Entrevista a José Funes, S.J., director del Observatorio Astronómico Vaticano

El P. José Gabriel Funes SJ, es de Córdoba, Argentina. Antes de entrar a la Compañía estudió astronomía. Después de su formación y de su ordenación sacerdotal, retomó sus estudios sobre astronomía y desde entonces trabaja como astrónomo del Papa.
Te invitamos a leer el testimonio de un jesuita que ha dedicado su vida sacerdotal a un servicio poco tradicional: evangelizar la cultura dialogando con la ciencia.

En Tucson, Arizona (EEUU), los domingos suelo ayudar celebrando misas en algunas parroquias de la ciudad. Normalmente la gente me pregunta cuál es mi parroquia. Les digo que no tengo una parroquia y que soy un padre jesuita astrónomo, lo que resulta bastante difícil de explicar. Con estas líneas trataré de contarles qué hace un jesuita argentino en Arizona. Para ello debo hacer una descripción de la misión del Observatorio Vaticano.
En 1905 el Papa Pío X encomendó a Monseñor Maffi, arzobispo de Pisa, la búsqueda de una solución a la difícil situación que se había suscitado debido a la poca calidad del trabajo científico que por aquellos años se hacía en el observatorio.

Monseñor Maffi propuso al Papa que se encomendara la guía del Observatorio a una familia religiosa como la de los jesuitas. Desde entonces la Compañía de Jesús ha contribuido a esta obra de la Santa Sede proveyendo jesuitas que han recibido una formación científica en algún campo de la investigación astronómica.
Debido al continuo incremento de las luces de la ciudad de Roma, el Observatorio Astronómico se trasladó en 1933 desde el Vaticano a la residencia veraniega del Papa en Castel Gandolfo a unos 25 km de Roma. Es allí donde aún hoy está la sede del Observatorio, en la que se encuentra un museo con una importante colección de meteoritos y se realizan escuelas de postgrado y congresos.

La llegada a Arizona

El Observatorio Vaticano experimentó las mismas dificultades que otros observatorios en el mundo. Un siglo atrás los observatorios se encontraban alejados de las ciudades, pero con el tiempo el desarrollo urbano fue volviendo el cielo más luminoso. Los astrónomos, en su afán de buscar cielos oscuros que les permitan observar los objetos más débiles y lejanos del universo, han buscado lugares desérticos y montañosos donde construir las cúpulas de sus grandes telescopios.
En 1980 los jesuitas astrónomos del Observatorio Vaticano llegaron al desierto de Sonora en búsqueda de cielos estrellados, alejados de las grandes ciudades. Por un acuerdo con el Departamento de Astronomía de la Universidad de Arizona, en la actualidad el Observatorio Vaticano tiene un grupo de investigación en Tucson. En 1993 fue inaugurado el telescopio vaticano en Mount Graham, a 3100 m de altura, que utilizamos para la investigación astronómica.

A pesar de que nuestro observatorio es pequeño (8 astrónomos), los temas que investigamos abarcan todo el universo: el sistema solar, las estrellas de nuestra galaxia, las otras galaxias y el Big Bang. En mi caso concreto, estoy estudiando la formación de estrellas en el universo local, la historia de la formación estelar en la galaxia NGC 5128 y de otras galaxias del mismo tipo. Estas son galaxias «cercanas», es decir, la luz que nos llega de sus estrellas salió de aquellas galaxias hace no más de 100 millones de años.

Nuestra misión

Dicho en pocas palabras, nuestra misión no consiste en hacerle los horóscopos al Papa, ni bautizar extraterrestres. Tampoco queremos probar que la Biblia tiene razón utilizando la astronomía como mero instrumento. Nuestra misión es caminar junto con los científicos de nuestro tiempo, en particular con los astrónomos. Queremos participar del cansancio de la búsqueda, del entusiasmo y de la alegría que comporta el descubrimiento científico, es decir, tratamos de promover la ciencia sólida y verdadera de acuerdo al deseo de León XIII cuando fundó el Observatorio Vaticano. Esta misión exige que nuestro observatorio sea un puente entre la Iglesia y el mundo de la ciencia promoviendo también el diálogo interdisciplinario. En este sentido nuestra misión también se encuadra en el diálogo con el mundo de la cultura que la Congregación General 34 pedía a los jesuitas.
La Congregación General 34 quiso recomendar al P. General y a toda la Compañía, las casas y las obras interprovinciales de Roma. El Observatorio Vaticano es una de ellas. Desde el tiempo de San Ignacio con el Colegio Romano, la Compañía, en el espíritu del cuarto voto de obediencia al Papa, ha reconocido en estas obras un servicio prestado a la Iglesia universal. El mismo San Ignacio quiso que el Colegio Romano fuera sostenido por las distintas provincias. Es por este motivo que aún hoy las distintas provincias de la Compañía contribuyen enviando jesuitas a las casas romanas que dependen directamente del P. General.

¿Y el Señor?

Hace un tiempo estuve visitando Padua donde hice el doctorado en Astronomía. Allí está la casa de formación de la provincia italiana, donde estudian filosofía los estudiantes jesuitas. Uno de ellos me preguntó: «¿Y el Señor cómo entra en tu investigación?» De vez en cuando viene bien preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos.
Mi misión no es «espiritual» en el sentido de que la mayor parte de mi día no consiste en acompañar espiritualmente, dar ejercicios espirituales o escuchar confesiones. Sin embargo como me enseñaron desde el noviciado es posible buscar y encontrar a Dios en todas las cosas. En todo amar y servir. Observando en el telescopio vaticano, dando clases en la Universidad de Arizona, escribiendo artículos científicos o diciendo misa a los híspanos, Dios me viene al encuentro. Además la astronomía es un excelente medio apostólico. Es uno de esos medios naturales que disponen el instrumento de Dios (es decir, el jesuita) para con los prójimos (Constituciones de la Compañía 814).

La Compañía es una orden sacerdotal, y el sacerdote es mediador entre Dios y los hombres. Y es mediador siempre, aun cuando no celebre los sacramentos. Para mi ser astrónomo y cura es ser puente. Es estar a veces del lado de Dios y a veces del lado de los científicos. Como alguna vez Juan XXIII le dijo al P. McCarthy, «la misión del Observatorio Vaticano es explicarle la Iglesia a los astrónomos, y a la Iglesia la astronomía». Y con el humor que lo caracterizaba, el Papa añadió, «aunque lo segundo, ustedes, no lo hacen muy bien». Juan XXIII tenía y sigue teniendo razón.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *