EL ORIGEN DEL HOMBRE

EL MITO MODERNO DEL ORIGEN DEL HOMBRE

Los principales mitos de todas las culturas y civilizaciones nos narran la historia de los orígenes del Universo, de la Tierra y del hombre. Esta necesidad de conocer los inicios se refleja también en nuestra época moderna que, descreída y escéptica, emprendió en el siglo pasado la búsqueda de nuestros orígenes desde cero, generando una nueva visión sobre el origen de la humanidad que, si bien con el apelativo de científica, no dejaba ni deja de ser, en muchos aspectos, un mito.

Tras la elaboración por Darwin de la teoría de la evolución, Thomas Henry Huxley es el primero que manifiesta con claridad la idea de un antepasado antropoide para el ser humano. Desde entonces, con ligeras variantes, en los círculos académicos se fue asentando el mito de nuestro origen como un proceso paulatino de evolución desde el antropoide y no se han dejado de buscar formas intermedias entre el mono y el hombre en los restos fósiles para demostrarlo. Es así como todos nos familiarizamos con esos esquemas de los libros de texto en los que los dibujos mostraban la secuencia lineal desde el mono arborícola al cuadrumano, luego el homínido encorvado y todavía peludo y así hasta llegar al humano moderno, ya completamente erguido, más alto, proporcionado y sin pelo en el cuerpo.

CUÁNDO DIVERGEN LOS ANTROPOIDES DE LA LÍNEA HOMO

Desde 1961 hasta mediados de los 80, basados en las características de los caninos de una pequeña mandíbula hallada en 1932 por G. Edward Lewis, en estratos de 15 millones de años en la India y perteneciente a la especie que se llamará Ramapithecus, la mayoría de los antropólogos creyeron tener el primer eslabón de la familia humana. La creencia hasta hace algo más de 20 años era que la divergencia entre simios y homínidos se remontaba a más de 15 millones, tal vez 30. Estas fechas hubieron de ser corregidas tras las investigaciones moleculares y genéticas iniciadas por Wilson y Sarich en 1967 –obviadas durante años– y continuadas por nuevos estudios y hallazgos de simios fósiles en Turquía y Paquistán, que arrojaron la cifra de algo más de cuatro millones de años para la separación entre los grandes simios y el hombre. Actualmente la cifra aceptada es de unos cinco millones de años para la divergencia del chimpancé y unos siete u ocho para la del gorila.

EL REGISTRO FÓSIL ENTRE LOS 4,5 Y LOS 2,5 MILLONES DE AÑOS

Entre esas cifras, actualmente tenemos las siguientes especies de homínidos: Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Australopithecus afarensis y Australopithecus africanus.

Todos ellos se sitúan entre los dos y medio y los cuatro y medio millones de años. El Ardipithecus ramidus vivió en lo que hoy es Etiopía hace 4,5 millones de años. Actualmente han aparecido numerosos fósiles del mismo que están siendo estudiados por Tim Wite.

Para los Australopithecus tenemos dataciones de 4,1 millones de años para los restos de A. Anamensis encontrado en Kenia por Meave Leakey. Se da por sentado que estos seres andaban erguidos por el estudio de una tibia fósil. La poca diferencia de años con los restos del Ardipithecus plantea la cuestión de si se pudo dar la evolución que se supone de uno al otro en ese tiempo o si aquél es simplemente una rama más de la especie homo evolucionante.

Entre 4 y 2,9 millones de años se data la especie de A. Afarensis cuyos restos se encontraron en Tanzania y Etiopía, en el país de los Afar. Recientemente se han encontrado restos de esta misma especie en el Chad. Se dispone de un esqueleto femenino muy completo –llamado Lucy– y un cráneo masculino casi entero. Eran bípedos, pequeños (los machos se calcula que medirían 135 cm) y tendrían una capacidad cerebral en torno a los 500 cc.

Para el A. Africanus se dan cifras de entre 2,5 y 3 millones de años. Sus restos fósiles proceden de Sudáfrica y, en general, son similares a los A. Afarensis. Desde finales de 1998 Phillip Tobias y Ron Clark están trabajando con un esqueleto muy completo encontrado incrustado en la roca, en la cueva de Sterkfontein, Sudáfrica, y datado entre 3,2 y 3,5 millones de años.

Recientemente diversos paleoantropólogos están usando el nombre de Paranthropus, originalmente dado al Australophitecus robustus –una variedad con enormes molares, más grande, de aspecto más primitivo y sin embargo fechado entre los 2 y los 2,2 millones de años–, para referirse a un grupo de australophitecinos (robustus, boisei y aethiopicus). Este cambio tendría sentido si todas estas especies descendieran de un antepasado común, lo cual no conocemos aún.

Asimismo, una nueva especie de Australopithecus, llamado Garhi, ha sido nombrada a raíz de los fósiles hallados por un equipo americano y japonés cerca de Bouri, en Etiopía, el año 1999.

LOS PRIMEROS INSTRUMENTOS DE PIEDRA

Las más viejas herramientas de piedra conocidas han aparecido en Etiopía en sedimentos fechados entre 2,5 y 2,6 millones de años y se adjudican a la especie Homo habilis.

Homo Habilis es una especie polémica, su cerebro más grande junto a la fabricación de toscos instrumentos de piedra encajaba muy bien entre un ser intermedio entre A. Afarensis y Homo erectus, éste último ya claramente de nuestra especie Homo; sin embargo, los fósiles adjudicados a Habilis tienen en otros aspectos rasgos más propios de los simios. La mayoría de los fósiles de Homo habilis están datados en torno a los dos millones de años, pero se extienden en un segmento de edad que arranca desde los 1,4 millones de años, fechas en las que ya hace tiempo están presentes los que se consideran los primeros humanos, los Homo erectus. Todo esto, junto con la aparición desde 1985 de diversos fósiles en esa franja de edad, en torno a los dos millones de años, pero que difieren notablemente de las características de Habilis, hizo que se complicase, y mucho, la respuesta de nuestro linaje, pues no era una, sino varias las ramas diferentes que estaban desarrollándose en este período.

EL PRIMER HOMBRE

Hay una cuestión en la que la mayoría de los paleoantropólogos parecen estar de acuerdo: todos los homínidos antes de Homo erectus (con excepción del problemático Homo habilis) son más simios que humanos, mientras que todo lo posterior a erectus es claramente humano.

Homo erectus marca un punto de inflexión crucial. Conoce y usa el fuego, es recolector-cazador y es capaz de construir herramientas elaboradas, que precisan de una representación mental previa. Desde que sus fósiles fueron descubiertos por Eugène Dubois en 1891 en Java, se le llamó pithecanthropus erectus, respondiendo a lo que el genial anatomista holandés creyó que había encontrado:un ser intermedio entre el hombre y el mono. Treinta años más tarde se inician en el yacimiento de Chu-Ku-Tien, en Pekín, una serie de hallazgos que van a corresponder hasta a 45 individuos de la misma especie. Además de nuevos hallazgos en China, en 1954 aparecen nuevos restos cerca de Orán y asimismo hay vestigios de la misma especie en la costa atlántica de Marruecos. La enorme difusión de los pithecanthropus, (todavía algunos autores prefieren llamarlos así), se completa con los numerosos fósiles hallados en África. En 1984 un esqueleto excavado por R. Leakey en la orilla del lago Turkana, en África oriental, mostró un esqueleto muy completo de un joven cuyo estudio confirmó, entre otras cosas, que los erectus eran considerablemente más altos y esbeltos de lo que se creía.

Homo erectus u Homo ergaster, pues así llaman algunos especialistas a los restos de esta misma especie pero encontrados en el continente africano, aparece hace 1,6-1,7 millones de años en África, mide de adulto 180 cm. y su capacidad cerebral es considerablemente más grande que todo lo anterior.

A Homo erectus se le sigue considerando como la primera especie que emigra fuera de África a pesar de que lo encontramos, entre otros diversos lugares, en Georgia (Europa Oriental) hace 1,5-1,2 millones de años, en la isla de Java hace 1,8-1,6? millones de años y en China en torno al millón de años. Es éste uno de los motivos de la enorme polémica que suscitó el hallazgo del Hombre de Orce, en Granada, ya que la datación del yacimiento donde se encontró junto con importante industria lítica, era también en torno a 1,8 millones de años. H. Erectus se mantiene hasta hace 500.000 años o más, dado que existen fósiles del mismo datados en 300.000 años en África (Awash, Etiopía) y en 200.000 años fuera del continente africano (Zhoukodian, China).

EL HOMBRE MODERNO

Después de Homo erectus y hasta hace unos 300.000 años, se habla de los precursores o antecesores del hombre moderno, sin especificar mucho más por el gran vacío de restos fósiles. Sin embargo, los últimos hallazgos del yacimiento de Atapuerca, en Burgos, están aportando datos de un interés excepcional. De momento una nueva especie, Homo antecessor, que ha sido datada en 800.000 años y nos sorprende por sus rasgos modernos, es considerada por sus descubridores como antecesor común de neanderthales y hombres actuales.

En general, se establece esa cifra de unos 300.000 años para la aparición de un nuevo proceso de cambio similar, salvando las diferencias, al que posibilitó la entrada en escena del Homo erectus.

Este proceso dará como resultado la aparición de una gran innovación tecnológica hace 200.000 años (técnica levallois) que sustituye a la achelense propia de todos los yacimientos con más de 250.000 años.

Esta nueva técnica de tallar instrumentos demuestra un salto en la capacidad cognitiva y de imaginación y la encontramos al mismo tiempo en el norte de África, Europa y Oriente Medio. Se la asocia con la aparición de los neanderthales. Pero también aparece la misma técnica en el Africa subsahariana y en diversas partes de Asia asignándose a poblaciones, no neanderthalenses, contemporáneas de aquellos.

El siguiente salto nos remontaría a hace 100.000 años, cuando aparece la técnica de tallar hojas estrechas, técnica ya sí, vinculada directamente con la actual especie sapiens sapiens. Hasta el momento, y a pesar de los hallazgos de hombres modernos en Qafzeh, Palestina, fiablemente datados en 100.000 años, la idea que se sostiene en general es la de que el hombre moderno surge en África y pasa a Eurasia hace 40.000 años, desplazando hasta su extinción a los neanderthales hace unos 35.000 años, fecha ésta última también puesta en revisión tras los recientes hallazgos de Neanderthal en Zafarraya datados en 27.000 años y el esqueleto de un joven en Portugal datado en 24.500 años y que al parecer combina rasgos propios de neanderthal con otros de humano moderno.

ALGUNOS INTERROGANTES

A pesar de lo mucho que se ha investigado en los últimos años, las grandes preguntas sobre nuestro origen siguen sin respuestas. A lo sumo encontramos diversas hipótesis siempre pendientes de confirmarse por nuevos hallazgos. No sólo permanecen sin responder los enigmas que se remontan a ese período de entre cinco y ocho millones de años, del cual apenas hay hallazgos fósiles que podrían aportar datos esenciales sobre la aparición del bipedismo y, por tanto, sobre nuestros más remotos antecesores, sino que cuestiones como la aparición del habla, la conciencia, el parentesco de los neanderthales o el origen geográfico del sapiens sapiens, que hasta no hace muchos años se daban por conocidas, hoy generan polémica entre los propios paleoantropólogos, pues nuevos datos y técnicas de investigación modernas las ponen en entredicho. Es así como merced al estudio genético hoy se afirma que el neanderthal es otra especie de la que sin duda no provenimos; o cómo Christopher Stringer, entre otros, defiende un origen no exclusivamente africano del hombre actual.

Cuenta el libro tibetano Las Estancias de Dzyan que el origen del hombre se remonta a muchos millones de años y que éste ha ido desarrollándose a lo largo del tiempo a través de diversas fases, cada una de las cuales constaba de siete grupos humanos uno de los cuales siempre abría la fase siguiente, quedando el resto como ramas colaterales destinadas a extinguirse. Narra también cómo esos primeros hombres eran gigantes, que luego fueron perdiendo altura y que hace ocho millones de años una parte de los mismos dieron lugar a los “simios sin voz” tras mezclarse con animales. No menciona el texto referido cómo era el aspecto de estos primeros hombres, aunque sí que sus descendientes construyeron grandes fortalezas ciclópeas y que sufrieron diversos cataclismos, el último de los cuales, hace 850.000 años, hundió al continente de Atlántida.

Tal vez, en el futuro, alguien incluya también el estudio de los textos antiguos y tradiciones de todos los pueblos como herramienta auxiliar de la Paleoantropología, que al menos en lo que concierne a adjudicar al hombre una gran antigüedad, acertaron.

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