El poder agitador y transformador del arte

“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”. En letras grandes, la frase de la educadora italiana María Montessori está estampada en la pared del fondo de la sala 13, en el primer piso del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930). Debajo hay un enorme muñeco de tela, el llamado “Señor semilla” y alrededor una buena muestra de cómo la educación y el arte agitan la vida, no sólo la de los creadores reunidos en la exposición “Pequeños artistas, grandes miradas. Explorando imaginarios, reciclando formas”, sino la de los visitantes. “La historia de una nena que va a la plaza, come caramelos y se le infla la panza” es el título de la obra de Sofía, de 6 años, que evoca y emula la serie de Juanito, de Antonio Berni, en un trabajo de técnica mixta con relieves y reciclado de telas, cintas y lanas. La muestra –en exhibición hasta el domingo 27 de enero– reúne los trabajos de treinta niños del Centro de Acción Familiar N° 6 “Bichito de Luz”, de la Villa 31, y catorce chicos que viven en el Hogar Nuestra Señora del Valle, de Flores y que asisten al programa Sembrando creatividad, de la Fundación Grano de Mostaza. Chicos de entre 6 y 12 años en situación de vulnerabilidad social para los que el arte es una puerta, una vía, un grito… Con eje en la transformación, el programa realiza talleres grupales semanales, intervenciones, salidas, encuentros comunitarios y una muestra anual. Los chicos transforman los papeles, cartones, telas y latas en trozos de sus mundos íntimos, expresiones de sus deseos, temores e ilusiones y mucho pero mucho color. Los responsables del programa afirman en el texto de presentación de la muestra que más allá de que muchos elementos de desechos tornan en materiales artísticos, lo que más se transforma con el transcurso de los talleres es el grupo.


Cine al aire libre: clásicos y estrellas

En 1990 el filme de Nicholas Ray, Rebelde sin causa (1955), fue incluido entre las cintas que preserva el Registro Nacional de Filmes (National Film Registry) de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, por entender que se trataba de una obra “cultural, histórica o estéticamente significativa”. La película se estrenó en octubre de 1955, poco después de la muerte de James Dean en un accidente, y cristalizó la imagen del actor y lo preservó de todo deterioro. Ese joven rebelde es James Dean y el miércoles 30 de enero volverá a estar en la gran pantalla con su rostro bello y desacartonado en la proyección del día del ciclo Cine clásico bajo las estrellas, del Ecunhi (Av. Libertador), en el que se proyectarán además Dr. Zhivago, de David Lean; El padrino, de Coppola; Cría cuervos (Carlos Saura) y Boquitas pintadas, de Torre Nilson. Los miércoles y jueves de enero y febrero, con entrada gratuita.
Las líneas y el color del cosmos

Buena parte de la obra de Franco Lippi puede leerse como una suerte de explosión de energía y color, pero en sus trabajos más recientes ese es el tema, justamente, la explosión como génesis. Bajo el título “El Big Bang” Lippi expone por estos días en la Embajada argentina en Washington una serie de obras de gran formato realizadas en acrílico sobre tela. Pero además, el artista presenta una serie de trabajos sobre papel de lija. La muestra, comentó el curador Alfredo Retinoff, aborda el gran estallido como forma de reflexión sobre “la idea de principio, el misterio infinito del futuro y pasado intemporal”. Lippi indaga en los misterios cósmicos con “un tratamiento enigmático de la línea y el espacio, a veces a través de la mera presencia de la profundidad infinita de tinta negra sobre papel y otra veces, mediante la yuxtaposición audaz de la línea y el color explosivo”, dijo Retinoff.
Cultura en armonía con el planeta

Con el objetivo principal de utilizar las herramientas del lenguaje audiovisual para concientizar y sensibilizar al público sobre temas de protección y cuidado del ambiente, el Green Film Fest 2012-2013 (Festival de Cine Ambiental) realiza este fin de semana una nueva edición, la segunda en la localidad de Meliquina, en Neuquén, a cuarenta y cinco kilómetros de San Martín de los Andes.
El festival proyecta las más recientes producciones cinematográficas con contenidos medioambientales, entre otros el cambio climática, el agotamiento energético, las especies animales con riesgo de extinción, las opciones del reciclaje de residuos y las acciones para una cultura sustentable, y abarca formatos documentales así como de ficción y animación. La programación incluye, entre otros, el filme francés La sed del mundo (2012); el canadiense The clean bin projet, de Grant Baldwin, y Freedom, un documental estadounidense.

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