Es urgente superar el estado de confrontación permanente


Paraná (Entre Ríos), 28 May. 12 (AICA)
Mons. Juan Alberto Puiggari, en el tedeum del 25 de mayo

Mons. Juan Alberto Puiggari, en el tedeum del 25 de mayo

“Nos reunimos hoy en este templo para orar por nuestra patria, en un nuevo aniversario del Primer Gobierno Patrio, siguiendo el ejemplo de nuestros próceres de Mayo, que elevaron la plegaria a Dios por el progreso y la prosperidad de la Nación y dar gracias a Dios por el don de nuestra Patria. Este breve alto en el camino y motivo de alegría para celebrar el nuevo aniversario de Mayo, nos debe hacer pensar qué pasos tenemos que dar para proyectar nuestra Patria hacia un camino de grandeza, digno del sueño de nuestros próceres. La primera tarea que no puede ser postergada es la reconciliación. Urge recrear las condiciones que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. Ello requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, sobre todo de sus dirigentes. Es urgente la reconciliación en la verdad y la justicia. Olvidar lo malo, es también tener memoria”.

Estos fueron algunos de los conceptos de la homilía que pronunció el arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, en el solemne tedeum de acción de gracias que presidió el 25 de mayo en la Capilla de la Sagrada Familia, de la capital entrerriana.

Asistieron al tedeum el vicegobernador, José Cáceres; la presidenta municipal, profesora Blanca Osuna; ministros y funcionarios del gobierno provincial, secretarios y funcionarios del gobierno de la ciudad de Paraná, concejales, jefes de las fuerzas armadas y de seguridad y público en general.

Tras agradecer a Dios por las personas que forjaron este país, recordó la presencia de la Iglesia en aquellos momentos fundacionales, porque desde los inicios de la comunidad nacional, y aun antes de la emancipación, “los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia”.

“En nuestra cultura -recordó el arzobispo de Paraná- prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana. Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un futuro con esperanza, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina”.

“Al celebrar este tiempo bicentenario -manifestó monseñor Puiggari-, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Es un don y es una tarea. Por eso nos hemos reunido, siguiendo la tradición de los hombres de Mayo, para alabar a Dios Todopoderoso y Eterno por sus obras magníficas, sus dones y amor infinito hacia la Argentina. Entrerrianos, porteños, santafesinos, cordobeses, jujeños, salteños, correntinos y pienso en todas nuestras provincias, pese a sus diferencias, definían algo común: la naciente Argentina. Tonadas, historia, suelo diversos, pero un deseo profundo, y camino arduo hacia la unidad.

“En nuestra historia -señaló- no faltaron enfrentamientos y generosas reconciliaciones, luchas, pruebas y desgarros. Sin embargo, y pese a ello, esta tierra generosa contagió a aquellos padres de la Patria, el deseo de una patria grande, que la pensaron acogedora, cálida, respetuosa, capaz de albergar a tantos extranjeros que se fueron incorporando al ser nacional y sintieron en poco tiempo el orgullo de sentirse argentinos.

“Cuántas incontables riquezas germinaron en una geografía tan variada que ayudaron a fermentar hombres de infinitas llanuras, de sierras silenciosas, de montañas guardadas por los cóndores, lomadas de todos los verdes, bosques y montes de hacheros, hijos de las aguas chicas y grandes: y todos argentinos”.

Tras otros conceptos referidos al respeto por la familia y por la vida, a la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes, el arzobispo de Paraná pidió al Señor “que los argentinos, todos juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e integrada en el mundo”.

Por último pidió contemplar “a la Mujer valiente y humilde”, que “quiso trancar los ejes de la carreta en Luján, sostener a los salteños en su Milagro, hacer cantar a los catamarqueños en su Valle, arrancar el Chamamé en Itatí, ser siempre nuestro Pilar, inspiró su nombre al puerto de Santa María de los Buenos Aires, y a su amparo quiso que naciera la ranchada en la baxada del Paraná y bajo esta misma advocación del Rosario acompañó y protegió a nuestros soldados en Malvinas, y poner en sus manos y en el corazón todas estas intenciones, pidiéndole que interceda por nosotros y acompañe el camino de las autoridades, de los dirigentes de los diversos sectores del pueblo argentino”.+

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