ESCUELA DE MEGARA

La escuela de Megara fue fundada por Euclides, a quien no se debe confundir con el famoso geómetra que un siglo después llevó el mismo nombre. Fue discípulo le Sócrates, y nada menos que con peligro de la vida. Cuéntase que estando prohibido a los habitantes de Megara entrar en Atenas bajo pena de muerte, iba él, sin embargo, todas las noches, vestido de mujer, y teniendo que andar más de mil pasos. La afición a la filosofía se trocó bien pronto en prurito de disputas; el arte dialéctica que hemos visto nacer en Elea se refinó en Megara; sus filósofos se distinguieron en esta parte hasta el punto de merecer el renombre de disputadores.

¿Quién creyera que el escepticismo pudo nacer de alta idea virtuosa? He aquí, sin embargo, cómo fue conducido Pirrón de Elea a un extremo tan deplorable. Empezó por encarecer la importancia de la virtud y la necesidad de dedicarse a ella exclusivamente, dejando inútiles investigaciones que no podían conducirnos al conocimiento de la verdad. Hállanse en esta doctrina las dos máximas de Sócrates: 1ª, la virtud es el supremo bien; 2ª, sólo sé que no sé nada. Mas Pirróninsistió mucho en la última; trató de apoyarla con su dialéctica, no advirtiendo que al minar toda verdad minaba toda virtud, pues que la virtud es también una gran verdad. Pero el filósofo se había ido engolfando en su sistema, y el amor propio no retrocede fácilmente; aceptó, pues, las consecuencias de sus principios; en la ruina de la verdad envolvió la virtud, y acabó por negarlo todo. ¿Cuál fue entonces su doctrina sobre la conducta humana? «Es difícil —decía— el despojarse totalmente de la naturaleza.» Y así dejaba por única regla el vivir conforme a la misma. ¿Qué se infería de esto? Si no hay verdad absoluta, no hay moral; sólo hay apariencias entre las cuales descuellan las sensibles; de aquí a la teoría del placer no hay más que un paso; por manera que una filosofía que empieza por una exageración de la moral acaba en el cieno de la corrupción.

121. El escepticismo, cuya cuna hemos hallado en Elea, se desenvuelve en la escuela de Pirrón y de su discípulo y amigo Timón, a quien se atribuye el haber excogitado diez argumentos para combatir toda verdad, o sean diez motivos de duda. Todavía encontraremos posteriormente las ramificaciones de esta escuela. Ya la hemos visto nacer entre los primeros eleáticos (XV), y la veremos continuando hasta nuestros días.

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