EL TDAH

El TDAH, ¿una disfunción cerebral, psicológica y/o social?
En aproximadamente medio siglo que llevan la investigación y las teorías acerca de lo que es el TDAH, no termina de afianzarse cuál es su origen. Cada vez aparecen más estudios que propugnan por su etiología orgánica, pero muy pocos coinciden entre sí o se complementan para dar una respuesta satisfactoria.

Introducción
Desde hace décadas que se está tras los pasos del origen fisiológico de diversos tipos de patologías que distintas disciplinas “del espíritu” reclaman como propias. En efecto, desde las neurosis, pasando por las psicosis, el autismo y toda su gama, se multiplican los descubrimientos que dan cuenta de que el sustrato original de todos esos padecimientos es de neto corte orgánico.
La evolución de las técnicas para tomar imágenes de la masa encefálica ha aportado diversas teorías acerca de que el cerebro de los que presentan alguno de los Trastornos del Espectro Autista tiene diferencias importantes respecto de los considerados normales.
Mientras que hasta no hace mucho los diversos aparatos sólo tomaban instantáneas del cerebro en un momento dado, las actuales proveen una serie de ellas en pleno funcionamiento. Es decir, se pasó de la fotografía de un instante a una especie de película en la que es posible distinguir más y mejores contingencias de cómo funciona este órgano vital.
Ello ha llevado a que comenzaran a aparecer evidencias de que los cerebros de las personas con algún Trastorno presentan diferencias morfológicas y funcionales respecto de aquellas otras que no lo tienen.

La morfología cerebral, un indicio
A partir de estudios realizados hace ya dos décadas, en los que se puso a consideración que el lóbulo frontal de los que portan TDAH tendría un volumen menor que los que no lo tienen, se han sucedido las investigaciones que puntualizan diferencias en la conformación o en el funcionamiento del cerebro de unos y otros.
En un trabajo efectuado sobre la base de un aparato de resonancia magnética de última generación y analizado posteriormente por medio de programas de computación, se indicó que existen diferencias anatómicas en las áreas que controlan la atención y en las que tienen el control inhibitorio.
Si bien estas aseveraciones ya habían sido realizadas previamente por otros investigadores, la Dra. Elizabeth Sowell, una de las investigadoras principales del estudio, puntualizó que los nuevos procedimientos utilizados permiten afirmar que, a diferencia de lo que se creía hasta entonces, las anormalidades prefrontales propias del autismo y del TDAH son bilaterales y no sólo del lado derecho.
También hallaron diferencias significativas en las estructuras cerebrales de ambos lados entre aquellos que tienen el Trastorno respecto de los que no, con reducciones en pequeñas regiones que involucran tanto zonas prefrontales como temporales en ambos hemisferios.
Al mismo tiempo, las imágenes mostraron incrementos de la matera gris en extensas zonas temporales y parietales corticales, que se sabe que están asociadas al control de la atención y al de los impulsos, que se correlacionarían con la gravedad de los síntomas, según los aumentos de estas magnitudes.
Bradley Peterson, el otro investigador a cargo del proyecto, explicó que estos hallazgos pueden ayudar a establecer con mayor precisión cómo y dónde actúan los medicamentos que se suministran para paliar estos Trastornos y que es muy posible que también sirvan para desarrollar nuevos patrones terapéuticos, dado el conocimiento que se tiene sobre la estructuración celular y neuroquímica de las regiones cerebrales donde se observan las mayores anormalidades.

Un problema madurativo
Por su parte, el National Institutes of Health de los Estados Unidos asegura que el desarrollo del cerebro de estos niños es normal, en general, pero que presenta un retraso de alrededor de 3 años en ciertas áreas, lo que explicaría el Trastorno.
Si bien sus investigadores señalan que por el momento las técnicas de imagen cerebral utilizadas para llegar a estas conclusiones no sirven para realizar diagnósticos, sí son útiles para entender el TDAH y para intentar desarrollar tratamientos que ayuden a acelerar el proceso madurativo.
Las novedosas técnicas de análisis de imágenes que utilizaron los científicos abocados a este proyecto permitieron medir el adelgazamiento o el engrosamiento de la corteza de los cerebros de miles de niños con y sin TDAH, con lo que pudieron establecer, según ellos, que las teorías acerca de que el Trastorno es producto de una demora en la maduración de la corteza cerebral son erradas, pues estas áreas no son las que presentan el retraso que ellos señalan como el origen.

Nueva investigación: la genética en la mira
Muy recientemente, en un artículo publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet, se da cuenta de una investigación llevada a cabo en la Universidad de Cardiff (Gales) por un grupo de investigadores especialistas en TDAH.
En ella, se afirma que, al menos en los casos que sirvieron para el trabajo, los niños que sufren este trastorno suelen tener mayores duplicaciones en segmentos cortos de su ADN o a carecer de esos segmentos, lo que daría una base genética para afirmar que el cerebro de los que padecen TDAH, Autismo y esquizofrenia difieren de los que no sufren alguna de estas patologías.
Según Anita Thapar, quien dirigió el grupo de investigación, ello equivale a dejar sentada una fuerte evidencia del origen neurológico de este desorden.
El mismo artículo sugiere que existiría una transmisión genética entre padres e hijos, aunque no de tipo determinístico, es decir, un padre con esa condición tiene muchísimas más posibilidades de que su hijo lo padezca que uno que no la tenga, pero ello no implica que sea así en el 100% de los casos.
La muestra involucró a 366 niños clínicamente diagnosticados con TDAH y a otros 1.000 que sirvieron como control.
Al cruzar los resultados de uno y otro grupo, los científicos llegaron a la conclusión apuntada de que aquellos con el Trastorno tenían casi dos veces más repeticiones o faltantes que los que no, lo que lleva a asumir que existe una relación entre ese problema genético y las disfunciones cerebrales. También observaron lo mismo para el autismo y la esquizofrenia.
Al mismo tiempo, ellos creen que la base del TDAH y el autismo son similares, cuando algunos estudios realizados hasta ahora habían comenzado a sugerir que se trataba de dos patologías absolutamente distintas.
La Dra. Kate Langley, integrante del equipo investigador, afirma que “El TDAH no es causado por un único cambio genético, sino por una serie de ellos, en interacción con el medio en que se desenvuelve el niño”.
Para este grupo, en principio no quedarían dudas de que tanto el TDAH como el autismo son desórdenes cerebrales asociados a problemas de orden genético.

Un tema a discutir
Pese a esta y a todas las demás teorías que buscan una base física, hasta ahora, no sólo los hallazgos no sólo no son concurrentes sino que aparecen hasta como contradictorios, en algunos casos. El conjunto ellos parece una serie de descubrimientos aislados, incoordinados. Raramente alguno se apoya en otro anterior o se combinan para lograr un avance efectivo. De hecho, de buena cantidad de ellos jamás se vuelve a oír hablar.
Muchos terapeutas afirman que se sentirían enormemente aliviados si algún día alguno o algunos de estos trabajos de investigación dieran con una cura tan sencilla como la administración de una píldora que revirtiera totalmente los estados de paranoia, esquizofrenia, autismo, TDAH y toda la gama de síndromes y síntomas tan dolorosos que afectan el comportamiento y la vida de relación (y la vida a secas) de tantas personas y que inciden tan terriblemente no sólo en quienes los padecen sino en aquellos que los rodean y también en la sociedad toda.
Pero también señalan que, al menos hasta el presente, ello no sucede y denuncian, junto con la Organización Mundial de la Salud, que el incremento de los Trastornos del Espectro Autista es producto de un sobrediagnosticamiento que se produce por distintos factores, entre los que no es menor la incidencia de los laboratorios que, si bien no han descubierto la cura, tienen en su stock paliativos para disminuir la hiperactividad, mejorar el rendimiento escolar, focalizar y sostener mejor la atención, hacer dócil la conducta, etc. La otra pata importante sobre la que se sustenta esta especie de epidemia (algunos señalan que entre el 5 y el 10% de los niños y jóvenes tienen alguno -en algunos países, como los EE.UU., llegaría a rondar el 15%-) es la necesidad social de “controlar” rápidamente a los desviados y volverlos cuanto antes al redil de la normalidad.
Las marchas y contramarchas, las nuevas teorías que aparecen en buen número son, al menos, la muestra de que, si bien parece que todavía es improbable que aparezca una cura, la atención está focalizada en esta problemática.
El problema más serio que se observa en el estado actual de las investigaciones que atañen a este tema es que la mayoría de ellas no parecen hallar sustento en un número importante de casos sometidos a control.
Con esto queremos significar que si el universo que componen los Trastornos del Espectro Autista es tan masivo, unos pocos cientos de investigados (a veces sólo escasas decenas) aparecen como poco significativos para que se hagan afirmaciones tan categóricas como las que se hacen, sobre todo a través de los medios no especializados, que suelen olvidarse de los “quizás”, “probablemente” y todas las formas de relativizar que utilizan los científicos para referir sus experiencias.
Uno de los tres estudios que reseñamos brevemente hace alusión a un factor al que usualmente no se le presta mayor atención, sobre todo en los trabajos de elucidación que se realizan a través de la ciencia médica: el medio.
Más allá de las sospechas que puedan generar ciertas modas morbosas (en el sentido de enfermedad), con el surgimiento en primera plana de ciertas dolencias que luego se desvanecen, una duda que campea respecto del notable incremento del TDAH es si no habrá en él alguna cuestión sociológica co-incidiendo con factores genéticos, morfológicos, anatómicos, psicológicos, etc. que lleven a ese crescendo.
Es decir, ¿no estaremos haciendo algo mal como sociedad (global) que lleva a que le hagamos difícil la existencia a muchos?
Es una punta más para tratar de establecer, de una vez por todas, de qué estamos hablando con precisión científica (de la ciencia que sea).

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

Referencias:
– http://www.adhd.org.nz/neuro1 .html
– http://newideas.net/adhd/neurology
– http://pn.psychiatryonline.org/content/39/1/26.full
– http://www.cardiff.ac.uk/research/neuroscience/news/adhd-genetic.html

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