En defensa del Laicismo – Por Eduardo Vaccaro

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-En defensa del Laicismo – Por Eduardo Vaccaro

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09-01-2011

Los problemas e inquietudes que el mundo sufre por razones diversas, entre las cuales las nacidas de la intolerancia y el fanatismo religioso o de otro origen, cubren a diario la crónica informativa dando la cotidiana dosis de dolor por sus dramáticas consecuencias.

Agregar a ese diario vivir afligente afirmaciones y actitudes que aspiren a resucitar enfrentamientos que en tiempos pasados, no demasiado lejanos crearon duras controversias y divisiones en la sociedad, sería imperdonable equivocación.

Y algo con tal característica ha sido revivido en palabras, nada menos que del Papa, quien con su destacada importancia en el mundo no puede pasar como una simple opinión de un común habitante.

El Papa hizo referencia crítica días pasados al laicismo y ello, sin la suficiente explicación de que es laicismo y laicidad y los adjetivos laico y laicista, pueden presentar confusas impresiones en quienes no estén familiarizados con la larga y trágica historia que los pueblos debieron protagonizar en su momento para lograr que la Iglesia admitiera su separación del poder político.

Al respecto es mucho lo que se podría decir de este tema de la historia, pero excederíamos el espacio y tal vez correspondería su tratamiento en otro ámbito, lo cual haría con satisfacción. Pero en estos tiempos en los que perseguir lograr la paz y la concordia debiera ser objetivo común y único, lanzar afirmaciones que obliguen a quienes creen en la virtud y justicia de la sociedad laica, sería un error.

El laicismo no es intolerancia y mucho menos desprecio de las religiones o ateísmo. Más aún: es la máxima seguridad que toda religión puede soñar ya que es la seguridad del respeto de todas sin exclusiones. Los laicos no somos ateos necesariamente: ciertamente los hay, pero no es condición para ello carecer de fe religiosa.

La historia tiene demasiadas páginas negras precisamente, por la ausencia de espíritu laico. La mundanización de la cultura y los conocimientos y las relaciones humanas entre los pueblos exigen cada día más tolerancia y aceptación del otro, que es nuestro semejante, nuestro hermano y tiene el derecho natural y superior a tener o no religión alguna sin que ello le signifique desmedro alguno en su consideración social y jurídica; tratar de imponerle, aunque sea con sutilezas y declarados buenos propósitos una determinada confesión es un atentado a los derechos humanos y a las constituciones liberales del mundo.

Eduardo Vaccaro

evaccaro@fibertel.com.ar

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