En la piel del dolor crónico

Hoy se celebra el Día Mundial contra el Dolor. En España, se estima que hay más de 4 millones de personas con dolor crónico, una situación que tiene un fuerte impacto en la vida de los que la padecen, en sus familias y en la sociedad. El dolor crónico cambia la vida de las personas que lo sufren y, a diferencia de otras patologías, sigue siendo un problema de salud sin resolver.

Hace unos meses, el Estudio Internacional PainSTORY demostraba hasta que punto el dolor crónico empeora la calidad de vida de las personas. Así, seis de cada 10 declaran que el dolor controla su vida. De hecho, muchos de ellos manifiestan dificultad para caminar, levantarse, vestirse o dormir. El 73% confirma que tiene problemas para realizar actividades domésticas, familiares y de ocio e incluso dormir (casi el 58% de los encuestados). Además del impacto físico, el dolor causa depresión y ansiedad en dos tercios de los pacientes y el 50% afirma que, en ocasiones, su dolor es tan horrible que desearía morirse.

Dolor de cabeza

Este año, este día está dedicado al dolor de cabeza con el objetivo de concienciar sobre esta dolencia y promover una mejora en su tratamiento para reducir su impacto en el paciente y sus repercusiones económicas. De hecho, el dolor de cabeza implica importantes costes económicos para el sistema sanitario. En Europa, solamente el coste médico anual de la migraña se estima en 25 mil millones de euros, la cantidad más alta entre los trastornos neurológicos después de la demencia. El coste financiero de las cefaleas deriva en parte de los costes de tratamiento directo, pero también en otros indirectos como la pérdida de tiempo y la productividad.

El dolor de cabeza es el motivo neurológico de consulta más frecuente tanto en atención primaria como en especializada. La mitad de la población española sufre algún tipo de cefalea de forma habitual a lo largo del año y más del 90% ha padecido este malestar en algún momento de su vida, que provoca una reducción considerable de la calidad de vida, así como de la productividad en el trabajo. Incluso un 4% de la población padece dolor de cabeza crónico, más de 15 días al mes, lo que merma su calidad de vida y afecta a su entorno laboral y social.

«El Día Mundial del Dolor es el colofón a una campaña lanzada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) a finales del año pasado y con el que se pretende llamar la atención sobre una de las patologías más frecuentes, dolorosas y debilitadoras que afectan a gran parte de la población, como es el dolor de cabeza«», comenta Diego Contreras, presidente de la Sociedad Española del Dolor.

Dolor lumbar

Pero cuando se habla de dolor tampoco se puede olvidar el dolor lumbar crónico, uno de los dolores con mayor prevalencia. Según María de Madariaga, de la Unidad del Dolor del Hospital Infanta Sofía, de Madrid, sus cifras de prevalencia «son demasiado elevadas, al igual que en el resto de Europa». Por ello, «es importante diagnosticar su causa para poder aliviarlo parcial o totalmente mediante un tratamiento orientado en lo posible al mecanismo de generación de dicho dolor», ha explicado. También es clave «un abordaje multidisciplinar encabezado por el médico de atención primaria, en primer lugar, y por los profesionales de las unidades de dolor, en caso de que la respuesta al tratamiento farmacológico no sea adecuada o tarde en llegar».

El dolor lumbar crónico se puede prevenir «evitando el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo y las cargas de peso excesivas en el puesto de trabajo», señala Madariaga. Una vez diagnosticado, «es fundamental que el médico de atención primaria instaure un tratamiento analgésico con el objetivo de favorecer la rehabilitación física del paciente y mejorar su calidad de vida, sin olvidarnos del tratamiento intervencionista de las unidades de dolor». La experta ha pedido que se mejore el acceso a las unidades especializadas en el tratamiento del dolor y que se fomente la formación continuada de médicos y personal de enfermería.

En primera persona

Nadie mejor que Esperanza Cutillas y Dositeo Méndez para hablar del dolor crónico. Esperanza lo padece desde hace casi 20 años. «He vivido momentos muy aterradores y difíciles, pero conservo un recuerdo que prevalece sobre el resto: un día me fue imposible sostener la pequeña mano de mi hija porque el dolor era demasiado intenso», señala. «Con el tiempo aprendí a hablar libremente con mis médicos, sobre todo con los que están en la unidad del dolor. No me costaba darles información cuando algo no estaba funcionando porque me sentía arropada y comprendida», añade.

«Los afectados tenemos que saber que se puede romper con la cadena del dolor y que no debemos asumir el dolor como algo normal», puntualiza Dositeo, que preside la Asociación del Dolor Neuropático (ADONE). Dositeo es un ejemplo de cómo el dolor crónico le ha cambiado su vida: «Muchos de nosotros llevamos más de 30 años padeciendo dolor, sintiéndonos sin salida cuando siempre hay una solución». A veces, reconoce, «me dan ganas de bajarme de este viaje», pero aún así termina sacando fuerzas porque, «la esperanza es lo último que se debe perder».
Miedo al sufrimiento

El miedo al dolor, la algiofobia, puede ser tan invalidante como el dolor el sí, advierte la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). «Una de las consecuencias del miedo al dolor es la kinesiofobia, o fobia a moverse, motivada, por lo general, por el temor a hacerse daño», explica la psicóloga Julia Vidal, responsable del Área de Dolor en la SEAS.

El Día Mundial del Dolor de este año está dedicado a la cefalea. El miedo a sufrirla también paraliza la actividad mental, en un fenómeno llamado cognifobia. Una investigación publicada en la revista The Clinical Neuropsychologist, la define como la posibilidad de que «individuos que sufren miedos relacionados con la cefalea eviten las tareas cognitivas (poniendo menos esfuerzo en ellas) en un intento de minimizar el riesgo de exacerbar sus síntomas».

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