El peligro de privar al matrimonio de sus notas esenciales

San Rafael (Mendoza) (AICA): El obispo de San Rafael, monseñor Eduardo María Taussig, presidió el tedeum por el 9 de Julio en la catedral local, donde centró su reflexión en “el tratamiento del proyecto de Código Civil en el Parlamento argentino, y, más profundamente, el fundamento y el valor de las leyes para un pueblo que busca vivir su destino con grandeza y plenitud”. También manifestó su preocupación por el diálogo y el respeto a la libertad religiosa y de conciencia. Puso el acento, sobre todo, en la institución del matrimonio que parecería que en el nuevo entramado legal “no sólo se equipararía equívocamente el matrimonio como Dios quiere, y como ha sido reconocido en nuestras tradiciones y ordenamientos jurídicos anteriores, a la unión de dos personas del mismo sexo, como ocurre ya desde la lamentable sanción de la Ley 26618 en 2011, sino que también se privaría al matrimonio, según la propuesta de reforma, de una de sus notas esenciales según el designio divino: la fidelidad”, advirtió.
El obispo de San Rafael, monseñor Eduardo María Taussig, presidió el tedeum por el 9 de Julio en la catedral local, donde centró su reflexión en “el tratamiento del proyecto de Código Civil en el Parlamento argentino, y, más profundamente, el fundamento y el valor de las leyes para un pueblo que busca vivir su destino con grandeza y plenitud”.

Ante autoridades municipales, destacó la elocuencia interpeladora de los recientes documentos episcopales “Preocupaciones y aportes respecto al proyecto de reforma del Código Civil” y “Muerte digna e Identidad de género”, y recordó que estos hacen hincapié “sobre la dignidad de la persona desde su concepción hasta su muerte natural, la familia y el matrimonio, la protección de los niños, los problemas de la procreación artificial, la necesidad de proteger y dignificar a la mujer y los derechos personalísimos”.

El prelado se explayó sobre el valor de la ley, al señalar que “la ley no es una mera fotografía de lo que ocurre, sino una orientación de lo que se espera y desea que ocurra en esas relaciones interpersonales: tiene una función docente y modélica”. Por lo tanto, advirtió “el legislador no puede limitarse a constatar que algo existe en la realidad, o puede existir, para darle valor legal –es decir, de norma, o regla de conducta–, sin un previo juicio de valor”.

Asimismo, sostuvo que “corresponde discernir y asumir un juicio crítico ante lo que ocurre cotidianamente: En la vida cotidiana se verifican conductas perjudiciales al bien común, que deben ser reprobadas y no convalidadas por el solo hecho de que algunas personas las lleven a cabo. En este sentido, si bien es cierto que toda persona es digna del mayor respeto, no toda opinión o proposición lo es en el mismo grado. Es necesario tamizar las distintas opiniones y propuestas, en orden a ese bien común, que es el bien de ese ‘todos nosotros’, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz”.

Monseñor Taussig manifestó, además, su preocupación por el diálogo y el respeto a la libertad religiosa y de conciencia, al tiempo que hizo suyas palabras de Dalmacio Vélez Sarsfield, autor del Código Civil: “La misión de las leyes es sostener y acrecentar el poder de las costumbres y no enervarlas y corromperlas. [Lo contrario] Sería incitar a las personas católicas a desconocer los preceptos de su religión, sin resultado favorable a los pueblos y a las familias”.

El obispo se preguntó si “frente a esta lúcida advertencia, tomando entre los puntos afectados a la reforma en el proyecto de nuevo Código solo el caso de mayor incidencia cuantitativa o masiva, qué pasaría ante la institución denominada matrimonio, tal como ha sido elaborada desde la perspectiva de una ‘nueva construcción social’”, y alertó: “En efecto, no sólo se equipararía equívocamente el matrimonio como Dios quiere, y como ha sido reconocido en nuestras tradiciones y ordenamientos jurídicos anteriores, a la unión de dos personas del mismo sexo, como ocurre ya desde la lamentable sanción de la Ley 26618 en 2011, sino que también se privaría al matrimonio, según la propuesta de reforma, de una de sus notas esenciales según el designio divino: la fidelidad”.

“Además, si esta nueva ‘construcción social’ prohibiera o desconociera la posibilidad de una unión matrimonial para siempre o indisoluble, desconocería y contradeciría otra condición indispensable para la validez canónica del sacramento del matrimonio instituido por Jesucristo, que los bautizados católicos pedirán celebrar en sus templos”, agregó.

E interpeló: “¿Qué margen de acatamiento a esa disposición quedaría entonces para el católico que quiera mantenerse fiel a sus principios religiosos? ¿O qué margen de cumplimiento de la ley civil cabría para dos contrayentes bautizados, sin caer en una especie de ‘hipocresía legal’ o ‘esquizofrenia’ entre el respeto a las normas civiles y a las religiosas? ¿Cómo se conciliaría esta figura con los derechos humanos tan básicos como son el derecho a la libertad religiosa y el derecho a la libertad de conciencia? Y tengamos presente que cuestionamientos similares cabrían para otros puntos del proyecto de reforma, no menos importantes cualitativamente, como los tocantes a la vida o a la dignidad de la persona humana, que en este momento no cabe abordar”.

Monseñor Taussig reiteró que los obispos argentinos “hemos solicitado un amplio y serio debate” sobre la reforma al Código Civil y pidió especialmente a los legisladores del sur mendocino “que nos representan y que valoran nuestras tradiciones y costumbres, que la responsabilidad legislativa es muy trascendente y que la experiencia de otros pueblos, en especial la del Pueblo de Dios en la Antigua Alianza que hoy hemos evocado, tienen mucho que decirnos y advertirnos”.

“El progreso o la decadencia de nuestro pueblo, su genuina felicidad o su pronunciado deterioro, se pondrán en juego decisivamente en los próximos pasos legislativos. Espero que la ayuda de Dios nos encamine en la correcta dirección y que las presunciones humanas dejen lugar a sus mejores designios”, concluyó.+

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