ERBIL-Una pica en la antigüedad

En los poros de sus piedras calizas habita la historia. Durante más de 8.000 años sus muros y casas han sentido la dominación de muchos de los pueblos a los que debemos parte de la cultura y la historia que hoy vivimos: persas, sasánidas, asirios, árabes, otomanos. La Ciudadela de Erbil -la tercera urbe más grande de Irak, después de Bagdad y Mosul- traza los límites antiguos de una ciudad que está considerada la más antigua, continuamente habitada, del mundo. Y su rastro se puede seguir con facilidad hasta, al menos, el siglo XXIII antes de Cristo.

Es una de las joyas del patrimonio histórico de un país que ha sufrido mucho. Y donde no solo las personas son víctimas de ese dolor, sino también de su cultura, legado y riqueza material. Los conceptos fundamentales que forman la identidad de un pueblo.

La firma española restaura una urbe candidata a ser patrimonio mundial
La Ciudadela de Erbil nos mira desde una altura de 25 metros sobre una ciudad de 750.000 personas. Habitada desde que se fundó, es un emblema y un símbolo de orgullo nacional y local para los iraquíes y el Kurdistán (región autónoma donde se enclava). Por ello su cuidado y rehabilitación va más allá de lo material y se adentra en los laberintos de la autoestima como país. El año pasado, la Unesco y la Alta Comisión para la Revitalización de la Ciudadela de Erbil (HCECR, por sus siglas en inglés) presentaron la candidatura para que esta edificación única sea considerada patrimonio mundial.

Es una forma de preservarla y asegurar su supervivencia. Pero se enfrentan a un empeño de calado. La historia, que le ha dado mucho, también le está quitando. La Ciudadela está construida sobre los vestigios de las antiguas civilizaciones que la han conquistado y más que por cimientos se halla sustentada por las ruinas que dejaron sus antiguos moradores. Restos inestables y difíciles de manejar desde la mirada de los ingenieros y arquitectos, que las lluvias complican más todavía. Estas circunstancias, junto a problemas de salubridad, y negligencia en su gestión, como ha reconocido la propia ONU, han provocado que desde 2006 esté forzosamente deshabitada. Algo que el Gobierno kurdo quiere cambiar.

A este reto que aúna lo técnico y lo humano llega (tras ganar un concurso internacional) Ines Ingenieros Consultores, una de las poquísimas empresas españolas que tiene presencia estable en Irak. ¿Su misión? Rehabilitar la Ciudadela, en concreto la parte otomana y posotomana. Son ocho conjuntos edificados dentro de los 328 con valor histórico que existen en las 11 hectáreas que abrazan su perímetro. En total, hay 587 casas inventariadas.

Trabajar en este entorno tiene el privilegio que le confiere su historia, pero también las inquietudes que aportan un presente en el que la violencia pervive. «La situación en Erbil es tranquila. No hace falta moverse con escolta, como en otras poblaciones del país. Es verdad que hay vigilancia. Al entrar en ella tienes que pasar un control de pasaportes, como si llegaras a otra nación, pero se trabaja con normalidad», afirma José Antonio Martín-Caro, fundador de Ines Ingenieros. De hecho, franceses, ingleses y alemanes copan Erbil a la búsqueda de intereses comerciales. La erótica del petróleo y las tareas de reconstrucción contribuyen a este atractivo.

En el caso de Ines Ingenieros, lo suyo es la rehabilitación y no los hidrocarburos. Y por gasolina tienen ilusión: «Es un proyecto para nosotros muy trascendente ya que por encima de lo económico

[la Unesco maneja para la Ciudadela, en esta fase, un presupuesto de 12,9 millones de dólares] posee una gran repercusión sociocultural», zanja Martín-Caro. –

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