El valor de la intuición

Todos dependemos de un amplio conjunto de funciones cognitivas para vivir cada día. Entre las más importantes se encuentran percepción, razón, emoción, memoria, creatividad, instinto e intuición. Esta última, la intuición, también es la más misteriosa. Las mujeres son particularmente intuitivas, en promedio mucho más que los hombres. Por eso, reflexionemos sobre esta fascinante función.

¿Qué significa intuir? La intuición no es la percepción, porque no utiliza los sentidos. No es razonamiento, porque no implica deducciones lógicas. No es emoción, porque no evoca sentimientos fuertes. No es memoria, porque no depende de la experiencia. No es creatividad, porque no trae nada nuevo al mundo. No es instinto, porque no dispara una conducta «preprogramada». ¿Entonces qué es? La intuición es saber algo sin saber cómo lo sabemos. Es una clase de conocimiento inexplicado pero profundo.

Cualquiera que haya estado casado sabe que las mujeres son mucho mejores guardando secretos que los hombres. Los varones casados nunca les mienten a sus esposas durante mucho tiempo. ¿Por qué? Supongo que se debe a la intuición femenina. Incluso cuando los maridos tienen la precaución de ocultar sus huellas, las esposas parecen saber exactamente dónde estuvieron, sólo «intuyéndolo».

La intuición es una fuerza poderosa, incluso aunque nadie sepa precisamente cómo funciona. Las mujeres aprenden a confiar en sus intuiciones y por lo general tienen razón en hacerlo.

Tomemos el caso de Cecilia. David, un empresario supuestamente exitoso que le prometía la luna, la cortejaba con avidez. La familia y los amigos de Cecilia estaban muy impresionados por David y se emocionaron cuando Cecilia les contó que David le había propuesto casamiento. Todos estaban seguros de que su vida en pareja sería un sueño hecho realidad. Todos menos Cecilia.

Cecilia intuía que algo andaba mal. No podía decir exactamente qué o por qué, pero sabía (sin saber cómo lo sabía) que casarse con David sería un error. Pasó noches difíciles, dando vueltas en la cama, tratando de decidir si aceptar o rechazar la propuesta de David. Su percepción, emoción y razón decían «¡Sí!» Pero su intuición decía «¡No!» Y Cecilia le dijo que no a David. Su familia y amigos pensaban que estaba loca por rechazarlo. Pero la intuición de Cecilia resultó estar en lo cierto. Más adelante se enteró de que David era un jugador compulsivo que debía mucho más dinero del que ganaba. Casarse con él hubiera sido un desastre. Por eso a Cecilia la salvó su intuición.

¿La moraleja? Cuando hable tu intuición, escuchala. Tu misteriosa voz interior puede darte consejos invalorables.

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