EN TIEMPO DE TENTACIÓN Y DE DUDA QUE EL SEÑOR NOS AYUDE A VER…

Queridos docentes, queridos directivos, queridos amigos:
Nuevamente en comunicación con ustedes y quisiera con todo mi corazón contarles noticias de consuelo. He de lamentar que no puedo hacerlo todavía. No hemos logrado aún que los acuerdos reemplacen a las roscas, ni que los instrumentos de trabajo reemplacen a las armas de guerra…
Es una hora crucial para nuestros colegios, para la educación católica, para el destino y misión de santidad y grandeza que tiene la patria. Las dolorosas situaciones por las que atravesamos en este tiempo deben encontrarnos implorantes y de pie. Nuestra respuesta no será buena si damos lugar a la obsecuencia, la difamación, la discordia.
La Patria argentina está disgregada, deshilachada por ambiciones, irresponsabilidades y actitudes irracionales. No pueden ser las nuestras actitudes ni decisiones que aumenten ese daño. Por eso es tan difícil este tiempo y de allí que quizá por eso sea tan apasionante.
El bien más preciado de nuestras instituciones, la unidad, por momentos parece claudicar. Pero dejaríamos un mal legado para quienes nos sucedieran si por venganza, astucia, por no perder espacio o por viveza, utilizáramos las mismas armas que las que usan los guerreros del absurdo, acostumbrados a castigar al débil y al indefenso. Tal vez obtuviéramos una victoria. Pero de hoy. Efímera.
Sería imposible evitar el pensamiento que anida en no pocos: la Iglesia con su poder, impidió que los docentes recibieran un beneficio. Volveríamos a hablar de complicidades, alianzas, roscas, amistades por conveniencia. Y desde los comienzos de la historia, no ha sido ese el camino por el cual la misma Iglesia reclutó sus hombres y acompañó sus instituciones.
Tal vez tendríamos más adeptos, aunque meramente temporales. Quizá, se acercarían muchos, pero como para aliarse, no para servir.
No existe un tiempo para dividirse y para dividirnos, y mucho menos éste. Y no es tiempo de resignar las armas que son las nuestras. Que por supuesto son otras que las armas del mundo. (“…si mi reino fuera de este mundo….”). En todo caso, lo que les pido, a todas las comunidades educativas, pero a TODAS, es que recen y hagan rezar por esta intención, pues cuando las situaciones avanzan por caminos tan irracionales, nos queda solamente apelar al Señor, para que ayude a ver.
Las razones por las cuales les pido oraciones abundan: es tiempo de tentación y de duda. Y la misma duda y la misma tentación nos quieren hacer ver a los docentes como los enemigos. No lo son. Es más, nuestra franja es la docente. Los docentes llevan el peso de las instituciones. Son el brazo que llega al lugar que no puede llegar la cabeza. No son los enemigos. Tampoco aliados, cual mercenarios a sueldo fijo. Son parte del cuerpo y “…cuando un miembro sufre, los demás sufren con él…”. Por eso queremos y deseamos estar cerca de los docentes. ¿Quién como el docente para percibir de manera intuitiva, directa, esta patria re-naciente y como siempre sufriente?. ¿Quién como él para vislumbrar un futuro incierto y lleno de dudas y hasta de injusticias, si seguimos arrastrando los vicios que nos han traído hasta aquí?
Si me preguntaran nuevamente por qué hemos llegado hasta aquí, tendré que volver a decir que la irresponsabilidad, la irracionalidad de una autoridad discrecional, olvida el sentido de patria federal.
Si me preguntaran por qué no hemos aún salido de este asunto también tendré que decirles que o por inercia, o por no quedar mal frente a sectores minoritarios de poder o por no reconocer errores basales y corrosivos, se demora una decisión que tiene como principal protagonista al Estado nacional.
Con problemas como éstos, se comprende mejor el porqué de ciertas falencias y carencias que como sociedad y comunidad política padecemos y por qué hemos llegado a estar en este lugar y en esta situación.
Por estas mismas razones es que, a las comunidades educativas y a las comunidades religiosas, a directivos, docentes y alumnos, les reitero el pedido de hacer rezar. Les pido que ofrezcan intenciones de misas para la solución de este conflicto: el gobierno no toma decisiones que tiene que tomar; el gremio continúa con su tarea de dividir las comunidades educativas, los docentes dudan y los directivos tienen la sensación de que todo se termina.
Confío en sus oraciones y en las de todas aquellas personas que nos conocen y ven en esto un camino final, sin salida. Un obispo muy ligado a educación durante más de cuarenta años, nos comentaba que en su larga carrera dentro del ámbito, no recordaba haber tenido un problema de tal magnitud y gravedad… ¡Miren si no es para rezar y suplicar al Señor que nos escuche!.
Y sin embargo, en medio de todo, hay cosas que nos ayudan y mucho.
La semana anterior tuvimos en esta nuestra Casa la entrega del “Divino Maestro”. Esta celebración de alguna manera, corona todas las fiestas de septiembre, mes en el cual el calendario se vuelve generoso en fechas simbólicas de la tarea docente.
Por todo lo que el docente es, dedicamos un mes completo a quienes trabajan día a día en la educación católica del país. También como cada año, aunque sea en el afecto fraternal, tratamos de acercarnos y acompañarlos, celebrando y agradeciendo la gracia de contar con ellos en las escuelas de la patria.
La entrega del “Divino Maestro” corona el mes del educador y constituye la celebración más grande del mes y me atrevería a decir que tal vez la del año. Ya saben lo conmovedor de este encuentro federal en donde agradecemos a quienes marcaron huella y son cáliz de entusiasmo para enfrentar las veleidades y contradicciones de lo cotidiano con esos deseos de vivir que transmiten quienes han fijado sus gozos más allá de sus miradas.
Esta reunión anual genera esperanza, buenos ánimos, deseos de ser santos. Sus protagonistas, probablemente no han salido en muchas revistas ni en muchos periódicos. Poco conocidos, casi anónimos, en la fecundidad de su obra silenciosa, siguen siendo el cimiento inevitable y perdurable de una vida que quiere darse y gastarse en la educación.
La jornada nos lleva a la reflexión. Nuestros flamantes galardonados, a lo largo de la vida, seguramente han pasado por cuestiones similares a las que nos tocan vivir a nosotros. En lo institucional tal vez no. Ciertamente no han sido ajenas estas cosas en el ámbito personal.
No sé. Me resulta difícil creer que la tranquilidad y la alegría con que han llegado muchos de ellos a la ancianidad, dependa sólo de roscas, trenzas, avivadas. No es que quizá no las hayan hecho. Me inclino a pensar, que no se dejaron cautivar por ellas. Ni hicieron de ellas el fin de sus vidas. Su fin ha sido muy claro: la Persona de Jesucristo; sus manos, sus rostros, su alegría, verdaderamente nos indican que han conseguido hacer de las “…espadas arados y de las lanzas podaderas…”.
A San Héctor Valdivielso Sáez, argentino y educador que nos conoce desde adentro, en el día de su Fiesta litúrgica le pedimos su intercesión para conseguir estas gracias

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