El pensador itinerante

HONGOS

Su tiempo lo repartía entre varios proyectos a la vez. Justo empezaba a organizar el tercer tomo de literatura mendocina mientras escribía un prólogo, que quedó inconcluso, a su nueva reedición de Platón. También lo tenía ocupado la corrección de la traducción al francés de Teoría y Crítica del pensamiento latinoamericano –quizás su obra más importante–; y por supuesto escribía lo que sería su próximo libroCabalgando con Rocinante. Así pasó sus últimos días Arturo Roig –filósofo argentino de quien se han reeditado Teoría y Crítica del pensamiento latinoamericano y Rostro y Filosofía de nuestra América (Editorial Una ventana)– en Mendoza, donde nació en 1922, y murió en mayo.

Arturo Roig ha sido un filósofo “bifronte”, con una cara mirando hacia Europa y la otra hacia América. Y fue esa cualidad la que lo hizo fagocitar no sólo al europeo, sino por sobre todo al americano. Hizo sus lecturas críticas de Spinoza, Kant, Hegel, Marx a la luz de las de Alberdi, Simón Rodríguez, Mariátegui, o Vaz Ferreira. El resultado no ha sido otro que una filosofía auténtica que expresa las condiciones históricas y geográficas en las que fue producida, es decir, lo que él mismo se dedicaría a desarrollar bajo los conceptos de “sujeto empírico”, “a priori antropológico” y “nosotros”. Roig propuso una ampliación metodológica que incorporaría, tempranamente, el giro lingüístico a la historia de las ideas, para lo cual retomaría aportes de las ciencias del lenguaje para forjar categorías propias y enfoques pertinentes de análisis.

Su obra se enmarca dentro de la filosofía latinoamericana junto a otros nombres como el uruguayo Arturo Ardao, el mexicano Leopoldo Zea, el peruano Francisco Miró Quesada, y los argentinos Enrique Dussel, y Horacio Cerutti Guldberg, entre otros. Recientemente homenajeado por la UBA, Roig ha escrito más de treinta libros sobre filosofía latinoamericana e historia de las ideas, con los que obtuvo reconocimientos en toda Latinoamérica. Así lo demuestran las innumerables distinciones recibidas, como la declaración de profesor honorario de la Universidad Andina Simón Bolivar, Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Nicaragua, y en nuestro país en las Universidades Nacionales de San Luis, Río Cuarto y Comahue, y profesor emérito de la Universidad Nacional de Cuyo. Roig ha sido condecorado por el Ministerio de Educación de Ecuador al Mérito Cultural y designado por ese mismo país como miembro de la Orden Nacional “Honorato Vázquez”, entre muchas otras distinciones.

Roig comenzó a dictar clases de Historia de Filosofía Antigua en la Universidad Nacional de Cuyo en 1949. Con el gobierno de Héctor Cámpora, asumió allí como secretario académico. Entre 1973 y 1974, llevó adelante una reforma pedagógica que apuntaba a una democratización universitaria para transformar las cátedras, conformadas por entonces como verdaderos feudos, en espacios sociales y participativos en sintonía con la Reforma de 1918. Su cesantía como docente en julio de 1975, interrumpió su proyecto de dictado de seminarios en filosofía latinoamericana, pero, a sus sombras, logró llevarlo adelante en el escritorio de su propia casa, devenido en lugar de resistencia. Amenazado de muerte, se exilió con su familia en México en febrero de 1976. Allí recaló en la UNAM, luego partió a Chile donde fundó el Centro de Pensamiento Ecuatoriano y editó la primera colección de pensadores de ese país. Su trabajo sentó las bases de una filosofía ecuatoriana. Así lo dejó escrito en lo que será una piedra inaugural Esquemas para una historia de la filosofía ecuatoriana (1977). Un año después se radicó en Quito. En los 70 el pensamiento de Roig pasó de entender la filosofía como una teoría de la libertad a una filosofía de la liberación. Roig “lee la filosofía en clave social y política articulada a una historia social” explica la Dra. Marisa Muñoz de la Universidad Nacional de Cuyo y discípula de Roig.

A pesar de la resistencia de un sector de la Universidad de Cuyo, Roig volvió, en 1985, a la universidad y a su casa, Mendoza. Con sesenta y tres años, retomó tareas inconclusas: asumió la dirección del Centro Regional de Investigaciones Científicas que se convertiría en un foco de investigaciones y, por sobre todo, pondría en lo alto los estudios de filosofía latinoamericana hacia el mundo.

En su filosofía ha sido central su redefinición de sujeto. Frente a las concepciones tentadas de absolutismos, esencialismos o idealismos, el maestro mendocino propondrá un sujeto empírico, es decir, aquel afirmado en su propia historicidad, y en su propio ejercicio como sujeto. Fundado en un a priori antropológico que determina sus actos, el sujeto empírico remite a una ontología social. “A Roig no le interesa proponer un sujeto trascendental, le interesa el vínculo subjetivo con lo social, que no es pura facticidad. Las significaciones de la sujetividad, entendidas como ejercicios subjetivos, se construyen en lo social. Por eso, Roig evita caer en ontologismos que encapsulen al sujeto”, amplía Muñoz.

A partir de las lecturas de Alberdi, Martí, Bunge, Roig muestra las complejidades y las tensiones del “nosotros” y de lo “nuestro”, es decir, de esta supuesta unidad latinoamericana construida desde una diversidad. Pero como el mismo Roig ha escrito “Hay un ‘yo’ y al mismo tiempo un ‘nosotros’, dados en un devenir que es el de la sociedad como ente histórico cultural”, por lo cual ese yo que es un “yo social” se resiste a ser pensado como pura individualidad. Esto adquiere relevancia en los procesos de liberación en los cuales deben ser leídos como expresiones de emergencia.

Al calor de la crisis de 2001, Roig escribió Etica del poder y moralidad de la protesta (2002). Aquí irrumpe con fuerza la subjetividad del sujeto empírico pero que se rechaza como individual para expresar su costado social. El filósofo mendocino supo leer el momento histórico desde su filosofía, al observar que el sujeto que se rebela contra un ejercicio de poder para liberarse de lo que lo oprime se afirma como sujeto en un horizonte de dignidad, lo que tendrá por resultado una subjetividad emergente.

La vitalidad de su pensamiento pervive en Latinoamérica donde es leído y continuado. Una forma de seguir vivo.

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