.com

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