El trabajo de MsF en cuanto a violencia sexual en República Democrática del Congo. Tabúes y acceso a tratamiento

Mama Matumayni fue violada hace cuatro años por un grupo de militares en un pueblo de Kivu Sur. Es una mujer pequeña, delgada, de ojos brillantes, vestida con ropas tradicionales de gran colorido. Tras su traumática experiencia se armó de valor para buscar tratamiento y para lanzar, sin ayuda de ninguna organización no gubernamental, una valiente iniciativa: sensibilizar a otras mujeres que han sobrevivido a agresiones similares sobre la importancia de recibir atención médica y psicológica urgente. En suahili, Matumayni significa Esperanza. Esta mujer nunca fue una víctima de la violencia sexual, sino una superviviente, una esperanza para toda su comunidad.

 

El caso de mama Matumayni no es habitual en las comunidades de Kivu Sur, ya que son muchos los tabúes relacionados con la violencia sexual que dificultan el acceso a tratamiento:

• Las mujeres sometidas a abusos sufren el estigma y la discriminación en sus propias comunidades.

• Las casadas suelen guardar silencio porque sus maridos las echarían de casa, a menudo con sus hijos.

• Las solteras tampoco denuncian, pues jamás encontrarían marido, y para las comunidades tradicionales una soltera es una mujer “inútil” que nunca tendrá hijos propios.

• En ciertos contextos tribales, (como los Banyamulenge en Hauts Plateaux), es tabú que un médico varón pase consulta ginecológica.

• Un niño nacido de una violación se considera “no deseado” por la comunidad y sufre un trato discriminatorio, por ejemplo negándosele la escolarización.

Pero quedarse callada no es una cura…

En todos sus proyectos en Kivu Sur, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado programas específicos sobre violencia sexual para responder a las necesidades psicológicas de las víctimas, independientemente de su sexo o edad.

Algunas prácticas consuetudinarias pueden de hecho estar promoviendo la violencia sexual. Por ejemplo, en algunas comunidades de Kivu Sur, cuando un hombre deja el hogar y a su mujer por un largo periodo de tiempo para ir a trabajar, su padre tiene derecho a acostarse con ella.

La erradicación de tales prácticas lleva generaciones, y el objetivo de MSF no es cambiar creencias culturales. En lugar de ello, se promueven métodos para la prevención de las enfermedades de transmisión sexual. Psicólogos y médicos pueden responder a consecuencias cognitivas, emocionales, psicológicas, físicas… Pero, ¿cómo facilitar el acceso a la atención especializada? Basándose en el modelo de mama Matumayni, MSF ha establecido una red de trabajadores comunitarios de salud, los relais communautaires: en cada área de salud se forma a una mujer y a un hombre. La contratación de personal masculino se debe a que la violencia sexual es un fenómeno independiente del género y a que los casados con mujeres víctimas de abusos están más predispuestos a recibir asesoramiento de otro hombre.

El papel de estos relais es sensibilizar y educar a la comunidad (empezando por sus líderes, como los jefes de aldea, religiosos y profesores) sobre las consecuencias de la violencia sexual y la importancia de buscar atención médica y psicológica urgente. Han demostrado ser muy creativos: utilizan el canto, el baile y el teatro para difundir el mensaje. En última instancia, identifican a las víctimas y las refieren a los centros de salud. En los respaldados por MSF, grupos de mujeres dinamizados por la matrona y la trabajadora comunitaria hacen las veces de grupos de consulta psicológica, animando un sentimiento de auto-ayuda y ayuda mutua entre las participantes.

La violencia sexual en República Democrática del Congo ha sido etiquetada como arma de guerra, de humillación, intimidación, destrucción de la dignidad humana… Sólo en el último año, MSF ha atendido a 5.600 víctimas de agresiones en los Kivus y, a pesar de ello, sigue siendo difícil trabajar en esta zona.

¿Cuántas mujeres serán violadas antes de que las comunidades superen un pensamiento estereotipado tan bien enmarcado por el sistema de tabúes?


Stella Evangelidou, psicóloga clínica, forma parte de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Este artículo ha sido publicado en el nº 45 de la Revista Pueblos, enero de 2011.

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