En busca de la liviana melodía

En su edición número 11, Todo es Historia sorprendió a sus primeros lectores con un extenso artículo de Tabaré de Paula titulado “El tango: una aventura política y social”. Corría marzo de 1968 y unos meses antes, en su debut, la revista había dado la nota de color con un texto sobre las academias de baile. Ahora parecía redoblar la apuesta a favor de temáticas no convencionales, haciendo así honor a la máxima de la publicación: “Todo es Historia”. Aquel tipo de artículo tenía más lectores que reputación; más interés periodístico que estrictamente facultativo. En efecto, el hiato entre lo que los medios consideraban “interesante” y lo que la vida académica aprobaba como digno de ser investigado era considerable. En líneas generales, los temas de cultura popular estaban ausentes en la grilla de los investigadores, fueran estos liberales o revisionistas. A lo sumo, las letras de tango podían entrar, muy oblicuamente, en el campo visual de la historia, pero no más. El resto del fenómeno de la música popular flotaba inciertamente entre la glosa evocativa y el ensayo populista. Pongamos el asunto en su marco temporal. Como se sabe, en los vertiginosos 60 se estaba imponiendo la historia económico-social, bajo la doble influencia de los Anales franceses y el marxismo, pronto impregnaría al conjunto de los historiadores académicos jóvenes. Conocer las curvas de precios de los granos argentinos a principio de siglo ó dilucidar el componente sociológico del primer peronismo eran, sin duda, temas acreditados. Por el contrario, una nota que relacionaba la música popular con la historia política del país no era algo habitual. A lo sumo, alguna lectura política del fenómeno -como la que marcaría, de modo provocativo, Blas Matamoro con La ciudad del tango en 1969- podía ser entendida como aporte a la reflexión sobre el pasado, pero aun en este caso la paciente búsqueda de fuentes que implica todo trabajo de historiador era relevada por la agudeza del ensayo. Al tango se lo pensaba, pero no se lo investigaba. Alguien podrá decir que el panorama no cambió mucho. Que aún sigue fascinando -con toda razón- el origen del peronismo y que, de modo asimétrico, la investigación sobre cultura popular creció poco. Pero no seamos tan categóricos ni tan críticos: algo hay. No hace mucho, Osvaldo y Julián Barsky publicaron su ciclópea biografía de Gardel, siguiendo un estricto método historiográfico. Antes que ellos, el inglés Simón Collier -con la colaboración de la antropóloga argentina María Susana Azzi- avanzó en la línea del tango. Mientras escribimos estos apuntes, nos enteramos de que Florencia Garramuño acaba de editar su tesis Modernidades periféricas. Tango, samba y nación, una suerte de estudio comparado entre las especies populares de la Argentina y Brasil durante las décadas del 20 y el 30.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *