Elogio del amor loco

Hay muchas películas de amor, pero pocas de ese amor que lo arrasa todo. El detonador de este tópico fue la visión del filme de Louis Malle “Una vez en la vida”, en una de mis tantas noches de insomnio. Desecho títulos como “Cumbres borrascosas”, “Lo que el viento se llevó” o “Casablanca” por demasiado obvios. Me atrae la locura irrefrenable del amor-pasión, y la película de Malle arrastra a Juliette Binoche y a Jeremy Irons a cumbres y abismos que sólo reconocen quienes los hayan gozado y padecido. Un ministro británico se enamora de la novia de su hijo, pero es ella quien conduce la relación, como viuda negra, hacia una ruta sin salida. Pienso en “Vértigo” y en la obsesión necrófila de James Stewart por recuperar a Kim Novak de entre los muertos para volver a perderla definitivamente. Pienso, también, en esa relación condenada de “Ultimo tango en París”, que comienza como un juego entre una burguesita ansiosa de nuevas experiencias y un cuarentón desquiciado por el suicidio de su mujer (ese Brando crepuscular, enorme). La pasión tiene un precio y casi siempre todo acaba de manera fatal. Si no me creen, remontémonos a “Senso”, cumbre del melodrama viscontiano con esa condesa despechada y humillada por su joven amante que elegirá la delación como venganza. El amor-pasión es tan feroz, tan salvaje, tan irracional que convierte en vanas todas las promesas de los amantes. En este rubro, el destino a menudo juega cartas decisivas.

François Truffaut culmina su filmografía con esa obra maestra del amor sin escape que es “La mujer de la próxima puerta”. Un hombre y una mujer que se han querido bárbaramente –Gerard Depardieu y Fanny Ardant–, se reencuentran de forma inesperada, ya los dos con otras parejas, cuando ella se muda con su actual marido a la casa de enfrente del objeto de sus desvelos. Fingen hasta donde pueden no conocerse, pero el fuego que quema se renueva. Todo acaba como se preveía (mal) y quien narra aclara que los enterraron juntos con un epitafio que decía: “Ni contigo ni sin ti”.

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