El poder oculto de las imágenes

El trabajo de Kathy Ryan en la revista dominical de The New York Times es un alegato al buen gusto y la emoción sincera de la fotografía contra el sensacionalismo y la banalidad que dominan la red. Y esa tarea se asienta sobre principios sólidos: Kathy explica que una foto se convierte en ícono universal y eterno cuando emociona y esa emoción sirve para describir y defender la infinita diversidad de lo humano. La niña que corre desnuda bajo el napalm o la que recibe en el rostro el ácido de un talibán por querer estudiar son manifiestos contra el abuso de poder que perdurarán junto a las palabras del mejor discurso. Como la falda de Marilyn que el aire juguetón del metro levanta. “Tengo fe en el poder de las imágenes para mejorar el mundo y celebrarlo”, asegura.

-Ahora mismo se están haciendo billones por doquier con smartphones.
-Esas fotos no convierten a sus autores en fotoperiodistas, del mismo modo que silbar no te convierte en compositor.

-¿Qué convierte a quien hace fotos en fotógrafo?
-Lo que te hace fotoperiodista es concebir, captar y editar una imagen que sea un símbolo perdurable en nuestra memoria. Si logras una imagen emocionante, esa emoción trasciende épocas y fronteras, y tus fotos serán un ícono eterno y universal. Si pensamos en Vietnam, coincidirá conmigo en dos íconos: la niña aterrada, Kim Phuc, que corre desnuda por la carretera, del fotoperiodista Huynh Cong Nick Ut, y la del general Nguyên ejecutando a un vietcong, del fotoperiodista Eddie Adams.

-Una guerra resumida en dos imágenes.
-Si le pregunto por Afganistán es muy probable que evoque la portada de la National Geographic de aquella joven enigmática que miraba al lector con ojos de un color verde indescriptible. Es Sharbat Gula, fotografiada por Steve McCurry. Y también recordará a la niña con el rostro comido por el ácido de los talibanes. Intente ahora evocar íconos parecidos: desde el Che en el póster hasta Marilyn Monroe sobre la rejilla del subte de Manhattan intentado evitar que se le levante la falda.

-Son eternos y universales.
-La prueba es que usted y yo coincidimos en ellos desde continentes y generaciones diferentes. Pero ahora intente recordar una imagen reciente de… ¿Obama? ¿El Papa? ¿Madonna? ¡No tienen una! Hay demasiadas imágenes de ellos vomitadas a cada instante por Internet como para evocar sólo una. Antes, cuando la polvareda de la actualidad se asentaba, podíamos empezar a discernir la historia, y también aparecían esos iconos, por lo menos era así antes de Internet. El ciclo de las noticias es hoy tan corto, frenético y espasmódico, una catarata de imágenes vomitadas a cada segundo en las webs, que en el Times tememos quedarnos sin esos íconos que acreditan la excelencia en nuestro trabajo. Por eso nos sentimos hoy más necesarios que nunca: luchamos por la calidad de nuestra memoria visual universal. Para que transmita valores. Yo soy una visualista convencida y creo en el poder de las imágenes para explicar, resumir y simbolizar y dar un sentido a lo que pasa. La infamia de los talibanes arrojando el ácido a la cara de la niña que quiere ir a la escuela será una lección inolvidable para todos –un manifiesto contra la tiranía– en ese ícono. Igual que esas imágenes de Vietnam que citamos son un alegato eterno contra el horror y el abuso de la guerra.

-¿Cómo demonios logra un ícono del desempleo en España?
-Esa carencia es también una denuncia contra lo que sucede. La información económica es para nosotros una pesadilla recurrente. No sabemos cómo ilustrarla. Es un reto que exige talento creativo. Pero le citaré alguno de nuestros intentos en otros campos: teníamos que hablar de los soldados muertos en Afganistán. Y al fotoperiodista se le ocurrió retratar las habitaciones vacías en Estados Unidos de aquellos muertos en combate. El equipo logró que en aquellas fotos sin personas apareciera el alma y la tragedia de aquellas vidas perdidas. Eran habitaciones de adolescentes y cómo sus padres las habían dejado intactas como un templo dedicado al hijo perdido que no olvidaban. Allí estaban el póster de su ídolo del rock junto a fotos de su familia. Cuando las editábamos casi nos pusimos a llorar. Y si una foto es emocionante, será eterna.

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