Escribir desde los extremos

El escritor francés Edouard Levé se propuso dinamitar la autobiografía y Así lo hizo antes de suicidarse en 2007.Seguro que hay plan. Los artistas nunca se separan del ser y la nada y por otra parte Edouard Levé también fue fotógrafo, y fue pintor. Pero lo interesante del caso es que Levé no parece escribir. No hay rastros de oficio, escribe incómodo, tratando de documentar lo cotidiano y ni en uno ni en otro de sus últimos dos libros, Autorretrato y Suicidio , puede observarse otra intención que la de articular ideas buscando una suerte de clasificación de la existencia cotidiana. Lo que podría ser algo falto de interés, es la máxima virtud de un autor que, para que quede claro desde el vamos, le entregó Suicidio a su editor tres días antes de matarse.

Figuran cinco datos en la contratapa de sus libros y uno es el de la fatalidad: Levé es ideal para los amantes de David Foster Wallace. Otra entrada posible es que Levé “dinamitó” la autobiografía tal como la conocemos. Y por si esto fuera poco, un gancho involuntario: el diseño no lineal y fragmentario de Autorretrato , sumado a la dispersión temática permanente y a una sensibilidad diferente para el acopio de ideas, lo hacen ineludible. Sobre todo cuando debería considerarse que la nueva gran novela latinoamericana tendría que surgir por fuera de los géneros. Levé escribe apuntes, piensa en voz alta, provoca un desparramo de derivas que no provenían de la chispa sino, seguramente, del tiempo libre. Esta clase de libros, tan parecidos al borrador, dan cuenta de la angustia de la narrativa actual. La metaficción todavía pareciera estar subsidiada por la trama, cuando en realidad no sólo la hace posible, sino que es la ficción misma.

Autorretrato tiene un estilo silvestre y categórico hecho de extremos. De movida, y con un cuchillo entre los dientes, el autor arma catálogos, rotula la realidad, encasilla tratando de que las cosas sean un poco más comprensibles (aún). Es como un chico. Me gusta, no me gusta. No le gusta el paternalismo, pero se siente cómodo entre “los viejos”. No cultiva la tierra, no quiere descubrir maravillas de la música, pero le gustan las conversaciones que puede interrumpir sin parecer descortés. Recorre los problemas “de la gente amable” y propone hacer una colección perversa con títulos como “Lugares donde no hay nada que ver en particular”, y si a veces peca de exceso argumentativo, a la página siguiente vuelve a razonar como un adolescente conflictuado.

En un momento cuenta que hace fotografías porque no tiene ganas de cambiar las cosas, y que acostumbra ver arte donde otros, simplemente, ven objetos. Preferiría que los ensayos ocuparan “sólo un artículo y no un libro”, le gusta dar “las gracias”, no se considera un gran lector, pero releía mucho. No le gusta la novela. Le resulta más fácil leer a Bret Easton Ellis en el tren que a Raymond Roussel, y nunca lleva un libro a la playa. En la playa las chicas le suscitan menos deseo que en las bibliotecas. Y así indefinidamente.

Un poco de escritura automática, otro poco de cadáver exquisito, otro poco de independizarse de lo aprendido reduciendo el yo a un polvillo astral. Es probable que Levé fuera fanático de Nick Hornby. Gran cultor de las listas, las encaminaba caprichosamente hacia lo inverosímil, mostrándose como un observador demasiado pertinaz. Levé, que aprendió por su cuenta lo más importante (sacar fotos, pintar, escribir) decía que razonar no le interesaba pero lo tranquilizaba. Además, tardaba poco y nada en pasar de la humillación de los sentidos al terreno de la comprensión.

Autorretrato sirve para descubrir a un maestro de las conclusiones. Puede leerse de atrás para adelante o abriéndolo en cualquier parte. Si lo empezás en la página 53, te cuenta que en su boca lo duro se vuelve blando y lo blando se vuelve líquido. Y que se desmayó tres veces en su vida (de la muerte habla poco). Odiaba los embellecimientos, le gusta la resaca de la escritura y era seco como un hueso. Andrés Rivera lo adoraría. Levé creía que en arte quitar era perfeccionarse. Un día se mató.

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