El silencio de los cóndores

Las aves terrestres de mayor tamaño de Norteamérica, que en un tiempo estuvieron al borde de la extinción, se han recuperado de forma sorprendente.

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Los primeros cóndores de California reintroducidos en la naturaleza en cinco años dieron unos saltos vacilantes en un barranco de piedra arenisca, alargaron sus rosados cuellos para asomarse al precipicio y movieron con vacilación sus alas de tres metros de envergadura. Desde aquel momento excepcional en 1992, los biólogos han liberado casi doscientos cóndores nacidos y criados en cautividad, que han conseguido salir adelante. El censo mundial ha aumentado de 22 ejemplares en 1987 a 396 en la actualidad. Las poblaciones naturales se concentran en Baja California, Arizona y la parte meridional y central de California. Mientras estas rapaces gigantes vuelven a ocupar un territorio de veinte millones de kilómetros cuadrados, los científicos utilizan la más avanzada tecnología para conservar estos supervivientes del Pleistoceno. Se sirven también de tácticas poco usuales, como cambiar crías infértiles por otras fértiles para garantizar una recuperación total.
Desde su oficina en Ventura (California), Jesse Grantham, coordinador del programa de recuperación de los cóndores del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, puede rastrear la situación de cada cóndor en California, con un error de solo unos metros. En cada una de las aves de unos ocho kilos de peso, el equipo de Grantham ha colocado un transmisor de radio y un dispositivo GPS alimentado con energía solar que envía más de mil señales diarias sobre la posición del cóndor. Si se reciben demasiadas señales de un mismo lugar durante un tiempo prolongado, ello indica que el cóndor se halla en apuros. Cuando así sucede, un equipo recorre a pie cañones remotos para hallar el ave enferma o muerta, a la que le realizan pruebas y analizan la carroña de la que se ha alimentado. Los datos del GPS también ayudan a localizar las cuevas en las que crían las rapaces, donde se puede verificar la viabilidad de cada huevo e incluso cambiar los huevos infértiles de los cóndores libres por otros huevos fértiles, puestos por aves que viven en cautividad.

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