Escrito en el rostro

Comprender los pensamientos de otras personas resulta esencial para moverse por el mundo social. Mas la empatía supone un proceso complejo basado, en parte, en fugaces expresiones del rostro. La empatía parece resultar de la capacidad para ponernos en el lugar del otro: cuando vemos que otra persona se encuentra triste, simulamos lo que siente activando las mismas regiones cerebrales que se activan cuando nos sentimos tristes nosotros.
Una investigación publicada en Journal of Neuroscience en febrero de 2011 respalda tal idea. En el estudio participaron individuos que experimentan sinestesia de tacto especular. Cuando estos sinestetas ven tocar a otra persona, sienten que les tocan en la misma parte de su propio cuerpo. El neurocientífico Michael Banissy y sus colaboradores del Colegio Universitario de Londres quisieron averiguar si esa intensa capacidad para experimentar lo que otro sujeto siente permitiría que ocho probandos con sinestesia de tacto especular tuvieran más capacidad de reconocer emociones implícitas en un rostro que otros sujetos. Así fue. Los participantes identificaron de forma correcta el 92 por ciento de las expresiones faciales que se les mostraban en el ensayo, frente al 81 por ciento de los participantes de un grupo de control. Es probable que su éxito se debiera más a su pericia en la simulación que a una agilidad general con caras, puesto que en otros experimentos no superaron a los miembros de control en la identificación de personas.
Para quienes carecemos de sinestesia de tacto especular, el proceso de simulación es el mismo, aunque menos acusado, explica Banissy. Así que, ya sabe: la próxima vez que se vea simpatizando con alguien triste, agradézcaselo a esa parte del cerebro que percibe que usted está frunciendo el ceño.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *