El poder económico de los que mandaban

La aparición de dos libros sobre empresarias de peso en la economía, en ciertos momentos en las decisiones políticas, permiten lecturas en varias direcciones, una de ellas sobre el papel de las mujeres en la sociedad argentina pero además cómo se han construido emporios con la supeditación o acaso subordinación del Estado a intereses privados.

Muchas veces se efectúan consideraciones éticas sobre el tema y abundan opiniones sobre la excepcionalidad argentina, en un capitalismo ajeno a lo que en realidad son inherentes al desarrollo del sistema, con énfasis precisos, según las épocas y el país. Si bien el capitalismo no es un sistema homogéneo, su acumulación primitiva ha tenido rasgos universales.

Amalita, la biografía (Ed. Sudamericana) de las periodistas Marina Abiuso y Soledad Vallejos narra con detalles cómo fue la adolescencia de la empresaria, sus vestidos y gustos, amores y viajes, inquietudes sociales y culturales que demandaban gastar mucha pero mucha plata aunque no se narra totalmente cómo la obtenía. En un momento del trabajo se cita al periodista Marcelo Zlotogwiazda que le pregunta al personaje central por la evasión de impuestos bajo la cobertura de la Fundación, un ardid frecuente, sin obtener respuestas concretas.

Zlotogwiazda escribe en el prólogo sobre la “oscura historia de Loma Negra” fundada por Luciano Fortabat, alimentada con créditos, insumos y maquinarias de empresas alemanas que la controlaron y que designaron al hijo del pionero, Alfredo Fortabat, como titular. Así se trató de impedir que la cementera cayera en los términos de la ley sobre propiedad enemiga cuando la Argentina le declaró la guerra al Eje. Fortabat se quedó con todo.

La historia de Loma Negra es también la historia del cártel en la Argentina que una década atrás, por denuncias de Zlotogwiazda, “derivó en una causa judicial que los condenó y multó por cien millones de dólares en primera y segunda instancia, y que en estos momentos está a consideración de la Corte Suprema”, En el prólogo mencionado se escribe algo que abordaremos más extensamente: la vida de Amalia Lacroze de Fortabat “es el ejemplo de tantos grupos económicos que tuvieron nacimientos turbios, ejemplo de patria contratista, de corporación que crece en épocas de bonanza general pero que también lo hace cuando el país retrocede. Y en este mismo sentido, el final de Loma Negra y de Amalita sirve como metáfora del capitalismo argentino: la empresa fue vendida a los brasileños (dinero) sin sentido productivo”.

En otro trabajo Las Blaquier (Ed. Sudamericana), Soledad Ferrari cuenta con soltura vidas y haceres de la rama femenina de esa familia endogámica donde campeó Nélida Arrieta de Blaquier, muy poderosa económicamente, dueña del ingenio Ledesma, pero con menos presencia mediática que Amalita. A su empresa azucarera le cayeron las mismas generales de la ley que a la cementera. Más allá de los problemas de alcoba, Pedro Blaquier, esposo de Nelly Arrieta y figura clave del ingenio jujeño está actualmente procesado por su coyunda con el régimen castrense con la secuela de represión y desaparecidos.

En los años 90 Luis Majul escribió Los dueños de la Argentina. En la portada del libro puso a Amalita, a Carlos Bulgheroni, Francisco Macri, Roberto Rocca y a Jorge Born pero no todos ellos dos décadas después podrían ocupar el mismo sitial entre los poderosos. No estuvieron otros en la nómina, como los Blaquier que se consideraron dueños de vida y hacienda del noreste argentino.

Es el libro de Majul prima “también la exhibición impúdica del concubinato entre los grupos económicos Loma Negra, Bridas, Socma, Techint y Bunge & Born y los gobiernos de turno. Los protagonistas de este libro ejercen el poder permanente: trascienden los gobiernos democráticos y los golpes de Estado; son impermeables a cualquier modelo económico y resultan inalcanzables para el resto de los mortales. Los dueños de la Argentina, finalmente”.

No obstante Loma Negra junto a Alpargatas –también del grupo Correa en 2011 ocupaba el puesto 74 en el ranking de 100 grandes empresas y Socma ya no llegaba a ese lugar privilegiado. Otros nombres, otros grupos, que repiten más que menos los privilegios del Estado, o que han sabido entender el momento posterior a los 90, son hoy parte de la cartelera: la vigencia de Rocca o Perez Companc, más las familias Ezkenazi, Urquía, Bulgheroni, Mastallone, Midlin, junto a los grupos Madanes, Arcor, Werthein, los Roggio, Eurnekian, el ascendente Cristóbal López y sin grandes cambios las grandes firmas internacionales en muchas actividades que si bien algunas ya no están han sido por decisiones estratégicas de sus centrales, y los bancos reflotados luego de la crisis de 2001.

En 1964, el sociólogo católico José Luis de Imaz publico, vía Eudeba, su texto por años canónico Los que mandan. El núcleo del escrito era la influencia insoslayable de las FF.AA., los empresarios, los sindicatos y la Iglesia, ideas que reflejaban una parte de la realidad y que dio origen a los llamados “factores de poder”.

Hace años en un artículo, José Luis Romero lo vio así: “No era difícil saber quiénes mandaban en los sesenta, cuando José Luis de Imaz publicó su libro. Quizá porque entonces las realidades eran más claras, quizá también porque los paradigmas de las ciencias sociales nos daban más certezas. Por entonces había una ‘clase propietaria’, integrada por sectores empresariales bien alineados detrás de sus representaciones corporativas; términos como ‘clase terrateniente’, ‘burguesía nacional’, ‘burguesía monopólica’ tenían un claro correlato empírico, tanto como ‘sindicalismo peronista’, ámbito donde se veía la gestación de una nueva dirigencia. Igualmente nítidos eran otros ‘factores de poder’, como se decía: las Fuerzas Armadas, la Iglesia.”. Decía bien Romero: “La lucha no se libraba en los escenarios previstos por la Constitución: las instituciones representativas, que nunca habían funcionado muy bien, estaban heridas de muerte por la proscripción peronista”.

Ya para los años recientes, el peso de los “factores de poder” como los describió De Imaz se ha diluido al igual que la influencia de algunos empresarios de poder. En tiempos de Raúl Alfonsín comenzó esa decadencia aunque los llamados “capitanes de la industria” fueron escribiendo parte de la agenda de prioridades. Como se ha señalado en el espacio empresarial, nuevas figuras o grupos desplazaron a aquellos “dueños de la Argentina” que hablaba Majul. Hasta dónde la política realmente acota esos poderes fácticos es un tema en debate. De todas maneras, la recuperación de la política y sus instrumentos, es una acción colectiva sin dueños absolutos, y puede ser una manera de leer los cambios que cayeron sobre la historia de personajes o grupos económicos que parecían eternos.

En rigor, es casi una ley del desarrollo del capitalismo la manera violenta con que se fue imponiendo sobre relaciones sociales más atrasadas como someter al Estado para la acumulación del capital.

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