Empeñado en beberse el mundo

Una de las formas de danza más pujantes de las últimas décadas es sin duda el hip hop , baile callejero y altamente acrobático que se originó en Estados Unidos y luego se expandió por el mundo. Nacido en barrios pobres y de la pasión de jóvenes en general marginales –e hijos de inmigrantes en el caso de Europa Occidental–, el hip hop fue tomado por la cultura oficial de muchos países para “integrar”, llamémoslo así, a esas expresiones. El hip hop subió a los escenarios y ganó un lugar en los festivales de danza contemporánea. El brasileño Bruno Beltrão es una figura reconocida en este campo y ahora llega a Buenos Aires a presentar su H3 , que gira por el mundo desde 2008, en una única función en el Teatro San Martín dentro del marco del ciclo Panorama Sur.

-Comencemos por su infancia y por cómo llegó la danza a su vida.
-Nací en una familia de clase media y tuve una infancia sin preocupaciones: buenas escuelas y el apoyo de mis padres para hacer exactamente aquello que quisiera. Entre los seis y los doce años practiqué gimnasia olímpica y fútbol y a los trece comencé a frecuentar una discoteca llamada Scaffo, en Niterói, que durante muchos años formó parte del calendario adolescente. Cualquier persona que haya concurrido a Scaffo te dirá que es la mejor cosa que le ocurrió en la vida. Una época memorable. Fue allí donde apareció la danza para mí y con ella, muchos amigos. Mirábamos videoclips norteamericanos y tratábamos de copiar los pasos; una niñería que se transformó en algo muy serio, una diversión que comenzó a imponerse sobre otras cosas, incluida la escuela. Conocí en la discoteca gente con la que compartíamos intereses y formamos un grupito de danza del barrio. Estábamos influidos por músicas hoy alejadas de mi gusto, pero que en la época me resultaban muy buenas; sentía que en esa discoteca, además de divertirme, ya había en mí la voluntad de desarrollar algo.

-¿Sobre qué música bailaban?
-MC Hammer, Sir Mix-a-Lot, Vanilla Ice, Stevie B., Run–D.M.C., Salt-N-Pepa, Us3 y Michael Jackson eran algunos de los artistas que nos cautivaban. No comencé a bailar hip hop tradicional, no pasaba mi tiempo en la calle ni tenía pretensiones políticas; sólo me gustaba mucho copiar lo que veía en los videoclips . Después apareció en Niterói un profesor de hip hop llamado Yoram Szabo. Con él aprendimos una manera de bailar, una especie de jazz y hip hop sistematizado para academias.

-¿Cómo llegó a formar su propia compañía?
-Teníamos dos amigas muy cercanas que formaban parte de la compañía de danza de Helfany Peçanha, en Icaraí. Helfany apoyó nuestra idea de enseñar danza de calle en su academia, aunque éramos apenas adolescentes. Después de un año, creció el deseo de formar un grupo que representase a la ciudad. Y dos años más tarde la profesora Rose Mansur nos abrió su academia para crear el Grupo de Rua de Niterói. Fue exactamente el 15 de julio de 1996. La primera formación tuvo dieciséis integrantes con los que nos presentamos en festivales competitivos en Brasil, pero después de tres años nos sentíamos como animales de circo: acrobacia y aplausos. Mis estudios, más adelante, en la carrera de danza de la Universidad de Río de Janeiro, me permitieron abordar cuestiones temáticas y poéticas que no son interesantes para el hip hop , pero que cambiaron radicalmente mis valores como coreógrafo. Sin embargo, no dejé de lado el lenguaje de la danza urbana.

-¿Qué lugar ocupa en Brasil su modo de encarar el hip hop?
-Para mucha gente somos un grupo que traiciona sus orígenes, que no forma parte de la cultura hip hop y que no respeta las reglas de lo que debe y no debe ser. Creo que los bailarines de hip hop , en su mayoría, nos detestan. Durante el inicio de nuestra trayectoria nos involucramos de una forma u otra en cuestiones sociales, enseñábamos lo que sabíamos y planeábamos incluso abrir una escuela. Luego abandonamos esa idea al entender que nuestros espectáculos ya estaban cumpliendo ese papel.

-¿Qué cambios fue experimentando como coreógrafo?
-Nunca se puede seguir siendo el mismo, aun queriéndolo. Pero algo que parece claro es que teníamos la necesidad fuerte de actuar sobre aquello que creíamos que era el hip hop: hacer lo opuesto, arriesgar una mirada. El momento ahora es otro. Estamos empeñados en beber el mundo, aprender de todos los tipos de acción existentes y de artistas de todos los lugares. Pero esta no es sólo una inclinación del hip hop. Porque finalmente, ¿qué es el hip hop? Pareciera que hay jueces a los que sólo importa establecer cuál es la naturaleza correcta de las danzas urbanas. Sé que nuestra elección acabó por crear una atención hacia la relación entre el hip hop y el mundo, pero es exagerado mirar nuestro trabajo siempre desde esa perspectiva: “es o no es hip hop”, “está cerca o está lejos del hip hop”, un blablá que me aburría antes y ahora mucho más. La danza, como la vida, es algo que cambia y por eso optamos por verla como una parte de ella.

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