EL YIN Y EL YANG DEL STRESS

Para la Medicina Tradicional China (cuyo origen se remonta a unos 5000 años, aunque el primer tratado completo de Medicina llamado Nei King o Libro del Emperador Amarillo data del año 400 a.C. aproximadamente), la unidad mínima de constitución del Universo se llama Qi (pronúnciese Chi en chino y Ki en japonés), que podemos traducir como “soplo” o “aliento”, y tiene dos tropismos diferentes que conocemos como Yin y Yang. El Yin es el Qi centrípeto, que se concentra en el centro, creando elementos “materiales”, sólidos o tangibles. El yang es el Qi centrífugo, que se aleja del centro, creando elementos “inmateriales”, gaseosos o intangibles. En el Universo, los arquetipos del Yin son la Tierra y la Luna, y los arquetipos del Yang son el Cielo y el Sol.
En la naturaleza el arquetipo del Yin es el Agua, que es tangible, fría y descendente; y el arquetipo del Yang es el Fuego, que es más intangible, caliente y ascendente.
En el cuerpo, el Yin está representado por lo orgánico, lo físico, los líquidos y fluídos, y el Yang por el Qi que circula por los canales llamados “meridianos”, por la “conciencia” y el aparato psíquico.
El fuego (yang) y el agua (yin) tienden continuamente a separarse. Sus direcciones son opuestas y su naturaleza es alejarse.
En el cuerpo, la actividad del pensamiento calienta la cabeza, aumenta el ascenso del Fuego y por ende las tensiones en la parte alta del cuerpo (hombros, brazos, pecho y vértebras cervicales y dorsales altas); la actividad alimentaria y la quietud aumentan el descenso del Agua, de los líquidos, que se concentran en la zona baja del abdomen (intestinos), generando contracturas lumbares y pesadez en las piernas.
El axioma chino de la buena salud es: cabeza fría, pie caliente.
Si bien el alejamiento del Agua y el Fuego es un proceso natural que termina con el fin de la vida, cuando se separan definitivamente y, según la tradición china, el Yin (el cuerpo) vuelve a la Tierra y el Yang (la conciencia) vuelve al Cielo, este proceso se incrementa y acelera con el distrés o estrés patológico, ya que éste disminuye la profundidad de la respiración. Es la respiración, a través del diafragma, el gran regulador del yin y el yang del cuerpo, favoreciendo la circulacion del Qi para movilizar y calentar los líquidos, para que asciendan a lubricar y refrescar la parte alta del cuerpo. “La respiración mantiene casados al Cielo y a la Tierra”, decía el Maestro Liu Pai Lin.
El secreto chino para la salud ha sido la ejercitación de la concentración del pensamiento en la respiración y el movimiento, coordinando voluntariamente estas tres actividades en una misma dirección. Esto rompe el condicionamiento natural, donde la respiración es automática e inconsciente, y nuestros pensamientos fluyen en diferentes direcciones mientras nos movemos. Este secreto está presente en todas las Artes Marciales y en todas las Gimnasias Terapéuticas Orientales, ya sean chinas (Kung Fu, Chi Kung, Tai Chi), japonesas (Aikido, Judo, Do-In), hindúes (como el yoga), etc.
Esta “respiración conciente” se concentra debajo del ombligo, presionando los órganos internos con el diafragma (y con la intención del pensamiento) para calentarlos con el movimiento de compresión-descompresión, y favorecer la circulación de los líquidos corporales. También produce el descenso del Qi de la cabeza y la relajación de los hombros, con el consiguiente enfriamiento de la parte superior del cuerpo y el calentamiento de la inferior.
El efecto de estas prácticas sobre el distrés son: relajación de las contracturas de la zona alta del cuerpo, profundización de la respiración, mejoramiento de los aparatos digestivo y circulatorio, aumento de la capacidad de concentración, y mejor aprovechamiento del descanso.
Para esto no es necesario vivir en una isla ni en la China, sino darse un poco de tiempo de introspección y práctica cada día.
Estas disciplinas milenarias nos seguirán acompañando este milenio, y son herramientas necesarias en una cultura global cada vez más exigente y excluyente, donde la eficiencia es cada vez más importante, y las personas cada vez menos. Nacemos sin un manual de instrucciones, y aprendemos sobre la marcha cómo actuar, cómo pensar, cómo relacionarnos. También podemos aprender a respirar y a movernos para armonizar nuestras energías y mejorar nuestra calidad de vida, así quizás el siglo XXI, no sea un “Cambalache” como el siglo XX que terminó.

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