El Oriente Antioqueño y su problemática energética

La región del oriente antioqueño concentra grandes fuentes de agua, por lo que ha sido elegida para la construcción de hidroeléctricas en algunos de sus municipios, generando un poco más del 30% de la energía eléctrica del país y subsidiando energía a países como Ecuador. Cuenta con seis embalses y cinco centrales hidroeléctricas (Playas, Guatapé, San Carlos, Jaguas y Calderas). Pero su protagonismo no ha sido sólo la generación de energía, sino que el desarrollo de las hidroeléctricas ha venido acompañado con una historia de conflicto y despojo en todas sus expresiones, dejando una huella de dolor y consecuencias ambientales y económicas que obligan a cambiar las formas de vida.

 

El agua y los demás elementos de la naturaleza han sido históricamente la fuente de vida de los seres humanos, al mismo tiempo que el negocio para muchos. Esto último se ha traducido en una explotación de la naturaleza sin precedentes y con ello en daños irreversibles y el agotamiento de la misma, pues se produce y consume a gran escala, pasando por alto que estos recursos son limitados y finitos. También ha afectado la vida de las comunidades que viven en medio de estos “recursos naturales”, llamados así desde una perspectiva mercantilista y privatizadora, provocando el desplazamiento y cambios agresivos en las dinámicas sociales de los territorios.

El capitalismo y el despojo

Esta situación se agudiza un poco más en el capitalismo, que, retomando a Harvey, sostiene una lógica de acumulación por despojo, reconociendo la naturaleza y el trabajo como fuentes de riqueza y crecimiento económico, generando nuevas formas de espacialidad y transformando los valores sociales de las comunidades y territorio en general.

Esta expresión del capitalismo y de la crisis ambiental a nivel mundial tiene lugar en casi todo el territorio colombiano con la construcción de hidroeléctricas y microcentrales, las cuales se enmarcan en la política minero-energética establecida por el gobierno nacional. Parte de esto se compartió en el Foro sobre política Minero-energética. Despojo y resistencias en Colombia, realizado los días 16, 17 y 18 de febrero en Medellín, donde habitantes de San Luis, Granada, Cocorna, Santuario y San Francisco, integrantes de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores del Oriente Antioqueño –ASOPROA y de la Asociación Campesina de Antioquia -ACA, presentaron el panorama actual del oriente antioqueño y las acciones de resistencia que se construyen para hacer frente al despojo de los territorios.

En el momento, además de las centrales hidroeléctricas que se encuentran en el territorio, hay aproximadamente 75 solicitudes realizadas a CORNARE por parte de empresas como Integral S.A, HMV Ingenieros Ltda. y EMGEA, de licencias ambientales para la construcción de centrales y microcentrales hidroeléctricas, de las cuales se sospecha que alrededor de 45% han sido aprobadas.

De acuerdo a ASOPROA, los proyectos más avanzados son: Porvenir I, que consiste en la construcción de una represa en zona limítrofe de los municipios de San Luis y San Francisco, más concretamente en el sitio conocido como la “La Garrucha”, cruce de la Autopista Medellín-Bogotá y el río Samaná Norte; Porvenir II sobre el río Samaná. Lo que preocupa a los habitantes de San Francisco es que para el Porvenir I se piensa cubrir alrededor de 250.000 hectáreas, lo cual afectaría gravemente el municipio por ser una zona alta, ya que después de la inundación de varias hectáreas las aguas van humedeciendo las tierras y puede haber derrumbe.

Según el Plan de Gestión Ambiental Regional 2009-2034: “el municipio de Abejorral participa en 2 proyectos, Cocorná en 9, Concepción en 2, Carmen de Viboral en 1, El Retiro en 2, Granada en 3, La Ceja en 1, La Unión en 2, Nariño en 1, Puerto Triunfo en 1, San Carlos en 2, San Francisco en 1, Sonsón en 1, San Luís en 2, San Roque en 1, San Vicente en 1 y Santo Domingo en 1”. Es importante advertir que la proyección para el oriente son las microcentrales y no las grandes centrales, ya que su capacidad en la generación de energía (10 MG), las exime, según la ley, del pago de transferencias a los municipios.

Otros proyectos que se conocen y que tienen algún avance son Porvenir II, el cual está ubicado en los municipios de San Carlos y Puerto Nare, y utilizará las aguas del río Samaná Norte. Una central de 700 MG entre Sonsón, Nariño y Argelia, que requiere 9000 hectáreas de tierra. También están los proyectos de microcentrales en el río Tafetanes y San Matías y tres microcentrales más en todo el ducto del río Santo Domingo.

Conociendo los impactos

Este panorama de inundaciones para el oriente antioqueño preocupa a sus habitantes y los motiva a la organización y resistencia, ya que a partir de la experiencia que tienen con las centrales que están instaladas en sus territorios identifican algunos impactos y problemáticas que pueden volver o agudizarse en la región, como el cambio climático, por ejemplo. Según ASOPROA, “la pesca es la más perjudicada por los proyectos. No se consigue peces en el río Samaná, después de que más de una familia vivía de los peces que había en este río. La preocupación de los campesinos que vivimos en la frontera y de los pescadores es que se rompe la cultura campesina; nosotros lo llamamos “desarraigo cultural”. Se encarece el costo de vida porque la comida no se produce en el municipio. Hay también desplazamiento, incremento de vicios, conflictos callejeros, centros de prostitución, enfermedades por tanto personal foráneo, madresolterismo”.

Esta problemática no sólo exige atacar a las empresas, en su mayoría del sector privado, pues éstas son amparadas por las políticas nacionales y por acuerdos y planes de carácter continental, como los planes y proyectos de integración regional y los “corredores de desarrollo”. También están involucrados aquí organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial, que influyen en las directrices políticas para el uso y explotación de la naturaleza en busca del crecimiento económico y la acumulación del capital.

Para enfrentarse a esta problemática, los habitantes del oriente antioqueño identifican propuestas como el ejercicio investigativo de manera rigurosa, la articulación a nivel regional y nacional, conocer la problemática y divulgarla en diferentes medios. Se hacen, entonces, necesarias estrategias de comunicación acorde a las posibilidades que se tengan, identificar en la balanza los costos-beneficios de estos proyectos para tener argumentos que permitan defender los territorios y tener objetivos claros para los procesos de negociación cuando las empresas socialicen los proyectos. Además, reconocer que el territorio va más allá de un recurso para explotar y producir lucro para entidades externas al mismo.

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