Entre lo culto y lo popular

HONGOS

Más de cincuenta investigadores de Italia, España, Uruguay, Brasil y la Argentina buscarán entre el martes y jueves próximo echar luz sobre esa zona gris, de encuentro, que también es una de las más fecundas de la cultura italiana: la integración de lo culto y lo popular en la lengua y la literatura. Pavada de tema. Ese será el eje principal del XVIII Congreso de Lengua y Literatura italianas de la Asociación Docentes e Investigadores de Lengua y Literatura Italianas (ADILLI).

La lengua italiana se desarrolló en un terreno tan pequeño como rico y variado, compuesto por una fuerte base latina y mezclada –en poblados chicos– con el catalán, el griego y el francoprovenzal. Existen el toscano vulgar, el siciliano vulgar, y un sinnúmero de dialectos; hijos de la oralidad y de la fragmentación política que forjó la historia de Italia; muchos de ellos todavía subsisten. “A partir del humanismo buena parte de la literatura italiana sirvió como un registro de la lengua elevada, cuestión que los académicos del siglo XV y XVI discutieron”, afirma la profesora Renata Bruschi, una de las promotoras del encuentro. Pocos autores registraban con éxito el habla popular. Uno de ellos es el ignoto Angelo Beolco alias Ruzzante. Cuando recibió el Nobel Dario Fo lo recordó como “el autor de teatro más importante de Europa en el Renacimiento hasta la aparición de Shakespeare”.

En el siglo XIX el problema lingüístico regresa tras la conformación del Estado italiano. Los flamantes súbditos del reino de Italia debían ir a la escuela y había que unificar los criterios de enseñanza: preparar a los docentes.

Los novios, la novela cumbre de Alessandro Manzoni, es un intento para forjar un modelo de lengua, ni más ni menos que el que hablaban las clases altas florentinas. Un tiempo después de su publicación en 1868, Manzoni presidió una comisión para proponer políticas que unificaran los criterios lingüísticos del italiano. Recién en la segunda mitad del siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial, se plasma un nuevo panorama cultural, un nuevo italiano. La efervescencia de 1968 determina cambios en el rol de la mujer, de la familia, de las costumbres, y de los hábitos. “La lengua nacional se impone por fin a los dialectos locales y acompaña el proceso de renovación, al tiempo que incorpora elementos y neologismos de lenguas extranjeras, principalmente del inglés. Los años de plomo de la década de 1970 son quizás el punto de llegada del sinuoso camino de integración entre elementos cultos y cultura”, introduce Bruschi.

En abril pasado se cumplió un siglo de la muerte de uno de los poetas más importantes de la historia literaria italiana, que en este congreso ocupará un rol preponderante. ¿Por qué? Porque Giovanni Pascoli –de él se trata– es uno de los pocos intelectuales italianos de fines del siglo XIX que perseguía los mismos fines literarios en italiano o latín. “Es un gran intérprete de las instancias populares y sociales de la Grande Proletaria, como él mismo definía a Italia”, afirma Diego Poli, profesor de la Universidad de Macerata y especialista en la obra del autor de Myricae . Con Pascoli es necesario saber escuchar. “Su poética es la de la sensibilidad exaltada por la capacidad de escucha”, insiste Poli. Se refiere a la escucha que cada niño escondido –esa obsesión de Pascoli– en el cuerpo de un adulto hace de la naturaleza que lo rodea. “Ese adulto puede ser Virgilio, Dante, Homero –sus grandes maestros inspiradores–, pero también los campesinos de Lucchesia o de Romagna con los que compartía su amor por la naturaleza naturante”. Su obra es una fusión sin igual entre cultura alta y popular. Un italiano literario de gran potencia expresiva que mezcla con un italiano popular y con expresiones de garfagnine, el dialecto toscano de Lucchesia. A sus compatriotas que regresan de su aventura en América les permite hablar su lengua mestiza, deja aparecer onomatopeyas y da lugar al fonosimbolismo –la lengua de los animales y de las cosas–. “Estamos delante de un maestro de la comunicación escrita, porque es un intérprete profundo de las exigencias de un mundo estrecho entre la tierra natal, que ya no puede saciar el hambre de sus hijos y la búsqueda de nuevas tierras. ¿Son esas las tierras de la esperanza del futuro? Pascoli está atravesado por los cambios radicales que traían aparejados la industrialización, por la melancolía de un mundo natural que se pierde. Hoy, con el cambio climático como una amenaza latente, su poética vuelve a ostentar dilemas contemporáneos.

La especialista en ópera Nora Sforza será otra de las animadoras del inminente congreso. “Intento plantear que el melodrama, que nace como un experimento cortesano en la casa del Conde de Bardi, (de donde surgirá la “Camerata Florentina”) se transforma, sobre todo en el siglo XIX, en un espectáculo en el que el público de los grupos más altos de la sociedad se mezcla con otros sectores populares”, afirma. Para esta docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Dante Alighieri la tipología arquitectónica de los teatros italianos contribuyó a esa confluencia. Pero un papel mucho más efectivo y transformador para esa sinergia entre cultura alta y popular, entre públicos de las dos esferas, fue el que protagonizó el melodrama, definitivamente alejado de argumentos ligados a la mitología o a la sociedad de corte. “Se empezaron a presentar temas ligados a la historia fundamentalmente medieval y de los albores de la Modernidad clásica que el público podía reinterpretar en clave decimonónica, lo que contribuyó enormemente a la difusión de una lectura histórica ligada al proceso de la unidad italiana”, afirma. Por lo general se habla de Giuseppe Verdi por sus “óperas patrióticas”, que duraron hasta finales de los años 40, pero para Sforza los ejemplos de estas apropiaciones populares están documentados en otras óperas de compositores como Rossini, Bellini o Donizetti, por nombrar sólo a los más conocidos. “En este sentido, es por demás interesante la lectura que de esto hace Luchino Visconti en su filme Senso de 1954, basado en el cuento homónimo de Camillo Boito. Allí, Visconti, agrega una escena que no pertenece al texto pero sí documenta esta fusión de públicos en el ámbito teatral y estos corrimientos “históricos”, sentencia la escritora.

Las fiestas populares, la inmigración, el policial, los proverbios de la cultura popular y literaria y, por supuesto Dante y Boccaccio serán otros de los ejes de un congreso que iluminará grietas de la cultura italiana.

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