EL OCEANO DE LA TEOSOFIA

EL OCEANO DE LA TEOSOFIA
Por
WILLIAM Q. JUDGE
Traducción al Castellano por Bermúdez y Polanco
Para traducir al inglés

SUMARIO
CAPITULO I

CAPITULO I – continuación
LA TEOSOFIA Y LOS MAESTROS
La Teosofía definida generalmente. Existencia de hombres altamente desarrollados en el Universo. Estos hombres son Mahatmas, Iniciados, Hermanos, Adeptos. Cómo ellos trabajan y el porqué permanecen ocultos. Su Logia. Son hombres perfeccionados desde otros períodos de evolución. Han aparecido bajo varios nombres. Apolonio, Moisés, Salomón y otros fueron miembros de esta fraternidad. Ellos tienen una sola doctrina. Son posibles porque el hombre puede al final llegar a ser como uno de ellos. Ellos guardan la verdadera doctrina y causan su reaparición a su debido tiempo.
CAPITULO II
PRINCIPIOS GENERALES
Una visión de las leyes generales que gobiernan el Cosmos. Subdivisión septenaria del sistema. La verdadera materia es invisible y ésto siempre ha sido conocido por la Logia. La Mente, la parte inteligente del Cosmos. En la Mente Universal está contenido el plan septenario del Cosmos. La Evolución sigue el plan de la Mente Universal. Los Períodos de Evolución llegan a su final; ésta es la Noche de Brahma. La versión Mosaica de la cosmogonía ha empequeñecido los conceptos modernos. Los judíos poseían tan sólo una porción de la doctrina tomada de los antiguos egipcios. La doctrina concuerda con el significado interno de El Génesis. La longitud de los períodos de Evolución. La misma doctrina de Herbert Spencer. La antigua cronología hindú provee los detalles. La historia del Templo de Salomón es la de la evolución del hombre. La doctrina es mucho más antigua que la Cristiana. La verdadera edad del mundo. El hombre tiene más de 18,000,000 de años. La Evolución efectuada sólo por los Egos interiores que al fin se convierten en usuarios de las formas humanas. Cada uno de los siete principios del hombre derivado de una de las siete grandes divisiones del Universo.
CAPITULO III
LA CADENA TERRESTRE
La doctrina con respecto a la Tierra. También septenaria. Es uno de siete planetas de la cadena que corresponde al hombre. Los siete no están separados en la cadena, sino que se interpenetran. La cadena terrestre es la reencarnación de una cadena anterior ya muerta. Esta cadena anterior fue una de la que nuestra luna es el representante visible. La luna ahora muerta y en contracción. Venus, Marte, etc., son miembros vivos de otras cadenas similares a la nuestra. Una masa de Egos por cada cadena. El número de Egos es finito aunque incalculable. El curso de su evolución a través de los siete globos. En cada uno se desarrolla una cierta parte de nuestra naturaleza. En el cuarto globo el proceso de condensación comienza y alcanza su límite.
CAPITULO IV
LA CONSTITUCION SEPTENARIA DEL HOMBRE
La constitución del hombre. Cómo la doctrina difiere de la Cristiana común. La doctrina real conocida en los primeros siglos de esta era, pero intencionalmente retirada de una nación incapaz de sostenerla. El peligro si la doctrina no hubiera sido retirada. La división septenaria. Los principios clasificados. Las subdivisiones concuerdan con la cadena de siete globos. El hombre inferior es un ser compuesto. Su trinidad superior. Sus cuatro principios inferiores, transitorios y perecederos. La Muerte hace de la trinidad la única parte imperecedera en nosotros. Lo que el hombre físico es, y lo que es el resto invisible del hombre mortal. El otro hombre físico no visible pero mortal. Los sentidos pertenecen al hombre invisible y no al visible.
CAPITULO V
CUERPO FISICO Y CUERPO ASTRAL
El cuerpo físico y el principio vital. El misterio de la vida. El sueño y la muerte debidos al exceso de vida no soportada por el organismo. El cuerpo, una ilusión. Lo que es la célula. La vida es universal. No es el resultado del organismo. El cuerpo astral. De lo que está hecho. Sus poderes y funciones. El modelo del cuerpo físico. Lo tienen todos los reinos de la Naturaleza. Su capacidad de proyectarse. Los verdaderos centros de los sentidos están en el cuerpo astral. El papel del cuerpo astral en las sesiones espiritistas. El cuerpo astral explica la telepatía, la clarividencia, la clariaudencia y demás fenómenos similares.
CAPITULO VI
KAMA – DESEO
El cuarto principio. Kama-Rupa. En nuestro idioma, Pasiones y Deseos. Kama-Rupa no es producido por el cuerpo físico sino que es la causa de éste. Es el principio medio de los siete. Es la base de acción e impulsador de la voluntad. Deseo recto conduce a la acción recta. Este principio tiene un aspecto superior y uno inferior. Reside en el cuerpo astral. Durante la muerte coalesce en unión con el cuerpo astral y hace un «cascarón» del hombre. Tiene poderes propios de una naturaleza mecánica. Este cascarón es el llamado «espíritu» de las sesiones espiritistas. No hay alma o conciencia allí. Suicidas y criminales ejecutados dejan cascarones muy coherentes. El principio de Deseos es común a todos los reinos organizados. Es la parte bruta del hombre. El hombre es ahora un cuaternario completamente desarrollado, con sus principios superiores en desarrollo parcial.
CAPITULO VII
MANAS
Manas el quinto principio. El primero del hombre real. El principio pensante y no el producto del cerebro. El cerebro es tan sólo su instrumento. Cómo la luz de la mente fue dada a los hombres sin mente: Hombres perfeccionados durante anteriores sistemas nos la dieron como ellos la recibieron de sus predecesores. Manas, el almacén de todos los pensamientos. Manas es el vidente. Si la conexión entre Manas y el cerebro es roto, la persona no puede conocerse. Los órganos del cuerpo no pueden conocer nada. Manas dividido en superior e inferior. Sus cuatro características. Buda, Jesús y otros, tenían a Manas totalmente desarrollado. Atma el Ego Divino. La invidualidad permanente. Esta individualidad permanente ha conocido toda clase de experiencias en numerosos cuerpos. Manas y la materia tienen ahora mayor facilidad de acción que en tiempos pasados. Manas atado por el deseo, y ésto hace de la reencarnación una necesidad.
CAPITULO VIII
SOBRE LA REENCARNACION
¿Por qué es el hombre como es y de dónde vino? Cuál es el propósito del Universo. La Evolución Espiritual y la física requieren la reencarnación. La reencarnación en el plano físico es reincorporación o cambio de formas. La masa total del planeta será un día hombres de un lejano porvenir. La doctrina conocida desde la antigüedad. Sostenida por los primeros Cristianos. Enseñada por Jesús. Qué es lo que reencarna. Los misterios de la vida surgen de la encarnación incompleta de los principios superiores. No hay transmigración a formas inferiores. Explicación del Manú sobre ésto.
CAPITULO IX
CONTINUACION SOBRE LA REENCARNACION
Objeciones. El deseo no puede alterar la ley. Tempranos arribos al cielo. ¿Han de esperar ellos por nosotros? Reconocimiento del alma no depende de objetividad. La herencia no crea una objeción. Lo que la herencia de veras significa. Divergencias no reconocidas sobre la herencia. La historia va contra la herencia. La reencarnación no es injusta. ¿Cuál es la verdadera justicia? No sufrimos por los hechos de otros sino por los nuestros. La memoria. Porqué no recordamos otras vidas. ¿Quién recuerda? Cómo explicar los aumentos de la población mundial.
CAPITULO X
ARGUMENTOS QUE APOYAN LA REENCARNACION
Desde el punto de vista de la naturaleza del alma. De las leyes de la mente y del alma. De las diferencias de carácter. De la necesidad de disciplina y evolución. Diferencias de capacidad y origen en la vida, desde la cuna. La identidad individual la confirman. El probable objeto de la vida la hace necesaria. Una vida es insuficiente para llevar a cabo los propósitos de la Naturaleza. De por sí la muerte no confiere ningún progreso. Una escuela después de la vida es ilógica. La persistencia del salvajismo y la decadencia de las naciones le da apoyo a la reencarnación. La aparición de genios debida a ello. Las ideas inherentes comunes al hombre la demuestran. Oposición a la doctrina basada solamente en prejuicio.
CAPITULO XI
KARMA
Definición de la palabra. Un término poco familiar. Una ley beneficiente. La vida presente es afectada por pasadas acciones de otras vidas. Cada acción tiene un pensamiento en su raíz. A través de Manas ellas reaccionan en cada existencia personal. Porqué nace gente deforme o en malas circunstancias. Las tres clases de Karma y sus tres campos de operación. Karma nacional y racial. Infelicidad individual y felicidad. Las palabras del Maestro sobre el Karma.
CAPITULO XII
KAMA-LOKA
El primer estado después de la muerte. Dónde están y qué son el cielo y el infierno. La muerte del cuerpo, tan sólo el primer paso de la muerte. Una segunda muerte. Separación de los siete principios en tres clases. ¿Qué es el Kama-loca? Origen del purgatorio Cristiano. Es esfera astral con varios niveles. Los skandas. El cascarón astral del hombre en Kama-loca. Este carece de alma, mente, y conciencia. Es el «espíritu» de las sesiones espiritistas. Clasificación de cascarones en el Kama-loca. Magos negros allí. Suerte de los suicidas y otros. Conciencia pre-devachánica.
CAPITULO XIII
DEVACHAN
Significado del término. Un estado de Atma-Buddhi-Manas. Operación del Karma en Devachán. La necesidad de Devachán. Es otra forma de pensar sin un cuerpo que la aprisione. Sólo dos campos para la operación de causas subjetiva y objetiva. El Devachán es uno. Allí no existe el tiempo para el alma. Largo de la estadía. Las matemáticas de alma. Promedio de estadía, unos 1500 años. Depende de impulsos psíquicos generados durante la vida. Su uso y propósito. El Devachán definido por los últimos pensamientos antes de morir. El Devachán no carece de significado. ¿Veremos a los que dejamos atrás? Traemos sus imágenes con nosotros. Entidades en el Devachán tienen poder de ayudar aquéllos a quienes aman. Los médiums no pueden llegar al Devachán excepto en raros casos de persona muy pura. Sólo los adeptos pueden ayudar a aquéllos en el Devachán.
CAPITULO XIV
CICLOS
Una de las más importantes doctrinas. Palabras equivalentes en Sánscrito. Pocos ciclos conocidos en Occidente. Causan la reaparición de antiguos personajes. Afectan la vida y la evolución. ¿Cuándo ocurrió el primer instante? La primera medida vibratoria determina las subsiguientes. Cuando el hombre abandona el globo las fuerzas mueren. Convulsiones y cataclismos. La reencarnación y el Karma entremezclados con la ley cíclica. Civilizaciones reaparecen por ciclos. La vida de los Avatares. Krishna, Buda y otros, surgen con los ciclos. Personajes menores y grandes líderes. Intersección de ciclos causan convulsiones. La luna, el sol, y los ciclos siderales. Ciclos individuales y el de la reencarnación. El curso a través de las constelaciones; el significado de la historia de Jonás. El Reloj Zodiacal. Cómo las ideas son registradas y preservadas por las naciones. Causas de terremotos. Fuego Cósmico, Eras Glaciales y Diluvios. Los Ciclos Brahmánicos.
CAPITULO XV
DIFERENCIACION DE LAS ESPECIES –
ESLABONES PERDIDOS
El verdadero origen del hombre es imposible de descubrir. El hombre no se deriva de una simple pareja; tampoco de los animales. Siete razas de hombres aparecieron simultáneamente sobre el globo. Están ahora amalgamadas y se diferenciarán. Los Monos Antropoides. Su origen. Provienen del hombre. Son descendientes de criaturas producidas por unión innatural en las tercera y cuarta rondas. Las Razas Retardadas. Los libros secretos sobre ésto. Explicación de rasgos humanos en ciertos monos. Los reinos inferiores llegaron de otros planetas. Su diferenciación por interferencia inteligente de los Dhyanis. El punto medio de la evolución. Formas astrales de antiguas rondas solidificaron en rondas físicas. Eslabones perdidos; lo que son y el porqué la ciencia no puede descubrirlos. El propósito de la Naturaleza en todo su trabajo.
CAPITULO XVI
LEYES PSIQUICAS, FUERZAS Y FENOMENOS
No hay verdadera psicología en Occidente. Existe en Oriente. El hombre refleja todas fuerzas y poderes. La gravitación es sólo la mitad de una ley. La importancia de la polaridad y la cohesión. Haciendo objetos invisibles. La imaginación es todopoderosa. Telegrafía mental. Leer otras mentes es un hurto. Aportación, clarividencia, clariaudiencia, vista secundaria. Imágenes en la Luz Astral. Sueños y Visiones. Apariciones. Verdadera clarividencia. Estímulo interno crea la impresión externa. La Luz Astral, Registro universal.
CAPITULO XVII
FENOMENOS PSIQUICOS Y EL ESPIRITISMO
El espiritismo, nombre inapropiado. Debería llamarse necromancia y culto de los muertos. Este culto no se originó en las Américas. Conocido de viejo en la India. Los hechos registrados merecen su análisis. Los Teósofos aceptan los hechos pero los interpretan diferente que los espiritistas. La cuestión de si los muertos regresan. Los muertos no regresan así. la mayoría de las comunicaciones son con el cascarón astral del hombre. Objeciones a las pretensiones de los médiums. Los anales justifican el ridículo de parte de los científicos. La materialización y lo que ello es. Materia electro-magnética con una imagen impresa desde la Luz Astral. El brazo astral del médium extendido desde su cuerpo. Las leyes han de ser conocidas antes de que se comprendan los fenómenos. El timbre de la «voz independiente». La importancia del reino astral. Los peligros de la mediumnidad. Intento de obtener tales poderes por lucro o propósitos egoístas es también peligroso. La ley cíclica ordena la debilitación de esta fuerza ahora. El propósito de la Logia.

Sumario

CAPITULO I

LA TEOSOFIA Y LOS MAESTROS

La Teosofía es ese océano de conocimientos que se extiende desde una orilla de la evolución de los seres conscientes a la otra; insondable en sus partes más profundas, ofrece a las mentes más eminentes la esfera de acción de mayor ámbito y alcance, y, sin embargo, poco profunda en sus orillas, no abrumará la comprensión de un niño. La Teosofía es sabiduría concerniente a Dios para aquéllos que creen que El está en todas las cosas y en todo, y sabiduría tocante a la naturaleza, para el hombre que acepta la declaración de la Biblia Cristiana de que Dios no puede ser medido ni descubierto y que las sombras envuelven su pabellón. Aunque el vocablo Teosofía contiene etimológicamente el término Dios, y a primera vista aparenta abarcar sólo la religión, no por ello descuida la ciencia, porque la Teosofía es la ciencia de las ciencias y por lo tanto ha sido llamada la Religión-Sabiduría. Puesto que ninguna ciencia es completa si excluye un solo aspecto de la naturaleza, ya sea visible o invisible, asimismo toda religión que dependiendo simplemente de una supuesta revelación se desvía de las cosas y las leyes que las gobiernan, no es sino una ilusión, un enemigo del progreso, un obstáculo en la marcha progresiva del hombre hacia la felicidad. Abarcando ambos, lo científico y lo religioso, la Teosofía es una religión científica y una ciencia religiosa.

No es una creencia ni un dogma formulado o inventado por los hombres, sino un conocimiento de las leyes que gobiernan la evolución de los constituyentes físicos, astrales, psíquicos e intelectuales de la naturaleza y del hombre. La religión de hoy no es sino una serie de dogmas promulgados por los hombres y sin fundamento científico hacia los mismos principios éticos que ella enseña; mientras tanto nuestra ciencia hasta ahora ignora lo invisible y rehusando admitir la existencia en el hombre de una completa serie de facultades interiores de percepción, queda excluída del inmenso y verdadero campo de experiencia que yace dentro de los mundos visibles y tangibles. La Teosofía sabe que el todo está constituído por lo visible y lo invisible; y comprendiendo que las cosas y objetos externos son sólo transitorios, ésta percibe los hechos reales de la naturaleza, tanto externos como internos. Por tanto, la Teosofía es completa en sí misma y no percibe en ninguna parte misterio alguno sin solución; por ello elimina la palabra coincidencia de su vocabulario y proclama el reino de la ley en todas las cosas y en todas las circunstancias.

Que el hombre posee un alma inmortal es una creencia común de la humanidad; a ésto la Teosofía le añade que el hombre es un alma, y aún más, que toda la naturaleza es consciente, que la inmensa variedad de objetos y hombres no son simples agregados de átomos accidentalmente acumulados, y por tanto sin ley que desarrolle ley, sino que hasta el más ínfimo átomo es alma y espíritu perpetuamente evolucionando bajo el dominio de una ley inherente en todo. La enseñanza Teosófica es idéntica a la de la antigüedad que dice que la marcha de la evolución es el drama del alma y que la naturaleza no existe con ningún otro fin que el de servir para la experiencia del alma.

El Teósofo está de acuerdo con el Profesor Huxley 1 en su declaración de que deben existir seres en el universo cuya inteligencia se halla tan avanzada en relación a la nuestra como la nuestra a la del escarabajo; que tales seres toman parte activa en el gobierno del orden natural de las cosas. Avanzando todavía más a la luz de la confianza que él deposita en sus maestros, el Teósofo añade que tales inteligencias fueron una vez humanas y que al igual que nosotros, ellos también vinieron de previos mundos en donde era dable adquirir una experiencia tan diversificada como es posible de ser adquirida en este globo. Por lo tanto, nosotros no estamos apareciendo por primera vez cuando descendemos a este planeta, sino que hemos seguido un largo e inconmensurable curso de actividad y percepción inteligente en otros sistemas de globos, algunos de los cuales fueron destruídos edades antes de la condensación del sistema solar. Este alcance inmenso de sistema evolucionario significa, pues, que este planeta en el cual nos encontramos es el resultado de la actividad y evolución de algún otro planeta que desapareció hace mucho tiempo, dejando tras sí sus energías que habrían de ser utilizadas en inducir la formación de la tierra, y que a su vez los habitantes de la misma vinieron de algún mundo anterior para proceder aquí con su labor asignada en la materia. Los planetas más brillantes, tales comoVenus, son la residencia de entidades aún más avanzadas, una vez tan humildes como nosotros, ahora elevadas a un grado de gloria incomprensible a nuestro intelecto.

El ser más inteligente del universo -el hombre- jamás ha estado entonces sin un amigo; más bien tiene una rama de hermanos mayores que velan contínuamente por el progreso de los menos adelantados; que conservan el conocimiento adquirido a través de eones de ensayo y experiencia, e incesantemente buscan las oportunidades de inducir la inteligencia en desarrollo de la raza, en éste o en otros globos, a considerar las grandes verdades que conciernen al destino del alma. Estos hermanos mayores también guardan el conocimiento que ellos mismos han adquirido de las leyes de la naturaleza en todos sus departamentos, y se encuentran siempre dispuestos a usarlo, cuando lo permita la ley cíclica, para el provecho de la humanidad. Ellos siempre han existido como un cuerpo o asociación, todos conociéndose unos a otros, sin importar la parte del mundo en que puedan encontrarse, y todos trabajando por la raza humana en diferentes formas. En algunas épocas llegan a ser bien conocidos por la gente y circulan dentro de núcleos de hombres comunes, siempre que la oranización social, la virtud, y el grado de desarrollo de los pueblos lo permitan. Porque si se dieran a conocer públicamente en todas partes, serían venerados como dioses por unos y perseguidos como demonios por otros. En esos períodos en que ellos se manifiestan, algunos de sus miembros se convierten en gobernantes de los hombres, otros en instructores y unos cuantos en grandes filósofos, mientras que otros permanecen aún desconocidos, excepto para los miembros más avanzados de su grupo.

Sería subversivo a los fines que ellos contemplan, que llegaran a hacerse conocidos en esta civilización, la cual está casi totalmente basada en el dinero, la fama, la gloria y la personalidad. Porque esta era, según ha declarado uno de ellos «es una era de transición», cuando todo sistema de pensamiento, de ciencia, de religión, de gobierno y de sociedad está en proceso de cambio, y las mentes de los hombres están solamente preparándose para un cambio hacia aquel estado que permitirá a la raza avanzar hasta el grado propicio en que estos hermanos mayores puedan introducir sus actuales presencias en nuestra escena. Ellos pueden de veras ser llamados los porta-antorcha de la verdad a través de las edades; investigan todas las cosas y todos los seres; conocen lo que es el hombre en lo más recóndito e íntimo de su naturaleza, y aún lo que son sus poderes y su destino, su estado antes del nacimiento y los estados a través de los cuales él pasa después de la muerte del cuerpo; ellos han velado junto a la cuna de las naciones y han visto los grandes logros de los antepasados; han velado con tristeza la decadencia de aquéllos que carecieron de fuerza para resistir la ley cíclica del ascenso y la caída; y mientras los cataclismos parecían traer una total destrucción del arte, la arquitectura, la religión y la filosofía, ellos han conservado los archivos y registros completos en lugares salvos de ser destruídos por los hombres o por el tiempo. Ellos han efctuado minuciosas observaciones, a través de miembros de su hermandad psíquicamente entrenados en los reinos invisibles de la naturaleza y de la mente. Estas observaciones fueron registradas y los anales conservados. Han llegado al completo dominio de los misterios del sonido y del color, a través de los cuales únicamente puede llegarse a la comunicación con los seres elementales que están tras el velo de la materia, y así pueden estos Hermanos Mayores explicar el porqué cae la lluvia y con qué objeto cae; si la tierra es hueca o no; qué hace soplar al viento y brillar la luz, y la hazaña aún más importante de todas – una que requiere el conocimiento del fundamento mismo de la naturaleza – , saben cuáles son las subdivisiones últimas del tiempo y cuáles el significado y la duración de los ciclos.

Pero, pregunta ahora el hombre de negocios del siglo, que lee los periódicos y que cree en el «progreso moderno», si tales hermanos mayores fuesen realmente todo lo que usted pretende que ellos sean, ¿cómo es que no han dejado traza alguna en la historia ni congregaron otros hombres a su alrededor? A ésto, la propia respuesta de ellos, publicada hace tiempo por el señor A. P. Sinnett, es mejor que cualquier otra que yo pudiera ofrecer:

«Si le place discutiremos primeramente lo que se refiere al supuesto fracaso de la ‘Fraternidad’ en dejar indicio alguno en la historia del mundo. Según ustedes piensan, ellos, con sus ventajas extraordinarias, deberían haber sido capaces de atraer a su escuela un número considerable de las mentes más cultas de cada raza. ¿Cómo sabría usted que no han logrado tal cosa? ¿Está usted enterado de sus esfuerzos, sus éxitos y fracasos? ¿Posee usted alguna sumaria contra ellos para procesarlos? ¿Cómo sería posible recopilar pruebas de los hechos de esos hombres que han mantenido asiduamente cerrado todo acceso posible a través del cual el curioso pudiera espiarlos? La condición precisa de su éxito es que ellos jamás fueran supervisados u obstaculizados; lo que han llevado a cabo, ellos lo saben; lo único que los que se han encontrado fuera de su círculo podrían percibir serían los resultados, cuyas causas quedarían siempre ocultas y fuera de alcance. Para explicar tales resultados, muchos hombres en distintas épocas inventaron teorías de la intervención de dioses, providencias especiales, destinos e influencias benéficas o maléficas de los astros. Jamás ha existido una época dentro o fuera del supuesto período histórico, dentro de la cual estos predecesores nuestros no estuvieran amoldando los eventos y «haciendo historia», cuya realidad y hechos fueron subsecuente e invariablemente torcidos por los historiadores para ajustarlos a prejuicios contemporáneos. ¿Está usted bien seguro de que los heróicos personajes visibles en los sucesivos dramas, no eran a menudo sino sus máscaras o títeres? Nosotros jamás pretendimos ser capaces de arrastrar las naciones en masa a una u otra crisis, a despecho de la tendencia general de las relaciones cósmicas del mundo. Los ciclos tienen que recorrer sus rondas. Los períodos de claridad y obscuridad mental y moral se suceden unos a otros lo mismo que el día a la noche. Los yugas, o ciclos mayores y menores tienen que llevarse a cabo de acuerdo con el régimen establecido de las cosas. Y nosotros, nacidos dentro de la corriente majestuosa, apenas podemos modificar y dirigir algunas de sus corrientes secundarias» 2.

Es en virtud de la ley cíclica y durante un período de ignorancia en la historia de la mente, que la filosofía verdadera desaparece por un tiempo; pero es esta misma ley la que causa su reaparición, tan segura como la salida del sol ante la faz de la inteligencia humana que se encuentra presente para contemplarla. Pero hay algunas tareas que solamente pueden ser cumplidas o ejecutadas por el Maestro, mientras que otros trabajos requieren la ayuda de los compañeros. Es el deber del Maestro el preservar la filosofía verdadera, pero se requiere la ayuda de los compañeros para redescubrirla y promulgarla. Nuevamente los Hermanos Mayores han indicado en dónde puede ser encontrada la verdad – La Teosofía – , y los compañeros por todas partes del mundo se ocupan en ponerla de mnifiesto para su mayor circulación y propagación.

Los Hermanos Mayores de la Humanidad son hombres que fueron perfeccionados en anteriores períodos de evolución. Estos períodos de manifestación son desconocidos a los evolucionistas modernos en lo que a su número concierne, aunque por largo tiempo sí han sido reconocidos no solamente por los hindúes antiguos, sino también por aquellas grandes inteligencias y hombres eminentes que instituyeron y continuaron la forma originalmente pura e inadulterada de los Misterios de la Grecia Antigua. Los períodos de manifestación de los universos visibles que surgen del Gran Desconocido son eternos en sus idas y venidas, y se alternan con períodos equivalentes de silencio y reposo, de vuelta a lo Desconocido. El objeto de estas majestuosas oleadas es la producción del hombre perfecto, la evolución del alma, y estas olas siempre resultan en el crecimiento del número de Hermanos Mayores; la vida del más insignificante de los hombres los refleja en el día y la noche, la vigilia y el sueño, el nacimiento y la muerte, «porque estos dos, la luz y la obscuridad, el día y la noche, son los senderos eternos del mundo» 3.

En toda edad y en la complea historia de las naciones, se les ha dado a estos hombres de gran poderío y compasión, distintas designaciones. Ellos han sido llamados Iniciados, Adeptos, Magos, Hierofantes, Reyes del Oriente, Sabios, Hermanos y varios otros nombres. Pero en el idioma Sánscrito hay una palabra que cuando se le aplica a ellos, inmediata y completamente los identifica con la humanidad. Ese nombre es el de Mahatma. Esta palabra se compone de «Maha», gran, y «Atma», alma, y por lo tanto significa gran alma; y puesto que todos los hombres poseen almas, lo que distingue al Mahatma es su grandeza. El uso del término Mahatma, se ha extendido mayormente a través de la Sociedad Teosófica por el hecho de que la Sra. H. P. Blavatsky constantemente se refería a los Mahatmas como sus Maestros, quienes la favorecieron con el conocimiento que ella poseía. Ellos fueron primeramente conocidos como los Hermanos, pero más adelante, al acudir muchos hindúes al movimiento Teosófico, el nombre de Mahatma fue introducido por razón de que este título tiene tras sí una solidez inmensa en la tradición y literatura de la India. En distintas ocasiones algunos enemigos sin escrúpulos de la Sociedad Teosófica llegaron a decir que aún el mismo nombre de Mahatma había sido inventado, y que tales seres eran desconocidos entre los hindúes y en su literatura. Pero estas aseveraciones han sido hechas simplemente para desacreditar, si fuese posible, un movimiento filosófico que amenaza trastornar completamente los erróneos dogmas teológicos que prevalecen hoy en día. Porque a través de la literatura hindú se hace referencia a los Mahatmas y en partes del Norte de la India el término es de uso común. En el antiguo poema de Bhagavad-Gita, reverenciado por todas las sectas y aceptado por los críticos occidentales por ser tan noble como hermoso, hay un verso que dice, «Semejante Mahatma es difícil de encontrar». 4

Pero independientemente de toda disputa acerca de términos específicos, existen amplios argumentos y pruebas para demostrar que una fraternidad de hombres poseedores del maravilloso conocimiento delineado anteriormente, ha existido siempre y probablemente exista hoy. Los antiguos misterios contínuamente hacen referencia a ellos. Egipto antiguo los tuvo en sus grandes Reyes – Iniciados, hijos del sol y amigos de los grandes dioses. Existe una tendencia a menospreciar las ideas de los antiguos, lo cual es en sí denigrante a la humanidad actual. Aún el cristiano que habla con reverencia de Abraham como «el amigo de Dios», considerará desdeñosamente las pretensiones de los soberanos egipcios, de gozar de la misma amistad, como tan solo una pretensión puerile de nobleza y rango. Pero la realidad es que estos grandes egipcios eran Iniciados, miembros de una gran logia única, la cual abarca todas las otras, de cualquier grado que sean sus actividades. Los más recientes y decadentes egipcios, desde luego, deben haber imitado a sus predecesores, pero ésto fué ya cuando la doctrina verdadera estaba comenzando una vez más a ser obscurecida con motivo de la ascendencia del dogma y del sacerdocio.

La historia de Apolonio de Tyana se refiere a un miembro de una de estas mismas fraternidades antiguas, que aparecieron entre los hombres durante un ciclo descendente y con el sólo propósito de mantener un testigo en la escena para las generaciones venideras.

Abraham y Moisés entre los Judíos son otros dos Iniciados, Adeptos, quienes tenían que efectuar su tarea entre cierto pueblo, y es en la historia de Abraham que nos encontramos con Melquisíades, quien era aún más grande que Abraham, puesto que tenía el derecho de conferirle a éste un rango, un privilegio o una bendición. El mismo capítulo de la historia humana que contiene los nombres de Moisés y de Abraham, está iluminado con el de Salomón. Estos tres componen una gran Tríada de Adeptos, los anales de cuyos hechos no pueden echarse a un lado como una fantasía ni como faltos de fundamento.

Moisés fue instruído por los egipcios y en el país de Madián; de ambos adquirió considerables conocimientos ocultos, y todo estudiante avanzado de la gran Masonería Universal puede percibir a través de todos los textos de Moisés, la mano, el plan y la obra de un maestro. Abraham por otra parte conocía todas las artes y mucho de los poderes psíquicos que eran practicados en su época, o de lo contrario él no se hubiera asociado con reyes ni habría sido «el amigo de Dios»; y tan sólo la referencia a sus diálogos con el Todopoderoso en relación con la destrucción de ciudades, demuestra que él fue un Adepto, quien por muy largo tiempo había transcendido la necesidad del ceremonial u otras ayudas adventicias. Salomón completa esta tríada y se destaca en caracteres de fuego. Alrededor suyo se agrupa tal volumen de leyenda y de historias acerca de sus manipulaciones de los poderes elementales y sus facultades mágicas, que uno tendría que condenar todo el mundo de la antigüedad como una camarilla de necios creadores de mentiras por pura diversión, si se niega que él fue un gran personaje, un ejemplar maravilloso de la encarnación de un poderoso Adepto entre los hombres. Nosotros no estamos obligados a aceptar el nombre de Salomón ni a creer que él gobernó a los judíos; pero sí tenemos que admitir el hecho de que en algún lugar, durante los nebulosos tiempos a los cuales se refieren los anales judáicos, un hombre, que era un Adepto, vivió y luchó entre los hombres de la tierra, y a quien tiempo después se le dio el nombre de Salomón Los críticos peripatéticos pueden aparentar no ver en la universal y prevalesciente tradición, sino tan sólo la evidencia de su credulidad humana y de su habilidad de imitar, pero el verdadero estudiante de la naturaleza humana y de la vida, sabe que las universales tradiciones son verídicas y surgen de hechos verídicos en la historia del hombre.

Dirigiendo nuestra atención hacia la India, por largo tiempo olvidada e ignorada por el lascivo, egoísta, combatiente y comercializado mundo occidental, la encontramos repleta de una gran erudición referencte a estos hombres maravillosos, entre los cuales Noé, Abraham, Moisés y Salomón, son tan sólo ejemplos. Los habitantes de la India están preparados, por razón de su temperamento y su clima, para ser los conservadores de las joyas filosóficas, éticas y psíquicas que hubiéramos perdido para siempre, si las mismas hubieran sido abandonadas al saqueo de los Godos y de los Vándalos, como lo fueron las naciones occidentales en los tempranos días de sus luchas en pro de la cultura y de la civilización. Si los hombres que desenfrenadamente quemaron inmensos montones de tesoros históricos y etnológicos, encontrados por los esbirros de los soberanos católicos de España en la América Central y del Sur, hubieran logrado localizar los libros y los documentos escritos en hojas de palma en la India, antes de que el escudo protector de Inglaterra se levantase contra ellos, los hubieran destruído de la misma manera que arruinaron los anales de los Americanos, tal como sus predecesores intentaron hacer con la Biblioteca de Alejandría. Afortunadamente, los sucesos se desarrollaron de otra manera.

A través de la extensa literatura indostánica encontramos docenas de grandes Adeptos, bien conocidos de la gente, que enseñaron la misma doctrina – la epopeya del alma humana. Sus nombres no son familiares al oído occidental, pero los testimonios de sus pensamientos, sus obras y sus poderes aún viven. Todavía más, en el apacible e inmutable Oriente existen hoy en día por centenares, personas que saben por su propio conocimiento que la Gran Logia existe aún y tiene sus Mahatmas, Adeptos, Iniciados o Hermanos. Y aún más, en ese país hay tal número de hombres expertos en la aplicación práctica de un poder menor, pero aún maravilloso, sobre la naturaleza y sus fuerzas, que tenemos un volumen innegable de evidencia humana para probar nuestra tesis.

Y si la Teosofía – la enseñanza de esa Gran Logia – es como se dijo científica y religiosa, entonces, desde el punto de vista ético tenemos aún más pruebas. Una poderosa Triada actuando con y por medio de los principios éticos, la forman Buda, Confucio y Jesús. El primero, un hindú, establece una religión que hoy abarca mucho más prosélitos que el Cristianismo, enseñando, centurias antes de Jesús, la misma ética que éste enseñó y que había sido ya promulgada siglos antes de Buda. Jusús, que viene a reformar a su pueblo, repite esta ética antigua, y Confucio hace lo mismo en la antigua y honorable China.

1 Essays on Some Controverted Questions. Londres 1891.

2 El Mundo Oculto. Londres 1881.

3 Bhagavad-Gita, Capítulo VIII.

4 Bhagavad-Gita, Capítulo VII.

Sumario

CAPITULO Icontinuación

LA TEOSOFIA Y LOS MAESTROS

El Teósofo afirma que todos estos grandes nombres representan miembros de una misma doctrina. Que tales caracteres extraordinarios que aparecen de cuando en cuando dentro de la civilización occidental, como San Germán, Jacobo Boehm, Cagliostro, Paracelso, Mesmer, el Conde de San Martín y la señora H. P. Blavatsky, fueron agentes encargados de cumplir en el momento propicio el trabajo de la Gran Logia. Es cierto que ellos son genralmente ultrajados y calificados como impostores, aunque nadie puede decir por qué lo son, ya que generalmente ellos confieren beneficios y trazan proyecciones o hacen descubrimientos que resultan de gran valor para la ciencia después de su muerte. Pero el mismo Jesús sería tildado hoy de impostor, si apareciese en una iglesia de la Quinta Avenida de Nueva York reprochando a los profesos cristianos. Paracelso fue el creador de valiosos métodos y tratamientos médicos, ahora universalmente adoptados. Mesmer enseñó el hipnotismo bajo otro nombre. Madame Blavatsky introdujo una vez más a la atención de Occidente el sistema más importante, por mucho tiempo conocido por la Gran Logia, referente al hombre, su naturaleza y su destino. Pero todos ellos por igual son calificados de impostores por gentes que no tienen ninguna filosofía original propia, y cuyas clases mendicantes y criinales exceden en grado de miseria y en número a los de cualquier otra civilización de la tierra.

No será raro de parte de casi todos los lectores occidentales el maravillarse de que hay seres humanos que pueden saber tanto y poseer tal poderío sobre las operaciones de la ley natural, como he atribuído a los Iniciados, ahora conocidos como Mahatmas. En la India, en China y en otras tierras Orientales este hecho no asombraría a nadie, porque allí, a pesar de que todo lo concerniente a la civilización materialista está ahora en un estado de atraso, jamás han perdido la creencia en la naturaleza interior del hombre, y en el poder que él puede ejercer si tal es su voluntad. Por consiguiente, ejemplares vivientes de esos poderes y capacidades jamás han estado ausentes de esos pueblos. Pero en Occidente, una civilización materialista que ha surgido a base de la negación de la vida y naturaleza del alma a consecuencia de una reacción a un dogmatismo ilógico, no ha habido ninguna investigación sobre estos asuntos y, hasta hace poco, el público en general no ha creído en la posibilidad de que un ser humano, excepto un supuesto Dios, poseyese tal poderío.

Un Mahatma dotado de poderes sobre espacio, tiempo, mente y materia, es ciertamene una posibilidad, precisamente porque él es un homre perfeccionado. Cada ser humano posee en gérmen todos los poderes atribuídos a estos grandes Iniciados; la diferencia yace únicamente en el hecho de que, en general, nosotros no hemos desarrollado aquellos que poseemos en gérmen, mientras que el Mahatma ha pasado a través de tales disciplinas y experiencias que han ocasionado el desarollo de todos los poderes humanos ocultos en él, y ha conferido dones que aparecen como divinos a los ojos de sus hermanos menos avanzados.

La Telepatía, la facultad de leer el pensamiento, y el hipnotismo, conocidos por la Teosofía por mucho tiempo, demuestran la existencia en el hombre, de planos de conciencia, funciones y facultades hasta la fecha no soñadas. La lectura del pensamiento y el influir a distancia sobre la mente del sujeto hipnotizado, prueban la existencia de una mente que no está totalmente subordinada al cerebro, y que existe un medio por el cual el pensamiento influyente puede ser transmitido. Basándose en el dominio de la ley, los Iniciados pueden comunicarse entre sí a cualquier distancia. La exposición razonada de esta facultad, aún no admitida por las escuelas de hipnotismo, es que si las dos mentes vibran al unísono o pasan al mismo estado, ambas pensarán de igual manera; o en otras palabras, el que ha de percibir a larga distancia, recibe la onda o impresión transmitida por el otro. En la misma forma ocurren los demás poderes o facultades, no importa cuán extraordinarios sean. Esos poderes son naturales aunque ahora raros, al igual que una gran habilidad musical es natural aunque no sea un fenómeno común. Si un Iniciado puede hacer mover un objeto sólido sin tocarlo, es porque tiene comprensión de las dos leyes, de atracción y repulsión, de las cuales la gravedad es sólo una de ellas; si él es capaz de precipitar del aire invisible el carbón que nosotros sabemos se oculta en el mismo, y de convertir ese carbón en frases redactadas sobre el papel, es por medio de su conocimiento de la química oculta superior y el ejercicio de una disciplinada y poderosa facultad de imaginación creadora que cada ser humano posee. Si el Iniciado lee los pensamientos de uno con facilidad, eso es el resultado del uso de los poderes internos y reales de la visión, que no requieren la ayuda de una retina para ver la finísima malla de la imagen que el vibrante cerebro del hombre teje frente a sí mismo. Todo lo que el Mahatma puede hacer es natual al hombre perfeccionado; pero si esos poderes aún no nos han sido revelados, es porque la raza es todavía del todo egoísta y aún vive para lo presente y lo transitorio.

Repito, pues, que aunque la verdadera doctrina desaparece de en medio por un tiempo, la misma está llamada a reaparecer, porque, primeramente, está grabada en el imperecedero centro de la naturaleza del hombre, y segundo, la Logia por siempre la conserva, no solamente en archivos reales u objetivos, sino también dentro de los inteligentes y totalmente autoconscientes hombres que después de atravesar con éxito los muchos períodos de evolución que antecedieron a éste en el cual nos encontramos, no pueden perder los valiosos conocimientos que han adquirido. Y en razón de que los Hermanos Mayores representan el más elevado producto de la evolución, por medio de quienes únicamente y en cooperación con toda la familia humana, la realización regular y perfectamente laboriosa de los planes del Gran Arquitecto del Universo puede ser continuada, he creído muy justo hacer referencia a ellos y su Logia Universal, antes de emprender la exposición de otros aspectos de la materia.

Sumario

CAPITULO II

PRINCIPIOS GENERALES

Las Enseñanzas Teosóficas actuales tratan principalmente de nuestro planeta, aunque su alcance se extiende a todos los mundos, puesto que ninguna porción del Universo manifestado queda fuera del sistema único de leyes que nos gobiernan. Nuestra tierra, siendo uno de los globos del sistema solar, está sin duda relacionada con Venus, Júpiter y otros planetas; pero como la evolución de la gran familia humana tiene que permanecer eslabonada a su vehículo – la tierra – hasta que todos los componentes de la Raza que están preparados alcancen la perfección, la evolución de la familia humana es de la mayor importancia para sus miembros. Algunas particularidades relativas a los otros planetas serán expuestas más adelante. Comenzaremos por dar una idea general de las leyes que gobiernan al Universo.

El Universo se desarrolla de lo Desconocido, dentro de lo cual ningún hombre ni inteligencia alguna, por grande que fuese, puede penetrar; dentro de siete planos o siete modos o métodos en todos los mundos, y esta diferenciación septenaria causa a su vez la constitución septenaria de todos los mundos dentro del Universo, así como de los seres que en ellos residen. Como fue enseñado desde la antigüedad, los mundos pequeños y grandes son las copias del conjunto o el todo, y el insecto más minúsculo así como el ser más altamente desarrollado, son ambos réplicas en pequeño o en grande del vasto original, que lo incluye todo. De aquí se deriva el proverbio de los antiguos filósofos, «Como es arriba así es abajo».

Las divisiones del Universo septenario se pueden describir aproximadamente como: El Absoluto, el Espíritu, la Mente, la Materia, la Volición, el Akasha o Eter, y la Vida. Podemos usar la palabra Espacio en lugar de «El Absoluto», porque el Espacio es lo que siempre es y dentro de lo cual toda manifestación debe producirse. El término Akasha, tomado del Sánscrito, se usa en lugar del Eter porque nuestro idioma no ha generado aún una palabra adecuada para designar propiamente ese estado tenue o sutil de la materia, el cual es algunas veces llamado Eter por los científicos modernos. Con respecto al Absoluto, nosotros solamente podemos decir que Es. Ninguno de los grandes instructores de la Escuela atribuye cualidades al Absoluto, aunque todas las cualidades existen en El. Nuestro conocimiento comienza con la diferenciación, y todos los objetos, seres o poderes manifestados, no son sino diferenciaciones del Gran Desconocido. Lo más que puede decirse es que lo Absoluto, periódicamente se diferencia a sí mismo, y también periódicamente retrae dentro de sí mismo lo que ha sido diferenciado.

La primera diferenciación – hablando metafísicamente con respecto a tiempo – es el Espíritu, con el que aparecen la Materia y la Mente. Akasha es el producto de la Materia y del Espíritu; la Voluntad o fenómeno de la Voluntad es la fuerza del Espíritu en acción, y la Vida es el resultante de la acción del Akasha impulsado por el Espíritu de la Materia.

Pero la Materia aquí aludida no es la misma que vulgarmente se conoce bajo ese nombre; se trata de la materia real, que permanece siempre invisible y a la que a veces se le ha llamado Materia Primordial. En el sistema Brahmánico se le denomina Mulaprakriti. La enseñanza antigua mantuvo siempre – y hoy lo admite la ciencia – que nosotros solamente vemos o percibimos el fenómeno pero no la esencial naturaleza, cuerpo, o ser de la materia.

La Mente es la parte inteligente del Cosmos y en el conjunto de las siete diferenciaciones superficialmente delineadas anteriormente, la Mente es aquello en lo cual el plan del Cosmos está contenido o fijado. Este plan proviene de un período anterior de manifestación, el cual incrementó el siempre creciente perfeccionamiento, y ningún límite puede fijarse a sus posibilidades evolutivas de perfeccionamiento, porque las manifestaciones periódicas del Absoluto jamás tuvieron un comienzo y nunca tendrán un fin, sino que eternamente continuarán las apariciones y las reabsorciones dentro del seno de lo Desconocido.

Dondequiera que se encuentre un mundo, o que un sistema de mundos en evolución esté en desarrollo, el plan ha sido trazado en la mente universal; la fuerza original viene del espíritu; lo que sirve de base es la materia, la cual es de hecho invisible; la vida sostiene todas las formas que requieran vida y el Akasha es el lazo que conecta la materia de una parte, y el espíritu-mente de la otra.

Cuando un mundo o un sistema de mundos llega al final de ciertos grandes ciclos, se registra un cataclismo en la historia o en la tradición. Estas tradiciones abundan entre los judíos, con su diluvio; entre los babilonios con el suyo; en los papiros egipcios; en la cosmología hindú; y ninguna de ellas es una mera confirmación de la tradición judáica, sino que todas ellas señalan una enseñanza antigua, como también la tenue reminiscencia de las destrucciones y renovaciones periódicas. La historia hebrea no es sino un pequeño fragmento desprendido del pavimento del Templo de la Verdad. Así como periódicamente hay cataclismos menores, o destrucciones parciales, de la misma manera la doctrina mantiene que también existen la evolución y la involución universales. El Gran Aliento surge y retorna eternamente. Cuando El procede a exteriorizarse, cosas, mundos y hombres aparecen; cuando se retira, todo desaparece dentro de la fuente original.

Esta es la vigilia y el sueño del Gran Ser, el Día y la Noche de Brahma; el prototipo o modelo de nuestros días de vigilia y noches de sueño como humanos; de nuestra desaparición de la escena al final de una corta vida humana, y nuestro retorno para emprender nuevamente el trabajo que quedó inconcluso, en una nueva vida y un nuevo día.

La verdadera edad del mundo ha estado envuelta en dudas por mucho tiempo para los investigadores occidentales, quienes hasta el presente han mostrado una singular renuencia a seguir indicaciones de los anales del mundo Oriental, que es de mayor edad que el mundo Occidental. Sin embargo, los Orientales saben la verdad sobre el asunto. Está admitido que la civilización egipcia floreció hace muchos siglos, y puesto que no hay en existencia escuelas egipcias de enseñanza antigua para ofender el orgullo moderno, y quizás porque los Judíos «salieron de Egipto» para imponer sobre el progreso moderno una mal comprendida tradición mosáica, las inscripciones cinceladas en las rocas y escritas sobre papiro obtienen un poco más de crédito hoy que el pensamiento viviente y los anales de los hindúes. Porque estos últimos aún viven entre nosotros y no sería dable admitir que una raza pobre y conquistada poseyera conocimientos con respecto a la edad del hombre y del mundo, que la flor de los hombres cultivados, guerreros y conquistadores de Occidente, ignoran por completo. Desde que los frailes ignorantes y los teólogos de Asia Menor y de Europa lograron imponer la narración mosaica del génesis de la tierra y del hombre sobre la surgiente evolución occidental, los más sabios de nuestros hombres de ciencia han permanecido atemorizados frente a los años que han transcurrido desde Adán, o han sido deformados en su pensamiento y percepción cada vez que han vuelto sus ojos hacia cualquier otra cronología diferente a la de unas cuantas tribus de los hijos de Jacob. Aún la noble, antigua y silenciosa pirámide de Giza, vigilada por la Esfinge y el Memnon de piedra, ha sido degradada por Piazzi-Smyth y otros, al pretender ver en ella la prueba de que la pulgada inglesa debe prevalecer y que el «Domingo Continental» contraviene las leyes del Supremo, y sin embargo, en la narración mosáica, en donde uno esperaría encontrar una referencia a tal prueba como la de la pirámide, no podemos hallar ningún indicio de ella y sólo es mencionada la construcción, por el Rey Salomón, de un templo acerca del cual jamás ha habido una huella.

Pero el Teósofo sabe por qué la tradición hebraica llegó a ser así un aparente atraso en la mente de Occidente; él conoce la relación entre el Judío y el Egipcio, lo que es y lo que va a ser la resurrección de los antiguos constructores de la pirámide del Valle del Nio, en donde han sido escondidos de los ojos profanos, los planos de esos antiguos maestros constructores, hasta que el retorno del ciclo permita su reaparición. Los judíos simplemente conservaron una parte de la sabiduría de Egipto, oculta bajo la letra de los libros de Moisés, y allí se encuentra aún hoy día en lo que ellos llaman la interpretación cabalística u oculta de las Escrituras. Pero las almas egipcias que colaboraron en el planeamiento de la pirámide de Giza, que tomaron parte en el gobierno egipcio, en su teología, su ciencia y su civilización, abandonaron su antigua raza; esa raza se extinguió y los antiguos egipcios continuaron su tarea en las surgientes razas de Occidente, especialmente en aquéllas que están ahora repoblando el continente americano. Cuando Egipto y la India eran más jóvenes había un constante intercambio entre ellos. En la opinión del Teósofo, ambas naciones pensaban similarmente, pero el destino dictó que de las dos, sólo los hindúes debían conservar las antiguas ideas entre los pueblos vivientes. Por lo tanto, tomaré de los anales Brahmánicos del Indostán la doctrina acerca de los días, las noches y los años de la vida de Brahma, quien representa el universo y los mundos.

Esta doctrina de inmediato trastorna la interpretación por tan largo tiempo dada a la tradición mosáica, pero de pleno coincide con la narración evidente en el Génesis de otras y previas «creaciones», así como con la interpretación cabalística del versículo en el Viejo Testamento acerca de los Reyes de Edom, quienes ahí representan previos períodos de evolución, anteriores al que comenzó con Adán, y también coinciden con la creencia sostenida por algunos de los antiguos Padres Cristianos, quienes informaron a sus hermanos acerca de maravillosos mundos y creaciones anteriores.

Se dice que el Día de Brahma dura mil años y que su Noche es de igual duración. En la Biblia Cristiana hay un verso que dice que: «un día le es al Señor como mil años, y mil años, como un día». Esta afirmación ha sido usada generalmente para glorificar el poderío de Jehová, pero tiene una semejanza sospechosa con la más antigua doctrina sobre la duración del día y la noche de Brahma. Ello sería de mayor valor si se le interpretara como una declaración relativa a la aparición periódica de los grandes Días y Noches, de igual duración, del universo de mundos manifestados.

Un día de los mortales se calcula por el sol y consta sólo de doce horas de duración. En Mercurio sería diferente, y en Saturno o Urano tardaría aun más. Pero un día de Brahma se compone de lo que ha sido denominado Manvántara – o período entre dos humanidades – catorce en número. Estos Manvántaras comprenden cuatro billones y trescientos veinte millones de años solares o terrestres y equivalen a un día de Brahma.

Cuando se inaugura este día, la evolución cósmica, en lo que a este sistema solar concierne, comienza, y se toma de uno a dos billones de años en desarrollar la etérea materia primordial, antes de que los reinos astrales del mineral, el vegetal, el animal y el humano sean posibles. Este segundo intervalo toma unos trescientos millones de años y, aún entonces, procedimientos más materiales marchan hacia adelante hasta efectuar la producción de los reinos tangibles de la naturaleza incluyendo al hombre. Esto abarca más de un billón y medio de años. El número de años solares incluídos en el presente período «humano» es de más de dieciocho millones.

Esto es precisamente lo que Herbert Spencer designa como el gradual advenimiento de lo conocido y heterogéneo desde lo desconocido y homogéneo. Porque los antiguos filósofos egipcios e hinduístas nunca admitieron una creación salida de la nada, sino que enérgicamente insistieron simpre en el hecho de la evolución or etapas graduales, de lo heterogéneo y lo diferenciado siempre procedente de lo homogéneo y lo no diferenciado. Ninguna mente puede comprender qué es lo Desconocido, Infinito y Absoluto; ésto es, que no tiene comienzo y que no tendrá fin; que es a la vez el último y el primero, porque, ya sea diferenciado o reabsorbido en Sí mismo, Ello siempre Es. Este es el Dios a que se refiere la Biblia Cristiana, como el Dios alrededor de cuyo pabellón reinan las sombras.

Esta cronología cósmica y humana de los Hindúes es ridiculizada por los orientalistas occidentales, aunque ellos no pueden proveer nada mejor y continuamente están en desacuerdo sobre este mismo tema. En la traducción literaria del Vishnu Purana, de Wilson, éste lo califica de ficción sin fundamento, y de ostentación infantil. Pero los Francmasones, aunque inactivos sobre este asunto, deberían saber algo más sobre éso. Ellos podrían encontrar en la narración de la construcción del templo de Salomón, con materiales heterogéneos traídos de todas partes, y en su erección sin que se oyera el ruido de una herramienta, un acuerdo con esas ideas de sus hermanos egipcios e hindúes, pues el Templo de Salomón simboliza al hombre, cuya estructura es construída, perfeccionada y decorada en silencio y sin que se haga el menos ruido, pero los materiales tuvieron que ser encontrados, acumulados y moldeados en lugares diversos y distantes. Estos son los períodos a que nos referimos anteriormente, muy distantes y muy silenciosos. El hombre no podía tener un templo corporal en el cual residir, hasta que toda la materia en su mundo y a su alrededor no hubiera sido encontrada por el Maestro, que es el hombre interno; y cuando esa materia fue encontrada, los planos para construir el templo requirieron ser elaborados, teniendo después que ser llevados a cabo con minuciosos detalles, hasta que todas las partes estuviesen perfectamente disponibles y ajustadas para incorporarlas a la estructura final. Así pues, en el vasto intervalo de tiempo que comenzó después que la primera casi intangible materia había sido recolectada y amasada, los reinos mineral y vegetal tuvieron sobre la tierra absoluta posesión aquí, con el Maestro – el hombre – quien estaba oculto, invisible en el interior llevando hacia adelante los planes para la fundación del templo humano. Todo ésto requiere muchísimas edades, puesto que sabemos que la naturaleza jamás avanza a saltos. Después que el trabajo rudimentario fue terminado y el templo humano erigido, muchas más edades serían necesarias para que los servidores, sacerdotes y consejeros aprendiesen perfectamente sus funciones, con el fin de que el hombre, el Maestro, pudiera ser capaz de usar el templo para sus mejores y más elevados propósitos.

La doctrina antigua del origen es mucho más noble que la doctrina religiosa Cristiana, o la de la escuela puramente científica. Los religiosos ofrecen una teoría que está en conflicto con la razón y con los hechos, mientras que la ciencia no puede dar a los hechos que observa ninguna razón noble o enaltecedora. Sólo la Teosofía, englobando todos los sistemas y todas las experiencias, da la llave, el plan, la doctrina y la verdad.

La Teosofía afirma que la edad verídica del mundo es casi incalculable y que la del hombre en su desarrollo actual es de más de dieciocho millones de años. Pero lo que al final ha venido a convertirse en el hombre es de una edad vastamente mayor, porque antes de la aparición de los dos sexos, tales como existen actualmente, la criatura humana tenía algunas veces una forma y otras veces otra, hasta que el plan entero, completamente procesado, produjo nuestra presente forma, función y capacidad. Sobre ésto se encuentra una referencia en los antiguos libros, escrita para el profano, en donde se dice que el hombre fue en una época de forma globular. Esto ocurrió en una época en que las condiciones favorecían tal forma y, desde luego, de eso hace más de dieciocho millones de años. Cuando esta forma globular era la norma, los sexos (tal como los conocemos) no se habían diferenciado aún y por lo tanto no había sino un solo sexo, o si se prefiere, ningún sexo.

Durante todas estas épocas, antes de que el hombre viniera a ser lo que es, la evoución iba llevando a cabo el trabajo de perfeccionar diversos poderes o facultades que hoy están en nuestra posesión. Esto fue realizado por el Ego o el hombre verdadero, pasando a través de diversas condiciones de materia, todas diferentes las unas de las otras, y el mismo plan general era y es seguido según prevalece con respecto a la evolución general del Universo, a la cual se hizo alusión anteriormente. Esto quiere decir que los detalles fueron primeramente elaborados en esferas de existencia muy etéreas, en realidad metafísicas. El paso siguiente consistió en traer estos mismos detalles a ser procesados en un plano de materia un poco más denso, hasta que por último se pudo efectuar en nuestro plano actual lo que llamamos impropiamente materia bruta. En estos estados anteriores los sentidos existían más bien en gérmen o en idea, hasta que el plano astral, que es el más próximo a nuestro plano, fue alcanzado, y entonces los sentidos se concentraron hasta convertirse en los sentidos actuales que empleamos ahora por medio de los diferentes órganos externos. Estos órganos exteriores de la vista, el tacto, el oído y el gusto, son muy a menudo erróneamente tomados por el ignorante o el insensato por los verdaderos órganos y sentidos; pero aquél que se detenga y piense, tendrá que reconocer que los órganos exteriores no son sino los intermediarios entre el universo visible y el verdadero Percibidor interior.

Todos estos diversos poderes y potencialidades, al ser finalmente elaborados en este lento pero infalible proceso, al fin introducen en la escena al hombre como un ser septenario, así como también el universo y la tierra misma son septenarios. Cada uno de los siete principios del hombre se deriva de una de las siete originales grades divisiones, y cada uno se relaciona con un planeta o escena de evolución y con una raza en la cual esa evolución fue desarrollada. Así pues, es importante que la primera diferenciación septenaria se tenga presente, puesto que ésta es la base de todo lo que sigue. Así como la evolución universal es septenaria, la evolución de la humanidad es septenaria en su constitución y se lleva a cabo sobre una Tierra también septenaria. A ésto se le denomina en la literatura teosófica la Cadena Planetaria Séptuple, y está íntimamente conectada con la evolución particular del Hombre.

Sumario

CAPITULO III

LA CADENA TERRESTRE

Refiriendonos ahora a nuestra Tierra, el panorama presentado por la Teosofía acerca de su génesis, su evolución y la evolución de las Mónadas Humanas, animales, y otras, es bien diferente a las ideas modernas y en ciertas cosas contrario a teorías que prevalecen. Pero las teorías de hoy no son estables. Estas van cambiando don cada siglo, mientras que la doctrina Teosófica nunca es alterada, porque en la opinión de esos Hermanos Mayores, que la han promulgado de nuevo y han señalado su verificación en los textos antiguos, la Teosofía no es sino una exposición de hechos en la naturaleza. La teoría moderna es, por el contrario, siempre especulativa, cambiante y constantemente modificada.

Continuando el plan general trazado en las páginas anteriores, la Tierra es septenaria. La Tierra es una entidad y no una simple masa de materia bruta. Y siendo por consiguiente una entidad de una naturaleza septenaria, deben existir otros seis globos que ruedan con ella en el espacio. Este grupo de siete globos ha sido denominado la «Cadena Terrestre», la «Cadena Planetaria». En la obra «Budismo Esotérico» esto está claramente expresado, pero en ese libro se da una interpretación más bien materialista, que lleva al lector a pensar que la doctrina habla de siete globos distintos, todos separados aunque conectados los unos a los otros. Uno se ve forzado a sacar en conclusión que el autor quiso decir que el globo Tierra es tan distinto de los otros seis como Venus es de Marte.

Esta no es la doctrina. La Tierra es uno de los siete globos con respecto a la conciencia del hombre solamente, porque cuando el hombre funciona en uno de los siete, él lo percibe como un globo distinto sin alcanzar a ver los otros seis. Esto está en perfecta correspondencia con el hombre mismo, quien posee otros seis constituyentes, de los cuales solamente el cuerpo físico es visible porque se encuentra ahora funcionando sobre la Tierra, o sea, el cuarto globo, y su cuerpo comprende y representa a la Tierra. Los siete «globos» constituyen una sola masa o un gran globo y todos ellos se interpenetran los unos con los otros; y tenemos que decir «globo», porque la forma última es globular o esférica. Si uno confía ciegamente en la interpretación dada por Mr. Sinnett, entonces se podría suponer que los globos no se interpenetran entre sí, sino que están enlazados por corrientes o líneas de fuerza magnética. También, si se presta demasiada atención a los diagramas usados en la «Doctrina Secreta» para ilustrar el sistema, sin prestar la debida atención a las explicaciones y precauciones dadas por H. P. Blavatsky, puede incurrirse en el mismo error. Pero tanto ella como sus instructores Adeptos han dicho que los siete globos de nuestra cadena están en «coadunación» entre sí, pero no en consubstancialidad 1. Esto está además reiterado por precauciones de no confiar en las estadísticas o en los diagramas de superficie plana, sino más bien contemplar el aspecto metafísico y espiritual de la doctrina según ha sido expresada en inglés. Así, pues, de la misma fuente de donde proviene el libro del señor Sinnett, nosotros tenemos la aseveración de que estos globos están unidos en una sola masa aunque difieran los unos de los otros en substancia, y que esa diferencia de substancia se debe a un cambio del centro de conciencia.

La Cadena Terrestre de siete globos, según se ha explicado, es la reencarnación directa de una cadena anterior de siete globos, y esa familia anterior de siete globos fue la Cadena Lunar, siendo la Luna misma el representante visible del cuarto globo de la vieja cadena. Cuando esa vasta entidad anterior compuesta de la Luna y de otros seis globos más, todos unidos en una masa, llegaron al límite final de su vida, esta cadena lunar murió lo mismo que mueren todos los seres. Cada uno de los siete globos lanzó sus energías al espacio, impartiendo al polvo cósmico – materia – una vida o vibración similar, y la fuerza cohesiva del conjunto total mantuvo ligadas las siete energías. Esto dio por resultado el desarrollo de la actual Cadena Terrestre, compuesta de siete centros de energía o de evolución, consolidados en una sola masa. Como la Luna fue el cuarto globo – físico – de la serie antigua, se encuentra en el mismo plano de percepción que la Tierra, y como nosotros estamos ahora confinados en nuestra conciencia mayormente a la Tierra no podemos ver sino únicamente uno de los siete globos anteriores, o sea, nuestra Luna o cuarto globo de la Cadena Lunar. Cuando nosotros funcionamos en cualquiera de nuestros siete globos, veremos en nuestro cielo el correspondiente viejo cadáver del globo, el cual será siempre una Luna, pero no estaremos viendo más la Luna actual. Venus, Marte, Mercurio y los otros planetas visibles, son todos globos del cuarto plano de distintas masas planetarias, y por esa razón son visibles a nuestros ojos, mientras que los otros seis centros de energía y de conciencia que los acompañan nos son invisibles. Todos los diagramas sobre superficies planas solamente obscurecerán la teoría, porque desgraciadamente un diagrama necesita divisiones lineales.

La corriente o masa de Egos que evoluciona sobre los siete globos de nuestra cadena es limitada en número; sin embargo, la cantidad es enorme, porque aunque el universo es ilimitado e infinito, aún así, en cualquier porción particular del Cosmos, en donde la manifestación y la evolución han comenzado, hay un límite para la extensión de la manifestación, y para el número de Egos comprometidos en la misma, y el número total de Mónadas que ahora marchan a través de la evolución en nuestra Cadena Terrestre, vino de los siete planetas o globos antiguos que ya he descrito. En el Budismo Esotérico a esta masa de Egos se la denomina una «oleada de vida», que significa la corriente de Mónadas. Esos Egos alcanzaron esta masa planetaria, representada a nuestra percepción por el foco central: Nuestra Tierra, y comenzó su evolución por el Globo A o No. 1, descendiendo como un ejército o un río. El primer contingente comenzó sobre el Globo A y pasó allí a través de una larga evolución, con cuerpos apropiados a tal estado de materia; entonces pasó al Globo B, y así sucesivamente, a través de todos los siete grandes estados de conciencia a los cuales se ha llamado globos. Cuando el primer contingente dejó el Globo A, otros prosiguieron en suguimiento al mismo curso, avanzando el ejército entero con regularidad a lo largo de la ruta septenaria.

Esta jornada prosiguió durante cuatro revoluciones alrededor del todo; para entonces, el contingente completo o corriente de Egos había llegado de la antigua Cadena Lunar, y estando ya completa, ningún Ego más pudo entrar después de la mitad de la cuarta ronda. Todas estas clases que arribaron en períodos diferentes, continúan el mismo proceso circular hasta que completen siete Rondas a través de los siete centros planetarios de conciencia; cuando las siete sean terminadas, habrá sido adquirida tanta perfección como la que es posible en ese inmenso período de evolución, y entonces esta Cadena o masa septenaria de «globos» morirá en su oportunidad para dar nacimiento a otras series de Cadenas.

Cada uno de estos globos es usado por la ley evolutiva para el desarrollo de Siete Razas y de los sentidos, facultades y poderes propios a ese estado de materia: la experiencia de los siete globos es necesaria para alcanzar un desarrollo perfecto. Esta es la razón por la que tenemos las Rondas y las Razas. La Ronda es un recorrido a través de los siete centros de conciencia planetaria; la raza es determinada por la aparición de caracteres permanentes en los grupos de Egos evolucionantes en cada uno de esos siete centros. Hay siete razas para cada globo, pero finalmente el total de cuarentinueve razas sólo suman siete Grandes Razas. La particular septena de razas sobre cada globo o centro planetario, no forma en realidad sino una raza de siete constituyentes o peculiaridades especiales en cuanto a facultades y poderes.

Y como ninguna raza completa podría evolucionar en un instante sobre ninguno de los globos, los lentos y ordenados procesos de la naturaleza, que no permiten saltos, deben proceder por medios apropiados. Por lo tanto, las sub-razas tienen que ser desarrolladas una después de otra antes de que la Raza-raíz perfecta sea formada, y entonces esa Raza-raíz proyecta sus vástagos mientras está en el proceso de declinación, preparándose para el advenimiento de la futura gran-raza.

Para ilustrar esta tesis se ha enseñado claramente que en estas Américas evolucionará la nueva – sexta – raza; y aquí todas las razas de la tierra están actualmente ocupadas en un gran proceso de amalgamación, de lo cual resultará una sub-raza altamente desarrollada, después de la cual otras razas serán desarrolladas por procesos similares, hasta que la nueva raza esté completa.

Entre el fin de una gran raza y el comienzo de otra, hay un período de reposo en lo que al globo concierne, porque entonces la corriente de Egos hermanos parte para otro globo de la cadena, con el fin de seguir adelante con la evolución de otros poderes y de otras facultades. Pero cuando la última, la séptima raza ha aparecido y se ha perfeccionado plenamente, una gran disolución sobreviene, similar a la que se ha descrito brevemente, como la que antecedió al nacimiento de la Cadena Terrestre, y entonces el mundo desaparece como una cosa tangible, y en lo que al oído humano concierne allí reina sólo el silencio. Se dice que éste es el origen de la creencia tan común de que el mundo llegará a un final, que también habrá el día del juicio, o que han habido diluvios o conflagraciones universales.

Al considerar la evolución en la Tierra, se ha dicho que la corriente de Mónadas comienza primeramente a trabajar o laborar la masa total de materia que se encuentra en el llamado estado elemental cuando todo es gaseoso o ígneo; porque la antigua y verdadera teoría es que ninguna evolución es posible sin la Mónada como agente vivificador. En esta primera etapa no existe todavía lo animal, ni lo vegetal. Entonces aparece el mineral, cuando la masa completa endurece, siendo las Mónadas aprisionadas dentro de la misma. Luego, las primeras Mónadas emergen dentro de la forma vegetal, que ellas mismas construyen. El reino animal aún no ha aparecido. Después, la primera clase de Mónadas emerge del vegetal y produce el animal, luego el modelo humano, astral e indefinido, y ya entonces tenemos los minerales, los vegetales, los animales y los futuros hombres, pues la segunda y subsecuentes clases están aún desarrollándose en los reinos inferiores. Cuando llega la mitad de la Cuarta Ronda, no entran más Mónadas en el escenario humano, ni entrarán más hasta que una nueva masa planetaria, reencarnada de la nuestra, entre en manifestación. Este es el proceso completo superficialmente expuesto, excluyendo muchos detalles, ya que en una de las Rondas el hombre aparece antes que los animales. Pero este detalle no debe llevarnos a confusión alguna.

Expresándolo en otras palabras, el plan aparece primeramente en la mente universl, después de lo cual el modelo o base astral es formado, y cuando ese modelo astral queda terminado, el proceso entero se repite con el fin de condensar la materia hasta la mitad de la Cuarta Ronda. Subsecuente a eso, lo cual será nuestro porvenir, la masa entera se espiritualiza, dotada de plena conciencia y todo el grupo de globos es elevado a un plano superior de desarrollo. En el proceso de condensación anteriormente citado, hay un cambio con respecto al momento de la aparición del hombre sobre el planeta. Pero con respecto a estos detalles, los Maestros sólo han dicho «que en la Segunda Ronda el plan varía, pero que la variación no se le dará a conocer a esta generación». Por lo tanto, a mí no me es posible darla, pero no hay ambigüedad sobre el hecho de que siete grandes razas tienen que desarrollarse aquí sobre este planeta y que la colección entera de las razas tiene que cursar siete veces alrededor de la serie completa de los siete globos.

Los seres humanos no aparecieron primeramente sobre la tierra separados en dos sexos. Los primeros fueron asexuales, luego fueron transformados en hermafroditas y finalmente se separaron en macho y hembra. Esta separación de los seres humanos en femenino y masculino tuvo lugar hace más de dieciocho millones de años. Por esa razón, en las antiguas escuelas se asignó a nuestra humanidad la edad de dieciocho millones de años, y un poco más.

1 Doctrina Secreta, Vol I, Pág. 166. Primera edición.

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CAPITULO IV

LA CONSTITUCION SEPTENARIA DEL HOMBRE

Con respecto a la naturaleza del hombre, en los círculos religiosos Cristianos nos encontramos dos ideas prevalecientes: una es la enseñanza y la otra es su común aceptación. La primera ciertamente no es ningún secreto dentro de la Iglesia, pero es tan raramente divulgada a los laicos que parece ser casi un arcano para las muchedumbres. La gran mayoría de las personas creen tener un alma y un cuerpo y ahí terminan sus pesquisas. Lo que en realidad el alma es y si ésta es o no la persona verdadera, o si tiene poderes propios, no es algo que se investiga; los predicadores generalmente se limitan a tratar sobre su salvación o condenación. Y al hablar así del alma, como si fuera una cosa diferente de uno mismo, la gente ha adquirido una idea subyacente de que ellos no son almas, ya que pueden perder tal alma. De ésto ha devenido una tendencia hacia el materialismo, que induce a los hombres a prestar mayor atención al cuerpo que al alma, siendo esta última abandonada a la tierna misericordia de los sacerdotes; y entre los disidentes, el cuidado del alma es muy frecuentemente diferido hasta el día de la muerte. Pero cuando la verdadera doctrina se comprende se podrá ver que el cuidado del alma, que es el Yo impersonal o superior, es un asunto vital que requiere atención de día a día y que no puede ser diferido sin causar un penoso daño al hombre completo: cuerpo y alma.

La enseñanza Cristiana, sustentada por San Pablo, puesto que en él descansa en efecto el Cristianismo dogmático, es que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Esta es la constitución trina del hombre en la que creen los teólogos, pero ocultada en el trasfondo porque su investigación podría resultar en la readopción de puntos de vista considerados como ortodoxos en el pasado, pero que ahora son heréticos; porque cuando colocamos el alma entre el espíritu y el cuerpo, estamos muy próximos a la necesidad de examinar el problema de la responsabilidad de esa alma, ya que el cuerpo mismo no puede tener ninguna responsabilidad. Y con el fin de hacer responsable al alma de los actos cometidos, debemos asumir que el alma posee poderes y facultades. A partir de ésto, es fácil tomar la actitud de que el alma puede ser racional o irracional, igual que pensaron los griegos algunas veces, y entonces ya no queda sino un paso para subsecuentes proposiciones teosóficas.

Esta concepción tríptica de la naturaleza del hombre contiene, en efecto, la enseñanza Teosófica de la constitución septenaria, porque las otras cuatro divisiones que faltan en la clasificación, se pueden encontrar en los poderes y facultades del cuerpo y del alma, según procuraré demostrar más adelante. Esta convicción, de que el hombre es de constitución septenaria y no simplemente una dualidad, fue sostenida desde hace largo tiempo y claramente inculcada a cada individuo en el pasado con las correspondientes demostraciones; pero lo mismo que otras doctrinas filosóficas, esta convicción se perdió de vista, pues fue gradualmente retirada en la época en que la moral degeneraba en la Europa Oriental, antes de que el materialismo hubiera adquirido completa prepoderancia en unión del escepticismo, su hermano gemelo. A su retiro, quedó dentro del Cristianismo la actual doctrina de cuerpo, alma y espíritu. La razón de tal encubrimiento y de su rejuvenecimiento en este siglo, está muy bien expresada por la señora H. P. Blavatsky en su Doctrina Secreta. En respuesta a la declaración «no podemos comprender cómo el más mínimo peligro pudiera surgir de la revelación de una doctrina tan puramente filosófica como la de la evolución de la cadena planetaria», ella dice:

El peligro era éste: Tales doctrinas, como la de la cadena planetaria y de las siete razas, de inmediato dan una pauta de la naturaleza septenaria del hombre, porque cada principio está correlacionado con un plano, un planeta y una raza, y los principios humanos están en cada plano en correlación con las séptuples fuerzas ocultas; esas fuerzas de los planos superiores poseen un poder oculto formidable, el abuso del cual causaría a la humanidad males incalculables. Esta es una pista que quizás no sea tomada como tal por la generación actual, especialmente los occidentales, protegidos como están por su misma ceguera y su incredulidad ignorante y materialista, pero una pista que no obstante, sería muy verídica en los primeros siglos de la era cristiana, para pueblos plenamente convencidos de la realidad del ocultismo y entrando en un ciclo de degradación que los preparaba para el abuso de los poderes ocultos, y una hechicería de la peor descripción.

El señor A. P. Sinnett, en un tiempo funcionario del gobierno de la India 1, fue el primero en bosquejar en esta época la verdadera naturaleza y constitución del hombre en su libro «El Budismo Esotérico», el cual fue recopilado de informaciones transmitidas a él por H. P. Blavatsky directamente desde la Gran Logia de Iniciados a la que ya se ha hecho referencia. Y así, al presentar la antigua doctrina ante la civilización occidental, él le confirió un gran beneficio a su generación y ayudó considerablemente a la causa de la Teosofía. Esa clasificación fue:

1) Cuerpo Físico, o Rupa
2) Vitalidad, o Prana-Jiva
3) Cuerpo Astral, o Linga-Sarira
4) Alma Animal, o Kama-Rupa
5) Alma Humana, o Manas
6) Alma Espiritual, o Kama-Rupa
7) Espíritu, o Atma
Las palabras en letra bastardilla, en el idioma Sánscrito, son los equivalentes de los términos adoptados en inglés por él. Esta clasificación continúa en pie en nuestros días para todos los usos prácticos, pero es susceptible de modificación y extensión. Por ejemplo, una modificación ulterior, que coloca el cuerpo astral en segundo lugar en vez del tercero, no altera substancialmente la clasificación. Esta clasificación da inmediatamente una idea de lo que es el hombre, que es muy distinta a la vaga descripción expresada con las palabras «cuerpo y alma», y también reta audazmente el concepto materialista de que la mente es el producto del cerebro, o sea, una parte del cuerpo. No se tiene la pretensión de que estos príncipios fueran desconocidos hasta ahora, porque han sido conocidos de diferentes maneras, no solamente por los hindúes sino también por muchos europeos; sin embaro, la simple presentación de la constitución séptuble del hombre, en combinación íntima con la constitución septenaria de una cadena de globos a través de la cual el ser evoluciona, no había sido dada. El abate francés Eliphas Levi, escribió sobre el reino astral y el cuerpo astral, pero evidentemente no tenía conocimientos del resto de la doctrina, y aún cuando los hindúes poseían los otros términos en su idioma y filosofía, no usaban una clasificación septenaria, sino que dependían mayormente de una clasificación cuádruple y sin duda ocultaban (si es que tenían conocimiento de ello) la doctrina acerca de una cadena de siete globos, incluyendo la tierra. Por cierto, un hindú erudito, Subba Row, ya fallecido, afirmaba que ellos sabían de una clasificación septenaria, pero que tal clasificación no había sido ni sería divulgada.

Considerando estos constituyentes del hombre desde otro punto de vista, nosotros diríamos que el hombre inferior es un ser compuesto, pero en su naturaleza real es una unidad o un ser inmortal, incluyendo una trinidad compuesta de Espíritu, Discernimiento y Mente, la cual requiere cuatro instrumentos inferiores y mortales para poder trabajar en la materia y obtener la experiencia que la naturaleza confiere.

A esta Trinidad se le denomina Atma-Buddhi-Manas en el idioma Sánscrito, términos difíciles de traducir al castellano.

Atma es el Espíritu; Buddhi, es la facultad más elevada del intelecto, aquello que discierne y juzga; Manas, es la mente. Esta triple combinación es el hombre real, y sin duda alguna esta doctrina es el origen de la enseñanza teológica acerca de la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los cuatro instrumentos o vehículos inferiores se bosquejan a continuación:

Atma,
Buddhi,
Manas, Pasiones y Deseos,
Principio de Vida,
Cuerpo Astral,
Cuerpo Físico
Estos cuatro constituyentes inferiores y materiales son transitorios y por su naturaleza están sujetos de por sí a ser desintegrados, así como también a separarse los unos de los otros. Cuando llega la hora de comenzar su separación, la combinación de los cuatro no puede mantenerse por más tiempo, el cuerpo físico muere, los átomos que componen cada uno de los cuatro comienzan a separarse unos de otros, y la combinación completa, al ser desarticulada, ya no es capaz de servir de instrumento al hombre verdadero. Esto es lo que entre nosotros los mortales se denomina «muerte»; pero no es muerte para el hombre real, porque éste es imperecedero, persistente, inmortal. El es, por esta razón, llamado la Triada o la Trinidad indestructible, mientras que los otros instrumentos son conocidos como el Cuaternario, o los Cuatro Mortales.

Este cuaternario u hombre inferior es un producto de la substancia y de las leyes cósmicas o físicas, y ha sido desarrollado durante el transcurso de las edades partiendo de la substancia cósmica, lo mismo que cualquier otro objeto físico, y por consiguiente está sujeto a las leyes físicas, fisiológicas y psíquicas que gobiernan el conjunto de la raza humana. Por lo tanto, su posible período de duración puede ser calculado lo mismo que un ingeniero puede calcular el esfuerzo de tensión de los metales usados en la construcción de puentes. Cualquier agregado en la forma humana, integrada por estos constituyentes, está por lo tanto limitado en duración por las leyes del período evolutivo durante el cual existen. Hoy en día es generalmente de unos setenta a cien años, pero su posible duración es más larga. Así, en la historia hay casos de personas ordinarias que han vivido hasta la edad de doscientos años; y por medio de un conocimiento de las leyes ocultas de la naturaleza, el límite posible de duración puede ser extendido a cuatrocientos años aproximadamente.

El hombre
físico
visible se
compone de: Cerebro,
Nervios,
Sangre,
Huesos,
Linfa,
Músculos,
Organos de Sensación y Acción, y piel
El hombre
físico
invisible se
compone de: Cuerpo Astral,
Pasiones y deseos,
El Principio de Vida (llamado prana o jiva)
Por ésto se notará que la parte física de nuestra naturaleza se extiende a una segunda división, que aunque invisible a los ojos externos, es sin embargo material y está sujeta a la desintegración. Por razón de que la gente en general ha estado acostumbrada a admitir como real solamente lo que puede ver con los ojos físicos, la generalidad de los hombres ha llegado por último a suponer que lo invisible no es ni real ni material. Pero ellos se olvidan de que aún sobre el plano terrestre hay gases nocivos que son invisibles aunque reales y poderosamente materiales, o de que el agua puede existir en forma invisible suspendida en el aire, hasta que las condiciones atmosféricas la alteran y causan su precipitación.

Recapitulemos, pues, antes de entrar en detalles. El Hombre Real es la Trinidad de Atma-Buddhi-Manas, o Espíritu, Alma y Mente, y emplea ciertos agentes e instrumentos para ponerse en contacto con la naturaleza, a fin de conocerse a sí mismo. Estos instrumentos y estos agentes se encuentran en los Cuatro constituyentes inferiores, o Cuaternario. Cada uno de los principios es en sí mismo un centro de percepción para la particular experiencia que corresponde a su propio campo de acción, siendo el cuerpo físico el más inferior, el menos importante y el más transitorio de toda la serie. Porque cuando nosotros llegamos al cuerpo, procediendo de la Mente Superior, puede demostrarse que los órganos de aquél, privados del hombre interior, son en sí mismos insensibles e inútiles. La vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato no pertenecen al cuerpo, sino al segundo e invisible hombre físico. Los verdaderos órganos que sirven para el ejercicio de esas facultades se encuentran en el Cuerpo Astral, y esos órganos en el cuerpo físico no son sino los instrumentos mecánicos exteriores de coordinación entre la naturaleza y los verdaderos órganos interiores.

1 El señor Sinnet fue el editor del Pioneer de Allahabad, el órgano oficial del Gobierno de la India.

Sumario

CAPITULO V

CUERPO FISICO Y CUERPO ASTRAL

El cuerpo, considerado como un conjunto de carne, huesos, músculos, nervios, sustancia cerebral, bilis, mucosidades, sangre y piel, es objeto de un cuidado exclusivo para un excesivo número de personas, quienes hacen de él un dios porque han llegado a identificarse a sí mismos con él, refiriéndose únicamente al cuerpo cuando dicen «yo». Cuando es abandonado, el cuerpo queda exento de sensación y en tal caso actúa únicamente por acción refleja e impulso automático. Esto lo observamos durante el sueño, porque entonces el cuerpo asume actitudes y efecuta movimientos sin el consentimiento del hombre despierto. El cuerpo se asemeja a nuestra madre tierra, en que está formado por un número de «vidas» infinitesimales. Cada una de estas vidas es un punto de sensitividad. No hay allí tan sólo microbios, bacilos y bacterias, sino que éstas están compuestas de otras vidas y ésas de otras aún más diminutas. Estas vidas no son las células del cuerpo, sino que forman dichas células, manteniéndose siempre dentro de los límites asignados a la célula por la evolución. Estas vidas están siempre en rotación y moviéndose conjuntamente por todo el cuerpo, encontrándose tanto en espacios aparentemente vacíos, como también en donde se ve carne, membranas, huesos y sangre. Se extienden igualmente hasta una distancia determinada, más allá de los límites exteriores actuales del cuerpo.

Uno de los misterios de la vida física yace oculto entre esas «vidas». Su acción, impelida por la Energía Vital – denominada Prana o Jiva – explicará la existencia activa y la muerte física. Esas vidas están divididas en dos clases: una, los destructores, la otra, los preservadores, y estas dos luchan entre sí desde el nacimiento hasta el triunfo de los destructores. En esta lucha la Energía Vital misma pone fin al conflicto, porque la vida es la que mata. Esto puede parecer heterodoxo, pero en la filosofía Teosófica se le considera como un hecho. Porque según se dice, el infante vive porque la combinación de sus órganos perfectamente sanos es capaz de absorber la vida en que está sumergido y que le rodea en el espacio, y es llevado al sueño cada noche por la abrumadora fuerza de la corriente de vida, puesto que los preservadores entre las células del cuerpo juvenil no están aún dominados por los destructores. Estos procesos del sueño y de la vigilia, son simple y únicamente el restablecimiento del equilibrio durante el sueño y la acción producida por la ruptura de tal equilibrio cuando se está despierto. Esto puede ser comparado con la luz del arco voltáico, en que el arco radiante de luz al punto de resistencia es el símbolo del hombre activo y en vela. Así, en el sueño nosotros continuamos absorbiendo y no resistiendo la Energía Vital; cuando estamos despiertos estamos expeliendo esa energía, pero existiendo la Energía Vital a nuestro alrededor como un océano en el cual nadamos, nuestro poder para expelerla es necesariamente limitado. En el momento en que despertamos estamos en equilibrio en lo que toca a nuestros órganos y a la vida; cuando nos quedamos dormidos estamos aún más llenos de vida de lo que estábamos al despertar en la mañana; la Energía Vital nos ha agotado; ella finalmente mata al cuerpo. Tal contienda no podría ser sostenida por siempre, puesto que el peso de la vida de todo el sistema solar está en oposición directa al poder de resistencia enmarcado en una pequeña forma humana.

Los Maestros de Sabiduría consideran que el cuerpo es el más transitorio, inestable e ilusorio de toda la serie de constituyentes del hombre. El cuerpo no permanece igual ni por un instante. En perpetua transformación, en contínuo movimiento por todas partes, el cuerpo, aunque tangible, no está nunca en realidad terminado o concluído. Los antiguos percibieron ésto perfectamente, porque elaboraron una doctrina denominada Nitya Pralaya, o el contínuo cambio de las cosas materiales: la contínua destrucción. Esto es conocido ahora por la ciencia en su doctrina del metabolismo y de que el cuerpo sufre una completa alteración y renovación cada siete años. Al concluir los primeros siete años, el cuerpo no es el mismo que fue al nacer. Al final de nuestros días el cuerpo ha cambiado siete o quizás más veces y sin embargo presenta la misma apariencia general y fisonómica desde la madurez hasta la muerte, así como también permanece en una misma forma humana desde el nacimiento hasta la madurez. Este es un misterio que la ciencia no puede explicar; es un asunto atinente a las células y a los medios por los cuales la forma humana en general se conserva.

La «célula» es una ilusión; no es sino una mera palabra y no tiene existencia como una cosa material, porque cada célula se compone de otras partes. ¿Qué es entonces una célula? La célula es la forma ideal dentro de la cual los actuales átomos físicos – formados de «vidas» – se organizan entre sí. Ya que se ha admitido que las moléculas físicas están constantemente abandonando el cuerpo, las mismas han de estar abandonando las células a cada instante. Por lo tanto, no hay tal célula física, sino tan sólo los límites privativos de una célula, las paredes ideales y la forma general. Las moléculas asumen su posición dentro de la forma ideal, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y abandonan ésta a su vez casi inmediatamente para abrirle campo a otros átomos. Y como ocurre con el cuerpo, lo mismo acontece con la tierra y con el sistema solar. Esto también sucede con todos los objetos materiales, aunque en una medida más lenta. Estos están todos en constante moción y cambio. Esta es la sabiduría moderna y también la sabiduría antigua; es la explicación física de la clarividencia, la clariaudiencia, la telepatía y la lectura del pensamiento. Esto ayuda a demostrar cuán alucinadora e insatisfactoria cosa es nuestro cuerpo.

Aunque estrictamente el Cuerpo Astral (Linga Sarira, en Sánscrito) es el segundo constituyente del hombre, nosotros examinaremos la Energía Vital (Prana y Jiva, en Sánscrito) en conjunto con el Cuerpo Astral, porque a nuestra observación, el fenómeno de la vida se muestra más claramente en relación con el cuerpo.

La vida no es el resultado del funcionamiento de los órganos, ni tampoco cesa o se pierde cuando el cuerpo se disuelve. La vida es un principio universalmente interpenetrante; es el océano dentro del cual flota la tierra, e igualmente interpenetra nuestro globo y todos los seres y objetos que en él se encuentran. La vida labora incesantemente sobre nosotros y a nuestro alrededor, latiendo contra y a través de nosotros eternamente. Cuando ocupamos el cuerpo, empleamos simplemente un instrumento más especializado que cualquier otro para tratar con ambos, Prana y Jiva. Estrictamente hablando, Prana es aliento, y puesto que el aliento es necesario para el sostenimiento de la vida en el mecanismo humano, aliento es la palabra más aceptable. Jiva, significa «vida» y también se aplica al alma viviente, porque la vida en general se deriva de la misma Vida Suprema. Jiva, por lo tanto, se presta a una aplicación general, mientras que Prana es más específica. No se puede decir que uno posea una cantidad determinada de esa Energía Vital, ya que ésta regresaría a su fuente original si el cuerpo fuese incinerado, sino más bien debería decirse que esa Energía trabaja con cualquiera que sea el volumen de materia en él; nosotros, por decirlo así, secretamos o usamos esta Energía Vital mientras vivimos, porque, estemos vivos o muertos la Energía Vital está siempre allí: durante la vida, entre nuestros órganos, sosteniéndolos; en la muerte, entre las innumerables criaturas que surgen de nuestra destrucción corporal. Nos sería tan imposible deshacernos de esa Energía Vital como lo sería el erradicar el aire en que flota el pájaro, y lo mismo que el aire, ella también ocupa todos los espacios del planeta, de modo que en ninguna parte podemos perder su beneficio ni tampoco evadir su aplastante poder final. Pero para obrar sobre el cuerpo físico, esta vida – Prana – necesita un vehículo, un instrumento o un conductor, y este vehículo es el cuerpo astral.

Existen muchos nombres para designar al Cuerpo Astral; he aquí unos cuantos: Linga Sarira, término Sánscrito que significa cuerpo-diseño y el cual es probablemente su mejor definición; doble etéreo, fantasma, espectro, aparición, doppelganger, hombre personal, alma irracional, alma animal, Bhuta, elementario, aparecido, diablo, demonio. Algunos de estos títulos solamente se aplican al cuerpo astral cuando carece del cuerpo físico después de la muerte. Bhuta, diablo y elementario son casi sinónimos; el primero es Sánscrito. Los hindúes designan por Bhuta al Cuerpo Astral, cuando con la muerte es liberado del cuerpo y de la mente, y por estar así separado de la conciencia es como un diablo en su estimación. No están muy equivocados, siempre que nosotros podamos abolir la noción tradicional de que el diablo es un angel caído del cielo, porque este diablo corporal es una cosa que emana de la tierra.

Se podría objetar que el término Cuerpo Astral no es el apropiado para este propósito. Esta objeción surge en razón de la naturaleza y el génesis de nuestros idiomas. Así es que en la búsqueda de palabras para describir el cuerpo interior en nuestro idioma, únicamente fueron encontradas las de «cuerpo astral». Este término se aproxima estrechamente a lo real, puesto que la substancia de esta forma se deriva de la materia cósmica o materia estelar. Pero la antigua palabra Sánscrita – Linga Sarira, el cuerpo diseño – lo describe con exactitud, porque éste es el diseño o modelo del cuerpo físico. Ese término es preferible al de «cuerpo etéreo», porque este último podría sugerir la idea de ser subsecuente al físico, cuando en realidad el cuerpo astral antecede al material.

El cuerpo astral está formado de materia de un tejido muy fino y sutil si se le compara con el del cuerpo visible, y tiene una gran resistencia tensoria, de manera que cambia poco durante el curso de una vida, mientras que el cuerpo físico cambia a cada instante. El Astral no solamente tiene esta fuerza de tensión inmensa, sino que también posee una elasticidad que le permite extenderse a una distancia considerable. Es flexible, plástico, extensible y fuerte. La materia de que se compone es eléctrica y magnética en su esencia, exactamente la misma de que el mundo entero estaba compuesto en el ignoto pasado, cuando el proceso de la evolución no había llegado aún al momento de producir el cuerpo material para el hombre. Pero ésta no es materia bruta ni cruda. Habiendo pasado por un vasto período de evolución, y sufrido incalculables procesos de purificación, su naturaleza ha sido refinada a un grado mucho más allá de los groseros elementos físicos que nosotros vemos y palpamos con los ojos y las manos físicas.

El cuerpo astral es el modelo guía del físico, y todos los otros reinos tienen igualmente un modelo astral. Los vegetales, minerales y animales tienen un doble etéreo y ésta es la única teoría que responderá a la incógnita de por qué la semilla reproduce su misma especie y los seres conscientes procrean otros seres semejantes. Los biólogos únicamente pueden decir que los hechos son tales como se les conoce, pero no pueden dar razón de porqué la bellota nunca podrá producir otra cosa sino una encina excepto que jamás se ha sabido algo diferente. La doctrina verdadera era conocida en las escuelas de antaño, y esa doctrina ha sido promulgada nuevamente en Occidente, gracias a los esfuerzos de H. P. Blavatsky y de aquéllos que han sido inspirados por sus obras.

Esta doctrina nos dice que en épocas primitivas de la evolución de este globo, los diferentes reinos de la naturaleza fueron delineados primeramente como plan o en forma ideal, y después la materia astral comenzó a trabajar sobre este plan con la ayuda del principio Vital, hasta que al cabo de largas edades la forma astral humana completó su evolución y perfeccionamiento. Esta es, pues, la primera forma que la raza humana tuvo, y en cierto sentido corresponde a la alegoría de la condición del hombre en el Jardín del Edén. Después de otros largos períodos, durante los cuales el ciclo del continuo descenso iba ayanzando, la forma astral al fin se cubrió con una «vestidura de piel» y la forma física actual se introdujo en la escena. Esta es la explicación del verso en el libro del Génesis que describe cómo a Adán y a Eva les fueron dadas vestiduras de piel. Esta es la caída final en la materia, porque a partir de ese momento el hombre interior se esfuerza en elevar la masa entera de materia física a un nivel superior y animarla con influencias espirituales, con el fin de que ésta pueda estar preparada para continuar aún más adelante durante el próximo gran período de evolución, después que el actual finalece.

En la presente época, el modelo por el cual la criatura se desarrolla en el útero es el cuerpo astral, cuya forma está ya perfecta antes del nacimiento del niño. Es sobre este modelo que las moléculas se organizan por sí mismas, hasta que el niño queda completamente formado, y la presencia del etéreo cuerpo-diseño explicará cómo la forma se desarrolla morfológicamente, hasta producir los contornos y figura; cómo los globos oculares se impulsan por sí mismos del interior hacia la superficie de la cara, y muchas otras cosas misteriosas de la embriología, que los médicos pasan por alto con una mera descripción pero sin poder explicarlas. Esto explicará mejor que toda otra teoría, las marcas de nacimiento del feto en el útero, negadas a veces por los médicos pero bien conocidas por aquéllos que se toman el trabajo de observar, como siendo un hecho que ocurre frecuentemente. La forma corporal en desarrollo está sujeta al modelo astral, y conectado con la imaginación de la madre por órganos físicos y psíquicos. La madre proyecta una fuerte imagen por horror, temor o cualquier otra emoción, y el modelo astral es afectado entonces similarmente. En el caso de un niño que nace naturalmente sin piernas, las ideas y la potente imaginación de la madre amputan e inhiben la pierna astral, lo que trae por resultado que las moléculas, no teniendo el modelo astral morfológico de la pierna sobre el cual alinearse y trabajar, no estructuran pierna corporal alguna, y así similarmente en otros casos. Por el contario, dondequiera que nos encontramos a un hombre que aún siente la pierna que el cirujano le ha amputado, o percibe dedos que le fueron cortados, ahí entonces el miembro astral no ha sido afectado, y por lo tanto, el hombre tiene la sensación de que los miembros estuvieran aún unidos a su ser. Pues ni el bisturí ni los ácidos jamás dañarán el modelo astral ya formado, pero en las primeras fases de su desarrollo, las ideas y la imaginación, sí tienen el poder del ácido o del acero afilado.

En el hombre ordinario, que no ha sido disciplinado en ocultismo práctico o que carece de esta facultad por nacimiento, el cuerpo astral no puede retirarse del cuerpo físico a una distancia mayor de unos pocos pies, pues es parte de éste, lo sostiene y está incorporado en él como las fibras del mango que penetran la pulpa de la fruta. Pero también hay quienes a consecuencia de prácticas seguidas en pasadas encarnaciones sobre la tierra, poseen desde su nacimiento la facultad de proyectar inconscientemente el cuerpo astral. Estos son los mediums, algunos videntes y muchas personas histéricas, catalépticas y escrofulosas. Aquéllas que se han entrenado a sí mismas durante un curso prolongado en una disciplina excesivamente severa, que alcanza la naturaleza moral y mental bastante más allá del poder del hombre ordinario de esta época, pueden hacer uso de la forma astral a voluntad, porque han trascendido completamente la ilusión de que el cuerpo físico es una parte permanente de ellos; además, han aprendido las leyes químicas y eléctricas que rigen en este asunto. En su caso, ellos actúan con conocimiento y a conciencia; en los otros casos, el acto se lleva a cabo sin posibilidad de poder impedirlo o realizarlo a voluntad, o de evitar los riesgos que acompañan el uso incontrolado de fuerzas de la naturaleza de un caráter elevado.

El cuerpo astral posee en sí los órganos reales de percepción correspondientes a los órganos exteriores de los sentidos. En él se encuentran la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto; tiene un sistema completo de nervios y arterias que le son propios para la conducción del fluído astral, el cual es al cuerpo astral lo que nuestra sangre es al cuerpo físico. El cuerpo astral es el hombre personal verdadero y en él están también situadas la percepción subconsciente y la memoria latente, los cuales están siendo mal usados hoy en día por los hipnotizadores modernos, a quienes a su vez traen muy desconcertados. Así, cuando el cuerpo muere el hombre astral queda en libertad, y como en la muerte el hombre inmortal – La Triada – se remonta a otro estado, el cuerpo astral se convierte en el cascarón del que fue el hombre viviente y requiere cierto tiempo para disolverse. El cascarón Astral retiene todos los recuerdos de la vida que el hombre ha vivido y así es como puede repetir de una manera refleja y automática lo que el fallecido sabía, decía, pensaba y veía. El permanece cerca del abandonado cuerpo físico casi todo el tiempo, hasta la completa disgregación de éste, ya que tiene que pasar a través de su propio proceso de desintegración. El cascarón astral puede hacerse visible bajo ciertas condiciones. Este es el fantasma de las sesiones espiritistas, en donde se le induce a enmascararse como el verdadero espíritu de tal o cual individuo. Atraído por los pensamientos del médium y sus acompañantes, vagamente revolotea donde éstos se encuentran reunidos, y es entonces galvanizado con vida artificial por una multitud de fuerzas elementales y por el activo cuerpo astral del médium que dirige la sesión, o de cualquier otro m7eacute;dium que tome parte en la misma. De este espectro astral (tal como si fuese de una fotografía) son entonces reflejadas en el cerebro del médium todas las pretendidas evidencias que los espiritistas alegan son suficientes para probar la identidad del amigo o pariente fallecido. Estas evidencias son aceptadas como prueba de que el espíritu del fallecido está presente, en razón de que ni los médiums ni los participantes están familiarizados con las leyes que gobiernan su propia naturaleza, ni con la constitución, poder, y funcionamiento de la materia astral y del hombre astral.

La filosofía Teosófica no niega los hechos demostrados en reuniones espiritistas, pero da una explicación de ellos enteramente opuesta a la de los espiritistas; y ciertamente la ausencia total de explicaciones lógicas y científicas por parte de estos supuestos espíritus sobre los fenómenos que, se dice, ellos mismos producen, confirma la aserveración de que no tienen luz o conocimiento propio alguno que comunicar. Ellos meramente pueden producir ciertos fenómenos, cuya investigación y correspondientes deducciones sólo pueden ser propiamente llevadas a cabo por un cerebro disciplinado y guiado por la trinidad viviente, de espíritu, alma y mente; y aquí, otra clase de fenómenos espiritistas requiere una breve mención. Tal es la aparición que es descrita como «espíritu materializado».

Presentemos pues, tres explicaciones: Primera, que el cuerpo astral del médium viviente se desprende de su cuerpo y asume la apariencia del supuesto espírtu, porque una de las peculiaridades de la materia astral es su capacidad de reflejar una imagen que yace invisible en el éter. Segunda, el cascarón astral del difunto – totalmente carente del espíritu y de la conciencia de aquél – se hace visible y tangible cuando la condición del aire y del éter es tal que permite modificar la vibración de las moléculas del cascarón astral, al punto de hacerlo visible. Los fenómenos de densidad y aparente peso, son explicados bajo otras leyes. Tercera, un volumen invisible de materia eléctrica y magnética es acumulado, y sobre éste se refleja, desde la luz astral, la imagen de cualquier persona que se desee, ya esté viva o muerta. Esta aparición se supone que sea el «espíritu» de tal o cual persona, pero no lo es, y ello ha sido justamente llamado por H. P. Blavatsky un «fraude psicológico» porque pretende ser lo que no es; y, así parezca raro, esta misma explicación de las materializaciones ha sido dada por un «espíritu» en una sesión espiritista ordinaria, pero nunca ha sido aceptada por los espiritistas, justamente porque esta teoría trastorna su concepto sobre el retorno de los espíritus de las personas fallecidas.

Finalmente, el cuerpo astral explica casi todos los fenómenos psíquicos extraños que acontecen en la vida cotidiana y en las relaciones con médiums verdaderos; también explica la naturaleza de las apariciones, la posibilidad de que las mismas sean vistas, y evita por tanto que el que dude científicamente infrinja su buen juicio al aseverar que usted no vió lo que usted está seguro de haber visto. La superstición se elimina si se explica la naturaleza verídica de esos fenómenos y si se destruye el temor irracional a lo desconocido, el cual hace al hombre temeroso de ver un «espectro». De la misma manera también podemos explicar el movimiento de objetos sin contacto físico, porque la mano astral puede ser proyectada y forzada a asir un objeto y arrastrarlo o traerlo hacia el cuerpo. Cuando se demuestre que esto es posible, entonces los turistas no serán objeto de burlas al aseverar haber visto a los yoguis hindúes hacer volar en el aire las tazas de café y también hacer que los objetos distantes, aparentemente se acerquen hasta ellos sin ser tocados por los yoguis o cualquier otra persona. Todos los casos de clarividencia y clariaudiencia son igualmente explicados por mediación del cuerpo astral y de la luz astral. Los órganos astrales son los que verdaderamente ven y oyen, y como todos los objetos materiales están constantemente en movimiento dentro de sus propios átomos, la vista y el oído astrales no son obstruídos y pueden funcionar a una distancia tan grande como la expansión de la luz y materia astral, que se extiende por todos los contornos de la tierra. Así fue que el gran vidente Swedenborg vió casas quemándose en la ciudad de Estocolmo mientras se encontraba en otra ciudad a muchas millas de distancia, y de esta misma manera cualquier vidente contemporáneo ve y oye a larga distancia.

Sumario

CAPITULO VI

KAMA – DESEO

El autor de la obra «Budismo Esotérico» – la cual debe ser consultada por todos los estudiantes de Teosofía, puesto que es una compilación de sugerencias ofrecidas por algunos Adeptos – le dio el nombre de Kama-rupa al cuarto principio de la constitución del hombre, porque la palabra Kama en el idioma Sánscrito significa «deseo», y como la idea que se intentaba comunicar era que el cuarto principio es el «cuerpo o el conjunto de deseos y pasiones», el señor Sinnett añadió la palabra Sánscrita Rupa, que significa cuerpo o forma, produciendo así la palabra compuesta Kamarupa. Aquí emplearemos las palabras equivalentes castellanas – pasiones y deseos – , porque esos términos expresan exactamente su naturaleza. Yo también hago ésto con el objeto de destacar la diferencia profunda que existe actualmente entre la psicología y filosofía mental de Occidente y las del Oriente. Occidente divide al hombre en inteligencia, voluntad y sensación, pero no se comprende si las pasiones y deseos constituyen o no un principio por sí mismos, o si son completamente efecto del cuerpo. En realidad, la mayoría de la gente los considera como un fenómeno resultante de la carne, porque a menudo se les denomina como «deseos y apetitos carnales». Los antiguos, sin embargo, y los Teósofos modernos, saben que las pasiones y los deseos son un principio en sí mismos y no meramente los impulsos del cuerpo. La psicología occidental no puede ofrecernos el esclarecimiento de este asunto, por encontrarse en su infancia y enteramente carente de conocimiento acerca de la naturaleza interior, que es la naturaleza psíquica del hombre, y a partir de este punto, existe la más grande divergencia entre la psicología occidental y la Teosofía.

Las pasiones y los deseos no son producidos por el cuerpo, sino por el contrario, el cuerpo viene a ser generado por las pasiones y los deseos. Son el deseo y la pasión los causantes de que hayamos nacido y los que nos harán nacer una y otra vez en algún cuerpo, en esta tierra o en algún otro globo 1. La pasión y el deseo nos inducen a evolucionar a través de las mansiones de la muerte, las que nosotros llamamos vidas sobre la tierra. Fue por el surgimiento del deseo en la inconocible causa primordial, la existencia una y absoluta, que se manifestó el conjunto completo de los mundos; y es a través del impulso del deseo en el mundo actualmente manifestado, que éste se mantiene en existencia.

Este cuarto principio es el principio del equilibrio entre los siete y yace en mitad del conjunto; de él parten las sendas hacia arriba o hacia abajo. Es la base de la acción y la fuerza motriz de la voluntad. Como dijeran los antiguos Herméticos: «Tras de la voluntad, yace el deseo». Porque ya sea que deseemos hacer el bien o el mal, tenemos primero que despertar dentro de nosotros el deseo hacia uno de esos dos cursos de acción. El hombre de bien que llega al fin a convertirse en un sabio, tuvo que despertar, en algún momento y durante una de sus numerosas vidas, el deseo por la compañía de hombres santos y de mantener vivo su ardiente deseo de progreso a fin de continuar su marcha. Hasta un Buda o un Jesús tuvo primero que hacer un voto,que significa un deseo, en alguna vida, de que él salvaría al mundo o a una parte del mismo, y perseverar con ese deseo vivo en su corazón a través de encarnaciones innumerables. De igual manera, en el caso contrario, el mal hombre, durante vida tras vida tomó para sí deseos viles, egoístas, perversos, y de esta manera envileció este principio en vez de purificarlo. En lo que atañe al lado material y científico del ocultismo – el uso de los poderes ocultos internos de nuestra naturaleza – , si este principio del deseo no es suficientemente poderoso, el poder magistral de la imaginación no puede hacer su labor, porque, así haga un molde o matriz, la voluntad no puede actuar a menos que sea impulsada, dirigida y mantenida en un pináculo por el deseo.

Los deseos y pasiones, por lo tanto, tienen dos aspectos, siendo uno inferior y el otro superior. El inferior es aquél mostrado por el constante mantenimiento de la conciencia centrada abajo, en el cuerpo físico y el cuerpo astral; el aspecto superior proviene de la influencia de una aspiración hacia la trinidad superior, de Mente, Buddhi y Espíritu.

Este cuarto principio se asemeja a la constelación de Libra en el curso del Sol, a través del Zodíaco o faja celeste; cuando el Sol (que es el hombre real) alcanza ese signo o constelación, tiembla en la balanza. Si retrocediera, los mundos serían destruídos; él prosigue adelante, y la raza humana completa se eleva hacia la perfección.

Durante la vida, el emplazamiento de deseos y pasiones está, al igual que en el caso del cuerpo astral, por todo el sitema del hombre inferior; y tanto como esa contraparte etérea de nuestra persona física, el mismo puede ser acrecentado o disminuído, debilitado o fortificado, envilecido o purificado.

En la muerte, ese principio anima al cuerpo astral, el cual se convierte en un mero cascarón o envoltura, pues cuando un hombre muere, su cuerpo astral y su principio de pasiones y deseos abandonan juntos el cuerpo físico y se unifican. Es este el momento en que el término Kamarupa puede aplicarse, en razón de que Kamarupa realmente se compone del cuerpo astral y de Kama, en conjunción, y esta unión de los dos produce una figura o forma que aún cuando ordinariamente es invisible, es material y puede hacerse visible. Aunque carece de mente y de conciencia, Kamarupa posee poderes propios que pueden ser ejercidos siempre que las condiciones lo permitan. Estas condiciones son proporcionadas por el médium espiritista, y en todas las salas de sesiones los cascarones astrales de las personas fallecidas están siempre presentes, para alucinar a los participantes cuyas facultades de descriminación han sido embotadas por el secreto temor y asombro. Kamarupa es el «diablo» de los hindúes, y el infeliz médium jamás podría tener peor enemigo. Porque este espectro astral – o Kamarupa – es el conjunto de los deseos y pasiones abandonado por la persona real, o Ego, en su viaje hacia el «cielo» y que no tiene ya nada que ver con la gente que queda atrás, mucho menos con sesiones y médiums. Por lo tanto, estando desprovistos de alma más noble, estos deseos y pasiones afectan únicamente la parte más baja de la naturaleza del médium, y no despiertan ningún elemento benéfico sino las tendencias más viles del ser. Por esta razón, aún los mismos espiritistas confiesan que dentro de la esfera de los médiums hay mucho fraude, y los mismos médiums han confesado a menudo cosas como que: «los espíritus me tentaron, y cometí fraude de acuerdo con sus deseos».

Este fantasma Kamarupa es también el enemigo de esta nuestra civilización, la cual nos permite ejecutar a hombres por crímenes cometidos, y de este modo lanzar al océano etéreo el conjunto de pasiones y deseos, libres de las limitaciones del cuerpo y expuestos en cualquier momento a ser atraídos hacia alguna persona sensitiva. Y siendo así atraídos, las imágenes deplorables de crímenes cometidos y también la obsesiva visión de ejecución y muerte con todas las acompañantes maldiciones y sentimientos de venganza, se incorporan en personas vivientes, quienes, ignorando el peligro, son incapaces de repelerlo. Así es como los crímenes y nuevas ideas de crímenes son de hecho propagadas diariamente en esos países en donde la pena capital aún prevalece.

Los cascarones o envolturas astrales, junto con el viviente cuerpo astral del médium, ayudados por ciertas fuerzas de la naturaleza que los Teósofos denominan «elementales», producen casi todos los fenómenos del espiritismo que no es fraudulento. El cuerpo astral del médium, teniendo la facultad de extensión y extorsión, provee el escenario para aquello a lo que se da el nombre de «espíritus materializados», para hacer mover objetos sin contacto físico y para transmitir mensajes que se dicen de parientes fallecidos, todo lo cual no es otra cosa que memorias e imágenes impresas en la luz astral; y para todo ésto usando y siendo usados por restos o cascarones astrales de suicidas, asesinos ejecutados, y por toda clase de espectros, que naturalmente gravitan y permanecen cerca de este plano de vida. El número de casos en que una comunicación viene de un verdadero espíritu desencarnado es tan reducido que pueden contarse con los dedos de una mano. Pero algunas veces, los espíritus de hombres vivientes, mientras sus cuerpos duermen acuden a las sesiones espiritistas y toman parte en ellas, más ellos no pueden recordarlo, no saben cómo lo hacen y no son distinguidos por los médiums dentro del conjunto de cadáveres astrales.

El hecho de que tales cosas puedan ser efectuadas por el hombre interno y no ser recordadas, no prueba nada en contra de estas teorías; porque el niño puede ver, sin saber el funcionamiento de los ojos, y el salvaje, aunque ignora el complicado mecanismo fisiológico que sin cesar funciona en su cuerpo, efectúa perfectamente el complejísimo proceso de la digestión; y el hecho de que él efectúa este proceso inconscientemente, está exactamente en armonía con nuestra teoría, porque estos actos y fenómenos del hombre o ser interno son las acciones inconscientes de la mente subconsciente. Estas palabras, «consciente» y «subconsciente», son desde luego usadas de manera relativa, refiriéndose la inconsciencia únicamente al cerebro. Experimentos hipnóticos han probado concluyentemente todas estas teorías, como será plenamente admitido algún día no muy lejano. Además de ésto, las envolturas astrales de los suicidas y de los criminales ya ejecutados son las más coherentes, las de más larga vida, y las más cercanas a nosotros entre todos los espectros de los infiernos, y por lo tanto deben ser, por exigencia del caso, los verdaderos «controles» o «guías» en la sala de sesiones espiritistas.

La pasión y el deseo, conjuntamente con el cuerpo-modelo astral, existen tanto en los hombres como en los animales así como también en el reino vegetal, aunque en este último tenuemente desarrollados. En un cierto período de la evolución ningún otro principio material adicional se había desarollado, y los tres principios superiores de Mente, Alma y Espíritu, estaban simplemente latentes. Hasta este punto el hombre y el animal se encontraban al mismo nivel, porque lo bruto en nosotros se compone de las pasiones y del cuerpo astral. El desarrollo del gérmen de la Mente formó al hombre, porque ello es lo que constituye la gran diferencia. El Dios interno comienza con Manas, o la mente, y es ese conflicto entre este Dios y el bruto inferior, acerca del cual la Teosofía nos habla y nos previene. El principio inferior es llamado malo, sólo porque en comparación con el superior lo es; pero, aún así, el inferior es la base y medio de toda acción. No podemos elevarnos a menos que ese yo inferior primeramente se afirme en el deseo de mejorar. En este aspecto, al yo inferior se le llama Rajas o cualidad activa y mala, a fin de distinguirla de la de Tamas, o la tenebrosa cualidad de sombras y de indiferencia. La elevación no es posible a menos que Rajas se encuentre presente para dar el impulso; y por el ejercicio de este principio de pasión, todas las cualidades superiores son movidas finalmente a purificar y elevar nuestros deseos, a tal grado que éstos puedan estar continuamente basados en la verdad y el espíritu. Por medio de ésto, la Teosofía no indica que las pasiones deben ser saciadas, pues una doctrina más perniciosa que ésa jamás pudo existir; el precepto es que se haga uso de la actividad generada por el cuarto principio, con el fin de elevarnos constantemente y de no caer bajo el dominio de la cualidad tenebrosa que termina con la aniquilación, habiendo comenzado con el egoísmo y la indiferencia.

Habiendo examinado así la esfera de acción de los principios inferiores, y analizado su naturaleza, vemos que la Teosofía enseña que en el estado actual de su evolución, el hombre es un cuaternario enteramente desarrollado con los principios superiores parcialmente desarrollados, o en desarrollo. Por esta razón se afirma que el hombre de hoy demuestra por sí mismo estar impulsado por la pasión y el deseo. Esto se prueba al observar las civilizaciones de la tierra, porque ellas todas han sido impulsadas por este principio; y en los países como Francia, Inglaterra, y en las Américas, la glorificación de ese principio se manifiesta por la atención a la ostentación, al arte sensual, a la lucha por el poder y el rango, y en todos los hábitos y estilos de vida donde la plena gratificación de los sentidos a menudo se estima como el supremo bien.

Pero como la Mente continúa desarrollándose más y más, a medida que proseguimos nuestra marcha por el sendero de la evolución de la raza, ya puede percibirse por lo bajo en todos los países el comienzo de la transición, desde el animal poseedor del gérmen de la verdadera mente, hasta el hombre de mente completa. Este momento es por lo tanto conocido por los Maestros, quienes han divulgado algunas de las antiguas verdades, como un «período de transición». La orgullosa ciencia, y la aún más orgullosa religión no admiten ésto; piensan que nosotros somos lo que siempre seremos. Pero confiando en sus instructores, el Teósofo ve en todo su derredor la evidentcia de que la mente de la raza está cambiando en cuanto a amplitud, que los viejos tiempos del dogmatismo han terminado y la «era de la investigación» ya ha lleado; que las investigaciones aumentarán su clamor año tras año, y que las respuestas tendrán que satisfacer más y más la mente a medida que ésta crece, hasta que al fin, habiendo terminado con todo dogmatismo, la raza se encuentre preparada para afrontar todos los problemas, cada persona por sí misma, todos trabajando para beneficio del todo, y que al final redundará en el perfeccionamiento de aquellos que luchan para trascender lo bruto. Por estas razones, las antiguas doctrinas son nuevamente promulgadas y la Teosofía invita a cada uno de nosotros a refleccionar sobre si es mejor ceder a la naturaleza animal inferior, o alzar la vista y ser gobernados por el Dios interno.

Un estudio más amplio del cuarto principio de nuestra constitución, nos obligaría a considerar asuntos tales como aquellos presentados por los que hacen milagros en el Oriente, así como los fenómenos espiritistas, el hipnotismo, las apariciones, la enajenación mental y otros; pero éstos deben reservarse para tratarlos separadamente.

1 Tal como fué corregido por W.Q.J. en The Theosophical Forum, Junio de 1894.

Sumario

CAPITULO VII

MANAS

En nuestro análisis de la naturaleza del hombre,hasta ahora hemos considerado únicamente los elementos perecederos que constituyen el hombre inferior, y hemos arribado al cuarto principio o plano – – el del deseo – sin haber hecho alusión alguna a la cuestión de la Mente. Pero aún hasta el punto que hemos abordado, debe ser evidente que hay una gran diferencia entre las ideas ordinarias acerca de la Mente y las que se encuentran en la Teosofía. De ordinario se piensa en la Mente como algo inmaterial, o que es meramente el nombre dado a la acción del cerebro al desarrollar el pensamiento, proceso enteramente desconocido, como no sea por inferencia, o sea que si no hay cerebro tampoco puede haber mente. Bastante atención ha sido invertida en catalogar ciertas funciones y atributos mentales, pero faltan los términos en el idioma para poder describir los actuales hechos metafísicos y espirituales con respecto al hombre. Esta confusión y carencia de palabras para estos usos, se debe casi enteramente, primero, a la religión dogmática, la cual ha afirmado y vigorizado por muchos siglos dogmas y doctrinas que son inaceptables a la razón, así como al conflicto natural que surgió entre la ciencia y la religión tan pronto como fueron desechados los grilletes que impuso la religión a la ciencia, y a ésta se le permitió tratar con los hechos de la naturaleza. La reacción contra la religión, naturalmente, impidió que la ciencia adoptara nada más que un concepto materialista del hombre y de la naturaleza. Por lo tanto, de ninguna de esas dos fuentes hemos podido obtener hasta ahora los términos necesarios para describir los principios quinto, sexto y séptimo, que componen la Trinidad, el hombre real, el peregrino inmortal.

El quinto principio es Manas en la clasificación adoptada por el señor Sinnett, y usualmente se define como la Mente. Otros nombres le han sido asignados, pero Manas es el conocedor, el percibidor, el pensador. El sexto es Buddhi, o discernimiento espiritual; el séptimo es Atma, o Espíritu, el rayo de luz que emana del Ser Absoluto. Nuestro idioma será suficiente para describir en parte la naturaleza de Manas, pero no así Buddhi o Atma, y aún muchas cosas relativas a Manas, pero no así Buddhi o Atma, y aún muchas cosas relativas a Manas quedarán por esclarecerse.

El curso de la evolución desarrolló los principios inferiores y produjo al fin la forma humana, provista de un cerebro con una capacidad mayor y más profunda que la de cualquier otro animal. Pero este hombre, humano en la forma, no lo era aún en lo mental, y por lo tanto necesitaba el quinto principio, que es el principio del pensamiento y de la percepción, para diferenciarlo del reino animal y para conferirle el poder de llegar a convertirse en autoconsciente. La mónada quedó aprisionada en estas formas, y esa mónada está compuesta de Atma y Buddhi, porque sin la presencia de la mónada la evolución no podría marchar hacia adelante. Retrocediendo momentáneamente a la época en que las razas carecían de la mente, se abre aquí la siguiente pregunta: «¿Quién dio la mente, de dónde vino y qué es?». La mente es el eslabón entre el Espíritu de Dios en lo alto y lo personal abajo, y les fue concedida a las mónadas sin mente por otras mónadas que habían pasado por este proceso, edades tras edades en otros mundos y sistemas de mundos, viniendo la mente, por lo tanto, de otros períodos evolucionarios llevados a cabo y completados mucho tiempo antes de que el sistema solar hubiera comenzado. Esta es la teoría, extraña e inaceptable hoy, pero que debe ser enunciada si es que vamos a decir la verdad acerca de la Teosofía; y ésto es simplemente repetir lo que otros han dicho anteriormente.

La manera en que esta luz de la mente fue dada a los Hombres sin Mente, puede ser comprendida por medio del ejemplo de una vela que va encendiendo a su vez muchas otras. Dada una vela encendida y muchas otras apagadas, se entiende que con una luz las otras pueden ser también encendidas. Lo mismo ocurre en el caso de Manas, que es la llama encendida. Los hombres sin mente, teniendo los cuatro principios elementales de Cuerpo Físico, Cuerpo Astral, Vida y Deseo, son las velas apagadas que no pueden encenderse por sí mismas. Los Hijos de la Sabiduría, que son los Hermanos Mayores de cada familia humana en cualquier globo, poseen la luz, heredada de otros progenitores de épocas remotas, mucho más lejanas, en una procesión interminable, sin principio ni fin. Ellos pegan fuego al conjunto de los principios inferiores y a la Mónada, encendiendo así a Manas en los nuevos hombres, preparando otra gran raza para la iniciación final. El encendido del fuego de Manas está simbolizado en todas las grandes religiones y en la Francmasonería. En Oriente, un sacerdote aparece sosteniendo una vela encendida en el altar y millares de feligreses encienden sus velas de la del sacerdote. Los Parsis también tienen su fuego sagrado, el cual es encendido por alguna otra llama sagrada.

Manas o el Pensador es el ser reencarnante, el inmortal que transporta consigo las experiencias y valores de todas las diferentes existencias vividas sobre la tierra o en otro globo. La naturaleza de Manas se vuelve doble o dual tan pronto como se enlaza en un cuerpo. Porque el cerebro humano es un organismo superior y Manas lo usa para razonar de premisa a conclusión. Esto también diferencia al hombre del animal, porque el animal actúa por medio de impulsos automáticos y los llamados instintos, mientras que el hombre puede usar el razonamiento. Este es el aspecto inferior del Pensador o Manas, y bajo ningún concepto, como algunos han supuesto, el supremo y mejor don que es propio del hombre. Su otro aspecto, para la Teosofía el más elevado, es el intuitivo, que conoce sin depender en absoluto de la razón. El aspecto inferior, puramente intelectual, es el más próximo al principio del Deseo, y es así como se distingue de otra parte, la cual tiene afinidad con los principios espirituales superiores. Si el Pensador, pues, se vuelve completamente intelectual, la naturaleza toda del ser comienza a dirigirse hacia abajo; porque el intelecto solo es frío, sin corazón, egoísta, porque no está iluminado por los otros dos principios superiores de Buddhi y Atma.

En Manas están almacenados los pensamientos de todas nuestras vidas. Es decir, en una encarnación, la suma total de pensamientos detrás de las acciones de ese período de vida, serán en general de un mismo carácter, pero pueden ser clasificados en una o más categorías. Esto es, el hombre de negocios de hoy en día es un caso específico; los pensamientos todos de su vida representan un solo hilo de razonamiento. El artista es otro caso. El hombre que se afanó en los negocios pero que también pensó mucho en la fama y en el poder que nunca pudo lograr, es aún otro caso. La gran masa de gente pobre, abnegada, intrépida, que tiene poco tiempo para pensar, constituye otra clase distinta. En todos éstos, la cantidad total de pensamientos durante la vida forma la corriente o hilo de la meditación de una vida – «aquello en que el corazón estuvo centrado» – y está ahora almacenado en Manas para ser sacado a la luz otra vez en cualquier época, en cualquier encarnación en que el cerebro y el ambiente sean similares a aquéllos que se usaron para engendrar esa clase de pensamientos.

Es Manas quien ve los objetos que le son presentados por los órganos corporales y los verdaderos órganos internos. Cuando el ojo enfoca una imagen en la retina, el panorama completo se transforma en vibraciones en los nervios ópticos, las cuales desaparecen en el interior del cerebro, en donde Manas está capacitado para percibirlas como ideas. Y de la misma manera ocurre con todos los otros órganos de los sentidos. Si la conexión entre Manas y el cerebro se rompe, la inteligencia no se manifestará a menos que Manas haya descubierto, por medio de entrenamiento, la manera de proyectar el cuerpo astral fuera del físico u orgánico y pueda continuar por ese medio en comunicación con sus prójimos.

El hipnotismo, el mesmerismo y el espiritismo, han probado ya que los órganos y los sentidos no pueden ellos mismos conocer los objetos. Porque según vemos en los experimentos mesméricos e hipnóticos, el objeto visto o sentido, y del cual todas las sensaciones de objeto sólido pueden percibirse, es a menudo sólo una idea existente en el cerebro del que opera. De la misma forma, Manas usando el cuerpo astral, sólo tiene que imprimir una idea sobre la otra persona para inducirla a percibir la idea y a transformarla en un cuerpo visible, al cual parecen seguir los efectos usuales de densidad y peso. En el hipnotismo hay muchos experimentos, todos los cuales demuestran que la llamada materia no es de por sí sólida o densa; que la vista no siempre depende de los ojos y de los rayos de luz procedentes de un objeto; que lo que es intangible para un cerebro y órganos normales, puede ser perfectamente tangible para otro; y que efectos físicos en el cuerpo pueden ser producidos tan sólo por una idea. Los bien conocidos experimentos de producir una ampolla con un simple pedazo de papel, o impedir que un emplasto produzca una ampolla por medio de la fuerza de sugestión transmitida al sujeto, ya sea que iba o no a formarse una ampolla, prueban concluyentemente el poder de efectuar un impulso sobre la materia por el uso de ese principio llamado Manas. Pero todos estos fenómenos son la manifestación de los poderes de Manas inferior actuando en el Cuerpo Astral y el cuarto principio, el del Deseo, empleando el cuerpo físico como escenario para la exhibición de esos poderes.

Es este Manas inferior el que retiene todas las impresiones de una vida y algunas veces las revela de una manera singular, como en trances o sueños, delirio, estados inducidos, aquí y allá, en condiciones normales, y muy a menudo en el momento de la muerte física. Pero Manas está tan ocupado con el cerebro, con la memoria y la sensación, que usualmente no despliega sino unas pocas reminiscencias fuera del conjunto de eventos que los años le han puesto por delante. Manas inferior impide el funcionamiento de Manas Superior, porque justamente al nivel actual de la evolución, el Deseo y los correspondientes poderes, facultades y sentidos, son los más altamente desarrollados, obscureciendo, por decirlo así, la luz blanca de la parte espiritual de Manas. Manas inferior queda coloreado or todo objeto que le sea presentado, sea ello un pensamiento o un objeto material. Es decir, Manas inferior operando a través del cerebro es de inmediato transformado en la forma y otras características de un objeto dado, ya sea mental o no. Esto hace que tenga cuatro peculiaridades: Primera, volar natural y súbitamente desde algún punto, objeto o sujeto; Segunda, volar hacia alguna idea agradable; Tercera, volar hacia una idea desagradable; Cuarta, permanecer pasiva, sin considerar nada. La primera se debe a la memoria y a la moción natural de Manas; la segunda y tercera se deben únicamente a la memoria; la cuarta significa el sueño cuando éste no es anormal, y cuando es anormal y va hacia la demencia.

Estas características mentales que pertenecen todas a Manas Inferior, son las mismas que deben ser combatidas y conquistadas por Manas Superior, con la ayuda de Buddhi y Atma. Si Manas Superior puede actuar, viene a ser lo que algunas veces llamamos un Genio; y si domina por completo, entonces el hombre puede convertirse en un dios. Pero la memoria continuamente presenta imágenes a Manas Inferior, lo que trae por resultado que el Superior sea obscurecido. Algunas veces, sin embargo, vemos aquí y allá por el sendero de la vida, hombres que son genios o grandes videntes y profetas. En éstos, los poderes Superiores de Manas están activos y la persona iluminada. Tales fueron los grandes Sabios de la antigüedad, seres como Buda, Jesús, Confucio, Zoroastro y otros. También poetas, tales como Tennyson, Longfellow, y otros, son hombres en quienes Manas Superior de cuando en cuando proyecta un rayo luminoso sobre el hombre terrenal, pronto, no obstante, a ser obscurecido a consecuencia de la educación dogmática religiosa, la cual ha grabado en la memoria ciertas imágenes que siempre impiden a Manas lograr su plena actividad.

En esta Trinidad superior tenemos a Dios sobre cada uno de nosotros; este es Atma y puede ser denominado el Yo Superior.

Luego está la parte espiritual del alma denominada Buddhi; cuando está completamente unido con Manas, a éste puede llamársele el Divino Ego.

El Ego interno, o entidad que reencarna, ocupando cuerpo tras cuerpo, acumulando impresiones vida tras vida, adquiriendo experiencia y sumándola al divino Ego, sufriendo y gozando a través de un inmenso período de años, es el quinto principio – Manas – sin unión con Buddhi. Esta es la individualidad permanente que da a cada hombre la sensación de ser él mismo y no algún otro individuo; aquello que a través de todos los cambios de los días y de las noches, desde la juventud hasta el final de la vida, nos hace sentir una misma identidad durante todo ese período. Manas también tiende un puente de continuidad sobre el espacio o brecha que deja el sueño, y, de la misma manera, salva la brecha que deja el sueño, y, de la misma manera, salva la brecha que deja el sueño de la muerte. Es ésto y no nuestro cerebro, lo que nos eleva por encima del animal. La profundidad y variedad de las circunvoluciones o repliegues del cerebro humano, son causados por la presencia de Manas y no son las causas de la mente como creen algunos. Y cuando, ya sea total u ocasionalmente, llegamos a la unidad consciente con Buddhi, nuestra alma Espiritual, contemplamos entonces a Dios, por decirlo así. Esta es la visión a que todos los antiguos aspiraban, pero en lo que los derecho a la grandeza natural y seguir adorando un dios imaginario, creado únicamente por sus propias fantasías y no muy carente de las flaquezas de la naturaleza humana.

Esta individualidad permanente de la presente raza ha pasado, por lo tanto, a través de toda clase de experiencias posibles, porque la Teosofía insiste en la permanencia de la individualidad y en la necesidad de continuar tomando parte en la evolución. Tiene un deber que cumplir, el cual consiste en elevar a un nivel superior toda la materia que le concierne en la cadena de globos a la cual pertenece la Tierra. Nosotros todos hemos vivido y tomado parte en civilización tras civilización y raza tras raza sobre la Tierra, y así continuaremos a través de todas las rondas y razas hasta que la séptima sea completada. Al mismo tiempo debe recordarse, que la materia de este globo y todo cuanto a él está relacionado también ha pasado a través de toda clase de formas, con sólo algunas posibles excepciones en esferas muy inferiores de formación mineral. Pero en general, toda la materia visible, o la suspendida en el espacio y aún por precipitarse, han sido ya moldeadas en una u otra ocasión en forma de toda variedad, muchas de las cuales no tenemos siquiera una idea de ellas. Los procesos de la evolución, por lo tanto, en algunos departamentos se adelantan ahora con mayor rapidez que en épocas pasadas, porque ambos, Manas y la materia, han ido adquiriendo ya capacidad y facilidad de acción. Especialmente es esto así con relación al hombre, quien es el más avanzado de todas las cosas y de todos los seres en esta evolución. El está ahora encarnado y proyectado a través de la vida más rápidamente que en los períodos anteriores, cuando tomaba tantísimos años el obtener una «vestidura de piel».

Este volver a la vida una y otra vez no puede ser evitado por el hombre ordinario, porque Manas Inferior se encuentra aún atado al Deseo, que es en la actualidad el principio dominante y preponderante. Estando así influenciado por el Deseo, Manas es alucinado continuamente durante su encarnación, y al ser así engañado es inacapaz de impedir la acción sobre sí mismo de las fuerzas generadas durante la vida. Estas fuerzas son generadas por Manas, o sea, por los pensamientos generados en el período de vida. Cada pensamiento crea un enlace físico lo mismo que mental, con la clase de deseo en el cual tuvo su raíz. La vida entera está repleta de tales pensamientos, y cuando el período de reposo después de la muerte llega a su fin, Manas está enlazado a la tierra por innumerables hilos electro-magnéticos, por razón de los pensamientos generados durante la última vida y, por tanto, por el deseo, porque fue el deseo lo que le causó tantísimos pensamientos y la ignorancia de la verdadera naturaleza de las cosas. Una comprensión de esta doctrina, de que el hombre es realmente un pensador y hecho de pensamiento, clarificará todo lo demás relacionado con la encarnación y con la reencarnación. El cuerpo del hombre interno está hecho de pensamiento, y siendo esto así, claramente se deduce que si los pensamientos tienen más afinidad con la vida terrenal que con cualquier otra vida, un retorno aquí es inevitable.

En nuestros días, Manas no está enteramente activo en la raza, porque el Deseo aún permanece supremo. En el próximo ciclo del período humano, Manas estará completamente activo y desarrollado en la raza completa. Por ésto, los hombres de la tierra no han llegado aún al punto de hacer una selección consciente acerca del sendero que tomarán; pero cuando se esté ya en el ciclo a que se ha hecho referencia, y con Manas activo, todos serán entonces compelidos a hacer una elección consciente de partir hacia la derecha o hacia la izquierda, conduciendo uno de estos senderos a la unión completa y consciente con Atma, el otro, a la aniquilación de esos seres que prefieran tal sendero.

Sumario

CAPITULO VIII

SOBRE LA REENCARNACION

Como ha llegado el hombre a ser el ente complejo que es y por qué hay cuestiones a las que ni la ciencia ni la religión ofrecen respuesta concluyente? Este pensador inmortal, poseyendo tan vastos poderes y posibilidades todos suyos por razón de su conexión íntima con todo aspecto secreto de la Naturaleza, de la cual él está constituído, se encuentra erguido sobre la cumbre de una inmensa y silenciosa evolución. El pregunta por qué la Naturaleza existe, lo que el drama de la vida tiene por finalidad, y cómo ese objetivo puede ser logrado. Pero ambos, la Ciencia y la Religión, fallan en dar una respuesta razonable. La Ciencia no pretende estar en condiciones de dar la solución, declarando que la investigación de las cosas, tal como son, es tarea suficiente; la religión ofrece una explicación que es tan ilógica como carente de significado, y solamente aceptable al fanático, ya que requiere que consideremos la Naturaleza toda como un misterio, y pretende buscar el sentido y propósito de la vida, con todas sus amarguras, en el placer de un Dios que no puede ser encontrado en ninguna parte. Una mente cultivada e investigadora, sabe que la religión dogmática tan sólo puede dar una respuesta inventada por el hombre, aunque pretendiendo que proviene de Dios.

¿Para qué entonces existe el universo y para qué ulterior propósito se halla el hombre, el Pensador inmortal, dentro de esta evolución? El objetivo es la experiencia y la emancipación del alma, con el propósito de elevar la masa entera de materia manifestada a la estatura, naturaleza y dignidad de Divinidad Consciente. El gran designio es el de lograr la autoconsciencia, no a través de una raza o una tribu, o de alguna nación favorita, sino por y a través del perfeccionamiento – después de su transformación – de la masa total de materia, así como también de lo que nosotros ahora denominamos alma. Nada es ni será excluído. La meta para el hombre actual es su iniciación en el completo saber; y para los otros reinos inferiores a él, el que puedan ser elevados gradualmente, de plano en plano, hasta ser con el tiempo también iniciados. Esta es la evolución elevada hasta su más alta potencia; éste es un prospecto magnífico, que transforma al hombre en un dios y le da a cada parte de la naturaleza la posibilidad de llegar a convertirse en uno, algún día. Hay fuerza y nobleza en esta teoría, porque en ella ningún hombre es empequeñecido o rebajado, ya que ningún ser es tan originalmente pecador e impuro que no pueda elevarse por encima de todo pecado. Considerado desde el punto de vista materialista de la Ciencia, la evolución abarca la mitad de la vida; mientras que el concepto religioso de la evolución, es una mezcolanza de absurdos y temores. Las religiones de hoy en día retienen siempre el elemento del temor, y al mismo tiempo se imaginan que un ser Todopoderoso no puede pensar acerca de ninguna otra tierra o globo sino éste, al cual gobierna de manera muy imperfecta. Pero la antigua doctrina teosófica hace del universo un conjunto vasto, completo y perfecto.

Ahora bien, desde el momento en que nosotros postulamos la existencia de una doble evolución, física y espiritual, tenemos que admitir al mismo tiempo que tal evolución tan sólo puede ser llevada a cabo por medio de la reencarnación. Esto está, en efecto, demostrado por la ciencia. Se ha demostrado que la materia de la tierra y de todas las cosas físicas que en ella existen, estuvo en una época en estado gaseoso o fluído; que la misma se enfrió que sufrió cambios; que de sus alteraciones y evoluciones se generó al fin la gran variedad de cosas y de seres. Esto, en el plano físico significa transformación o cambio de una forma a la otra. La masa total de materia es casi la misma que al comienzo de la formación de este globo, concediéndosele una ínfima adición debida a polvo estelar y aerolitos. En consecuencia, la materia debe haber sido cambiada repetidas veces y, por tanto, haber sido físicamente reformada y reincorporada. Desde luego, para ser estrictamente exactos, nosotros no deberíamos emplear la palabra reencarnación, porque «encarnar» se refiere a la carne. Digamos pues, «reincorporada», y entonces vemos que para ambos, la materia y el hombre, ha habido un constante cambio de forma y esto es, ampliamente hablando, «reencarnación».

Con relación a la masa d materia, la doctrina enseña que la materia toda será elevada hasta la jerarquía del hombre, cuando el hombre haya adelantado más por sí mismo. Ningún resíduo se dejará atrás después de la salvación final del hombre, resíduo del cual haya que disponer de una manera misteriosa en algún remoto depósito polvoriento de la naturaleza. La doctrina verdadera no admite concesión alguna de tal índole y al mismo tiempo no teme dar la verdadera disposición de lo que podría parecer un resíduo. Todo es elaborado y procesado hacia otros estados superiores, porque según declara la filosofía, no existe materia alguna inorgánica, sino que cada átomo es una entidad viviente y contiene el gérmen de la autoconsciencia, y ésto debe traer por resultado que algún día todo tendrá que haber sido transformado. Así que, lo que actualmente conocemos como carne humana, contiene hoy materia que en una época fue totalmente mineral, más adelante fue vegetal y hoy está refinada en átomos humanos. En un momento muy distante del actual, la materia vegetal de hoy habrá sido elevada al reino animal, y lo que nosotros ahora usamos como nuestra materia orgánica o carnal será cambiada, por transformación, a través de la evolución, en pensadores autoconscientes; y así sucesivamente, ascendiendo la escala entera hasta el advenimiento de ese período en el cual, lo que se conoce hoy como materia mineral habrá pasado al humano, y aún más allá, hasta el nivel del Pensador. Entonces, al advenimiento de otro gran período de evolución, la materia mineral de esa época será la que en la actualidad está pasando a través de sus transformaciones inferiores en otros planetas y en otros sistemas de mundos.

Esto es quizás un bosquejo «fantástico» para los hombres de hoy en día, tan acostumbrados como están a ser tratados desde su nacimiento, como malos, pecadores, débiles y completos necios, que temen hasta admitir la verdad acerca de ellos mismos; pero para los discípulos de los antiguos teósofos, ésto no es imposible ni fantástico, sino lógico y vasto. Y sin duda alguna, este esquema será aceptado algún día por todos, cuando la mente de la raza occidental haya rechazado la cronología y las ideas mosáicas sobre el hombre y la naturaleza. Por lo tanto, en cuanto a la reencarnación y a la metempsicosis, nosotros decimos que estas deben ser aplicadas primeramente al Cosmos entero y no simplemente al hombre. Pero como el hombre es el más interesante objeto para sí mismo, consideraremos en detalle la reencarnación desde el punto de vista que a él atañe.

Esta es la más antigua doctrina y es ya aceptada por más seres humanos que el número de aquéllos que la repudian. Casi todos los millones de habitantes en Oriente aceptan esta doctrina; la misma fue enseñada por los griegos; un gran número de chinos cree actualmente en ella, lo mismo que sus antepasados; los judíos la consideraban cierta y no ha llegado a desaparecer de su religión; y Jesús, a quien se le llama fundador del Cristianismo, también creyó y enseñó esta doctrina. En la iglesia Cristiana primitiva también era conocida y promulgada, y los más preeminentes entre los padres de la iglesia la creían y promulgaban.

Los Cristianos deberían recordar que Jesús era un judío, que consideraba su misión destinada a los judíos, porque según dice el Evangelio de San Mateo: «Yo no soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Jesús debió haber conocido bien las doctrinas que ellos profesaban. Todos creían en la reencarnación. Para ellos Moisés, Adán, Noé, Seth y otros, habían regresado a la tierra; y en la misma época de Jesús se creía comúnmente que el antiguo profeta Elías estaba aún por regresar. Así es que encontramos, ante todo, que Jesús jamás negó ni abjuró la doctrina y en varias ocasiones le dió su asentimiento, como cuando dijo que Juan el Bautista era en realidad una nueva encarnación del antiguo Elías, a quien las gentes estaban esperando. Todo esto puede ser verficado en el Evangelio de San Mateo, en los capítulos XVII, XI y otros.

En esos escritos se notará claramente que Jesús aprobaba la doctrina de la reencarnación; y siguiendo el sendero de Jesús, San Pablo, en la epístola a los romanos, capítulo IX, habla de Esaú y de Jacob como habiendo realmente existido antes de su nacimiento; y más tarde, tan preeminentes padres de la iglesia Cristiana, como Orígenes, Synesios y otros, aceptaron y enseñaron la teoría. En el libro de Proverbios VIII, 22, Salomón dice haber estado presente durante la formación de la tierra y que mucho antes de que él pudiera haber nacido como Salomón, sus placeres eran los de vivir en las partes habitables de la tierra en compañía de los hijos de los hombres. En el Apocalipsis, III, 12, San Juan el Evangelista relata que a él le fue revelado en el curso de una visión, la que se refiere a la voz de Dios o a la de alguien hablando en su nombre, que quien quiera que llegase a vencer no tendría la necesidad de «salir» otra vez; es decir, que no necesitaría reencarnar más. Durante quinientos años después de Jesús, hasta el Concilio de Constantinopla, esta doctrina fue enseñada en la iglesia. Entonces se promulgó una condenación sobre un aspecto del asunto, condenación que ha sido interpretada por muchos como si se hubiese hecho contra la reencarnación; pero si tal condenación es dictada contra las palabras de Jesús, la misma no tiene ningún efecto. Esta condenación, por cierto, va contra El, y por tanto la iglesia se encuentra en la posición de alegar, en efecto, que Jesús no conocía lo bastante para maldecir, según lo hizo la iglesia, una doctrina conocida y enseñada en su época, y la cual fue conspicuamente traída a su conocimiento y nunca condenada sino de hecho aprobada por El.

El Cristianismo es una religión Judía y esta doctrina de la reencarnación le pertenece históricamente por herencia judaica, y también por razón de haber sido enseñada por Jesús y por los primeros padres de la iglesia. Si hubiera alguna forma verídica o lógica para la iglesia Cristiana de librarse de este dilema – excluyendo, desde luego, los dogmas de la iglesia -, al Teósofo le agradaría que se la diesen a conocer. En realidad el Teósofo sostiene que quien quiera que sea Cristiano profeso y niegue esta teoría, él mismo pone con eso su juicio contra el de Jesús, quien debió haber sabido más sobre el asunto que aquellos que lo siguen. Es este anatema lanzado por el Concilio de la iglesia contra la reencarnación, y la ausencia de esta doctrina en la enseñanza actual, lo que ha hecho daño al Cristianismo y ha hecho de todas las naciones Cristianas pueblos que pretenden ser discípulos de Jesús y de la ley del amor, pero que realmente como naciones, son seguidoras de la Ley Mosáica del talión y de la represalia. Porque sólo en la reencarnación se encuentra la respuesta a todos los problemas de la vida; y en ella y en el Karma se encuentra la fuerza que hará a los hombres practicar la ética que profesan en teoría. Es el objeto de la antigua filosofía el restituir esta doctrina a cualquier religión que la haya perdido, y por lo tanto nosotros le llamamos el «acorde perdido del Cristianismo».

¿Pero quién o qué es lo que reencarna? El cuerpo físico no es lo que reencarna, porque ese cuerpo muere y se desintegra; y a muy pocos de nosotros nos gustaría permanecer encadenados para siempre a tales cuerpos como los que tenemos ahora, que se admite están infestados de enfermedades, excepto en el caso de los salvajes. El cuerpo astral no es tampoco lo que reencarna, porque como se ha demostrado ya, el astral también tiene su límite y debe desintegrarse después que el cuerpo físico se ha disuelto. Tampoco son las pasiones y los deseos. Estas últimas son sin duda alguna de un largo término, porque tienen el poder de reproducirse por sí mismas en cada vida mientras nosotros no las vayamos erradicando. La reencarnación se encarga de éso, puesto que ella nos proporciona numerosas oportunidades para que lentamente, uno por uno, sean erradicados todos los deseos y pasiones que desfiguran la imagen celeste del hombre espiritual.

Ya ha sido explicado cómo la parte pasional de nosotros se funde con la astral después de la muerte y proyecta aparentemente un ser, que tiene una corta eistencia que vivir mientras se desintegra. Cuando la separación se completa entre el cuerpo que ha muerto, el cuerpo astral y las pasiones y deseos – habiendo la vida comenzando a ocuparse en otras formas -, la Triada Superior, Manas, Buddhi y Atma, quienes componen el hombre real, inmediatamente pasan a otro estado o ambiente, y cuando termina este estado -el cual es llamado Devachán, o cielo-, la Triada Superior es de nuevo atraída hacia la tierra para su reencarnación. Esta Triada es la parte inmortal de nuestro ser; en efecto, nosotros somos esta Triada. Esto deberá ser firmemente comprendido por la mente, porque de su claro entendimiento depende la comprensión de toda la doctrina. Lo que en realidad obstaculiza esta visión para el hombre occidental moderno, es sencillamente el prolongado entrenamiento que todos nosotros hemos tenido en ciencia materialista y una religión materializante, las cuales han hecho del mero cuerpo físico algo muy prominente. La primera ha enseñado todo lo relativo a la materia solamente, ‘y la segunda ha predicado la resurrección del cuerpo, una doctrina contraria al sentido común, a los hombres, a los hechos, a la lógica y a todo testimonio. Pero no hay duda alguna de que la teoría de la resurrección corporal proviene de la corrupción de una más antigua y verdadera enseñanza. La resurrección está basada en lo que dice Job acerca de haber visto a su redentor en la carne, y sobre la mención de San Pablo de que el cuerpo fue resucitado incorrupto. Pero Job fue un egipcio que hablaba de ver a su maestro o iniciador, quien era el redentor, y Jesús y Pablo se referían al cuerpo espiritual solamente.

Aunque la reencarnación es la ley de la naturaleza, la trinidad completa de Atma-Buddhi-Manas aún no encarna enteramente en esta raza. Estos tres principios superiores usan y ocupan el cuerpo por mediación de la entrada de Manas, que es el más inferior de los tres principios, y los otros dos brillan sobre él desde arriba, constituyendo así el «Dios en los Cielos». Esto fue simbolizado en las antiguas enseñanzas Judáicas por medio del Hombre Celeste, quien se yergue con la cabeza en el cielo, y los pies en el infierno. Esto es, la cabeza, Atma y Buddhi aún permanece en el cielo, y los pies, Manas, caminan en el infierno, que es el cuerpo carnal y la vida material. Por esa razón el hombre no es aún totalmente consciente, y las reencarnaciones son aún necesarias con el fin de lograr la encarnación de la completa Trinidad Superior en el cuerpo. Cuando ese fin haya sido consumado, la raza llegará a ser una raza de dioses; y al encontrarse entonces la trinidad divina en pleno control y posesión, la masa total de la materia será perfeccionada y elevada hacia el próximo paso. Este es el verdadero significado de «el verbo hecho carne». En el caso aislado de individuos como Jesús o Buda, aquéllo fue un acontecimiento tan grandioso como para ser considerado por el mundo como el de una encarnación divina. Y de ésto también surge la idea de la crucifixión, porque Manas es pues crucificado con el propósito de elevar al ladrón hasta el Paraíso.

Es en razón de que la trinidad no está encarnada en la raza que la vida abarca tantos misterios, algunos de los cuales están apareciendo día a día, a través de los diversos experimentos que se hacen acerca del hombre.

El médico no sabe lo que la vida es, ni la razón por la que el cuerpo funciona como lo hace, porque la parte espiritual está aún amortajada entre las nubes del cielo; el hombre científico está buscando en la obscuridad, desconcertado y confuso por todo lo que el hipnotismo y otros fenómenos extraños traen ante él, porque el hombre consciente se encuentra fuera del alcance, sobre la cumbre misma de la divina montaña, forzando así al erudito a hablar de la «mente subconsciente», la «personalidad latente», y otros. Por otro lado, el sacerdote no puede darnos ninguna luz porque él niega la naturaleza divina del hombre, reduce todo al nivel del pecado original y coloca sobre nuestro concepto de Dios el negro estigma de ineptitud para controlar o manejar la creación sin la invención de expedientes para reparar errores hipotéticos. Esta antigua verdad resuelve el enigma y pinta a Dios y a la Naturaleza en colores armoniosos.

La reencarnación no significa que nosotros transmigramos hacia formas animales después de la muerte, según la creencia de algunos pueblos del oriente. «Una vez un hombre, siempre un hombre», dice el adagio de la Gran Logia. Pero el castigo para algunos hombres no sería aún excesivo si fuera posible condenarlos a renacer en los cuerpos de animales irracionales; sin embargo, la naturaleza nunca es guiada por sentimientos sino por ley, y nosotros, que no estamos capacitados para verlo todo, no podemos decir que el hombre brutal es todo bruto a través de su naturaleza. Y la evolución, habiendo conducido a Manas, el Pensador, la Persona Inmortal, a este plano, no puede volverse atrás hacia el bruto que carece de Manas.

Al examinar las dos explicaciones para la aceptación literal por algunos orientales de esas Leyes de Manú, que parecen enseñar la transmigración hacia los seres brutos, insectos, etc., comprendemos porqué el estudiante verdadero de esta doctrina no puede caer en el mismo error.

La primera de estas explicaciones es que los diversos libros y versos que enseñan tal transmigración, tratan sobre el verdadero método de la reencarnación, o sea, con la explicación de los actuales procesos físicos que tienen que ser experimentados por el Ego al pasar del estado de desencarnado al encarnado, y también con las sendas, los métodos o los medios de descenso del plano invisible al visible. Esto no ha sido aún explicado completamente en los libros Teosóficos, porque primeramente es un asunto delicado, y luego los detalles no serían recibidos con credulidad aún por los mismos Teósofos, aunque algún día lo serán. Y como estos detalles no son de grandísima importancia, no son expuestos ahora.

Pero como sabemos que ningún cuerpo humano se forma sin la unión de los dos sexos, y que los gérmenes de tal producción están encerrados en los centros sexuales y por tanto deben provenir de los alimentos ingeridos por el cuerpo, evidentemente los alimentos tienen algo que ver con el Ego reencarnante. Ahora bien, si el camino a la reencarnación conduce a través de ciertos alimentos y no de otros, es posible que si el Ego se fija o traba en alimentos que no conducirán al germen de la reproducción física, se señala un castigo en donde el Manú dice que tales y cuales prácticas conducirán a la transmigración, lo cual es entonces un «impedimento». Yo emito ahora esta opinión, para el beneficio de aquellos teósofos que leen estos pasajes, y cuyas propias teorías sobre esta materia son actualmente más bien vagas e indefinidas y en ciertos casos basadas en hipótesis completamente diferentes.

La segunda explicación es que, por cuanto la naturaleza intenta que usemos la materia absorbida por nuestro cuerpo físico y cuerpo astral, con el propósito, entre otros, de beneficiar la materia con la impresión que ella recibe durante su contacto y asociación con el Ego humano, si nosotros la usamos para darle únicamente una impresión e impulso brutal, ella debe retornar al reino animal, para ser absorbida allí, en vez de ser refinada y retenida en el plano humano. Y como toda la materia con que el Ego humano se rodea retiene la huella o impresión fotográfica del ser humano, la materia tendría que transmigrar a un nivel inferior, ya que el Ego le da una impresión animalizada. Este hecho, real en el gran laboratorio químico de la naturaleza, pudiera ser fácilmente mal interpretado por el ignorante. Pero los estudiantes de hoy en día saben que tan pronto como Manas, el Pensador, ha arribado a la escena, nunca más retorna a las formas inferiores; primero porque no lo desea, y segundo porque no puede. Porque así como la sangre en el cuerpo está impedida, por válvulas, de retroceder y congestionar el corazón, de la misma manera, en el vasto sistema de circulación universal, la puerta se cierra detrás del Pensador impidiéndole su retroceso.

La reencarnación, como doctrina que aplica al hombre real, no enseña en absoluto la transmigración a reinos de la naturaleza inferiores al humano.

Sumario

CAPITULO IX

CONTINUACION SOBRE LA REENCARNACION

En Occidente, en donde la meta de la vida consiste en lograr el éxito comercial, financiero, social o científico, es decir, lucro personal, engrandecimiento y poder, la verdadera vida del hombre recibe muy poca atención, y nosotros, al contrario de los orientales, damos escasa prominencia a la doctrina de la preexistencia y a la de la reencarnación. El mero hecho de que la Iglesia la niega, es suficiente razón para un gran número de personas, con las cuales ninguna argumentación tiene caso. Confiando en su iglesia, tales personas no desean perturbar la tranquilidad de su fe en dogmas que podrían ser ilógicos; y como han sido disciplinados en la suposición de que la iglesia los puede condenar al infierno, tan sólo el temor ciego a la maldición lanzada contra la reencarnación en el Concilio de Constantinopla, por el año 500 de la Era Cristiana, los excluiría a ellos de aceptar la teoría maldita. Y la iglesia, al tratar sobre la doctrina, insinúa la objeción de que si los hombres se convencieran de que vivirán muchas vidas, la tentación de aceptar el presente y hacer el mal sin restricción alguna, sería demasiado fuerte.

Absurda como parece, ésta es la premisa planteada por los jesuítas eruditos, quienes alegan que los hombres más bien preferirán tener la oportunidad presente que esperar por otras futuras. Esta objeción sería válida si no hubiera retribución alguna, pero como la Naturaleza tiene también un Némesis para cada malhechor, y como cada uno, bajo la ley del Karma – que es la ley de causa y efecto y de la justicia cabal – ha de recibir por sí mismo las exactas consecuencias, en cada encarnación, de todos los buenos o malos actos y pensamientos que realizó y tuvo en otras encarnaciones, el principio fundamental para la conducta moral está asegurado. Hay seguridad en este sistema, puesto que ningún hombre puede por ningún medio, favor, edicto, o creencia, eludir las consecuencias y cada uno que se aferre a esta doctrina será movido por su conciencia y todo el poder de la naturaleza a obrar bien, con el fin de que pueda recibir el bien y llegar a ser feliz.

Se ha sostenido que la teoría del renacimiento es antipática y desagradable, porque, por una parte es fría y no permite la interferencia de sentimiento alguno, prohibiéndonos renunciar a voluntad a una vida que hemos encontrado dolorosa, y por otra parte, que no parece que dentro de esa teoría haya ninguna oportunidad de ver a nuestros seres queridos que han fallecido con anterioridad. Pero ya sea ésto de nuestro agrado o no, las leyes de la Naturaleza operan infaliblemente y ni el sentimiento ni la emoción pueden, de manera alguna, evitar la consecuencia que debe seguir a una causa. Si tomamos alimentos nocivos, malas consecuencias tienen que sobrevenir. El glotón quisiera permiso de la Naturaleza para hartarse sin ser afectado por la indigestión que ha de resultar, pero las leyes de la Naturaleza no pueden ser tan fácilmente descartadas.

Ahora bien, la objeción a la reencarnación de que no veremos a nuestros seres queridos en el cielo, según asegura la religión dogmática, presupone una cesación completa de la evolución y del desarrollo de esos seres que abandonan la tierra antes que nosotros, y también asume que el reconocimiento depende de la apariencia física. Pero así como progresamos en esta vida, de la misma manera debemos progresar al abandonarla y sería injusto obligar a los otros a que esperen nuestro arribo sin cambiar para que nosotros podamos reconocerlos. Y si uno reflexiona en las consecuencias naturales de elevarse hacia el cielo, donde todos los impedimentos son descartados, debe ser evidente que aquellos que han estado residiendo allí por veinte años mortales con anterioridad a nuestro arribo, deben haber efectuado, dentro de la naturaleza de los procesos mentales y espirituales, un progreso equivalente a muchos cientos de años sobre la tierra. ¿Cómo podríamos entonces, arribando más tarde, y aún imperfectos, ser capaces de reconocer a aquellos que han estado perfeccionándose en el cielo con tales ventajas? Así como sabemos que el cuerpo físico ha quedado atrás abandonado para su desintegración, de igual modo es evidente que en la vida espiritual y mental, el reconocimiento no puede depender de la apariencia corpórea. No sólo es ésto evidente sino que estamos persuadidos de que un cuerpo físico contrahecho o mal parecido a veces encierra una inteligencia brillante y un alma pura, y que un cuerpo exterior hermosamente formado – tal como es el caso de los Borgias – puede ocultar un demonio encarnado en cuanto al carácter; la forma física no ofrece, pues, garantía de reconocimiento en ese mundo, en donde el cuerpo físico está ausente. Y la madre que ha perdido un niño cuando éste alcanzó su madurez, ha de saber que ella amaba a ese niño tanto cuando era un bebé como posteriormente, cuando la gran alteración, al avanzar la vida, hubo barrido completamente la fisonomía y los rasgos de la primera juventud.

Los Teósofos saben que esta objeción no puede ser sostenida frente a la vida pura y eterna del alma. Además, la Teosofía enseña que todos aquellos seres que se asemejan y se aman unos a otros, habrán de reencarnar juntos, siempre que las condiciones y circunstancias lo permitan. Cuando uno de nosotros ha avanzado más en el sendero de la perfección, será siempre impulsado a ayudar y consolar aquellos que pertenecen a la misma familia. Pero cuando un ser se ha vuelto craso, egoísta y perverso, ningún otro ser tendría interés alguno en su compañía en otra vida. La identificación o reconocimiento depende de la visión interna y no de la apariencia externa; por lo tanto, esta objeción carece de validez. El otro aspecto de esta objeción relacionada con la pérdida de padres, hijos y parientes, está basado en la idea errónea de que, como los padres dan al hijo el cuerpo, de la misma manera le dan también el alma. Pero el alma es inmortal y carece de padres; por lo tanto esta objeción no tiene fundamento alguno.

Hay personas que alegan que la teoría de la Herencia invalida la teoría de la Reencarnación. Nosotros alegamos que es prueba de ella. La herencia, al proporcionamos un cuerpo físico en cualquier familia provee el ambiente apropiado para el Ego. El Ego sólo encarna en una familia que, a bien responde completamente a su naturaleza toda, o le ofrece la oportunidad para la realización de su evolución, y que además está vinculada con el Ego por razón de sus encarnaciones pasadas o por causas mutuamente creadas. Así, pues, el niño malvado puede nacer en una familia actualmente buena, porque los padres y el niño están indisolublemente vinculados por acciones pasadas. Esa es una oportunidad de redención para el niño y la ocasión de castigo para los padres. Esto señala la herencia corporal como un régimen de la naturaleza que gobierna los cuerpos que debemos habitar, al igual que las casas y edificios de una ciudad revelan la mentalidad de sus constructores. Y como nosotros, lo mismo que nuestros padres, fuimos los elaboradores que influenciamos la obra hecha a través de otros cuerpos, tomamos parte y fuímos responsables de diversos estados de la sociedad en los cuales el desarrollo del cuerpo físico y del cerebro fue ya retardado o avanzado, envilecido o enaltecido, de igual modo somos responsables en esta vida de la civilización dentro de la cual aparecemos ahora. Sin embargo, cuando observamos el carácter en los Egos reencarnados, encontramos grandes diferencias esenciales. Esto se debe al alma interior que es la que está sufriendo o gozando dentro de una familia, nación y raza, sus propios pensamientos y actos, con los que sus vidas pasadas hicieron inevitable que encarnara.

La herencia provee el alojamiento y también impone esas limitaciones de capacidad cerebral o corpórea, que son a menudo como un castigo y otras veces como una ayuda, pero que jamás afectan al Ego. La transmisión de características es una cuestión material y tan sólo la manifestación de consecuencias, en una nación, de ecos de vidas anteriores de los Egos destinados a formar parte de esa raza. Las limitaciones impuestas al Ego por cualquier herencia de familia, son las consecuencias exactas de las vidas anteriores de ese mismo Ego. El hecho de que tales rasgos físicos y peculiaridades mentales sean transmitidos, no contradice la doctrina de la reencarnación, puesto que sabemos que la mente conductora y el carácter verdadero de cada cual no son el resultado de un cuerpo y un cerebro físicos, sino que son peculiares al Ego en su vida esencial. La transmisión de características y tendencias por mediación de los padres y del cuerpo, es exactamente el método elegido por la naturaleza para proporcionarle al Ego encarnante el alojamiento apropiado en el cual puede proseguir su trabajo. Cualquier otro método sería imposible y subversivo al orden natural.

Por otra parte, aquéllos que se empeñan en la objeción de la herencia se olvidan de que están acentuando las similitudes y pasando por alto las divergencias; pues mientras las investigaciones sobre la línea de la herencia física han registrado la transmisión de numerosos rasgos y tendencias, esas investigaciones no han hecho lo mismo con respecto a las divergencias que provienen de la herencia, que son mayores en número. Todas las madres saben que los niños de una familia son tan diferentes en carácter como los dedos de una mano; ellos provienen de los mismos padres, pero todos varían en carácter y en capacidad.

La herencia, como la gran regla y como explicación completa, queda absolutamente derribada y contradicha por la historia, que no muestra ninguna prueba de transmisión contínua de erudición, poder y capacidad. Por ejemplo, en el caso de los antiguos egipcios, por largos siglos extinguidos y su línea de transmisión truncada, vemos la transmisión hacia sus descendientes. Si la herencia física esclarece la cuestión del carácter, ¿cómo puede explicarse la desaparición del gran carácter Egipcio? La misma cuestión se presenta con respecto a otras naciones antiguas y ahora extinguidas. Y tomando una ilustración individual, tenemos al gran músico Bach, cuyos descendientes por línea directa mostraron una marcada disminución del talento musical, que condujo a su final desaparición del seno de la familia. Pero la Teosofía enseña que en estos dos casos – como en todos los similares – la capacidad y la habilidad verdaderas únicamente han desaparecido de una familia y de un conjunto nacional, pero son de hecho retenidas por los Egos que antiguamente las exhibieron y quienes están ahora encarnados en aluguna otra nación y familia de la era presente.

El sufrimiento alcanza a casi todos los hombres y un gran número de ellos vive una vida de sufrimiento desde la cuna hasta la sepultura; por éso se alega, que la reencarnación es injusta porque nosotros sufrimos debido a las malas acciones cometidas por otra persona en otra vida. Esta objeción se basa en la noción errónea de que el ser en la otra vida era otra persona; pero en realidad es el mismo ser e identidad en todas las vidas. Cuando retornamos, nunca ocupamos el cuerpo de ninguna otra persona ni asumismos los actos de otros seres, sino que somos cada uno como un actor que desempeña muchos papeles en la escena, el mismo actor interiormente, aunque la indumentaria y los versos recitados difieran en cada nueva obra. Shakespeare tenía razón al decir que la vida es un escenario, porque la gran vida del alma es un drama y cada nueva vida y renacimiento es un nuevo acto en el cual asumimos otro papel y nos ponemos nuevo vestuario; pero a través de todo ello somos exactamente el mismo ser. Así pues, en vez de ser injusta la reencarnación es perfecta justicia, y de ninguna otra forma podría la justicia ser preservada.

Pero si nosotros reencarnamos, se dice, ¿cómo es que no podemos recordar las vidas anteriores?, y más aún, ya que no podemos recordar los actos que ocasionaron nuestro sufrimiento ¿no es ésta razón suficiente para considerarlo injusto? Esas personas que así preguntan, ignoran siempre el hecho de que ellos también experimentan durante su vida numerosos placeres y recompensas, y se contentan con aceptarlos sin preguntar. Porque si es injusto ser castigados por actos cometidos que no recordamos, entonces también es injusto el ser recompensados por otros actos que también han sido olvidados. El mero hecho de entrar en la vida terrenal no es fundamento apropiado para ninguna recompensa ni castigo. Recompensa y castigo deben ser el justo merecimiento por una conducta anterior. La ley de justicia de la Naturaleza no es imperfecta, y es sólo la imperfección de la justicia humana la que requiere que el delincuente sepa y recuerde en esta vida, un hecho al cual va adjunta una pena. En la vida anterior el ser que actuó entonces estaba bien consciente de lo que hizo, y es la naturaleza la que determina las consecuencias de sus actos, siendo por tanto justa. Bien sabemos que la naturaleza hará que el efecto siga a la causa, cualesquiera que sean nuestros deseos, ya sea que recordemos u olvidemos lo que hicimos. Si un infante es lastimado en sus primeros años por la nodriza, al extremo de preparar el terreno para una lisiadura en el curso de su vida, como es frecuente el caso, la lisiadura se manifestará aunque no fuera el niño el causante ni recordara nada acerca de ello. Pero la reencarnación, con su doctrina acompañante del Karma, demuestra debidamente cuán justo y perfecto es el esquema completo de la Naturaleza.

El recuerdo de una vida anterior no se necesita para probar que nosotros hemos pasado a través de esa existencia, ni es tampoco el hecho de que no lo recordemos una buena objeción. Nosotros olvidamos la mayor parte de los acontecimientos que suceden durante los días y años de esta misma vida, pero nadie podría inferir por esa razón que no hemos pasado por ellos. Esos años fueron vividos y retenemos tan sólo unos detalles en el cerebro, pero el efecto integral de ellos sobre el carácter sí es retenido y forma parte de nosotros. El conjunto completo y detallado de las circunstancias de una vida es preservado en el hombre interno, para ser algún día plenamente regresado a la memoria consciente, en alguna otra vida en la que seremos perfectos. Y aún ahora, imperfectos como somos y con lo poco que conocemos, los experimentos por medio del hipnotismo demuestran que los más minuciosos detalles están registrados en lo que al presente se conoce como la mente subconsciente. Según la doctrina teosófica, ni uno solo de estos acontecimientos es de hecho olvidado, y al final de la vida, cuando los ojos se cierran y aquellos que nos rodean declaran que hemos fallecido, cada pensamiento y cada circunstancia de la vida cruza relampagueante pero vivísimamente dentro y a través de la mente.

Muchas personas, sin embargo, recuerdan que han vivido antes. Los poetas lo han cantado así; los niños lo saben bien, hasta que el constante vivir en un ambiente de incredulidad ahuyenta el recuerdo de sus mentes, por el momento; pero todos están sujetos a las limitaciones impuestas al Ego por el nuevo cerebro en cada vida terrenal. Esta es la razón por la cual no somos capaces de retener las imágenes y escenas del pasado, bien sean de ésta o de vidas anteriores. El cerebro es el instrumento para la memoria del alma, y siendo nuevo en cada vida pero con una cierta capacidad, el Ego puede únicamente usarlo en la nueva vida con arreglo a su capacidad. Esa capacidad será plenamente utilizada o no, sólo de acuerdo con los propios deseos y conducta previa del Ego, porque esas vidas pasadas habrán aumentado o disminuído su poder para vencer las fuerzas de la existencia material.

Si se vive de acuerdo con los dictámenes del alma, el cerebro puede finalmente volverse permeable a la memoria de aquélla; pero si la clase de vida que se lleva es opuesta a ese precepto, entonces más y más nubes obscurecerán esa reminiscencia. Pero como el cerebro no tomó parte alguna en la última vida pasada, éste es en general incapaz de recordarla. Esta ley es muy sabia, porque seríamos muy desdichados si las acciones y escenas de nuestras vidas anteriores no fuesen ocultadas a nuestra contemplación, hasta que por disciplina pasemos a ser capaces de enfrentarnos al conocimiento de las mismas.

Otra de las objeciones presentadas es la de que, bajo la doctrina de la reencarnación, no es posible dar cuenta del crecimiento de la población del mundo. Esto supone que sabemos con seguridad que ha crecido y que estamos bien informados de sus fluctuaciones. Pero no hay certeza de todo ésto y, más aún, un vasto número de personas es aniquilado anualmente, acerca de las cuales nada sabemos. En China, año tras año, muchos millares de personas han sido arrastradas por inundaciones. Las estadísticas acerca del hombre mundial no han sido hechas aún. Ignoramos por cuántos millares las defunciones en Africa exceden a los nacimientos en cualquier año. La objeción se basa en cuadros estadísticos imperfectos que sólo tienen que ver con los países occidentales. Tal objeción igualmente asume que hay menos Egos fuera de encarnación y esperando su renacimiento que el número de Egos que actualmente se encuentra ahora habitando cuerpos, y esto es incorrecto. Annie Besant ha explicado bien ésto en su libro «Reencarnación», donde se dice que el globo habitado se asemeja a un auditorio en un pueblo, lleno de gente, donde la mayoría siempre permanece afuera, en el pueblo; el número de concurrentes en el auditorio puede siempre variar, pero hay una constante fuente suplidora en el pueblo. Es cierto que en lo que concierne a este globo el número de Egos que le pertenecen es definido, pero nadie sabe lo que ese número es exactamente, ni cuál es la capacidad total de la Tierra para sostenerlos.

Las estadísticas de hoy se encuentran principalmente en Occidente, y sus cuadros comparativos abarcan únicamente una pequeña sección de la larga historia del hombre. Esas estadísticas no pueden precisar el número de seres que estaban encarnados sobre la tierra en cualquier época remota cuando el globo estuvo densamente habitado; por tanto, el número de Egos deseando o esperando su renacimiento es desconocido. Los Maestros del conocimiento teosófico dicen que el número total de esos Egos es vasto, y por esa razón el número de egos listos para tomar posesión de los cuerpos por nacer que exceden el número de los que mueren, es suficiente. Pero también se debe tener en mente que cada Ego por sí mismo varía la duración de su permanencia en los estados Post-Mortem. Los Egos no reencarnan con los mismos intervalos, sino que emergen de esos estados de reposo después de la muerte en proporciones y números diversos, y siempre que ocurre un gran número de muertes por motivos de guerra, peste o hambre, hay de inmediato una precipitación de almas hacia la encarnación, bien sea en el mismo lugar, o en cualquier otro sitio o raza. La tierra es un globo tan pequeño dentro de la inmensa multitud de planetas habitables, que es suficiente la reserva de Egos listos para encarnar. Pero con el debido respeto hacia aquéllos que introdujeron esta objeción, yo no veo que la objeción tenga mayor validez o relación alguna con la verdad sobre la doctrina de la reencarnación.

Sumario

CAPITULO X

ARGUMENTOS QUE APOYAN LA REENCARNACION

Amenos que neguemos la inmortalidad del hombre y la existencia del alma, no hay ningún argumento firme contra la doctrina de la preexistencia y del renacimiento, excepto aquél que se basa en el dictamen de la iglesia, que dice que cada alma es una nueva creación. Este dictamen puede ser únicamente sostenido por un dogmatismo ciego,ya que una vez conferida el alma tarde o temprano tenemos que arribar a la teoría del renacimiento, porque aún cuando cada alma es nueva sobre esta tierra, la misma debe continuar viviendo en alguna otra parte después del fallecimiento; y en vista del reconocido orden de la naturaleza, el alma tendrá otros cuerpos o vestiduras en otros planetas o esferas celestes. La Teosofía le aplica al yo personal – el pensador – las mismas leyes que rigen a travé de toda la naturaleza; y esas leyes todas son variaciones de la gran ley de que los efectos siguen siempre a las causas, y de que ningún efecto existe sin una causa. La inmortalidad del alma – creída por la masa de la humanidad – exige la encarnación corpórea, aquí o en cualquier otra parte, y el estar encarnado significa reencarnación. Si nosotros venimos a esta tierra tan sólo por unos cuantos años y luego vamos a alguna otra, el alma debe estar encarnada allí lo mismo que aquí y si hemos arribado aquí desde cualquier otro mundo, debemos haber usado allí también una vestidura apropiada. Los poderes de la mente y las leyes que gobiernan su acción, sus apegos y sus desapegos, según se explica en la filosofía teosófica, demuestran que su reincorporación debe efectuarse aquí, donde se vivió y laboró, hasta que llegue ese momento en que la mente sea capaz de vencer las fuerzas que la encadenan a este globo. Permitir a la entidad aquí comprometida el transferirse a otra escena de acción, antes de que hubiera vencido todas las causas que la atrajeron aquí y sin haber llevado a cabo sus responsabilidades frente a otras entidades en la misma corriente de evolución, sería injusto y contrario a las poderosas leyes y fuerzas ocultas que continuamente operan sobre ella. Los primeros Padres Cristianos vieron ésto, y enseñaron que el alma había caído en la materia y que estaba obligada por la ley de su naturaleza a afanarse asiduamente hacia la misma fuente de donde provino. Cantaban un antiguo himno griego que decía:

¡Mente Eterna, tu retoño destella,
A través de este sutil vaso de arcilla,
Entre las olas del sombrío caos
Emite un tenue rayo.
Esta Mente que envuelve el alma está sembrada,
Gérmen encarnado sobre la tierra:
Por piedad, Señor de la Misericordia, confiesa entonces
Lo que en Tí reclama su nacimiento.
Aún lejos de Tí, oh tú, fuego central,
Destierra la triste esclavitud de la tierra,
No permitas que trémula la chispa expire;
Absórbela al fin, que es tuya!

Cada ser humano posee un carácter determinado que difiere del de todos los otros seres humanos, y muchedumbres de seres congregados dentro de naciones, demuestran en conjunto que el vigor nacional y peculiaridades distintivas se entrelazan para formar un carácter nacional. Estas diferencias, tanto individuales como nacionales, se deben al carácter esencial y no a la educación. Aún la doctrina de la supervivencia de los más fuertes debería demostrar ésto, porque la aptitud y la fuerza no pueden emanar de la nada, sino que deben finalmente mostrarse por sí mismas, en el parecer del verdadero carácter interior. Y como ambos, los individuos y las naciones, entre aquellos que se encuentran al frente en la lucha con la naturaleza, exhiben una inmensa fuerza de carácter, nosotros tenemos que encontrar ese lugar y esa época, en donde tal fuerza fue desarrollada. Estos son, dice la Teosofía, esta tierra y todo el período durante el cual la raza humana ha existido sobre el planeta.

Así pues, mientras la herencia tiene algo que ver con la diferencia de carácter en cuanto a la fuerza y la moral, influenciando un poco el alma y la mente, y proveyendo también el lugar apropiado para recibir recompensa y castigo, la herencia no es, sin embargo, la causa de la naturaleza esencial que muestra cada cual.

Mas todas esas diferencias, tales como aquellas mostradas por los niños desde el nacimiento, por los adultos a medida que el carácter se desarrolla más y más, y por las naciones a través de su historia, se deben a la larga experiencia adquirida durante muchas vidas sobre la tierra, y son el resultado de la evolución el alma misma. El examen de una corta vida humana no ofrece suficiente base para la formación de la naturaleza interior del hombre. Es indispensable que cada alma adquiera toda la experiencia posible, y una sola vida no puede proporcionar ésto aún bajo las condiciones más favorables. Sería una tontería del Todopoderoso el situarnos aquí por tan corto tiempo, tan sólo para erradicarnos cuando hubiéramos empezado a ver el propósito de la vida y las posibilidades que la misma ofrece. El simple deseo egoísta de una persona, de evadir las pruebas y disciplinas de la vida, no es suficiente para poner de lado las leyes de la naturaleza; por lo tanto, el alma debe renacer hasta que deje de poner en movimiento la causa del renacimiento, después de haber desarrollado su carácter hasta el límite posible, según indican todas las variedades de la naturaleza humana; cuando todas las experiencias hayan pasado y no antes de que toda la verdad accesible haya sido adquirida.

La gran disparidad entre los hombres con respecto a capacidad nos obliga, si es que deseamos atribuir justicia a la Naturaleza o a Dios, a admitir la doctrina de la reencarnación y a rastrear el origen de esa disparidad en las vidas pasadas del Ego. Pues la gente está tan obstaculizada, obstruída, atropellada y hecha víctima de una aparente injusticia por falta de capacidad, como de veras lo está por razones de circunstancias de nacimiento o de educación. Vemos al ineducado elevándose por encima de las circunstancias de familia y de aprendizaje, y a menudo, otros nacidos en el seno de familias importantes, tienen una capacidad inferior; pero los problemas de las naciones y de las familias surgen más de la escasez de capacidad mental que de ninguna otra causa. Y si consideramos tan sólo las razas salvajes, en ellas la injusticia aparente es enorme; porque muchos salvajes tienen realmente una buena capacidad cerebral, pero aún así permanecen en ese estado. Esto se debe a que el Ego en ese cuerpo está aún salvaje y subdesarrollado; porque en contraste con el salvaje existen muchos hombres civilizados de insignificante calibre cerebral, que no son salvajes de naturaleza porque el Ego residente en ellos ha tenido una larga experiencia en la civilización durante vidas anteriores, y poseyendo un alma más altamente desarrollada que la del salvaje, tiene el poder de usar el instrumento cerebral hasta su límite más elevado.

Cada hombre siente y reconoce que él posee una individualidad propia, una identidad personal que salva no sólo las lagunas o brechas causadas por el sueño, sino también aquéllas que a veces sobrevienen como consecuencia de lesiones temporales del cerebro. Esta identidad jamás se interrumpe desde el comienzo hasta el final de la vida en las personas normales, y únicamente la persistencia y carácter eterno del alma pueden dar una explicación de ésto.

Así, desde que comenzamos a recordar, sabemos que nuestra identidad personal no nos ha fallado, no importa cuán limitada sea nuestra memoria. Esto descarta el argumento de que la identidad depende del recuerdo, en razón de que, si la identidad dependiera tan sólo de ello, nosotros tendríarnos que comenzar de nuevo cada día ya que no podemos recordar los eventos del anterior en sus detalles, y algunas mentes no recuerdan sino muy poco y aún así sienten en sí mismas su identidad personal. Y como se observa con frecuencia que las personas que recuerdan el mínimo insisten tan vigorosamente como las otras sobre su identidad personal, esa persistencia de sentimiento debe emanar de la antigua alma inmortal.

Contemplando la vida y su probable finalidad, con toda la variada experiencia posible para el hombre, uno está forzado a la conclusión de que una sola vida no es suficiente para llevar a cabo todo lo que intenta la Naturaleza, sin mencionar lo que el hombre mismo desea lograr. La gama de variedad en experiencias es enorme. Hay en el hombre un inmenso campo de poderes latentes, que según notamos podrían ser desarrollados si les fuera dada la oportunidad. Un conocimiento infinito en amplitud y en diversidad se extiende ante nosotros, especialmente en estos tiempos en que la investigación especializada está a la orden del día. Nosotros percibimos que tenemos aspiraciones muy elevadas, sin tener el tiempo para poder realizarlas en toda su medida, mientras la gran tropa de pasiones y deseos, motivos y ambiciones egoístas, guerrean contra nosotros y entre ellos mismos, persiguiéndonos aún hasta la puerta del sepulcro. Todos estos obstáculos tienen que ser tratados, conquistados, usados, sojuzgados. Una vida no es suficiente para todo ésto. Decir que no tenemos sino una sola vida aquí, con tales posibilidades frente a nosotros imposibles de desarrollar, es hacer del Universo y la vida tan sólo una inmensa y cruel broma perpetrada por un Dios poderoso, quien es por tanto acusado por aquéllos que creen en la creación especial de almas, de glorificarse y bromear con el diminuto hombre, simplemente porque ese hombre es pequeño y una mera criatura del Todopoderoso. Una vida humana a lo sumo es de unos setenta años; las estadísticas reducen esta edad a un promedio de cuarenta; y de este remanente tan reducido, una parte considerable es empleada en el sueño y otra parte en la niñez. Siendo esto así, en una sola vida parece ser completamente imposible alcanzar una mera fracción de lo que la Naturaleza evidentemente tiene en perspectiva. Nosotros vagamente percibimos muchas verdades que una sola vida no nos da tiempo suficiente para asir y comprender, y ésto es especialmente así, cuando los hombres tienen que sostener gran lucha para sobrevivir. Nuestras facultades son pequeñas, sin desarrollo o débiles; una sola vida no da la oportunidad para alterar ésto; nosotros percibimos otros poderes que tenemos latentes, que no pueden ser desarrollados en tan corto espacio de tiempo, y tenemos mucho más que una simple sospecha, de que el ámbito del campo de la verdad es mucho mayor que el reducido círculo en el cual estamos ahora confinados. No es razonable suponer que, o Dios o la naturaleza, nos encierre dentro de un cuerpo simplemente para llenarnos de rencor porque no podemos tener más oportunidad aquí, sino que, más bien, tenemos que llegar a la conclusión de que una serie de encarnaciones nos han conducido a la presente condición y que el proceso de llegar aquí una y otra vez debe continuar, con el propósito de brindarnos las oportunidades necesarias.

El mero hecho de morir no es de por sí suficiente para producir el desarrollo de facultades o la eliminación de las tendencias e inclinaciones erróneas. Si damos por sentado que al entrar al cielo de inmediato adquirimos todo conocimiento y toda pureza, entonces ese estado después de la muerte queda reducido a un nivel de inacción y la vida misma, con toda su disciplina, queda privada de todo significado. La enseñanza de algunas iglesias asegura que existe una escuela de disciplina accesible después de la muerte, en donde se dice descaradamente que los mismos Apóstoles, bien conocidos como hombres ignorantes, han de ser los instructores. Esto es absurdo y exento de fundamento o razón dentro del orden natural de las cosas. Además, si tal subsecuente disciplina realmente existe, ¿por qué razón nos trajeron a esta vida entonces? Y por qué razón, después del sufrimiento y del error cometido somos sacados del lugar en donde nuestros actos fueron llevados a cabo? La única respuesta y solución que queda es la de la reencarnación. Regresamos a la tierra, porque en la tierra y con los seres que existen en ella, fueron ejecutados nuestros hechos; porque es el único lugar apropiado en donde el castigo y la recompensa pueden ser justamente recibidos; porque aquí está el único sitio natural para continuar la lucha hacia la perfección, hacia el desarrollo de las facultades que poseemos y la destrucción de la maldad que yace en nosotros. La justicia para con nosotros y para con todos los demás seres así lo requiere, porque no podemos vivir para nosotros mismos exclusivamente y sería muy injusto el permitir a algunos de nosotros evadirnos, dejando atrás a los demás que fueron copartícipes en nuestras acciones, para ser precipitados en un infierno de eterna duración.

La persistencia del salvajismo, el ascenso y decadencia de naciones y civilizaciones, la total extinción de naciones, todo ello requiere una explicación que no puede ser encontrada en ninguna parte, sino en la reencarnación. El salvajismo aún existe, porque todavía hay Egos cuya experiencia es tan limitada que aún permanecen salvajes; esos Egos emergerán dentro de razas superiores cuando se encuentren preparados. Las razas se extinguen porque los Egos han obtenido ya toda la experiencia que esa clase de raza les ofrece. Por eso nos encontramos al Piel Roja, al Hotentote, a los indígenas de la Isla de Pascua y otros, como ejemplos de razas abandonadas por los Egos avanzados; y mientras esas razas están en el proceso de extinción, otras almas, que no han disfrutado aún de una vida más elevada, encarnan en los cuerpos de esas razas agonizantes, para usarlos con el propósito de adquirir la experiencia que ese cuerpo racial pueda darles. Una raza no podría surgir y repentinamente desaparecer. Nosotros vemos que ese no es el caso, pero la ciencia no puede dar ninguna explicación; simplemente se limita a decir que es un hecho que las naciones decaen. Pero en esta explicación no se toma en cuenta la existencia del hombre interno ni las leyes recónditas, sutiles y ocultas que se unifican para formar una raza. La Teosofía explica que la energía acumulada tiene que gastarse gradualmente, y por lo tanto la reproducción de los cuerpos del carácter de esa raza seguirá adelante, aunque los Egos no son más compelidos a habitar cuerpos de ese tipo, a menos que esos Egos sean de un desarrollo igual al de la raza.

Por consiguiente, hay una época en que el conjunto total de Egos que han fundado la raza, la abandonan para ir a otro ambiente físico más semejante a ellos. La economía de la Naturaleza no permitirá que la raza física repentinamente se desvanezca, y así, en el orden verdadero de la evolución, otros Egos menos avanzados arriban y usan las formas todavía disponibles para prolongar la producción de los cuerpos aunque en menor y menor número cada siglo. Estos Egos menos avanzados no pueden mantenerse al nivel de capacidad del cúmulo de energías dejadas por los otros Egos, y así, mientras el nuevo contingente adquiere tanta experiencia como sea posible, la raza se extingue con el tiempo, después de pasar por su período de decadencia. Esta es la explicación de lo que puede ser calificado como salvajismo descendente, y ninguna otra teoría podrá explicar esos hechos. Los etnólogos han pensado a veces que las razas más civilizadas exterminan a las demás; pero la realidad es que, a consecuencia de la gran diferencia que existe entre los Egos que habitan el cuerpo de la vieja raza y la energía del cuerpo en sí, las mujeres comienzan a volverse estériles, y de este modo, lentamente pero con toda certeza el número de muertes excede al de nacimientos. La misma China está en el proceso de decadencia, y se encuentra ahora en un estado casi estacionario, precisamente antes de su precipitación hacia la caída. Grandes civilizaciones como las de Egipto y Babilonia, han desaparecido porque las almas o los Egos que las fundaron han reencarnado hace tiempo en las grandes naciones conquistadoras de Europa y los actuales continentes de las Américas. Como naciones y razas, esas almas han reencarnado totalmente y vuelto a nacer para fines más elevados que nunca. De todas las razas antiguas, sólo la raza Indo-Ariana perdura aún como preservadora de las antiguas doctrinas. En días venideros ella se elevará otra vez a sus antiguas cimas de gloria.

La aparición de genios y de grandes mentes en familias carentes de estas cualidades, lo mismo que la extinción dentro de una familia, del genio manifestado por un ancestro, únicamente pueden explicarse por medio de la ley del renacimiento. Napoleón Primero vino a una familia totalmente desigual a él en cuanto a poder y fuerza. No hay nada en su línea hereditaria que pueda explicar su carácter. De acuerdo con las Memorias del Príncipe Talleyrand, el mismo Napoleón decía que él había sido el emperador Carlomagno. Unicamente asumiendo que él hubiera vivido una larga serie de vidas que proveyeran la apropiada línea de evolución, o la causa necesaria para el desarrollo de su mente, naturaleza y energía, sólo así nos es posible tener una idea leve de por qué él u otros grandes genios aparecieron. Mozart, mientras era un infante pudo crear partituras orquestales; ésto no fue debido a la herencia, porque tal partitura no es natural sino que es forzada, mecánica y enteramente convencional; pero aún así Mozart tenía el conocimiento sin previa instrucción. ¿Cómo? Porque él era un músico reencarnado, con un cerebro musical proporcionado por su línea familiar, y por tanto no impedido en sus esfuerzos para exponer su talento musical. Pero más extraordinario aún es el caso del ciego Tom, un negro cuya familia no podía bajo ningún concepto poseer conocimiento alguno del piano, un instrumento moderno, como para poder transmitirle ese conocimiento a los átomos de su cuerpo; sin embargo, él tenía un gran talento musical y conociá el mecanismo actual de la escala musical del piano. Existen centenares de ejemplos como estos entre los tantísimos prodigios que han aparecido para asombro del mundo. En la India se encuentran numerosas historias de sabios que nacieron con un completo conocimiento de filosofía y cosas similares, e indudablemente lo mismo ha ocurrido en todas las naciones.

Esta reminiscencia del conocimiento adquirido en vidas pasadas explica también el instinto, porque éste no es más que reminiscencia divisible entre memoria física y mental. Se ve tanto en el niño como en el animal, y no es más que el resultado de previas experiencias. Y bien sea que observemos al bebé recién nacido extendiendo sus bracitos para asegurar su propia protección, o al animal con su gran poder instintivo, o a la abeja construyendo una celda del panal de acuerdo con exactas reglas geométricas, esto es todo el efecto de la reencarnación actuando por medio de la mente o de la célula física, porque de acuerdo con lo que se ha expuesto anteriormente, ningún átomo está exento de vida, de conciencia y de inteligencia propia.

En el caso del gran músico Bach, tenemos la prueba de que la herencia no cuenta para nada si el Ego no es avanzado, pues su genio no fue transmitido por sus descendientes y gradualmente se desvaneció, abandonando finalmente del todo el seno de la familia. Así también se explica el advenimiento de idiotas o de hijos perversos en familias cuyos padres son honorables, puros o intelectuales en grado sumo. Estos son casos en los cuales la herencia es mantenida a raya por un Ego del todo malvado y deficiente.

Y finalmente, el hecho de que ciertas ideas esenciales son comunes a la raza entera, es explicado por los sabios como debido al recuerdo de tales ideas, las cuales fueron sembradas en la mente humana desde el comienzo mismo de su carrera evolucionaria sobre el planeta, por esos hermanos y sabios que aprendieron sus lecciones y se perfeccionaron en pasadas edades, largo tiempo antes de que el desarrollo de este globo comenzara. Ninguna explicación de las ideas inherentes a la raza es ofrecida por la ciencia, que pueda conducir a alguna otra cosa mejor que repetir: «ellos existen». Estas ideas fueron de hecho enseñadas a la masa de Egos que están ahora ocupados en el proceso de la evolución de la tierra, y tales ideas fueron grabadas con indelebles caracteres de fuego en sus naturalezas, y siempre recordadas. Esas ídeas, acompañan al Ego a través de su larga peregrinación.

A menudo se ha enseñado que la oposición a la idea de reencarnación ha sido exclusivamente basada en prejuicios, o en un dogma que solamente se puede sostener cuando la mente está encadenada e impedida de ejecutar sus propias facultades. La reencarnación es la más noble de las doctrinas, y con la acompañante doctrina del Karma, la cual va a ser considerada a continuación, es la única que da las bases para la ética. No hay duda alguna en mi mente de que el fundador del Cristianismo asumió y dio por un hecho la doctrina de la reencarnación, y que su ausencia actual en la religión Cristiana es el origen de la contradicción entre la ética que profesan las naciones Cristianas y sus prácticas actuales, las cuales son tan contrarias a la ética proclamada por Jesús.

Sumario

CAPITULO XI

KARMA

Karma es una palabra poco familiar a los oídos de los Occidentales. Este es el nombre adoptado por los Teósofos del siglo diecinueve para designar una de las más importantes leyes de la naturaleza. Incesante en su funcionamiento, esta ley actúa contínuamente sobre los sistemas planetarios, razas, naciones, familias e individuos. Esta es la doctrina compañera inseparable de la Reencarnación. Estas dos leyes están tan intrincadamente entrelazadas, que es casi imposible tratar particularmente de una de las dos. Ningún sitio, ni ningún ser en el universo está exento de la acción de la ley de Karma, sino que todos están bajo su influencia, castigados por los errores cometidos y sin embargo benéficamente dirigidos a través de la disciplina, del reposo y de la recompensa, hacia las remotas cumbres de perfección. Es una ley de tan amplio alcance, abarcando simultáneamente nuestro ser material y moral, que solamente con la ayuda de abundantes interpretaciones y explicaciones puede uno transmitir su significado en nuestro propio idioma. Por esa razón el término Sánscrito Karma fue adoptado para designarla.

Aplicada a la vida moral del hombre, ésta es la ley de la causalidad ética, de justicia, de recompensa y de castigo; la causa del nacimiento y del renacimiento; pero al mismo tiempo es el instrumento para librarse de la reencarnación. Examinada desde otro punto de vista, Karma es meramente el efecto que emana de una causa, la acción y su reacción, el resultado exacto de cada pensamiento y de cada acción. Es el acto y el resultado del acto, porque el significado literal de la palabra es «acción». La Teosofía contempla el Universo como un todo inteligente; por lo tanto, todo movimiento en el Universo es una acción de ese todo conduciendo a resultados, los cuales de por sí se convierten en las causas de resultados ulteriores. Viendo ésto ampliamente, los antiguos hindúes dijeron que todos los seres, hasta el mismo Brahma, están bajo el dominio del Karma.

Karma no es un ser sino una ley; la ley universal de la armonía, que infaliblemente restituye todo disturbio al equilibrio. En ésto la teoría está en conflicto con la idea ordinaria acerca de Dios, basada en el sistema judaico, la cual concibe que el Todopoderoso, como una entidad pensante, externa al Cosmos, construye, pero juzga su propia construcción como inarmónica, desproporcionada, errática y desordenada, y entonces se siente compelido a derribar, destruir o castigar a aquellos que El mismo ha creado. Este concepto ha obligado a las muchedumbres a vivir en el temor de Dios, en cumplimiento de sus supuestos mandamientos, y con el propósito egoísta de obtener recompensa y lograr escaparse de su ira; a otros los ha arrojado dentro del abismo tenebroso que surge de la negación de toda vida espiritual. Pero como todo ser humano reconoce palpablemente, o más bien penosamente, que hay una destrucción constante dentro y alrededor de nosotros, una lucha contínua no sólo entre los hombres sino en todas partes, a través de todo el sistema solar, causando pesadumbres en todas direcciones, la razón demanda una solución a este enigma.

Los pobres, quienes no encuentran refugio ni esperanza, imploran a gritos a un Dios que jamás responde, y es así que la envidia surge dentro de ellos cuando observan el bienestar y las oportunidades de los ricos. Ellos ven los ricos libertinos, los adinerados sin tino que se divierten y gozan impunemente. Volviéndose a los instructores religiosos, en su indagación concerniente a la justicia que permite tal miseria a seres que nada hicieron para merecer el haber nacido sin recursos, sin oportunidad de educación, sin capacidad intelectual de trascender los obstáculos sociales, raciales o circunstanciales, ellos reciben la respuesta de que «Esa es la voluntad de Dios». Padres que engendran bienamados retoños segados por la muerte en horas prematuras, justo en el mismo momento en que todo iba bien. Ellos tampoco reciben ninguna otra respuesta a la pregunta de ¿por qué me llega a mí esta aflicción?, sino la misma referencia ilógica a un Dios inaccesible cuya arbitraria voluntad es la causa de sus sufrimientos. Y así en todas las circunstancias de la vida, la pérdida, la herida, la persecución, la carencia de oportunidades, las fuerzas mismas de la naturaleza destrozando la felicidad del hombre, la muerte, las vicisitudes, las desilusiones, contínuamente asedian a los hombres buenos y malos a la vez. Pero en ninguna parte se encuentra una respuesta correcta o un alivio, excepto en la antigua verdad de que cada hombre es el creador y arquitecto de su propio destino; el único que pone en movimiento las causas de su propia felicidad y miseria. En una vida él siembra y en la siguiente recoge su recompensa. Así pues, y por siempre, la ley de Karma conduce y guía al hombre.

Karma es una ley benéfica enteramente compasiva, implacablemente justa, porque la misericordia verdadera no es favor, sino justicia imparcial.

«¡Hermanos míos! : la vida de cada hombre
consecuencia de su anterior vivir es.
Los pasados errores traen pesares e infortunios.
El pasado bien trae bienaventuranza…!
Esta es la doctrina del karma»1 .

¿Pero de qué manera es la vida presente afectada por esa justa y errada acción pasada? y ¿es la vida siempre afectada solamente por castigos o penitencias? ¿Es el Karma simplemente la predestinación bajo otro nombre, un destino previamente señalado y formulado, del cual no hay escape posible y el que por tanto pudiera hacemos descuidados de acción o pensamiento ya que el destino no puede ser cambiado? El Karma no es fatalismo. Todos los actos cometidos en un cuerpo anterior transmiten consecuencias que en la nueva encarnación el Ego ha de gozar o de sufrir, porque según dijo San Pablo: «Hermanos míos, no os engañéis; Dios jamás es burlado, porque sea lo que fuere que el hombre siembre, eso mismo ha de cosechar». Porque el efecto está ya en la causa, y el Karma produce la manifestación de ésto en el cuerpo, el cerebro, y la mente como proporcionados por la reencarnación; y así como una causa creada por una persona está especialmente relacionada a ella como el origen del cual ésta surgió, de igual manera cada cual experimenta los resultados de sus propias acciones. A veces nos parece recibir los efectos únicamente de las acciones de otros; pero ésto es en realidad el resultado de nuestras propias acciones y pensamientos en la presente o en alguna vida previa. Siempre ejecutamos nuestras acciones en asociación con otros, y esos actos, junto con sus pensamientos subyacentes, están siempre relacionados con otras personas además de nosotros mismos.

No hay acción alguna ejecutada que originalmente no tenga un pensamiento en su raíz, bien sea en el momento mismo de su ejecución o en el camino hacia ella. Estos pensamientos están alojados en esa parte del hombre que nosotros hemos denominado Manas – la mente -, y allí permanecen como eslabones sutiles pero poderosos, con hilos magnéticos que entretejen todo sistema solar, y a través de cuyos efectos son manifestados. La teoría avanzada en las páginas anteriores, de que el sitema completo, al cual este globo pertenece, está viviente y consciente en cada plano celeste, aunque únicamente mostrando autoconsciencia en el hombre, entra en juego aquí para explicar cómo el pensamiento que genera la acción en esta vida puede causar resultados consecuentes en ésta o en una próxima encarnación. Los maravillosos experimentos modernos del hipnotismo, demuestran que la más ligera impresión, no importa que haya ocurrido en un pasado lejano en la historia de la persona, puede presentarse en su vida actual, comprobando así que las imágenes mentales jamás se pierden, sino que permanecen latentes.

Tómese por ejemplo el caso de un niño que nace jorobado y muy corto de estatura, la cabeza sumida entre los hombros, los brazos largos y las piernas cortas. ¿Por qué es ésto? Es su propio Karma, la consecuencia de sus mismos pensamientos y acciones en una vida anterior. El ultrajó, persiguió, o en otras formas injurió a alguna persona contrahecha, con tanta persistencia o violencia como para grabar en su propia mente inmortal la imagen deforme de su víctima. Porque en proporción a la intensidad de su pensamiento será la intensidad y la profundidad de la imagen. Esto es exactamente similar a la exposición de la placa fotográfica sensibilizada, que según sea la exposición larga o corta, la impresión sobre la placa será intensa o débil. Así, este pensador y actor – el Ego -, al regresar al nacimiento trae consigo esta imagen, y si la familia a la cual él es atraído al encarnar tiene tendencias físicas similares en sus genes, la imagen mental induce al cuerpo astral en vía de desarrollo morfológico, a tomar un aspecto deforme por ósmosis electro-magnética a través de la madre. Y como todos los seres sobre la tierra están indisolublmente enlazados, la criatura contrahecha es al mismo tiempo el karma de sus padres y la consecuencia exacta de las acciones y pensamientos similares de su parte durante otra vida. Aquí tenemos pues una justicia tan precisa como ninguna otra teoría puede ofrecernos.

Ampliando el caso precitado, simplemente con el propósito de elucidarlo, debemos observar que a menudo vemos a un ser humano contrahecho poseyendo una disposición feliz y amable, de gran talento, sano juicio, y toda clase de buenas cualidades morales; este mismo incidente nos guía hacia la conclusión de que el karma debe ser de varias clases diferentes en cada caso individual, y también opera evidentemente en más de un aspecto o subdivisión de nuestro ser, con la posibilidad de producir efectos gratos en una parte de nuestra naturaleza y desagradables en otra.

Existen tres clases de Karma:

Primero – Karma que no ha comenzado a producir ningún efecto en nuestra vida, debido al funcionamiento actual de algunas otras causas kármicas. Esto acontece bajo una ley bien conocida entre los físicos, en que dos potencias opuestas propenden a neutralizarse y que una de las fuerzas puede ser suficientemente poderosa como para impedir interinamente el funcionamiento de la otra. Esta ley opera en las esferas invisibles, mentales y kármicas del ser, lo mismo que en los planos materiales. La fuerza de un cierto grupo de facultades físicas, mentales y psíquicas, con sus tendencias correspondientes, pueden impedir totalmente la operación en nosotros de las causas con las cuales estamos conectados, porque la naturaleza entera de cada persona toma parte en la ejecución de esta ley. Así es que los débiles y los mediocres proveen un foco débil para el Karma, y en ellos el resultado general del curso de una vida es limitado, aunque ellos pueden considerarlo todo como Karma fuerte y pesado. Pero la persona que tiene un carácter amplio y hondo y mucho vigor, sentirá los efectos del funcionamiento de una dosis mayor de karma que la persona de un carácter más débil.

Segundo – El karma que nosotros estamos haciendo ahora o acumulado con nuestros pensamientos y acciones, y el cual operará en el futuro, cuando el cuerpo, la mente y el ambiente apropiados sean adquiridos por el Ego encarnante en alguna otra vida, o cuando el karma obstaculizante quede eliminado.

Esto pesa tanto en la vida presente como en la próxima. Porque uno puede en esta vida llegar a un momento crítico, en que encontrándose las causas anteriores ya cumplidas, el karma nuevo o ese Karma que está pendiente debe comenzar a operar.

Bajo esta categoría están esos casos en que los hombres tropiezan con imprevistos reveses de fortuna, o cambios en el sentido de mejoramiento, bien sea de circunstancias o de carácter. Un factor muy importante con relación a ésto es el de nuestra presente conducta. Mientras el karma del pasado debe agotarse y no puede ser detenido, es sabio y juicioso por parte del hombre el pensar y actuar de tal forma bajo las circunstancias actuales, sin importar lo que fuesen, que él no cree nuevas causas nocivas o perjudiciales para el próximo renacimiento o para años más avanzados de la encarnación en curso. La rebelión es inútil, porque la ley se abre camino ya sea que nos lamentemos o nos regocijemos. De Lesseps, el gran ingeniero francés, es un excelente ejemplo de esta clase de karma. Encumbrado en un pináculo de gloria y de proeza durante muchos años de su vida, cae repentinamente en la ignominia, como consecuencia del escándalo relativo al Canal de Panamá. Aunque haya sido inocente o culpable, él experimenta la vergüenza de ver su nombre ligado a una empresa nacional totalmente mancillada por el soborno y la corrupción, implicando a altos funcionarios públicos. Esto se debió a la aparición de viejas causas kármicas que actuaron sobre él, en el mismo instante en que esas otras causas que habían gobernado sus años anteriores fueron agotadas. Napoleón I es otro prototipo, porque también alcanzó un grado muy alto de gloria, pero precipitadamente cayó y murió en el destierro y en la desgracia. Muchos otros casos llegarán el conocimiento de todo lector reflexivo.

Tercero – El karma que ha comenzado a producir resultados. El karma que está operante en nosotros ahora, en esta vida, habiendo sido establecidas las causas en vidas anteriores en compañía de otros Egos. Y está operante ahora porque, siendo el más adaptado a la genealogía familiar, al cuerpo individual, cuerpo astral y a las tendencias de la raza de esta encarnación, esta clase de Karma se manifiesta claramente, mientras que todo otro karma aún en reserva aguarda su turno natural.

Estas tres clases de karma gobiernan a los hombres, a los animales, a los mundos y a los períodos de evolución. Cada efecto emana de una causa precedente, y como todos los seres renacen constantemente, ellos están contínuamente experimentando los efectos (los cuales son en sí mismos causas) de sus pensamientos y acciones en una anterior encarnación. Así pues, como dice San Mateo, cada cual responde por cada palabra y por cada pensamiento; nadie puede escapar por medio de plegarias, ni de favores, ni de violencia, ni de ningún otro intermediario.

Ahora bien, como las causas kármicas se dividen en tres clases, las mismas deben tener campos diversos para su operación. Esas causas operan sobre el hombre en su naturaleza mental e intelectual, en su naturaleza psíquica o almática, y en su cuerpo y circunstancias. La naturaleza espiritual del hombre jamás es afectada o gobernada por el karma.

Un tipo de karma puede actuar simultáneamente y con la misma intensidad sobre los tres planos mencionados de nuestra naturaleza, o puede que haya una mezcla de causas, algunas sobre uno de los planos, las otras sobre otro. Tomemos el caso de una persona físicamente deforme que posee una fina mente (plano mental) y una deficiencia en su naturaleza almática. En este caso un karma punitivo o desagradable está operando sobre su cuerpo, mientras que en su naturaleza mental e intelectual, un karma bueno está siendo experimentado, pero psíquicamente, el karma o la causa, siendo de una clase indiferente, desarrolla un resultado indiferente. En otras personas aparecen otras combinaciones. La persona tiene un fino cuerpo y disfruta de circunstancias favorables, pero su carácter es hosco, enojadizo, irritable, vengativo, mórbido, y desagradable tanto para sí mismo como para los que le rodean. En este caso, un buen karma corporal está en operación con un mal karma mental, intelectual y psíquico. Casos individuales vendrán a la memoria de los lectores acerca de personas nacidas en una eminente posición, con todas las oportunidades y poderes que se puedan desear y que no obstante son retardados o de repente pierden sus facultades mentales.

Y así, como todos estos aspectos de la ley kármica tienen predominio sobre el hombre individual, de igual modo esos aspectos funcionan sobre las razas, las naciones y las familias. Cada raza tiene su karma en conjunto. Si el karma es bueno, esa raza marcha hacia adelante; pero si el karma es malo, se extingue aniquilada como una raza, aunque las almas que la constituyen recomienzan su karma en otras razas y en otros cuerpos. Las naciones no pueden eludir su Karma nacional, y cualquier nación que haya actuado inícuamente sufrirá consecuencias similares en épocas venideras, ya sea tarde o temprano. El Karma de Occidente del siglo diecinueve es el karma de Israel, porque aún el novicio puede discernir que la influencia mosáica es la más preponderante en las naciones europeas y americanas. Los antiguos Aztecas y otras antiguas razas de las Américas, se extinguieron porque su propio karma – el resultado de sus propias vidas como naciones en el pasado – se precipitó sobre ellos y los aniquiló. Con respecto a las naciones, este duro proceso del karma se manifiesta siempre por medio de hambre, guerras, cataclismos de la naturaleza, y la infecundidad de las mujeres de esas naciones. Este último acontecimiento prevalece casi al final de la jornada y barre todo el remanente de sobrevivientes. El individuo que forma parte de una raza o de una nación, es prevenido por esta gran doctrina, de que si él cae en la indiferencia de pensamiento y acción, amoldándose de este modo dentro del promedio kármico general de su raza o de su nación, ese karma nacional y racial lo arrastrará a él finalmente dentro del destino general. Es por ésto que los instructores de antaño exclamaron: «Salid de inmedio de entre ellos y apartaos».

Junto con la reencarnación, la doctrina del karma explica la miseria y el sufrimiento del mundo, y no queda campo para acusar a la Naturaleza de injusticia alguna.

El sufrimiento de toda nación o raza es el resultado inmediato de los pensamientos y de las acciones de los Egos que componen esa raza o nación. En el sombrío antaño esos Egos se comportaron inicuamente y ahora sufren; pues sucede que violaron las leyes de armonía en la naturaleza. La ley inmutable es que la armonía tiene que ser restablecida en caso de haber sido quebrantada. Así es que estos Egos sufren durante el proceso de compensación y de estabilizar el equilibrio del cosmos oculto. El conjunto entero de Egos debe continuar encarnando y reencarnando en esa nación o en esa raza, hasta que todos hayan agotado completamente las causas kármicas sembradas. Aunque la nación por un intervalo de tiempo puede desaparecer como una cosa física, los Egos que la desarrollaron no abandonan las esferas del mundo, sino que emergen de nuevo como los constructores de una nueva nación, dentro de la cual, deben continuar su labor y aceptar su castigo o su recompensa, según concuerde con su karma. Los Egipcios de la antigüedad ofrecen un ejemplo de esta ley. Ellos se elevaron ciertamente a un alto nivel de desarrollo, como indudablemente también fueron extinguidos como nación. Pero las almas – los Egos – sobreviven y están ahora realizando su propio y merecido destino, en alguna nación de nuestra época. Esa puede ser una nueva nación Americana, o los Judíos, predestinados a rodar por el mundo y a sufrir mucho a manos de otros. Este proceso es perfectamente justo. Tomemos como ejemplo, los Estados Unidos de América y los Indios Pieles Rojas, estos últimos han sido tratados ignominiosamente por la nación norteamericana. Los Egos indios serán reincorporados dentro de las familias de estos conquistadores, y como miembros de esa gran familia ellos mismos serán los instrumentos para inducir los efectos apropiados a tales actos como los perpetrados contra ellos cuando sus cuerpos eran indígenas. Así pues, ésto ha acontecido anteriormente y así mismo acontecerá nuevamente.

La infelicidad individual durante una vida cualquiera se explica de esta manera: (a) la infelicidad es el castigo merecido por las malas acciones cometidas en vidas precedentes; o (b) es una disciplina que el Ego se ha suministrado con el propósito de eliminar los defectos o de adquirir fortaleza y compasión. Una vez que los defectos quedan eliminados, el resultado es como el de eliminar la obstrucción en un canal de irrigación, que deja así que el agua circule libremente. La felicidad se explica de la misma manera: como el resultado de acciones virtuosas, sembradas en encarnaciones pasadas.

La base científica, y que se explica a sí misma, de la verdadera ética, se encuentra en estas dos doctrinas precitadas, y en ninguna otra. Pues si la ética verdadera va a ser practicada tan sólo por sí misma, los hombres no verían su porqué y no podrían discernir jamás la razón por la que deben durante su vida practicar únicamente el bien. Si los principios éticos van a ser obedecidos solamente por temor a represalias, el hombre se envilecerá, y tratará indudablemente de encontrar la manera de eludirlos; si el amparo del Todopoderoso, no basado en la ley o la justicia, fuera la razón, tendremos entonces precisamente lo que prevalece actualmente – un código suministrado al Occidente por Jesús, profesado por las naciones pero jamás practicado excepto por unos cuantos seres que serían virtuosos de todas maneras.

Sobre ésto los Adeptos han escrito lo siguiente, que encontramos en la «Doctrina Secreta»:2 .

«No serían los medios del Karma inescrutables si los hombres trabajasen en unión y en armonía, en lugar de en la desunión y la lucha. Porque nuestra ignorancia de esos medios – que una parte de la Humanidad llama los caminos oscuros e intrincados de la Providencia, mientras otra ve en ellos la acción de un ciego fatalismo, y una tercera la simple casualidad, sin Dioses ni Demonios que la guíen – desaparecería seguramente si la atribuyésemos por completo a su causa exacta. Con conocimientos real, o por lo menos con una convicción firme de que nuestros prójimos no se esforzarían en hacernos más daño a nosotros de los que nosotros pensemos en hacerles a ellos, las dos terceras partes del mal en el mundo se desvanecerían. Si ningún hombre perjudicara a su hermano, Karma-Némesis no tendría ni motivo ni armas para obrar… Con nuestras propias manos trazamos diariamente las tortuosidades de nuestro destino, al tiempo que creemos seguir la línea recta en el camino de la respetabilidad y el deber, y luego nos quejamos porque tales caminos son obscuros e intrincados. Nos desconcertamos ante un misterio elaborado por nosotros mismos y enigmas de la vida que no queremos resolver, y luego acusamos a la gran esfinge de devorarnos. Pero a la verdad, no hay un sólo accidente en nuestras vidas, ni un infortunio, ni una desgracia, cuya causa no pueda ser atribuída a nuestras propias acciones en esta o en otra vida… El conocimiento del Karma de la convicción de que si

«la virtud en la miseria y
el vicio triunfante
hacen a la Humanidad atea,

es solamente porque la Humanidad ha cerrado los ojos a la gran verdad de que el hombre es de por sí su propio salvador y su propio destructor; y que él no tiene que acusar al Cielo ni a los Dioses, al Destino ni a la Providencia, de la injusticia aparente que reina en la humanidad; sino más bien que tenga presente y repita el siguiente fragmento de sabiduría griega que previene al hombre de abstenerse de acusar a Aquello que,

«Justo, aunque misterioso, nos conduce infaliblemente por caminos desconocidos, de la culpa al castigo»,

que son hay los caminos por los que avanzan las grandes naciones Europeas. Cada nación y tribu de los arios occidentales, así como sus hermanos orientales de la Quinta Raza, ha tenido su Edad de Oro y su Edad de Hierro, su período de relativa irresponsabilidad, o su Edad de Satya de pureza, y ahora varias de ellas han alcanzado su Edad de Hierro, el Kali Yuga, una edad ennegrecida de horrores. Esta situación continuará… hasta que nosotros comencemos a actuar de acuerdo con nuestra naturaleza interior, en lugar de someternos a los impulsos que proceden del exterior… Hasta entonces, el único paliativo es la unión y la armonía, una Fraternidad in actu y en altruismo, no simplemente de palabra».

1 La Luz de Asia, por Edwin Arnold.

2 D.S. Vol. I, p. 643. Edición original en inglés.

Sumario

CAPITULO XII

KAMA – LOKA

Consideremos ahora los estados del hombre después de la muerte del cuerpo físico y antes del nacimiento, habiendo ya examinado de una manera general todo el campo de la evolución de las cosas y de los seres. Esto de inmediato suscita las siguientes preguntas: ¿Existe en realidad un cielo o un infierno, y qué son éstos? ¿Son estados de conciencia, o lugares? ¿Puede encontrarse un lugar en el espacio en donde los mismos puedan ser localizados y a los cuales nosotros vamos, así como de donde también venimos? Debemos también retroceder al tema del cuarto principio de la constitución del hombre, o sea el de los deseos y de las pasiones, que en el idioma Sánscrito se denomina Kama. Tomando en consideración lo que se dijo acerca de ese principio y también la teoría relacionada del cuerpo astral y de la Luz Astral, nos será más fácil comprender las enseñanzas acerca de estos dos estados, el Ante-Mortem y el Post-Mortem. En orden cronológico, primero nos dirigimos al Kama-Loka – o la esfera del deseo – por la defunción del cuerpo, y entonces los principios superiores, o sea el verdadero hombre, caen en estado de Devachán. Después de haber discutido el tema de Kama-Loka, nos será más fácil investigar el tema del Devachán.

El hálito abandona el cuerpo y decimos que el hombre ha muerto, pero ésto es sólo el comienzo de la muerte, porque ésta prosigue su curso en otros planos. Cuando la forma corporal ya está rígida y los ojos cerrados, todas las fuerzas del cuerpo y de la mente se precipitan a través del cerebro, y por medio de una serie de impresiones o imágenes la vida entera que acaba de terminar queda indeleblemente grabada en el hombre interno, no solamente en una forma general, sino también hasta en los más mínimos y fugaces detalles. En este momento, aunque todos los indicios conducen al médico a pronunciar la muerte y aunque a primera vista y para todo fin la persona está muerta, el hombre verdadero, el Ego, está actuando intensamente en el cerebro y hasta que esta tarea esté terminada no debería decirse que la persona ha fallecido en realidad. Cuando esta labor solemne se ha realizado, el cuerpo astral se desprende del cuerpo físico, y como la energía vital se ha separado, los cinco principios restantes pronto se encuentran dentro del estado llamado Kama-Loka.

La separación natural de los principios, ocasionada por la muerte físic divide al hombre en tres partes:

Primero: El cuerpo visible que con todos sus elementos es abandonado para su completa disgregación en el plano terrestre, en donde todos los rudimentos de que el mismo se compone, con el tiempo se dispersan entre las diferentes divisiones físicas de la naturaleza.

Segundo: El Kama-Rupa, que se compone del cuerpo astral y de las pasiones y deseos, que de inmediato también comienzan a disgregarse sobre el plano astral.

Tercero: El hombre verdadero, la suprema Triada Atma-Buddhi-Manas, inmortal, ahora fuera de las condiciones terrestres y carente de cuerpo físico, comienza su función en Devachán sólo como una mente cubierta con una vestidura muy etérea, la cual él descartará cuando le llegue la hora del retorno hacia la esfera terrestre.

El Kama-Loka, o la sede de los deseos, es la región astral que penetra y circunda la tierra. Como sitio, Kama-Loka se encuentra en, sobre, y alrededor de la tierra y su extensión alcanza a una distancia definida sobre la tierra, pero las leyes ordinarias que aquí prevalecen no rigen allí, y las entidades que allí dentro residen, no están sujetas a las mismas condiciones que nosotros con respecto al espacio y al tiempo. Como un estado o condición, es metafísico, aunque lo metafísico concierne al plano astral. Se le ha llamado el plano del deseo porque se relaciona con el cuarto principio, y en él, la fuerza predominante es la del deseo exento y separado de la inteligencia. Kama-Loka es una esfera astral intermedia entre la vida terrestre y la celeste. Sin duda alguna, éste es el origen de la doctrina Cristiana del purgatorio, en donde el alma sufre su penitencia por los pecados cometidos y de los cuales puede ser redimida por medio de plegarias y otras ceremonias u ofrendas. El hecho real tras de esta superstición, es que el alma puede ser retenida en Kama-Loka por la enorme fuerza de algún deseo aún no satisfecho y por lo que no puede liberarse de la vestidura astral y kármica, hasta que tal deseo haya sido satisfecho por algún otro ser sobre la tierra o por el alma misma. Pero si la persona era de pensamientos puros y elevados y de nobles aspiraciones, la separación de los principios sobre ese plano se completa con rapidez, permitiendo de esta manera que la triada superior entre al plano de Devachán. Esta esfera es puramente astral y participa de la naturaleza de la materia astral, la cual es esencialmente terrestre y satánica, y en donde todas las fuerzas funcionan sin ser dirigidas por el alma o la conciencia.

Kama-Loka es, por decirlo así, el foso de escorias de la gran caldera de la vida, donde la naturaleza provee los medios para la eliminación de los elementos que no tienen cabida en Devachán, y por esa razón debe haber diversos niveles o grados en Kama-Loka, cada uno de los cuales era conocido por los antepesados. En el idioma Sánscrito, se les ha dado a estos grados el nombre de Lokas, o localidades en el sentido metafísico. La vida humana es muy variada en lo que toca al carácter y a otras potencialidades, y por cada una de estas características se provee el lugar apropiado después de la muerte, convirtiéndose de esta manera Kama-Loka en una esfera infinitamente variada. Durante la vida, algunas de las diferencias que existen entre los hombres son modificadas y otras inhibidas por una semejanza de cuerpo y rasgos hereditarios; pero en Kama-Loka todas las pasiones y deseos escondidos son desencadenados a consecuencia de la ausencia del cuerpo físico, y por esa razón ese estado es mucho más diversificado que el plano de la vida física. No sólo es necesario considerar las variedades y diferencias naturales, sino también las ocasionadas por la manera de morir, acerca de lo cual se hará referencia más adelante. Todas estas divisiones no son sino el resultado natural de los pensamientos de la vida, y de los últimos pensamientos de las personas que mueren sobre la tierra. El proveer una descripción de todos estos niveles sobrepasa los límites de esta obra, ya que serían necesarios varios tomos para describirlos y, además, pocos lo comprenderían.

Al tratar sobre el tema de Kama-Loka nos vemos obligados a tratar también acerca del cuarto principio en la clasificación de la constitución del hombre, y ésto crea un conflicto con las ideas y educación modernas acerca de los deseos y las pasiones. Generalmente se supone que estos deseos y pasiones son tendencias innatas en el individuo y en el estudiante común, y como tales ofrecen una apariencia enteramente vaga y confusa. Pero en este sistema filosófico, las pasiones y los deseos no son inherentes simplemente al individuo, ni tampoco son causados por el cuerpo mismo. Mientras el hombre reside en la tierra, los deseos y las pasiones – o sea el principio de Kama – no tienen vida separada del cuerpo astral y del hombre interno, estando, por decirlo así, esparcidos a través de su ser. Pero al unirse esas tendencias en fusión con el cuerpo astral después de la muerte y formar una entidad con su propio término de vida aunque sin el alma, surgen entonces algunas preguntas.

Durante la vida terrenal, los deseos y las pasiones están guiados por la mente y por el alma, pero después de la muerte funcionan sin la dirección de su anterior amo y maestro. Mientras vivimos, somos responsables de esas tendencias y de sus efectos, y cuando hemos abandonado esta vida seguimos siendo responsables, aún cuando estas pasiones continúen funcionando y produciendo efectos sobre otros seres mientras existan como la entidad antes descrita y sin nuestra directa guía y control. En ésto se reconoce la continuación de nuestra responsabilidad. Esas pasiones y deseos forman parte de los Skandas – bien conocidos en la filosofía oriental – , los cuales son los agregados que constituyen al hombre. El cuerpo físico incluye un grupo de Skandas, el hombre astral otro, el principio de Kama es otro grupo y aún otros más, que pertenecen a otras partes. En Kama se encuentran los Skandas realmente activos e importantes, los que controlan los renacimientos y conducen a todas las variedades de vida y circunstancias de cada renacimiento. Estos están siendo producidos de día en día, de acuerdo con la ley de que cada pensamiento se combina instantáneamente con una de las fuerzas elementales de la naturaleza, convirtiéndose hasta cierto punto en una entidad que perdurará tanto como haya sido la intensidad del pensamiento al momento de partir del cerebro, y todas estas entidades quedan irremisíblemente conectadas con el ser que las creó. No hay ningún medio de escape; lo único que podemos hacer es generar pensamientos de buena índole, porque ni aún los más elevados Maestros están exentos de esa Ley, sólo que ellos «pueblan su corriente en el espacio» con poderosas entidades capaces únicamente del bien.

Ahora bien, en Kama-Loka este conjunto de deseos y pensamientos sigue existiendo definitivamente hasta su desintegración total, y entonces el remanente consiste en la esencia de esos Skandas, conectados desde luego con el ser que los generó. La eliminación de estos Skandas es tan imposible como borrar el universo. Por lo tanto, éstos, se dice, permanecen hasta que el ser o Ego emerge del estado de Devachán y entonces, instantáneamente y de acuerdo con la ley de la atracción, los Skandas son atraídos hacia el ser, quien con tales Skandas, como gérmenes o base, elabora para la nueva encarnación una nueva serie de Skandas. Kama-Loka, por lo tanto, se distingue del plano terrestre por la existencia allí de masas de pasiones y deseos sin control ni guía; pero al mismo tiempo la vida terrestre es también un Kama-Loka, puesto que está gobernada mayormente por el principio de Kama, y continuará siéndolo hasta una fecha remota en el curso de la evolución en que las razas de los hombres habrán desarrollado los principios quinto y sexto de su naturaleza, desplazando el principio de Kama hacia su propia esfera de acción, liberando así la vida terrenal de su influencia.

El hombre astral en el plano de Kama-Loka es simplemente un cascarón sin alma y sin mente, sin conciencia así como también incapaz de actuar, a no ser que sea vivificado por fuerzas o poderes fuera de éste. Tiene lo que aparenta ser una conciencia animal o automática debida enteramente a la muy reciente asociación con el Ego humano. Porque de acuerdo con los principios presentados en otro capítulo, cada uno de los átomos que forman parte del hombre posee una memoria capaz de durar por un período de tiempo proporcional al ímpetu que se le dio. En el caso de una persona muy materialista y crasa o egoísta, el ímpetu predomina por más largo tiempo que en cualquier otra, y por consiguiente en ese caso, la conciencia automática parecerá más definida y desconcertante para quien, sin conocimiento de la materia, especule con la necromancia. La parte puramente astral de ese cascarón contiene y lleva los anales de todo lo que ocurrió en presencia de la persona cuando vivía, porque una de las propiedades de la substancia astral es la de absorber las escenas e imágenes y las impresiones de todos los pensamientos, y retenerlos y proyectarlos por reflejo cuando las condiciones lo permiten. Este cascarón astral arrojado por todo ser humano a su fallecimiento, sería una amenaza para todos los hombres si no fuera porque en todos los casos, con una sola excepción que se mencionará más adelante, carece de todos los principios superiores que son los dirigentes. Pero encontrándose esos principios dirigentes desunidos del cascarón, éste flota de un lugar a otro, sin ninguna voluntad propia sino gobernado enteramente por atracciones en los campos astrales y magnéticos.

El hombre real, el Ego, a quien algunas personas dan el nombre de espíritu, puede comunicarse algunas veces con nosotros inmediatamente después de la muerte y sólo por unos breves instantes, pero, pasados éstos, el alma no tiene más que hacer con la vida terrestre, hasta el momento de su subsiguiente reencarnación. Lo que puede influir, y en realidad influye a los sensitivos y a los médiums desde esta esfera astral, son los cascarones anteriormente descritos. Sin alma y conciencia, estos cascarones astrales no son bajo ningún concepto los espíritus de nuestros difuntos. Ellos son ropajes y envolturas desechados por el hombre interno; son la parte crasa y terrestre descarrados por los antiguos como demonios – nuestros demonios personales – por ser esencialmente astrales, terrestres y pasionales. En realidad sería sorprendente, si este cascarón, después de haber sido por tantos años el vehículo del hombre verdadero, o Ego sobre la tierra, no retuviera una memoria y conciencia automáticas. Como podemos observar, el decapitado cuerpo de una rana o gallina, por un cierto tiempo puede actuar y moverse con una vida e inteligencia aparentes; ¿por qué no va a ser posible, para la forma astral, aún más sutil y delicada, actuar y moverse con una mucho mayor apariencia de dirección mental?

Existentes en la esfera de Kama-Loka como, por cierto, también en todas partes del globo y del sistema solar, están los elementales o fuerzas de la todas partes del globo y del sistema solar, están los elementales o fuerzas de la naturaleza. Estas entidades son innumerables y sus subdivisiones son casi infinitas, siendo, en cierto sentido, como los nervios de la naturaleza. Cada clase tiene su propia función o trabajo, lo mismo que lo tiene cada elemento o cada cosa en la naturaleza. Lo mismo que el fuego quema y el agua corre cuesta abajo y no hacia arriba de acuerdo con su propia ley natural, de la misma manera los elementales actúan y funcionan bajo ley, pero como se encuentran en un grado de evolución más elevado que el del fuego y del agua de nuestro ambiente, la acción de esos elementales parece guiada por la mente. Algunos de ellos tienen una especial relación con las actividades mentales y con el funcionamiento de los órganos astrales, estén estos órganos unidos o no, a un cuerpo físico. Cuando un médium forma el canal, y también en el caso de otro tipo de coordinaciones naturales, estos elementales establecen una conexión artificial con el cascarón astral de una persona fallecida, con la ayuda del fluido nervioso del médium y de otras personas que le rodeen; el cascarón se galvaniza y adquiere una vida artificial. A través del médium se establece entonces una conexión con las fuerzas físicas y psíquicas de todos los concurrentes. Viejas impresiones e imágenes latentes en el cuerpo astral transfieren las imágenes a la mente del médium, las viejas pasiones se encienden y se enardecen de nuevo. Numerosos mensajes y relatos son obtenidos por medio de este proceso, pero ni uno solo de esos mensajes es original; ni uno solo dimana del espíritu. Por lo extraño de esos mensajes y a consecuencia de la ignorancia de las personas que a menudo se envuelven en esas prácticas, esta experiencia es tomada erróneamente como obra del espíritu, pero toda ella procede de seres vivientes, cuando no simplemente de fragmentos recogidos en la Luz Astral, obteniendo imágenes de lo que ya ha ocurrido en el pasado. En ciertos casos, que serán citados, se encuentra funcionando detrás una inteligencia que es total e intensamente perversa, a la cual todo médium está expuesto, lo cual explica por qué tantos de esos médiums han sucumbido al mal, según ellos mismos han confesado.

Una breve clasificación de estos cascarones que visitan e influyen a los médiums se da a continuación.

1)Los cascarones de las personas recientemente fallecidas, cuya sepultura se encuentra a una distancia no muy lejana. Los cascarones de esta clase serán completamente coherentes, de acuerdo con la vida y los pensamientos de sus dueños anteriores. Una persona no materialista, buena y espiritualizada, desecha un cascarón que rápidamente se disgrega. El cascarón de una persona crasa, vil, egoísta y materialista será pesado, consistente y de larga vida; y así sucesivamente con todas las variedades.

2) Los cascarones de las personas que hayan fallecido a una distancia lejana del lugar en donde el médium se encuentra. El transcurso del tiempo le permite a tales cascarones escaparse de la cercanía de sus viejos cuerpos, y al mismo tiempo induce un grado más rápido de desintegración, el cual corresponde en el plano astral a la putrefacción del plano físico. Estos cascarones son indistintos, tenebrosos e incoherentes; responden brevemente al estímulo psíquico, y son fácilmente barridos y arremolinados por cualquier corriente magnética. Ellos son galvanizados por un instante por las corrientes astrales del médium y de las personas que toman parte en la sesión y están emparentados con el difunto.

3) Los restos o reliquias puramente nebulosos, difícilmente pueden ser clasificados. No hay vocablos en nuestro idioma para describirlos, aunque tales restos son realidades en esta esfera. Se podría decir que estos restos nebulosos son meramente el molde o la impresión dejada en la materia astral de lo que fue una vez el cascarón coherente y ya por largo tiempo disgregado. Estos están, por lo tanto, tan cerca de considerárseles ficticios, que casi se merecen esa designación. Tales fotografías nebulosas son amplificadas, decoradas, y dotadas de vida imaginaria por los pensamientos, deseos, esperanzas e imaginaciones de los médiums y de los concurrentes a la reunión espiritista.

4) Las entidades definidas y coherentes, almas humanas despojadas del vínculo espiritual, dirigiéndose ahora hacia abajo, al peor de todos los estados, el Avitchi, en donde la aniquilación de la personalidad es la conclusión. Estas entidades son conocidas como magos negros. Habiendo centralizado su conciencia en el principio de Kama, conservado su intelecto y habiéndose divorciado del Espíritu, ellos son en realidad los únicos seres malditos que conocemos. Durante las vidas poseyeron cuerpos humanos, y arribaron a su horrendo estado a consecuencia de persistentes vidas de maldad por la maldad misma; algunos de estos seres ya condenados a convertirse en la clase de entidades que hemos descrito, se encuentran entre nosotros sobre la tierra hoy en día. Estas entidades no son cascarones ordinarios, porque ellos han centralizado toda su fuerza en Kama, han expelido toda chispa de pensamiento virtuoso o aspiración elevada, y poseen una maestría completa de la esfera astral. Yo los he clasificado dentro de la categoría de cascarones, porque son tales en el sentido de que los otros cascarones están condenados al mismo fin, pero sólo de una manera mecánica. Esas entidades negras pueden subsistir y en realidad subsisten por muchos siglos, gratificando su lujuria por mediación de todo ser sensitivo a quien ellos puedan asir, cuando los malos pensamientos les abren las puertas. Estas entidades presiden en casi todas las sesiones espiritistas, asumiendo nombres ilustres y haciéndose cargo del manejo de la sesión a fin de retener el control y continuar la ilusión del médium, proporcionándose así ellos mismos el servicio de medios apropiados para la satisfacción de sus propios deseos egoístas. Verdaderamente, con los cascarones de los suicidas, de esos infelices que mueren en manos de la autoridad, con los de los borrachos y glotones, estos magos negros que habitan el mundo astral tienen monopolizado el campo de la mediumnidad física y son capaces de invadir el ambiente de cualquier médium por bueno que sea. La puerta, una vez abierta permanece abierta para todos. Esta clase de cascarones ha perdido el Manas superior, pero en la lucha, no sólo después de la muerte sino también durante la vida, la parte inferior de Manas, que debió haber sido elevada a la perfección divina, fue arrancada de la influencia de su Señor y da ahora a esta entidad una inteligencia carente de Espíritu, pero que es capaz de sufrir, como en realidad sufrirá cuando le llegue su hora final.

En la esfera de Kama-Loka, los suicidas y los que repentinamente son despojados de la vida natural a causa de accidente o de homicidio, bien sea legal o ilegal, pasan allí un período casi igual a lo que hubiera sido la vida en la tierra a no ser por el violento desenlace. Estos seres no están en realidad muertos. Para producirse una muerte normal, debe encontrarse presente un cierto factor que no está aún reconocido por la ciencia médica. Esto es, los principios que constituyen el ser, según ha sido descrito en otros capítulos, tienen su propio período de cohesión, a cuya conclusión natural éstos se separan unos de otros en virtud de sus propias leyes. Esto implica el gran tema de las fuerzas coherentes del ser humano, tema que requeriría un libro por separado para ser explicado. Debo limitarme, por tanto, a aseverar que esta ley de cohesión prevalece en medio de los principios humanos. Antes de esa conclusión natural los citados principios no pueden ser separados. Evidentemente, la destrucción normal de la fuerza cohesiva no puede ser efectuada por medio de procesos mecánicos con la sola excepción del cuerpo físico. Por lo tanto un suicida, o persona que muere a consecuencia de un accidente o es asesinada a manos de un hombre o por mandatos de las leyes humanas, no ha llegado a la conclusión natural de la cohesión entre sus elementos constituyentes, y es precipitado hacia el Kama-Loka simplemente en un estado de muerte parcial. Allí los principios sobrevivientes tienen que permanecer hasta que la conclusión del período real y natural de la vida se haya completado, bien sea ese período un mes o sesenta años.

Sin embargo, los diversos niveles o subplanos del Kama-Loka proporcionan los medios para todas las variedades de cascarones recién mencionados. Algunos de ellos se pasan todo el período en un gran sufrimiento, otros en una especie de sueño ilusorio, cada uno de acuerdo con su responsabilidad moral. Pero los criminales ejecutados son generalmente arrancados de esa vida llenos de odio y de deseos de venganza, dolorosamente afectados por un castigo cuya justicia no pueden admitir. En Kama-Loka esos desdichados están siempre reviviendo su crimen, su juicio, su ejecución y su venganza. Así, cuando quiera que ellos logran ponerse en contacto con un ser viviente sensitivo, bien sea éste un médium o no, procuran inyectar pensamientos homicidas y de crímenes en el cerebro de esos otros desdichados. Y de que esas entidades tienen a menudo éxito en tales tentativas, los estudiantes avanzados de Teosofía lo saben muy bien.

Hemos llegado ahora a la esfera del Devachán. Después de un cierto tiempo en Kama-Loca, el ser cae dentro de un estado de inconsciencia, el cual antecede a la transición hacia el próximo estado. Este proceso es similar al del nacimiento a la vida, que tiene como preludio un período tenebroso de un pesado sueño. El ser despierta entonces a la gloria del Devachán.

Sumario

CAPITULO XIII

DEVACHAN

Habiendo ya mostrado que justamente más allá del umbral de la vida humana existe un lugar de disgregación en donde la parte superior del hombre es separada de sus elementos brutos e inferiores, pasamos a examinar lo que en realidad es, después de la muerte, el estado o condición del verdadero ser, ese ser inmortal que viaja de vida en vida. Esforzándose para liberarse del cuerpo físico, el hombre todo entra en Kama-Loka, en el purgatorio, donde nuevamente lucha y se desliga por sí mismo de los Skandas inferiores. Una vez terminado este período de nacimiento, los principios superiores de Atma-Buddhi-Manas comienzan a pensar de una manera diferente a la que el cuerpo y el cerebro le permitieron durante la vida. Este es el estado de Devachán, una palabra Sánscrita que significa literalmente «el lugar de los dioses», donde el alma goza de plena felicidad; pero como los dioses carecen de cuerpos como los nuestros, el Yo impersonal en Devachán está desprovisto de cuerpo mortal.

En los libros antiguos se ha dicho que este estado perdura «por un número infinito de años», o «por un período proporcional a los méritos del ser»; y cuando las fuerzas mentales peculiares a ese estado han sido agotadas, «el ser es atraído nuevamente hacia la tierra para renacer en el mundo de los mortales». El Devachán es por tanto un intermedio entre nacimientos en la tierra. La ley del Karma, que obliga a todos los seres en evolución a reencarnar en la tierra, siendo incesante en su funcionamiento y universal en su alcance, también actúa sobre el ser en Devachán, pues solamente por la fuerza u operación del Karma somos sacados del Devachán. Este proceso se asemeja a la presión atmosférica, que siendo continua y uniforme expulsará o aplastará todo lo que esté sujeto a ella, a menos que haya una fuerza atmosférica opuesta que compense y neutralice su presión. En el caso presente, el karma del ser es la atmósfera que continuamente lo impulsa hacia dentro o hacia fuera, de un estado a otro; la fuerza atmosférica neutralizante es la fuerza de los pensamientos y aspiraciones del ser durante su vida; la que impide la salida del ser del estado de Devachán hasta que ese impulso haya sido extinguido, pero que una vez gastado pierde todo el poder para detener el decreto del mortal destino que nos hemos auto-creado.

La necesidad de este estado después de la muerte es una de las necesidades de la evolución, emergiendo de la naturaleza de la mente y del alma. La naturaleza misma de Manas requiere un estado devachánico tan pronto como el cuerpo físico es descartado, y es simplemente el efecto producido por la pérdida de los límites impuestos a la mente por sus ropajes físicos y astrales. Durante la vida no podemos sino hasta cierto punto ejecutar los pensamientos que a cada instante sobrevienen a la mente, y menos aún podemos agotar las energías psíquicas generadas por los sueños y aspiraciones diarias. La energía así generada no se pierde ni se aniquila, sino que se acumula en Manas, pero el cuerpo físico, el cerebro y el cuerpo astral, no permiten el pleno desarrollo de esta fuerza. Por lo tanto, retenida latente, hasta la muerte, esta energía se liberta entonces de sus ya flojas ataduras y sumerge a Manas, el pensador, dentro de la expansión, uso y desarrollo de la fuerza mental creada durante la vida. La imposibilidad de escapar de este necesario estado, yace en la ignorancia del hombre de sus propios poderes y facultades. De esta ignorancia surge lo ilusorio, y como Manas no está plenamente emancipada es arrastrada por su propia fuerza hacia el pensar Devachánico. Pero mientras la ignorancia es la causa que nos lleva a este estado, el proceso entero es reparador, sosegado y beneficioso, porque si el hombre ordinario retorna de inmediato a un nuevo cuerpo en la misma civilización que acaba de abandonar, su alma estaría totalmente exhausta y privada de la oportunidad necesaria para el desarrollo de la parte superior de su naturaleza.

Ahora el Ego desprovisto del cuerpo mortal y de Kama, se viste en Devachán con un ropaje que no puede ser calificado como cuerpo, pero que puede ser llamado instrumento o vehículo, y en él funciona en la esfera devachánica enteramente sobre el plano de la mente y del alma. Entonces todo parece al ser tan real como nos parece este mundo. Simplemente el Ego tiene ahora la oportunidad de erigir para sí su propio mundo, sin ser obstaculizado por las vallas de la vida material. Su estado puede ser comparado al del poeta o del artista que, ensimismado en el éxtasis de su composición, o en el arreglo de colores, permanece insensible al transcurso del tiempo o a las cosas del mundo.

Nosotros estamos generando causas a cada instante, pero sólo dos esferas de acción existen para la manifestación de los efectos que resultan de esas causas. Estos dos campos de acción son: el objetivo, como es llamado el mundo que nos rodea, y el subjetivo, ese mundo que existe tanto aquí como después que hemos abandonado esta vida. El campo objetivo se relaciona con la vida terrenal y con la parte más crasa del hombre, con sus acciones corporales y los pensamientos de su cerebro, así como también con su cuerpo astral. El campo subjetivo tiene relación con sus potencialidades superiores y espirituales. En el campo objetivo los impulsos psíquicos no pueden ser realizados, ni tampoco las elevadas tendencias y aspiraciones del alma; por consiguiente, éstas deben ser la base, la causa, el substrato y el sostén del estado Devachánico.

Entonces, midiéndolo en años mortales, ¿cuánto tiempo permanecerá uno en el Devachán?. Esta pregunta, aún cuando se refiere a lo que los hombres del mundo denominan tiempo, bajo ningún concepto toca el verdadero significado de lo que es el tiempo mismo, o sea, lo que puede ser en efecto para nuestro sistema solar, el orden último y fundamental, la precedencia, la sucesión y la duración de los momentos. Esta es una pregunta que puede ser contestada con respecto a nuestro tiempo, pero de ningún modo con respecto al tiempo en el planeta Mercurio, por ejemplo, donde el tiempo no es el mismo que el nuestro, ni, por cierto, con respecto al tiempo según es concebido por el alma. Con relación a este último, cualquier hombre puede observar que después de pasados muchos años él no tiene una percepción exacta del tiempo transcurrido, sino que simplemente es capaz de identificar algunos de los incidentes que marcaron su paso; y en cuanto a algunas horas o instantes amargos o afortunados, parece experimentar su recuerdo como si hubiese sido sólo ayer. Y así, de igual manera, es para el ser en Devachán. El tiempo allí no existe. El alma disfruta de todo el beneficio de lo que sucede dentro de sí misma en ese estado, pero no entra en especulación alguna respecto al transcurso de los momentos; todo está hecho de eventos; mientras tanto la órbita solar va marcando los años nuestros sobre el globo terrestre. Esto no puede ser considerado como una imposibilidad si recordamos cómo, según es bien conocido en la vida, los sucesos, imágenes, pensamientos, argumentos, sentimientos introspectivos, pasarán todos frente a nosotros en un instante, como es bien conocido por los que han estado a punto de morir ahogados, en cuyo incidente los eventos de una vida entera pasan como un relámpago frente a los ojos de la mente. Pero el Ego permanece, según se ha dicho ya, en Devachán por un período de tiempo proporcional a los impulsos psíquicos generados durante la vida.

Ahora bien, siendo éste un asunto que se relaciona con la matemática del alma, nadie sino un Maestro puede decir lo que sería el período de estancia en Devachán para el hombre ordinario de este siglo, en cada lugar de la tierra. Por lo tanto, tenemos que confiar en los Maestros de Sabiduría con respecto a ese promedio, como quiera que el mismo debe estar basado en un cálculo. Los Maestros han dicho, como bien lo ha expresado el señor A.P. Sinnett en su «Budismo Esotérico», que el período en cuestión es en general de unos mil quinientos años. Por la lectura de su libro, que fue escrito basado en cartas procedentes de los Maestros, parece inferirse que el período devachánico dura quince siglos en todos y cada uno de los casos; pero con el objeto de desvanecer ese concepto erróneo, sus informantes escribieron en una fecha posterior, que ése es un período promedio y no un período fijo. Tal debe ser la verdad, porque como observamos que la opinión de los hombres difiere en cuanto al largo de los períodos de tiempo en los que ellos permanecen en cualquier estado mental durante la vida, debido a la variable intensidad de sus pensamientos, lo mismo debe ocurrir en Devachán, donde el pensamiento tiene aún mayor fuerza debido al ser que generó esos pensamientos.

Lo que dijo el Maestro sobre este tema es lo siguiente: «El sueño del Devachán perdura hasta que el karma ha sido satisfecho en ese sentido. En Devachán se experimenta un agotamiento gradual de fuerzas. La permanencia en Devachán es proporcional a los inagotados impulsos psíquicos generados durante la vida terrestre. Esos seres cuyas acciones fueron predominantemente materialista, serán atraídos más pronto hacia el nacimiento por la fuerza de Tanha». Tanha es el ansia o sed de vivir. Por tanto, aquél que no haya generado durante su vida muchos impulsos psíquicos, no tendrá mayor base o fuerza en su naturaleza esencial para alimentar y mantener sus principios superiores en el Devachán. Casi todo lo que tendrá serán esos impulsos generados durante su infancia antes de que comenzara a fijar sus pensamientos en conceptos materialistas. La sed por la vida, expresada por la palabra Tanha, es la fuerza atrayente o magnética que reside en los Skandas inherentes a todos los seres. En un caso como éste la regla de promedios no tiene aplicación puesto que el efecto completo en ambos sentidos se debe a un equilibrio de fuerzas y es el resultado de acción y reacción. Y este tipo de pensador materialista puede en sólo un mes surgir del Devachán y entrar aquí en otro cuerpo físico, dando así paso a las inagotadas fuerzas psíquicas generadas en la vida anterior. Pero como cada una de tales personas varía en cuanto a la clase, intensidad y cantidad de pensamientos e impulsos psíquicos, cada uno puede variar entonces con respecto al tiempo de estadía en Devachán. Los seres desesperadamente materialistas permanecerán en la esfera devachánica en un estado de letargo o sueño, podríamos decir, porque carecen de fuerzas apropiadas y que correspondan a ese estado devachánico, excepto de una forma muy vaga, y para tales seres puede decirse que no existe estado después de la muerte en cuanto a la mente concierne. Ellos permanecen aletargados por un tiempo y entonces encarnan de nuevo sobre la tierra. Este promedio general de la permanencia en Devachán nos da la duración de un ciclo humano muy importante, el Ciclo de la Reencarnación. Porque de acuerdo con esta ley se encontrará que el advenimiento de naciones se repite y que los tiempos pasados regresan de nuevo con las almas.

Durante la muerte, la última serie de pensamientos quedan poderosa y profundamente grabados en la mente y son los que dan el color y la tónica a la vida entera en el Devachán. El último momento coloreará cada momento subsiguiente. En esos pensamientos se quedan fijos el alma y la mente, que empiezan a entretejer con ellos una serie de imágenes y experiencias, desarrollándolas a sus más altos límites y llevando a cabo todo lo que no pudo realizarse durante la vida. Así, desarrollando y entretejiendo estos pensamientos, la entidad devachánica experimenta su juventud, crecimiento y vejez; es decir, el ímpetu ascendente de fuerza, su expansión y su gradual agotamiento hacia la extinción final. Si la persona ha llevado un vida insípida sobre la tierra, su estadía en Devachán será igualmente insípida e incolora; si la vida fue rica e intensa, su Devachán será igualmente rico en variedad y efectos. La existencia allí no es un sueño, salvo en un sentido convencional, ya que aquello es todo un escenario de la vida del hombre y cuando estamos allí esta vida presente es sólo un sueño. La vida allí no es monótona en ningún sentido. Somos demasiado propensos a juzgar y medir todos los posibles estados de la vida y todos los campos de experiencia a la luz de nuestra vida terrenal, y a imaginarnos que ésto es la realidad. Pero la vida del alma no tiene fin y no puede ser detenida ni por un instante. El abandono de nuestro cuerpo físico es tan sólo una transición a otro lugar o plano de existencia. Pero como las etéreas vestiduras del Devachán son más duraderas que las que usamos aquí, las causas espirituales, morales y psíquicas tardan más tiempo en desarrollarse y en agotarse en aquel estado que sobre la tierra. Si las moléculas que forman el cuerpo físico no estuvieran sujetas a las leyes químicas generales que gobiernan la tierra física, entonces viviríamos tan largo tiempo en estos cuerpos como lo hacemos en el estado devachánico. Pero esa vida de interminable tensión y sufrimiento sería más que suficiente para abatir el alma obligada a sobrellevarla. El placer se convertiría entonces en tormento y el empalagamiento terminaría en una locura inmortal. La naturaleza, siempre benévola, nos conduce pronto de nuevo al cielo, para nuestro reposo y para el florecimiento de lo mejor y lo más noble que subyace en nuestras naturalezas.

El Devachán, por lo tanto, ni carece de sentido ni es inútil. «En él descansamos; esa parte de nuestro ser que no pudo florecer bajo los fríos cielos de la vida terrenal, brota allí en flor para luego retornar con nosotros a la vida terrenal, fortalecida y siendo más parte de nuestra naturaleza que antes. ¿Por qué quejarse de que la Naturaleza bondadosamente nos dé ayuda en la lucha interminable?; ¿por qué mantener la mente meditando acerca de nuestra insignificante personalidad actual y de sus buenas y malas fortunas?»1 .

A veces alguien se pregunta: ¿y qué pasa con esos seres que dejamos atrás?, ¿los veremos allí? No los vemos allí de hecho, pero conscientemente nos hacemos sus imágenes tan llenas, completas y objetivas como en la vida terrestre, y desprovista de todo lo que entonces juzgamos como imperfección. Vivimos entre ellos y los vemos crecer nobles y buenos en vez de mezquinos o malos. La madre que ha dejado atrás un hijo dado a la embriaguez, lo encuentra ante sí en Devachán como un hombre sobrio y bueno; y de la misma manera en todos los casos posibles, padre, hijo, esposo y esposa encuentran allí sus seres queridos perfectos y plenos de sabiduría. Todo ésto para beneficio del alma. Uno puede calificarlo como un estado de ilusión si así lo prefiere, pero la ilusión es necesaria para la felicidad, como a menudo acontece en la vida. Y como la mente es la que produce la ilusión, no es por tanto una trampa. Ciertamente la idea de un «cielo» erigido al margen del infierno, donde usted ha de saber, si es que le queda algún cerebro o memoria bajo el sistema ortodoxo actual, que sus errados amigos y parientes están sufriendo tormento eterno, no admite comparación alguna con la doctrina del Devachán. Pero las entidades en Devachán no están enteramente desprovistas de poder para ayudar a los que quedaron sobre la tierra. El amor, Maestro de la Vida, si es verdadero, puro y profundo, inducirá al bienaventurado Ego en Devachán a influir benéficamente sobre aquellos que quedaron en la tierra, no sólo en la parte moral, sino también en la de circunstancia material. Esto es posible bajo una ley del universo oculto que no puede ser explicada ahora con provecho, pero el asunto puede mencionarse. Esto ha sido divulgado anteriormente por H.P. Blavatsky sin que se le haya prestado sin embargo mayor atención.

La última pregunta por considerar es, si a nosotros nos es posible o no desde esta esfera alcanzar a los que residen en Devachán, o si ellos pueden llegar a la nuestra. No podemos alcanzarlos ni influenciarlos, a menos que seamos Adeptos. La pretensión de los médiums de que pueden comunicarse con los espíritus de los muertos, carece de fundamento, y aún menos válida es la presunta habilidad para ayudar a aquellos que se han ido al Devachán. El Mahatma, un ser que ha desarrollado todos sus poderes y que está libre de toda ilusión, puede trasladarse al estado devachánico y comunicarse entonces con los Egos que allí se encuentran. Esa es una de sus labores, y es la única Escuela de los Apóstoles que existe después de la muerte. Los Mahatmas se aproximan a ciertas entidades en Devachán con el propósito de sacarlos de esa condición, a fin de que retornen a la tierra para bien de la raza. Por lo tanto, los Egos a quienes ellos se aproximan son aquellos cuya naturaleza es noble y profunda, pero que no poseen la sabiduría suficiente como para ser capaces de vencer las ilusiones naturales del Devachán. Algunas veces también el médium sensitivo y puro entra en ese estado y se comunica con los Egos que allí se encuentran, pero ese caso es muy raro y ciertamente no sucederá con el tipo ordinario de médiums que trabajan por dinero. Pero el alma jamás desciende aquí al médium. Y el abismo que existe entre la conciencia del Devachán y la del globo terrestre es tan profundo y vasto, que muy rara vez puede el médium recordar a su regreso a qué o a quién encontró, vió o escuchó en Devachán. Este abismo es comparable al que separa el Devachán del nacimiento; aquel abismo en el cual toda memoria previa se desvanece.

Cuando el período completo asignado por las fuerzas del alma ha concluído en Devachán, los hilos magnéticos que atan el alma a la tierra comienzan a ejercer su poder. El Yo despierta de su sueño, es velozmente guíado hacia un nuevo cuerpo, y, entonces, justo antes del nacimiento, el Ego ve por un instante todas las causas que le condujeron al Devachán y de regreso a la nueva vida a punto comenzar, y sabiendo que es todo justo y sólo el resultado de su propio pasado, el Ego no se lamenta, sino que otra vez toma su cruz…y otra alma ha regresado a la tierra.

1 Cartas del Mahatma K.H. Véase The Path V. 5, p. 192.

Sumario

CAPITULO XIV

CICLOS

La doctrina de los Ciclos es una de las más importantes de todo el sistema teosófico, aunque la menos conocida, y de todas, a la que se alude con menos frecuencia. Por varios siglos los investigadores occidentales han sospechado que los eventos suceden en forma cíclica, y unos cuantos escritores en el campo de la literatura europea han tratado este asunto, aunque todos lo han hecho de una forma incompleta. Esa falta de cabalidad y ecasez de conocimiento exacto se han debido a una falta de creencia en las cosas espirituales y al deseo de reducir y adaptar todas las cosas a la ciencia materialista. Tampoco pretendo dar a conocer la ley cíclica en su totalidad, porque esta es una ley que los Maestros de Sabiduría no han divulgado en todos sus detalles. Pero bastante ha sido ya divulgado y bastante fue por largo tiempo conocido por los hombres de la antigüedad, como para enriquecer considerablemente nuestro saber.

Un ciclo es un anillo, círculo o revolución periódica, como lo indica la etimología de la palabra. En el idioma Sánscrito, las palabras correspondientes son Yuga, Kalpa, Manvantara; pero entre todas, Yuga es la que más se aproxima a la palabra ciclo, por significar menor duración que las otras. El comienzo de un ciclo debe por necesidad ser un instante, que añadido a otros instantes constituyen un día, y éste sumado a los otros días, constituyen los meses, los años, las décadas y los siglos. El Occidente no va más allá de este cómputo ordinario y aunque reconoce el ciclo lunar y el gran ciclo sideral, sólo considera a ambos, al igual que a los demás, como meros períodos de tiempo. Si los hemos de considerar tan sólo como duración de tiempo, no habrá ninguna utilidad excepto para el estudiante estéril o el astrónomo. Y en esta forma están los ciclos considerados hoy día por los pensadores Europeos y Americanos, quienes reconocen la existencia de los ciclos, pero consideran que éstos no ejercen mayor influencia sobre la vida humana, y de hecho ninguna sobre la ocurrencia de eventos o la reaparición en el escenario de la vida, de personas que una vez vivieron sobre la tierra. La teoría teosófica es precisamente lo contrario, como debe ser si ha de sustentarse la doctrina de la reencarnación, a la cual se ha dado una gran importancia en páginas anteriores.

No solamente son llamados los ciclos actuales sucesos físicos en lo que respecta al tiempo, sino que tales ciclos y otros períodos afectan grandemente la vida humana y la evolución del globo terrestre con todas las formas de vida que existen en éste. Comenzando con el instante como punto de partida y prosiguiendo a través de un día, esta teoría erige el ciclo en un amplio anillo que lo abarca todo dentro de sus límites. Siendo el instante la base fundamental, la cuestión a ser esclarecida respecto al gran ciclo es: Cuándo se inició el primer instante? Esto no puede ser contestado, pero puede decirse que los antiguos teósofos sostuvieron que la verdad es que en los primeros momentos de la solidificación de este globo, la masa de materia envuelta en el proceso alcanzó un cierto grado vibratorio que se mantendrá a través de toda variación en cualquier parte de esa masa, hasta que llegue la hora de su disolución. Estos grados de vibración son los que determinan las diversas clases de ciclos y, en oposición a las ideas de la ciencia occidental, la doctrina enseña que el sistema solar y el globo sobre el cual nos encontramos, llegarán a su final cuando la fuerza que yace tras la masa de materia visible e invisible haya alcanzado su límite de duración, de conformidad con la ley cíclica.

Aquí nuestra doctrina difiere otra vez de la doctrina religiosa y de la científica. No admitimos que la cesación de la fuerza se deba a la retirada de la protección de un Dios, ni al súbito arrojo por él de alguna otra fuerza contra nuestro globo, sino que la fuerza en juego, que es la determinante del gran ciclo, es la del hombre mismo considerado como un ser espiritual; tan pronto como él termina su labor sobre el globo, lo abandona y con él se retira la fuerza que sostiene el conjunto; el resultado es la disolución por el fuego, por el agua o por cualquier otra forma de catástrofe, siendo estos fenómenos simplemente efectos y no causas. Las especulaciones científicas corrientes sobre este punto, son que la tierra puede llegar a precipitarse y caer hacia el sol, o ser envuelta por éste, o que un cometa de gran densidad podría destruir nuestro globo, o que podríamos entrar en colisión con un planeta mayor, ya sea conocido o no. Por el momento, todas estas posibilidades son inútiles.

Como la reencarnción es la gran ley de la vida y del progreso, la misma se encuentra íntimamente entrelazada con la ley de los ciclos y del karma. Estas tres leyes van juntas y en la práctica es casi imposible desligar la ley de la reencarnación de la ley cíclica. Los individuos y las naciones regresan al globo terrestre en corrientes determinadas dentro de períodos cíclicos regulares, y traen con ellos de regreso al globo las artes, la civilización y los mismísimos personajes que antes vivieron y laboraron en él. Y como dentro de una nación y de una raza las entidades están magnéticamente conectadas por hilos invisibles y poderosos, grupos y masa considerables de tales unidades, en su lento pero incontenible avance, vuelven a reunirse en diferentes épocas y emergen juntos una y otra vez dentro de cada nueva raza y cada civilización, a medida que los ciclos recorren sus establecidas rondas. Por lo tanto, las almas que erigieron las más antiguas civilizaciones regresarán y traerán con ellas la vieja civilización, en idea y en esencia, lo cual, añadido a lo que otros han llevado a cabo para el desarrollo de la raza humana en su carácter y su conocimiento, producirá un nivel de civilización aún más elevado. Este nuevo y más avanzado desarrollo no será debido a la existencia de libros, crónicas, artes o tecnología, ya que todo éso es destruído periódicamente en lo que a la evidencia física concierne, sino al alma, eternamente reteniendo en Manas el conocimiento que una vez adquirió, e impulsando siempre hacia un más completo desarrollo los principios y poderes superiores; y así persistiendo, la esencia del progreso volverá a surgir otra vez con la misma certeza que el sol brilla. Y a lo largo de esta ruta están los puntos donde, para beneficio del hombre, los ciclos avatáricos menores y mayores proyectan los grandes seres que de tiempo en tiempo van moldeando la raza.

El Ciclo de Avatares incluye varios ciclos menores. Los mayores son esos que marcaron la aparición de Rama y de Krishna entre los hindúes, de Menes entre los Egipcios, de Zoroastro entre los Persas y de Buda entre los hindúes y otras naciones de Oriente. Buda es el último de los grandes Avatares y se encuentra en un ciclo mayor que el de Jesús de los Judíos, pues las enseñanzas de este último son las de Buda y están teñidas con las doctrinas que Buda había enseñado antes a los instructores de Jesús. Otro gran Avatar está aún por manifestarse y corresponderá a las naturalezas combinadas de Buda y Krishna. Krishna y Rama pertenecían al orden militar, civil, religioso y oculto. Buda al orden ético, religioso y místico, en lo cual fue seguido por Jesús; Mahoma fue un intermediario menor para una porción de la raza y perteneció al orden civil, militar y religioso. En estos ciclos podemos incluir personajes varios que han tenido una gran influencia sobre las naciones, tales como el Rey Arturo, Faraón, Moisés, Carlomagno, reencarnado en Napoleón Bonaparte; Clovis de Francia, reencarnado en Federico III, emperador de Alemania; y también Washington, primer Presidente de los Estados Unidos de América, país donde la raíz de la nueva raza está en proceso de formación.

En la intersección de grandes ciclos, siguen efectos dinámicos que alteran la superficie del planeta como resultado de la inversión de los polos del globo u otras convulsiones. Esta no es una teoría generalmente aceptada, pero nosotros sostenemos su veracidad. El hombre es un gran dinamo que genera, acumula y proyecta energía, y cuando las masas de hombres que forman una raza generan y distribuyen así la energía, hay un efecto dinámico sobre la materia del globo, el cual será suficientemente poderoso como para ser perceptible y cataclísmico. Que han habido vastos y horrorosos disturbios en la estratificada corteza del globo, es algo generalmente admitido por todas las disciplinas, y por lo tanto no requiere mayores pruebas; estos disturbios han sido ocasionados por terremotos, cataclismos y fenómenos glaciales en cuanto a la geología concierne; pero, en cuanto a las formas animales, la ley cíclica señala que ciertas formas animales ya extintas, así como ciertas formas humanas desconocidas, pero a veces sospechadas, reaparecerán otra vez en su propio ciclo, y ciertos idiomas humanos considerados ahora como lenguas muertas, se pondrán de nuevo en uso a la hora cíclica señalada.

«El Ciclo Metónico es el ciclo lunar. Este es un período que abarca unos diecinueve años, terminado el cual, la luna nueva y la luna vuelven a caer en los mismos días del mes».

«El Ciclo Solar es un período de veintiocho años, pasado el cual las letras Dominicales regresan a su lugar original y proceden en el orden anterior de acuerdo con el calendario Juliano».

El gran año Sideral es el período requerido por los puntos equinocciales para completar en su precesión una revolución completa e la esfera celeste. Esta revolución consiste en unos 25,868 años solares. Se dice que el último año sideral terminó hace 9,868 años, en cuyo momento debe haberse producido sobre la tierra una violenta convulsión, o una serie de convulsiones, así como distribuciones de naciones. La terminación de este gran período transporta a la tierra dentro de nuevos espacios del cosmos, no tanto con respecto a su propia órbita, como respecto a la progresión del sol en una órbita que le es propia y que no puede ser medida por ningún observador de nuestra época, pero cuyo centro, en la estimación de algunas personas, debe estar situado en una de las constelaciones.

Lo que afecta señaladamente al hombre son los ciclos espirituales, psíquicos y morales, y de éstos surgen los ciclos nacionales, raciales e individuales. Los ciclos raciales y nacionales son ambos históricos. Los ciclos individuales son los de la reencarnación, la sensación y las impresiones. La duración del ciclo de la reencarnación individual para la generalidad de los seres humanos, es de un mil quinientos años, y este cómputo, a su vez, nos da un gran ciclo histórico relacionado íntimamente con el progreso de la civilización. Porque a medida que las masas de Egos regresan del Devachán, debe inferirse que las antiguas eras Romana y Griega, lo mismo que la Ariana y otras Eras pasadas, reaparecerán, y ésto puede en alto grado ser claramente discernido. Más al hombre también lo afectan los ciclos astronómicos, porque él es parte integrante del todo y estos ciclos marcan los períodos en que la humanidad toda ha de experimentar un cambio.

En los libros sagrados de todas las naciones estos acontecimientos son con frecuencia mencionados, y se encuentran en la Biblia de los Cristianos, como, por ejemplo, en la historia de Jonás dentro del vientre de la ballena. Tomado en sentido histórico ésto es un absurdo, pero no si se considera como un ciclo astronómico. «Jonás» se encuentra entre las constelaciones, y cuando el punto astronómico que representa al hombre alcanza en el Zodíaco un punto que está directamente opuesto al vientre de la constelación de Cetus o de la ballena, al otro lado del círculo, en lo que se conoce como el proceso de oposición, entonces se dice que Jonás está en el centro del pez y es «arrojado» al final del período, cuando ese punto humano ha avanzado suficientemente en el Zodíaco como para no estar más en oposición a la ballena. De igual manera, a medida que ese mismo punto progresa a través del Zodíaco, viene a estar en oposición con las diferentes constelaciones con las que se va encontrando en exacta oposición, de siglo en siglo, a lo largo de su curso. Durnante estos movimientos progresivos, ocurren cambios entre los hombres y sobre la tierra, que son exactamente indicados por las constelaciones cuando aquéllos son descifrados de acuerdo con las reglas correctas de la simbología.

No se pretende demostrar que las conjunciones causan los efectos, sino que edades atrás los Maestros de Sabiduría resolvieron todos los problemas con respecto al hombre y encontraron en la bóveda celeste los medios de computar con exactitud las fechas en que los eventos han de ocurrir, y entonces, grabando en las mentes de las viejas naciones la simbología del Zodíaco, fueron capaces de preservar los anales y la profecía. Así pues, de la misma manera que el relojero puede decir la hora cuando las manecillas o la maquinaria del reloj alcanzan ciertos puntos determinados, igualmente los Sabios pueden pronosticar la hora de los eventos por el reloj Zodiacal. Desde luego, ésta no es la creencia de hoy en día, pero será bien comprendida en los siglos venideros, y como las naciones de la tierra tienen signos generalmente similares para el Zodíaco, y las crónicas de las razas hace tiempo extintas muestran los mismos símbolos, no parece ser probable que el espíritu vandálico del occidental siglo diecinueve sea capaz de borrar esta valiosa herencia de nuestra evolución. En Egipto, el Zodíaco de Dendera relata la misma narración que nos fue legada por la antigua civilización del continente Americano, y todas ellas proceden de la misma fuente; representan la obra de los Sabios, quienes se manifiestan al comienzo del gran ciclo humano para darle al hombre, que comienza su fatigoso ascenso por la ruta del desarrollo, esos grandes símbolos e ideas de carácter astronómico que perdurarán a través de todos los ciclos.

En lo que toca a los grandes cataclismos que ocurren al comienzo y final de los grandes ciclos, las leyes principales que gobiernan los efectos son la de Karma y la de Reencarnación, procediendo bajo la ley cíclica. Estas leyes no sólo gobiernan al hombre, sino también a cada átomo de materia, y todo el conjunto de materia está constantemente sufriendo transformaciones al mismo tiempo que el hombre. Esta materia, por lo tanto, tiene que mostrar alteraciones correspondientes a las que experimenta el Ego mismo o pensador. Sobre el plano físico, los efectos son producidos por los fluídos eléctricos y de otros orígenes, actuando con los gases sobre las substancias sólidas del globo. Al cambio de un gran ciclo, ésto alcanza lo que pudiera llamarse un punto explosivo y causa convulsiones violentas de las clases siguientes: a) Terremotos, b)Inundaciones, c)Incendios, d)Fenómenos Glaciales.

Los terremotos pueden producirse, de acuerdo con esta filosofía, por dos causas generales: Primero, por inmersión o elevación bajo la corteza terrestre, debido al calor y al vapor; Segundo, cambios eléctricos y magnéticos que afectan simultáneamente el agua y la tierra. Estos últimos tienen el poder de hacer la tierra fluída instantáneamente sin licuarla, causando así inmensos y violentos desplazamientos en grandes o pequeñas oleadas. Este efecto es ahora observado algunas veces en distritos azotados por terremotos, cuando causas eléctricas similares entran en acción en una escala menor.

Las inundaciones de carácter general son causadas por el desplazamiento de aguas resultante de un hundimiento o elevación del terreno, y también por esos fenómenos en combinación con cambios de naturaleza eléctrica que inducen una enorme descarga de humedad. Esto último no es simplemente el resultado de nubes que se descargan, sino una súbita transformación de enormes masas de fluidos y sólidos en agua.

Los incendios universales son el resultado de cambios eléctricos y magnéticos en la atmósfera, por medio de los cuales la humedad es desalojada del aire que a la sazón se transforma en un masa ardiente; y, en segundo lugar, por la expansión repentina del centro magnético solar en siete centros similares, causando así el incendio del globo.

Los cataclismos glaciales no provienen solamente de la alteración repentina de los polos, sino también de descensos de temperatura, debido a la alteración de las cálidas corrientes fluídas del mar y de las calientes corrientes magnéticas de la tierra; las primeras son conocidas por la ciencia, las otras todavía no. Los estratos más profundos de humedad en la tierra se congelan repentinamente y vastas regiones se cubren de gruesas capas de hielo en una noche. Este fenómeno puede ocurrir muy fácilmente en las Islas Británicas, si las corrientes cálidas del océano son desviadas de sus costas.

Tanto los egipcios como los griegos tenían sus propios sitemas cíclicos, que en nuestra opinión derivaron de los Sabios de la India. Los chinos fueron siempre una nación de astrónomos, y han registrado observaciones que datan de las épocas remotas anteriores a la era Cristiana, pero como pertenecen a una raza antigua que está llamada a extinguirse (por extraña que esta aseveración pueda parecer) sus conclusiones no resultarán válidas y correctas en lo que concierne a las razas arianas. Al advenimiento de la era Cristiana, un denso palio de oscuridad veló las mentes de los hombres de Occidente, y la India por siglos hubo de permanecer aislada de manera que puedieran preservarse estas grandes ideas durante la noche mental de Europa. Este aislamiento fue llevado a cabo deliberadamente como una necesaria precaución tomada por la Gran Logia a la cual ya hice referencia en el Capítulo Primero, porque sus Adeptos, conociendo perfectamente las leyes cíclicas, deseaban preservar la filosofía para las generaciones futuras. Como sería tan solo pedantería y especulación tratar de discutir los Saros y los Naros y otros ciclos de los Egipcios, daré pues aquí los ciclos Brahmánicos, ya que éstos concuerdan casi exactamente con los períodos correctos.

A un período o expresión de manifestación universal se le da el nombre de Brahmanda, que significa una vida completa de Brahma, y la vida de Brahma se compone de días con sus años, los cuales siendo cósmicos, son de una duración inmensa. El día de Brahma, como el del hombre, es de 24 horas y pico de duración; su año de 360 días y pico; el número de sus años es 100.

Tomando en consideración este globo – puesto que a nosotros no nos concierne ahora ningún otro – su gobierno y su evolución prosiguen bajo la dirección de El Manú, nombre de cuya raíz Sánscrita derivan Manas, «mente» y Man, «hombre»; de este término surge el vocablo Manvántara, o «entre dos Manus». El curso de la evolución está subdividido en cuatro Yugas por cada raza dentro de su propia duración y ruta. Estos Yugas no afectan a la humanidad toda a un mismo tiempo, en razón de que mientras unas razas están en uno de los Yugas otras están en un ciclo diferente. El indio Piel-Roja, por ejemplo, se encuentra al final de su edad de piedra, mientras que los Arios están en una fase enteramente diferente. Los citados cuatro Yugas son: Krita o Satya, la edad de oro; Treta, Dvapara, y Kali o edad de la oscuridad. Con respecto al Occidente y a la India, la actual era es la del Kali Yuga, especialmente con respecto al desarrollo moral y espiritual. El primero de estos mientras que el actual Kali Yuga es rápido, siendo su curso acelerado precisamente como ciertos períodos astronómicos conocidos hoy con relación a la Luna, pero aún no completamente comprendidos.

CUADRO SINOPTICO

DESCRIPCION AÑOS MORTALES

360 días (y pico) hacen 1
Krita Yuga tiene 1,728,000
Treta Yuga tiene 1,296,000
Dvapara Yuga tiene 864,000
Kali Yuga tiene 432,000
Maha Yuga o los cuatros precedentes, tiene 4,320,000
71 Maha Yugas, forman el reinado de un Manu, o 306,720,000
14 Manús son 4,294,080,000
Agréguense las auroras y crepúsculos entre Manús 25,920,000
Estos 14 reinados con sus auroras y crepúsculos
suman 1,000 Maha Yugas o un Kalpa o Día de Brahma 4,320,000,000
La noche de Brahma es igual a su Día y tal Día
y tal Noche suman conjuntamente 8,640,000,000
360 de estos Días constituyen el año de Brahma 3,110,400,000,000
100 de estos Años constituyen
una Vida de Brahma 311,040,000,000,000
Los primeros 5,000 años del Kali Yuga terminan entre los años de 1897 a 1898. Este Yuga comenzó alrededor de 3,102 años antes de la era Cristiana, al momento del fallecimiento de Krishna. Como los años de 1897-1898 no están muy lejanos de nosotros, los científicos de hoy tendrán una oportunidad de ver si la conclusión del ciclo de cinco mil años será precedida o seguida de algunas convulsiones o grandes cambios políticos, científicos o físicos, o bien de todos estos sucesos combinados. Cambios cíclicos están ahora generándose a medida que de año en año las almas o Egos de previas civilizaciones están encarnando en este período, en que la libertad de pensamiento y de acción no están tan restringidos en Occidente como lo estuvieron en el pasado por las religiones dogmáticas y el prejuicio y fanatismo religioso. Nos encontramos actualmente en un ciclo de transición, en que todo en filosofía, religión y sociedad, se encuentra en un proceso de cambio. Durante un período de transición, las cifras exactas y las reglas completas con respecto a los ciclos no se divulgan a una generación que exalta el dinero por encima del más alto nivel de pensamiento y se mofa de la gran perspectiva espiritual del hombre y de la naturaleza.

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Sumario

CAPITULO XV

DIFERENCIACION DE LAS ESPECIES
ESLABONES PERDIDOS

Entre la Ciencia y la Teosofía existe un enorme abismo, hasta el presente sin conexión, con respecto al origen del hombre y la diferenciación de las especies. Los instructores religiosos de Occidente ofrecen sobre esta materia una teoría, dogmáticamente afianzada por una presunta revelación que resulta tan inaccesible como la teoría que proponen los hombres de ciencia. Sin embargo, los religiosos se encuentran más cercanos a la verdad que los científicos. Bajo la superstición religiosa sobre Adán y Eva,se oculta la verdad; y, en las narraciones de Caín, Set y Noé, se halla vagamente bosquejada la verdadera historia de otras razas humanas, no siendo Adán más que el representante de una raza. El pueblo que dió a Caín la bienvenida y le proporcionó una esposa, era una de esas razas humanas que habían aparecido simultáneamente con la raza que encabezaba Adán.

El origen o comienzo del hombre no puede ser descubierto, aún supiéramos cuándo aparecieron los hombres sobre este globo y de dónde vinieron. El hombre jamás ha dejado de ser. Si no en este globo, entonces en algún otro, el hombre siempre existió, y por siempre existirá en alguna parte del Cosmos. Por siempre perfeccionándose y esforzándose en alcanzar la imagen del Hombre Celeste, el ser humano se mantiene en un eterno proceso de desarrollo. Pero como la mente humana no puede regresar a descubrir comienzo alguno, empezaremos pués con este globo terrestre. Sobre esta tierra y sobre toda la cadena de globos, de la cual la tierra es parte, siete razas de hombres aparecieron simultáneamente procedentes de otros globos de una cadena planetaria más antigua. Y con respecto a esta tierra (el cuarto globo de esta cadena) estas siete razas llegaron simultáneamente desde otro globo de esta misma cadena. Esta aparición simultánea de siete razas toma lugar en la primera ronda de los globos y en una parte de la segunda. En la segunda ronda, los siete conglomerados de seres son amalgamados, siendo su destino después de ese proceso el de diferenciarse lentamente durante las subsiguientes rondas, hasta que en la séptima ronda las siete primeras grandes razas surgirán otra vez distintas y con prototipos tan perfectos de la raza humana como ese período de evolución lo permita. Las siete razas están en la actualidad entremezcladas, y representantes de todas ellas se encuentran presentes en muchas de las supuestas razas humanas que clasifica la ciencia moderna. El propósito de esta amalgación y subsiguiente diferenciación, es el dar a cada raza el beneficio del progreso y del poder del todo, derivado del progreso anteriormente alcanzado en otros planetas y otros sistemas. Pues la Naturaleza nunca hace su labor en forma precipitada o desordenada, sino que por el seguro método de mezcla, precipitación y separación, logra la perfección máxima. Este método fue conocido por los Alquimistas, aunque nunca enteramente comprendido en todos sus sentidos ni aún por ellos mismos.

Por lo tanto, el hombre no surgió de una sola pareja, ni tampoco fue generado por una tribu o familia de monos. Todo esfuerzo que se haga para determinar la solución de este asunto es inútil, ya se haga por mediación de la religión o de la ciencia; pues la ciencia se encuentra confundida según ella misma lo admite, y la religión se halla enmarañada con una revelación que según sus propios textos contradice la teoría dada por los sacerdotes. Adán es aceptado como el primer hombre, pero la crónica dentro de la cual esta historieta se encuentra relatada, da clara muestra de que otras razas de hombres deben haber existido sobre la tierra antes que Caín pudiera haber fundado toda una ciudad. La Biblia misma, pues, no sostiene la teoría de la pareja única original. Si nosotros examináramos una de las hipótesis de la Ciencia y admitiéramos por el momento que el hombre y el mono tuvieron su origen en un progenitor común, entonces tendríamos que preguntar de dónde surgió el primer progenitor. El primer postulado de la Logia sobre este tema, es que siete razas de hombres aparecieron simultáneamente sobre la tierra y la primera suposición negativa es que el hombre no emergió de una simple pareja, ni tampoco del reino animal.

Las variedades de carácter y de capacidad que subsiguientemente aparecen en la historia del hombre, son el efecto que va surgiendo de las variaciones que van siendo inducidas en los Egos durante el curso de otros largos períodos de evolución, en otras cadenas de globos. Estas variaciones fueron tan profundamente estampadas en los Egos, que equivalen ya a ser características inherentes. En cuanto a las razas de este globo, su período de evolución anterior transcurrió en la cadena de globos de la cual nuestro satélite lunar es el representante visible.

El problemático asunto de los monos antropoides con relación al hombre, es solucionado por los Maestros de Sabiduría, quienes nos dicen que, éstos, en vez de ser nuestros progenitores, fueron producidos en realidad por el hombre mismo. En uno de los tempranos períodos del globo, los hombres de esa época engendraron los antropoides en hembras del reino animal, y en estos cuerpos quedaron atrapados un cierto número de Egos destinados un día a ser hombres. El actual remanente de los descendientes del verdadero antropoide, son los descendientes de aquellos ilegítimos hijos del hombre, los cuales se extinguirán gradualmente y sus Egos encarnarán en cuerpos humanos. Esos cuerpos, mitad antropoide y mitad humano, no pueden estar animados por Egos de naturaleza puramente animal, y por esa razón son conocidos en la Doctrina Secreta como la «Raza Retardada», el único grupo no incluído en el fíat de la Naturaleza, con respecto a que no serán admitidos más Egos de los reinos inferiores en el reino humano, hasta el advenimiento del próximo Manvántara. Pero para todos los reinos inferiores al del hombre, con la única excepción de los antropoides, la puerta de entrada a la condición humana está ahora cerrada, y los Egos incorporados en las formas inferiores tendrán todos que esperar su turno en el subsiguiente gran Ciclo. Y como los Egos retardados de la familia antropoide emergerán más adelante dentro del escenario humano, esos Egos serán entonces recompensados por tan extensa y angustiosa espera dentro de esa raza degradada. Todos los demás monos son el producto del proceso evolutivo en el sentido ordinario.

Sobre este tema no puedo hacer más que citar las palabras de uno de los Maestros de Sabiduría, que explica la antropología esotérica de la Doctrina Secreta:

La semejanza anatómica entre el hombre y el mono superior, que los Darwinistas citan con tanta frecuencia como evidencia de un ancestro común a ambos, presenta un problema interesante, cuya debida solución hay que buscar en la explicación esotérica del génesis de los troncos pitecoids. Nosotros lo hemos expuesto hasta el punto que era útil, al declarar que la bestialidad de razas primitivas sin – mente trajo la procreación de enormes monstruos humanoides, el fruto carnal de la unión de padres humanos y animales. A medida que transcurría el tiempo y esas formas aún semi-astrales se consolidaban físicamente, los descendientes de esas criaturas monstruosas fueron modificados por condiciones externas, hasta que la especie, disminuyendo en tamaño, culminó en los monos inferiores del período Mioceno. Y fue con éstos que los últimos Atlantes repitieron de nuevo el mismo pecado de los «Sin-mente», pero esta vez con plena responsabilidad de acción. El resultado de su crimen fueron las especies ahora conocidas como Antropoides… Recordemos aquí la enseñanza esotérica, la cual nos dice que el hombre tenía durante la Tercera Ronda una forma gigantesca, semejante al mono, sobre el plano astral; y similarmente al concluir la Tercera Raza de la actual ronda. Esto explica el aspecto humano de los antropoides, especialmente de los más tardíos, aparte del hecho de que éstos últimos conservaron por herencia un parecido con sus progenitores Atlante-Lemurianos.

Aún más; los mismos Maestros aseveran que los mamíferos fueron producidos durante la cuarta ronda y son subsiguientes a la aparición de la raza humana. Por esta razón no hubo barrera biológica contra tal forma de fertilidad, porque los tipos-raíces de tales mamíferos no estaban lo bastante distantes como para que surgiera tal barrera. La unión innatural de parte de la tercera raza, cuando el hombre no poseía todavía la luz de Manas, no fue un crimen contra la Naturaleza, puesto que no habiendo mente presente, salvo en forma germinal, no podía haber responsabilidad. Pero en la cuarta ronda, estando la luz de Manas presente, la renovación de tal acto de parte de la nueva raza fue un crimen, porque fue hecho con pleno conocimiento de sus consecuencias y contra los dictados de la conciencia. El efecto Kármico de ésto, incluyendo, como lo hace, a todas las razas humanas, tiene todavía que llegar a ser sentido plenamente y comprendido – en un lejano día que está aún por venir.

Así como el hombre vino a este globo desde otro planeta siendo tadavía un ser de inmenso poderío y antes de haber sido completamente sumergido en la materia, igualmente vinieron los reinos inferiores desde otros planetas, en gérmen y tipo, a llevar a cabo su evolución paso a paso hacia adelante con la ayuda del hombre, quien, en todos los períodos de manifestación se encuentra al frente de la oleada de vida. Los Egos en estos reinos inferiores no pudieron terminar su evolución antes de que la precedente cadena de globos llegara a su disolución, y habiendo venido a continuarla aquí, avanzan de edad en edad acercándose gradualmente más y más a la condición humana. Un día ellos también se convertirán en hombres que se aprestarán como vanguardia y guía de otros reinos inferiores, en éste u otro globo. Y en tales arribos desde otros planetas, siempre han de ser traídos junto con la más alta clase de seres algunas formas de vida animal, así como frutas y otros productos, que a manera de modelos o prototipos han de ser usados aquí. No sería práctico entrar aquí en detalles, pues siendo demasiado avanzado para el entendimiento de nuestra época, sólo se consideraría ridículo de parte de algunos, y puras estupideces de parte de otros. Pero siendo así traídas las formas generales de los varios reinos, hemos de considerar cómo se inició la diferenciación del animal y otras especies inferiores, y cómo fue proyectada.

Este es el punto en que la ayuda e interferencia inteligentes de una mente o masa de mentes es absolutamente necesaria. Tal ayuda e interferencia fue y sigue siendo un hecho, pues la Naturaleza sin ayuda y guía no puede hacer una labor perfecta. Y con ésto no quiero decir que Dios o ángel interfiera o ayude. Es el Hombre quien así lo hace. No el hombre de hoy, débil e ignorante como es, sino grandes almas; elevadísimos y santos hombres de inmenso poder, conocimiento y sabiduría. Tal como cada quien sabe hoy que podría llegar a ser, si no fuera porque la religión por un lado y la ciencia por el otro, han pintado tal cuadro acerca de nuestras debilidades, maldad intrínseca y origen puramente material, que prácticamente todos los hombres piensan que son sólo títeres de Dios o de un destino infame, a la vista tanto de aquí como del más allá. Varios nombres les han sido dados a estos grandes seres ahora apartados de nuestro plano. Ellos son los Dhyanis, los Creadores, los Guías, los Grandes Espíritus, así como otros títulos. En la literatura teosófica se les llama Dhyanis.

Por métodos que les son conocidos a ellos y a la Gran Logia, ellos obran sobre las formas que fueron traídas de otros globos y, añadiendo aquí, quintando allá y a menudo alterando, gradualmente transforman por alteración y adición los reinos naturales, así como el gradualmente formado cuerpo bruto del hombre. Este proceso es llevado a cabo principalmente en el período puramente astral y que precede al estado físico bruto, ya que los impulsos así dados de seguro se proyectarán adelante en períodos subsiguientes. Cuando el punto medio de la evolución se alcanza, las especies emergen en la escena presente sin mostrar ninguna conexión a la vista del hombre ni a nuestros instrumentos. Las investigaciones del día han rastreado ciertas especies hasta un punto en que, como ha sido confesado, no se conoce a qué raíz se remontan. Tomando el buey por un lado y el caballo por el otro, notamos que ambos tienen pezuñas, pero uno tiene una pezuña dividida y el otro un solo casco. Cuando alcanzamos el ancestro de cada uno, nos hacen remontar hasta un punto intermedio, y allí la Ciencia termina. Es en este punto en que la sabiduría de los Maestros viene para mostrarnos que tras de ésto está la región astral de la antiquísima evolución , donde yacieron los tipos-raíces sobre los cuales los Dhyanis iniciaron la evolución por alteración y adición, y que resultó en la subsiguiente diferenciación, en este plano bruto, dentro de las varias familias, especies, y géneros.

Un vasto período de tiempo, cerca de 300,000,000 de años transcurrió para la tierra y para el hombre, así como para todos los reinos naturales, dentro de ese estado astral. Para entonces no había materia bruta tal como la conocemos ahora. Esto acaeció durante las primeras rondas, cuando la Naturaleza procedía lentamente con la obra de ir perfeccionando los tipos en el plano astral, el cual es materia, aunque de una finísima textura. Al final de ese período de años comenzó el proceso de endurecimiento, siendo la forma humana la primera en solidificarse, y entonces algunos de los prototipos de las rondas precedentes entraron en el proceso de solidificación, aunque de hecho pertenecientes a un período anterior cuando todo era astral. Cuando tales fósiles se descubren, de inmediato se argumenta que deben pertenecer a aquellas criaturas que coexistieron con el hombre en su bruto cuerpo físico.

Y mientras ese argumento es suficientemente válido a la luz de ciertas teorías científicas, no deja sin embargo de convertirse únicamente en una presunción si tan sólo se admite la existencia del período astral. Entrar en más detalles a este respecto iría más allá del alcance de esta obra. Podemos tan sólo restringirnos a decir que ni la abeja ni el trigo hubieran podido alcanzar su diferenciación original en esta cadena de globos, sino que deben haber sido producidos en alguna otra, de la que fueron traídos a ésta. El porqué de ésto, estoy dispuesto a dejarlo por el momento abierto a conjetura.

Se podría objetar a la teoría completa diciendo que la Ciencia no ha podido hasta ahora encontrar los eslabones perdidos entre los tipos-raíces del período astral y los presentes fósiles de las especies vivientes. En el año 1893, en Moscú, el profesor Virchow expresó en una conferencia que el eslabón perdido permanecía más distante que nunca, más un sueño que nunca, y que no había mayor evidencia a mano de que el hombre en verdad desciende de los animales. Esto es bien cierto, y ninguna clase de eslabón perdido podrá ser descubierto por la Ciencia bajo los métodos corrientes de operación. Pues todos ellos existen en el plano astral y son por tanto invisibles a la vista física. Estos pueden ser vistos tan sólo por los sentidos astrales internos, los cuales han de ser primero entrenados para realizar su labor propiamente, y hasta que la Ciencia admita la existencia de tales sentidos astrales internos, nunca buscará la manera de desarrollarlos. En tal caso la Ciencia permanecerá sin los instrumentos y metodologías necesarios para discubrir los eslabones astrales que quedaron atrás dentro del plano astral durante el largo curso de diferenciación. Los fósiles de que se habló anteriormente podría decirse que se solidificaron a destiempo, y por tanto constituyen una excepción a la imposibilidad de localizar algún eslabón perdido; aún así, éstos representan callejones sin salida para la Ciencia, ya que ésta no admite ninguno de los hechos básicos para su solución.

El objetivo detrás de toda esta diferenciación, amalgamación y separación, está bien esclarecido en las palabras de otro de los Maestros:

La Naturaleza conscientemente prefiere que la materia sea indestructible en las formas orgánicas más que en las inorgánicas, y labora lenta pero incesantemente hacia la realización de ese objetivo – la evolución de vida consciente partiendo del material inerte *.

* El Mundo Oculto, Por A. P. Sinnett.

Sumario

CAPITULO XVI

LEYES PSIQUICAS, FUERZAS Y FENOMENOS

El campo de lo psíquico, de la dinámica y de lo fenoménico es muy extenso. Tales fenómenos y sus correspondientes fuerzas son manifestados diariamente en todos los países, pero hasta hace pocos años muy poca atención les había sido dada por los científicos, mientras en gran forma se ha ridiculizado a todos los que han atestiguado sobre acontecimientos psíquicos o han aseverado su creencia en ellos. Hace unos cuarenta años surgió un culto en los Estados Unidos, que fue erróneamente denominado como «espiritualismo» o «espiritismo»; pero aún teniendo una gran oportunidad, no pasó de ser una mera búsqueda de lo raro y de lo curioso, sin la más leve sombra de filosofía. Este culto ha logrado poco en cuanto a progreso, exceptuando una larga crónica de sucesos no dirigidos, que por cuatro décadas fracasaron en captar seriamente la atención de la masa en general. Aún cuando tal doctrina ha sido de cierta utilidad y sus filas incluyen muchas mentes avanzadas, los grandes peligros y los perjuicios que ha ocasionado a los instrumentos humanos participantes y a aquéllos que se dedicaron a tales entretenimientos, de sobra contradicen el bien realizado, en opinión de los discípulos de la Logia, que preferirían ver al hombre progresar uniformemente y sin riesgos a lo largo del sendero de la evolución. No obstante, otros investigadores Occidentales, dentro de escuelas reconocidas, no han logrado mejores resultados y ésto trae por consecuencia que no exista una Psicología Occidental digna de ese nombre.

Esta carencia de un sistema adecuado de Psicología es el resultado natural de la parcialidad materialista de la Ciencia, y de la influencia paralizante de la religión dogmática; la primera, ridiculizando todos los esfuerzos y obstruyendo el camino; la otra, prohibiendo la investigación. La rama Católica de la Iglesia Cristiana es una excepción hasta cierto punto. Esta siempre ha admitido la existencia del mundo psíquico, porque ése es el mundo de los ángeles y los demonios. En cuanto a que la Iglesia prohibiese la práctica perniciosa de la necromancia a que se dedicaban los espiritistas, éso fue válido; sin embargo, las otras prohibiciones y restricciones no lo fueron. La psicología verdadera de hoy es un producto oriental. También es muy cierto que el verdadero sitema psicológico fue conocido en Occidente, en la época en que una antigua civilización florecía en América y en ciertas partes de la Europa pre-Cristiana; pero en la época actual, la psicología en su aspecto verdadero reside en Oriente.

¿Existen en realidad las facultades, las leyes y los poderes psíquicos? Si ellos existen, entonces sus aspectos fenoménicos deben igualmente existir. Si todo lo que ya ha sido delineado en los capítulos anteriores es verídico, entonces también existen en el hombre los mismos poderes y las mismas facultades que se encuentran en todo el campo de la Naturaleza. El ser humano está considerado por los Maestros de Sabiduría como el producto más elevado de todo el sistema evolucionario, y que refleja en sí mismo todo el poder que yace en la Naturaleza, no importa cuán maravilloso o terrible sea; y por el hecho mismo de ser tal espejo o reflejo, él es Hombre.

Este hecho se ha reconocido por largo tiempo en el Oriente, en donde el autor ha presenciado exhibiciones tales de poderes que trastornarían las teorías de muchos científicos de Occidente. Los mismos fenómenos han sido repetidos en Occidente en presencia del autor, y por consiguiente él sabe por propio conocimento que todos los hombres de todas las razas poseen potencialmente los mismos poderes. Los genuinos fenómenos psíquicos – también denominados mágicos – que producen los faquires o los yoguis orientales, son todos realizados por mediación de fuerzas y procesos naturales que hasta ahora no han sido siquiera soñados en Occidente. La levitación o suspensión del cuerpo humano, en aparente desafío a la gravedad, es algo que puede ser llevado a cabo con facilidad tan pronto como el procedimiento ha sido dominado. La levitación no contraviene ley alguna. La gravitación no es sino la mitad de una ley. El filósofo de Oriente admite la gravitación, si es que se desea adoptar ese término, pero la voz técnica verdadera es atracción; a la otra mitad de la ley se le da el nombre de repulsión, ambas gobernadas por las grandes leyes de la fuerza eléctrica universal. El peso y la estabilidad dependen de la polaridad, y cuando la polaridad de un objeto es modificada con respecto a la tierra directamente debajo de él, ese objeto puede levantarse. Pero como los objetos están desprovistos de la conciencia que caracteriza al hombre, los mismos no pueden elevarse sin el concurso de otras fuerzas. Sin embargo, el cuerpo humano se elevará en el aire, sin apoyo, como un pájaro, cada vez que su polaridad sea apropiadamente modificada. Esta modificación puede ser producida conscientemente por medio de un sistema de respiración conocido por los Orientales; el proceso puede ser también inducido con la ayuda de ciertas facultades naturales que se mencionarán más adelante, en los casos singulares de personas que sin tener conocimiento de la ley ejecutan esos fenómenos, tales como ciertos casos de santos de la Iglesia.

Una tercera gran ley que toma parte en muchos de los fenómenos de Oriente y Occidente, es la ley de Cohesión. El poder de la Cohesión es un poder en sí mismo y no un resultado como se supone. Esta ley y su funcionamiento deben ser conocidos, si han de producirse ciertos fenómenos como, por ejemplo, los que el autor ha presenciado: el paso de un anillo de hierro maciso a través de otro, o el de una piedra a través de una pared macisa. Aquí se emplea otra fuerza, la cual puede únicamente ser denominada fuerza de dispersión. La Cohesión es la fuerza dominante, pues, en el momento en que la fuerza dispersante se retira, la fuerza cohesiva restablece las partículas a su posición original.

Como resultado de estos poderes, el Adepto versado en esa gran dinámica es capaz de dispersar los átomos de un objeto – exceptuando siempre el cuerpo humano – a tal distancia los unos de los otros, que el objeto se hace invisible, y entonces el Adepto puede proyectar esos átomos a lo largo de una corriente formada en el éter y a cualquier distancia sobre la tierra. En el momento deseado la fuerza dispersante se retira, e inmediatamente la fuerza cohesiva se restablece por sí misma y el objeto reaparece intacto. Esto puede tomarse como ficción, pero siendo conocido por la Logia y sus discípulos como un hecho verídico, es igualmente cierto que la Ciencia admitirá esta proposición tarde o temprano.

La mentalidad laica, sin embargo, contagiada con el materialismo actual, se maravilla de cómo todas estas manipulaciones son posibles, observando desde luego que no son necesarios instrumentos materiales algunos. Los instrumentos yacen en el cuerpo y el cerebro del hombre. La Logia opina que «el cerebro humano es un generador con potencia inagotable», y un conocimiento completo de las internas leyes químicas y dinámicas de la Naturaleza, juntamente con una mente disciplinada, conceden a su poseedor el poder de operar las leyes a que se ha hecho referencia. Este poder será la posesión del hombre del futuro, y lo sería aún hoy, a no ser por el dogmatismo ciego, el egoísmo y la incredulidad materialista. Ni aún el mismo Cristiano vive a la altura de la verídica declaración de su Maestro, de que con fe podría uno mover montañas. El conocimiento de la ley, cuando se le añade la fe, confiere poder sobre la materia, la mente, el espacio y el tiempo.

Sirviéndose de los mismos poderes, el Adepto entrenado puede hacer aparecer ante los ojos físicos, palpables al tacto, objetos materiales que no estaban anteriormente visibles, y en cualquier forma deseada. Este fenómeno sería llamado por el vulgo creación, pero es simplemente evolución realizada en nuestra propia presencia. La materia se encuentra suspendida en el aire a nuestro alrededor. Toda partícula de materia visible o aún por precipitar, ha conocido todas las formas posibles, y lo que el Adepto hace es seleccionar alguna forma deseada, que existe, como todas, en la Luz Astral, y entonces por esfuerzo de la Voluntad y de la Imaginación, vestir de materia la forma deseada, por precipitación. El objeto así producido, se desvanecería a menos que se hiciera uso de otros procesos determinados, que no necesitan explicarse aquí, pero si tales procesos se usaran, el objeto quedaría en forma permanente; y sí se deseara hacer visible un mensaje sobre un papel o cualquier otra superficie, las mismas leyes y los mismos poderes son aplicados a ese fin. La imagen distintiva – fotográfica y exactamente definida – de cada línea, de cada letra o figura se formula en la mente, y entonces, del aire se extrae el pigmento para que se precipite dentro de los límites ya establecidos por el cerebro, «generador inagotable de fuerza y forma». El autor ha presenciado la ejecución de todos estos fenómenos en la forma descrita, y jamás ha aceptado la intercesión de ningún médium pasivo e irresponsable, conociendo él, pues, en forma directa el funcionamiento de los fenómenos de que se habla.

Esto, pues, nos conduce hacia la proposición de que la Voluntad humana es todopoderosa y que la Imaginación es una muy útil facultad dotada de fuerza dinámica. La Imaginación es el poder de creación de imágenes de la mente humana. En el promedio normal, la imaginación del ser humano carece de entrenamiento o poder adecuado para ser algo más que una especie de ensueño, pero puede educarse. Una vez educada, la Imaginación se convierte en el Constructor dentro del Taller. Cuando alcanza tal nivel, traza un molde en la substancia Astral, a través del cual emanarán los efectos objetivizados. Después de la Voluntad, la Imaginación es el poder supremo dentro del agregado humano de complicados instrumentos. La definición occidental moderna de la Imaginación está incompleta y fuera de perspectiva; se le usa mayormente para designar las fantasías o los conceptos falsos, pero en toda ocasión como una definición de lo irreal. Sin embargo, es imposible considerar otro término más apropiado, porque uno de los poderes de la Imaginación educada es precisamente el de producir una imagen. La palabra se deriva de esos vocablos que significan la formación o reflexión de una imagen. Esta facultad usada, o más bien dejándola actuar irregularmente, no ha proporcionado al Occidente más que lo expresado por la palabra «fantasía». Hasta cierto punto la sugerencia es aceptable, pero esa facultad puede ser extendida hacia mayores límites, que, al ser alcanzados, inducen a la Imaginación a desarrollar en la substancia Astral uma imagen o modelo que puede usarse, de la misma manera que se usa un molde de arena para verter o colar el hierro derretido. La Imaginación, por lo tanto, es la Facultad Regia ya que la Voluntad no puede efectuar su tarea si la Imaginación es débil o indisciplinada. Por ejemplo, si la persona que desea precipitar del aire vacila en lo más mínimo con respecto a la imagen formulada en la materia Astral, el pigmento se precipitará sobre el papel de una manera igualmente borrosa e incierta.

Para comunicarse con otra mente a cualquier distancia, el Adepto armoniza todas las moléculas de su cerebro y todos los pensamientos de su mente, con el fin de vibrar al unísono con la mente que va a ser impresionada; y de la misma manera, esa otra mente y cerebro tienen que estar al unísono voluntariamente, o sintonizarse con ello voluntariamente. Por lo tanto, así el Adepto se encuentre en Bombay y su amigo en Nueva York, la distancia no ofrece obstáculo alguno, porque los sentidos internos no dependen del oído, y esos sentidos pueden percibir los pensamientos e imágenes que se desarrollan en la mente de la otra persona.

Cuando se desea examinar la mente y captar los pensamientos de otra persona, y las imágenes que la rodean de todo lo que ha estado pensando y contemplando, la vista y el oído internos del Adepto se enfocan hacia la mente que va a ser examinada, cuyo contenido se hace perceptible al punto. Pero, según se dijo anteriormente, sólo un farsante haría ésto y los Adeptos no llevan a cabo acciones de esta índole, excepto en casos estrictamente autorizados. El hombre moderno no ve delito alguno en inmiscuirse en los secretos ajenos por medio de este poder, pero los Adeptos dicen que ello es una violación de los derechos de la otra persona. Ningún hombre tiene el derecho, así tenga tal poder, a penetrar en la mente de otro ser y captar sus secretos. Esta es la Ley de la Logia para todos los que buscan, y si uno reconoce que está a punto de descubrir los secretos de su semejante, debe instantáneamente retirarse y jamás proseguir adelante. Si prosiguiese, ese poder le sería retirado en el caso de que fuese un discípulo; en el caso de cualquier otra persona, ella debe aceptar las consecuencias de esta especie de pillaje. La Naturaleza tiene sus leyes y sus guardianes, y si cometemos felonías en el mundo Astral, la gran Ley y sus guardianes, la que nadie puede sobornar, llevarán a cabo el castigo, no importa por cuánto tiempo tengamos que esperar, así fuera por diez mil años. He aquí otra salvaguardia de la ética y la moral ocultas. Pero mientras los hombres no lleguen a admitir el sistema filosófico expuesto en este libro, no juzgarán erróneo el cometer felonías en esferas de acción en donde sus minúnsculas leyes humanas no tienen alcance y efecto alguno; pero al mismo tiempo, al así rehusar esta filosofía ellos siguen postergando el día en que todos puedan llegar a poseer estos grandes poderes para el bien de todos.

Entre los fenómenos que merecen mención, se encuentran los que consisten en el movimiento de objetos sin ningún contacto físico. Esto es posible de distintas maneras. La primera es proyectar fuera del cuerpo la mano y el brazo astrales, y con dichos instrumentos asir el objeto que se desee transportar. Este fenómeno puede llevarse a cabo a una distancia aproximada de hasta diez pies del cuerpo de la persona. El propósito aquí no es iniciar una discusión sobre el tema, sino simplemente hacer alusión a las peculiaridades de la materia y miembros astrales. Esto podrá servir para explicar algunos de los fenómenos producidos por médiums. En casi todos los casos de tales aportes, la hazaña se realiza con la ayuda de la mano Astral, invisible pero material. El segundo método consiste en hacer uso de los elementales, o espíritus de los elementos, acerca de los cuales ya se ha hecho referencia con anterioridad. Estos elementales, mientras los guía el hombre interno o astral, tienen la facultad de transportar los objetos cambiándoles la polaridad, y entonces vemos, como en el caso de los fenómenos practicados por los faquires de la India y algunos médiums en América, objetos pequeños moviéndose sin aparente sostén alguno. Estas entidades elementales se emplean cuando los objetos se transportan a distancias mayores que la que los miembros Astrales pueden alcanzar. El hecho de que los médiums desconocen el procedimiento de este fenómeno, no es argumento en contra de esta tesis. Los médiums raramente, o jamás, conocen la forma en que ellos mismos efectúan cualquier proeza de mediumnidad, y su ignorancia de la ley no es prueba alguna contra la existencia de ésta. Aquellos estudiantes que internamente han observado el funcionamiento de estas facultades, no necesitarán mayor argumento sobr este particular.

La clarividencia, la clariaudiencia y la doble visión, están muy estrechamente vinculadas. El ejercicio de cualquiera de estas facultades atrae simultáneamente las otras dos. Tales facultades no son sino variaciones de un solo poder. El sonido es una de las características distintivas de la esfera Astral, y como la luz acompaña al sonido, la vista se adquiere simultáneamente con lo que se oye. Ver una imagen con los sentidos Astrales significa que al mismo tiempo se produce un sonido, y de la percepción de tal sonido se infiere la presencia de una imagen relacionada con la substancia Astral. El verdadero estudiante de ocultismo conoce perfectamente bien que cada sonido produce instantáneamente una imagen, y este fenómeno, por tan largo tiempo conocido en Oriente, ha sido recientemente demostrado en Occidente ante testigos oculares, en forma de imágenes producidas por sonido sobre un tímpano o tambor. Este aspecto de la materia puede ser tratado con mucho más amplitud con la ayuda del ocultismo, pero, como este asunto resulta peligroso dentro del estado actual de la sociedad, me abstengo aquí de ello.

En la Luz Astral se encuentran, sin excepción alguna, las imágenes de todos los acontecimientos que han tenido lugar durante la vida de cada ser humano, así como también las imágenes de todos aquellos sucesos del porvenir, con sus correspondientes causas bien señaladas y establecidas. Si las causas están aún indefinidas, lo mismo estarán las imágenes del futuro. Pero, en cuanto al conjunto de eventos relativos a los años venideros, todas las causas productoras están siempre trazadas con suficiente precisión como para permitir que el vidente las vea con anticipación como si estuvieran en el presente. Por mediación de estas imágenes percibidas con los sentidos internos, todos los videntes ejercitan su extraña facultad, y, sin embargo, esta facultad es común a todos los hombres, aunque en la mayoría apenas ligeramente desarrollada; pero el ocultismo afirma que si no fuera por el gérmen de este poder ligeramente activo en cada uno de nosotros, ninguna persona podría transmitir a otra idea alguna.

En cuanto a la clarividencia, las imágenes en la Luz Astral pasan ante la visión interna y se reflejan desde el interior hacia el ojo físico. Entonces esas imágenes aparecen al vidente en forma aparentemente objetiva. Si tales imágenes son de los acontecimientos pasados, o de los eventos venideros, sólo la imagen es percibida; si los eventos están actualmente acaeciendo, los sentidos internos vivamente perciben la escena a través de la Luz Astral. La diferencia característica entre la visión ordinaria y la clarividencia, consiste, pues, en que durante la clarividencia, estando la vista ordinaria en vigilia, la vibración es comunicada primero al cerebro, del cual se transmite al ojo físico, donde produce una imagen sobre la retina, de la misma manera que el disco giratorio del fonógrafo hace vibrar la bocina, exactamente como la voz había vibrado en el momento de ser impulsada hacia el interior del micrófono receptor. En la vista natural del ojo físico, las vibraciones son primero transmitidas al ojo y de este órgano hacia el cerebro. Las imágenes y los sonidos son ambos producidos por vibraciones y, por lo tanto, cualquier sonido, una vez producido, se conserva en la Luz Astral; desde allí el sentido interno puede asirlo y del interior transmitirlo al cerebro, de donde el sonido alcanza al oído físico. De igual modo en la clariaudiencia, a una distancia retirada el oyente no oye a través del oído, sino por mediación del centro auditivo en el cuerpo Astral. La doble vista es o no la combinación de la clariaudiencia y de la clarividencia, según sea la índole del caso; y la frecuencia con que los eventos futuros son percibidos por el vidente que posee la doble vista, añade un elemento de profecía.

El orden más elevado de clarividencia, o sea, el de la visión espiritual, es muy raro. El vidente ordinario interviene solamente con los aspectos y los estratos comunes de la materia Astral. La visión espiritual viene a los seres que son puros, devotos y constantes. Esa facultad puede lograrse por medio del desarrollo especial del peculiar órgano del cuerpo a través del cual tal visión es posible, y sólo después de una disciplina adecuada, un largo entrenamiento y supremo altruísmo. Cualquier otro sistema de clarividencia es transitorio, inadecuado y fragmentario, y únicamente trata, como lo hace, con asuntos materiales e ilusorios. Su carácter fragmentario e inadecuado, resulta del hecho de que pocos videntes poseen la facultad de ver a un mismo tiempo en más de uno de los grados o estratos inferiores de la substancia Astral. Los seres de pensamiento puro y los valientes, pueden siempre confrontar el futuro y el presente mejor que cualquier vidente. Pero como la existencia de estas dos facultades afirma la presencia en nosotros de los sentidos interiores y del medio indispensable, o sea la Luz Astral, tienen entonces como facultades humanas un significado importante con relación a las pretensiones de los llamados «espíritus» de las Séances o reuniones espiritistas.

Los sueños son a menudo el resultado de la acción automática cerebral, y son también producidos por transmisiones efectuadas por la verdadera entidad interna al cerebro físico, de esos panoramas o ideas, elevados o no, que el verdadero ser ha percibido mientras el cuerpo físico dormía. Esas imágenes mentales penetran entonces al cerebro como si flotaran en el alma, a medida que ésta se hunde de regreso en el cuerpo físico. Estos sueños nos pueden ser muy útiles, pero en general el retorno a la actividad corporal destruye su significado, desnaturalizando la imagen y reduciéndolo todo a confusión. Aún así, el hecho principal del sueño es que sí hay una entidad que percibe y siente allí dentro, y éste es uno de los argumentos que comprueban la existencia de una entidad interna. Durante el sueño, el hombre interno se comunica con inteligencias superiores y algunas veces logra registrar en su cerebro los conocimientos adquiridos, bien sea una idea elevada o una visión profética, a no ser que falle a consecuencia de la resistencia que ofrece la substancia cerebral. El Karma de la persona también determina el significado de un sueño, proque un gobernante puede soñar algo que atañe a su gobierno, mientras que el mismo sueño experimentado por uno de sus súbditos no tiene necesariamente que traducirse en hechos de trascendencia secular. Pero en todo caso, como dijo Job: «En ensueños y visiones nocturnas el hombre es instruído».

Las apariciones y los desdoblamientos son de dos tipos generales. Uno, compuesto de cascarones astrales o imágenes del plano Astral, ya sean actualmente visibles al ojo, o el resultado de vibraciones internas proyectadas hacia la vista, e induciendo así a la persona a creer que percibe una forma material exterior. La otra categoría se compone de cuerpos astrales de personas vivientes, con plena conciencia o por lo menos parcialmente conscientes. Laboriosos experimentos llevados a cabo por Sociedades de Investigación Psíquica, con el fin de probar la realidad de esas apariciones, pero sin conocer estas leyes, realmente no prueban nada, porque de veinte casos que se admitan, diecinueve pueden ser la mera objetivización de imágenes proyectadas al cerebro. Pero de lo que sí no cabe duda alguna, es que numerosas apariciones han sido presenciadas y testificadas. Las apariciones de recién fallecidos pueden ya bien ser imágenes objetivizadas, tal como se explicó anteriormente, o el mismo Cuerpo Astral de los fallecidos, al que en esta esfera se le da el nombre de Kama Rupa. Y como las energías vitales y los pensamientos que se liberan del cuerpo agonizante son muy poderosos, nos encontramos con un mayor número de reportajes de este tipo que de cualquier otra clase.

El Adepto puede proyectar su propia aparición, la cual es, sin embargo, conocida bajo otro nombre, ya que consiste en su cuerpo astral consciente y disciplinado, con el pleno goce de toda su inteligencia y no del todo desconectado de su cuerpo físico.

La Teosofía no niega ni desconoce las leyes físicas descubiertas por la ciencia, pero sí asevera la existencia de otras leyes que modifican la acción de aquellas comúnmente conocidas. Detrás de todos los fenómenos visibles yace el cosmos oculto con su mecanismo ideal; ese cosmos oculto sólo puede ser plenamente conocido por mediación de los sentidos internos que le corresponden; esos sentidos no se desarrollarán fácilmente mientras se niegue su existencia. El cerebro y la mente, actuando al unísono tienen el poder de desarrollar formas; en primer lugar, formas o moldes astrales en la materia astral, y luego, como formas visibles por acumulaciones de la materia física sobre este plano. El sentido de objetividad depende en alto grado de la percepción, y a su vez la percepción puede ser afectada por el estímulo interior. Por lo tanto, un testigo puede percibir un objeto que actualmente existe exteriormente, o puede ser inducido a percibir un objeto por medio de un estímulo interno. Esto nos permite tres métodos de visión: a) con los ojos físicos mediante la luz que emana del objeto; b) con los sentidos internos por medio de la Luz Astral, y c) por estímulos desde el interior, que inducen a los ojos a comunicar al cerebro, proyectando de esta suerte la imagen hacia el exterior. Los fenómenos de los demás sentidos pueden producirse de manera más o menos comparable a lo antes dicho.

Como la substancia Astral constituye el registro de todos los pensamientos, sonidos, imágenes y otras vibraciones, y como el hombre interno es un ser capaz de actuar con o sin la participación del cuerpo físico, todos los fenómenos de hipnotismo, clarividencia, clariaudiencia, mediumnidad y todos los demás que no se experimentan en forma consciente, pueden, pues, ser explicados. En la substancia astral se encuentran registrados todo sonido y toda imagen, y en el hombre astral permanecen las impresiones de todos sus eventos, no obstante lo remotos o insignificantes que sean. Estas impresiones y cuerpo astral, cuando actúan simultáneamente producen los fenómenos que parecen tan extraños a esos seres que niegan o que desconocen los postulados del ocultismo.

Pero para llegar a explicar los fenómenos ejecutados por los Adeptos, los Faquires, los Yoguis y todos los ocultistas disciplinados, es necesario comprender las leyes ocultas de la química, de la mente, de la energía y de la materia. Estos temas eidentemente no pueden tratarse aquí en detalle, por encontrarse fuera del alcance de esta obra.

SUMARIO

CAPITULO XVII

FENOMENOS PSIQUICOS Y EL ESPIRITISMO

A través de la historia de los fenómenos psíquicos, las crónicas del supuesto «espiritismo» en Europa, América y otras partes, ocupan un importante lugar. Con conocimiento de causa yo digo que ningún otro término fue jamás peor empleado que el vocablo «espiritismo», adaptado en Europa y en América a ese culto mencionado anteriormente, puesto que no hay nada tocante al espíritu en ello. Las doctrinas aquí expuestas en los capítulos anteriores, son las del espiritismo y espiritualismo verdaderos; las mal denominadas prácticas de los médiums modernos y de los supuestos espiritistas, constituyen en realidad el Culto de los Muertos, la necromancia de antaño, en efecto, la cual ha estado siempre prohibida por los instructores espirituales. Esas prácticas constituyen una materialización crasa de la idea espiritual y se relacionan con lo material más que con el espíritu. Se cree que este culto comenzó a diseminarse en Norte América hacia mediados del siglo diecinueve, en la ciudad de Rochester, estado de Nueva York, bajo la mediumnidad de las hermanas Fox; pero esa práctica era ya conocida en Salem, durante el famoso período de gran agitación sobre hechicería. En Europa, a fines del siglo XVIII, se ejercían las mismas prácticas, similares fenómenos eran percibidos, se desarrollaban médiums y se celebraban séances o sesiones espiritistas. Por siglos el espiritismo ha sido perfectamente conocido en la India, donde esa práctica es propiamente designada «culto de los bhutas», que significa la intención de comunicarse con el diablo o con los remanentes Astrales de personas fallecidas. Bhuta debería ser su nombre aquí también, pues por el ejercicio de ese culto las partes crasas y diabólicas, o terrenales, de los hombres son estimuladas, invocadas y comunicadas con aquellos. Pero los hechos de la extensa crónica de cuarenta años de práctica en Norte América requieren un breve examen. Todos los Teósofos dedicados estarán de acuerdo en admitir estos eventos. Sin embargo, la explicación y las deducciones teosóficas son totalmente diferentes a las del espiritista ordinario. Ninguna filosofía se ha desarrollado siguiendo la literatura del espiritismo, y únicamente la Teosofía será capaz de suministrar la correcta explicación, señalar defectos, advertir peligros y sugerir remedios.

Como es obvio que la clarividencia, la clariaudiencia, la transmisión el pensamiento, la profecía, el sueño y la visión, la levitación y las apariciones fenoménicas, son todos poderes o facultades que han sido conocidos a través de los siglos, los problemas más apremiantes con respecto al espiritismo, son los que tratan de la comunicación mediumnística con las almas de los seres que han fallecido y se encuentran ahora desencarnados, y con espíritus no clasificados, que no han encarnado sobre la tierra sino que pertenecen a otras esferas. Quizás también la cuestión de la materialización de formas en las reuniones espiritistas amerita cierta atención. Las comunicaciones incluyen el hablar en estado de trance, producir escritos sobre una pizarra o papel, producción de voces independientes en el aire, hablar a través de la boca del médium, y la precipitación de mensajes escritos venidos del aire. ¿Pueden los médiums comunicarse con los espíritus de los muertos? ¿Pueden nuestros amados difuntos percibir las condiciones de existencia terrenal que ellos han abandonado, y pueden regresar alguna vez para hablar y conversar con nosotros?

Las respuestas a estas preguntas se han insinuado en los capítulos anteriores. Nuestros difuntos no nos ven aquí Ellos están exonerados de la terrible angustia que tal espectáculo les causaría. De cuando en cuando, un médium de pensamientos puros y desinteresados, puede ascender durante un estado de trance hasta la región en que se encuentra el alma del difunto y puede al despertar recordar algunos fragmentos de lo que fue oído o percibido allí; pero ésto es muy raro. De vez en cuando, en el curso de los años, algún espíritu humano superior puede, en un momento dado, retornar y por medios certeros comunicarse con los mortales. En el momento de la muerte, el alma puede hablar a algún amigo sobre la tierra antes de que la puerta se cierre difinitivamente. Pero por regla general, la mayoría de las comunicaciones que, según se alega, son transmitidas diariamente a través de los médiums, provienen de los no inteligentes restos humanos astrales, o, en un gran número de casos, son resultado de la invención, recopilación, descubrimiento y coordinación por parte del semi-desligado cuerpo astral del médium viviente.

La teoría que asevera que los espíritus de los muertos se comunican con los vivos, suscita ciertas dudas, algunas de las cuales citamos a continuación:

I. Estos espíritus nunca han logrado explicar las Leyes que gobiernan cualquiera de los fenómenos espiritistas, a excepción de unos cuantos casos, no aceptados por el culto, en los que la teoría teosófica fue expresada. Como esta teoría destruiría sistemas tales como el establecido por A. J. Davis, estos espíritus cayeron en el descrédito.

II. Los llamados espíritus se contradicen entre sí, porque la descripción de la vida después de la muerte dada por uno de ellos, difiere enteramente de la descripción suministrada por cualquier otro. Estas discordancias varían, de acuerdo con el médium y con las toerías atribuídas al difunto durante su vida. Unos espíritus admiten la reencarnación y otros la rechazan.

III. Los espíritus no han descubierto nada con respecto a la historia, la antropología u otros asuntos importantes, y parecen tener menos capacidad y conocimientos desde esas esferas que los seres vivientes mismos; y aunque ellos a menudo pretenden ser hombres que vivieron en las civilizaciones antiguas, muestran una gran ignorancia sobre esas civilizaciones, o simplemente repiten hechos relativos a temas y descubrimientos recientemente publicados.

IV. Durante estos cuarenta años de espiritismo, no se ha obtenido de los espíritus ninguna exposición racional de los fenómenos ni del desarrollo de la mediumnidad. Según los reportajes, grandes filósofos hablaron por conducto de médiums, pero sus espíritus solamente articularon las más simples trivialidades.

V. Física y moralmente los médiums llegan a un estado de deterioro, son acusados de fraude y hasta descubiertos como delincuentes, sin que los espíritus-guías en modo alguno intervengan para prevenirlos o protegerlos.

VI. Se admite que los espíritus-guías defraudan e incitan al fraude.

VII. Se puede ver claramente a través de todo lo reportado acerca de los espíritus, que sus aseveraciones y filosofía, si es que existe tal, varían con el médium y con el pensamiento contemporáneo del espiritista viviente.

Todas estas razones y muchas más que pudieran aducirse, fortalecen al hombre de ciencia materialista en su actitud ridiculizante hacia el espiritismo; pero, por el contrario, el teósofo tiene que concluir en que las entidades, si hubiera algunas que se pudieran comunicar, no son espíritus humanos, y que las explicaciones han de fundarse en otras teorías.

La materialización de una forma en el aire, sin contacto con el cuerpo físico del médium, es una realidad; pero eso no es un espíritu. Según fue expresado claramente por uno de los «espíritus» no bien recibido por los espiritistas, uno de los métodos para producir este fenómeno consiste en la acumulación de na masa de partículas electromagnéticas, a la cual se agrega materia y una imagen proyectada desde la esfera Astral. Esta es la realidad tras de ese fenómeno, tan esencialmente fraudulento como un artificio de muselinas y de máscaras. En cuanto a la manera de llevar a cabo este fenómeno, eso es un asunto muy distinto. Los espíritus son incapaces de explicarlo, pero se ha hecho un intento para indicar los métodos e instrumentos en los capítulos anteriores. El segundo método consiste en hacer uso del cuerpo astral del médium viviente. En este caso la forma astral del médium produce una exudación, que acumula gradualmente sobre sí misma partículas extraídas del aire y de los cuerpos mismos de los asambleístas que asisten a la sesión, hasta que, al fin, la forma astral se hace visible. Algunas veces asume una apariencia diferente. En casi todos los casos, la media luz es un requisito indispensable, porque una abundancia de luz perturbaría fuertemente la materia astral y haría la proyección difícil. Algunas de las supuestas materializaciones son pura farsa, porque las mismas no son sino placas de substancia electro-magnética, sobre las que se reflejan imágenes yacentes en la Luz Astral. Estas imágenes se asemejan a las fisonomías de personas fallecidas, pero no son más que mera ilusión.

Para poder comprender los fenómenos psíquicos encontrados en la historia del «espiritismo», es necesario conocer y admitir lo siguiente:

I. La herencia completa del hombre desde un punto de vista astral, espiritual y psíquico, como un ser que conoce, razonas, siente y actúa por medio del cuerpo físico, del cuerpo astral y del alma.

II. La naturaleza de la mente, su función, sus poderes; la naturaleza y el poder de la imaginación; la duración y efectos de las impresiones recibidas. Lo más importante en este sentido es la persistencia de la impresión más leve como de la más profunda; que toda impresión produce una imagen en el aura individual, y que por medio de ésta se establece una conexión entre las auras de amigos y parientes, viejos, nuevos, cercanos, distantes y remotos en grado: ésto daría a un clarividente un vasto alcance de posible visión.

III. La naturaleza, magnitud, funcionamiento y poder de las facultades internas y órganos astrales del hombre, que incluímos en los términos cuerpo astral y Kama. Que las citadas facultades no son obstruídas en su funcionamiento por el estado de trance o por el sueño, sino que las mismas son acrecentadas en el médium durante el estado de trance; al mismo tiempo la actividad de tales facultades no es libre, sino que está gobernada por el conjunto armónico del pensamiento de los asambleístas, o por una voluntad predominante, o por el ser diabólico que pudiera sigilosamente presidir detrás de la escena; que si un investigador científico y escéptico se encuentra presente, su actitud mental puede totalmente impedir la acción de los poderes del médium, a través de lo que podríamos llamar un proceso de congelación, que ningún vocablo en nuestro idioma podrá describir adecuadamente.

IV. El destino del hombre verdadero después de la muerte, su estado, sus poderes, su actividad en esa esfera y su relación, si tal existe, con todos los que él ha dejado atrás aquí.

V. Que el intermediario entre la muerte y el cuerpo físico, o sea el cuerpo Astral, es desechado al momento de la muerte y abandonado en la Luz Astral, para ser disipado; y que el hombre real o Ego continúa su marcha hacia el estado de Devachán.

VI. La existencia, naturaleza, poder y funcionamiento de la Luz Astral y su labor como registro de la Naturaleza. Que la misma contiene, retiene y refleja las escenas e imágenes de cada uno de los acontecimientos, así como también de todos los pensamientos, que hayan tenido lugar durante la vida de cada persona; que esa Luz astral penetra y se difunde a través del globo terrestre y la atmósfera que lo rodea; que la transmisión de vibraciones a través de la Luz Astral es virtualmente instantánea, puesto que el grado vibratorio es más elevado aún que el de la electricidad que conocemos hoy en día.

VII. La existencia dentro de la Luz Astral de seres que no usan cuerpos físicos como los nuestros, pero que tampoco son humanos en su naturaleza aunque poseen ciertos poderes, facultades y una especie de conciencia peculiar a ellos. Estas entidades incluyen las fuerzas elementales o los espíritus de la naturaleza, que se subdividen en un gran número de tipos y grados, y los cuales toman parte en todas las operaciones de la Naturaleza y en todas las actividades de la mente del hombre. Que estos duendes o elementales actúan automáticamente en las asambleas espiritistas dentro de sus respectivos campos; un grupo proyectando las imágenes o retratos, otro produciendo sonidos y aún otros despolarizando objetos con el fin de efectuar fenómenos. Los hombres sin alma que residen en este plano astral actúan en combinación con estos seres elementales. A los citados hombres sin alma hay que atribuirles, entre otros, el fenómeno de la «voz independiente», que suena siempre como una voz dentro de un tonel, por la simple razón de que es producida en un vacío atmosférico, lo que es absolutamente indispensable a una entidad tan distanciada de lo espiritual. El timbre peculiar de ese tipo de voz no ha sido considerado importante por los espiritistas, pero ello es sumamente significativo desde el punto de vista del ocultismo.

VIII. La existencia y el funcionamiento de leyes y fuerzas ocultas en la naturaleza, que pueden emplearse para producir resltados fenoménicos en este plano; que estas leyes y estas fuerzas pueden ser operadas por el hombre subconsciente y por los elementales consciente o inconscientemente, y que muchos de estos procesos ocultos son automáticos, en la misma forma que la congelación del agua bajo el frío o el derretimiento del hielo bajo el calor.

IX. Que el cuerpo astral del médium, como participa de la naturaleza de la substancia astral puede extenderse hasta cierta distancia del cuerpo físico y actuar fuera de éste, pudiendo extender a veces un miembro de sí mismo, tal como una mano, un braza o una pierna, y de este modo mover objetos, redactar cartas, producir contactos corporales y así, ad infinitum. Y que, además, el cuerpo astral de una persona puede ser inducido a sentir sensaciones que al ser transmitidas al cerebro persuaden a la persona a creer que ha experimentado un contacto corporal o que ha oído un sonido.

La mediumnidad está repleta de peligros, porque en la actualidad el cuerpo Astral del hombre sólo funciona normalmente mientras permanece unido al cuerpo físico. En épocas venideras el cuerpo astral funcionará normalmente sin un cuerpo físico, de la misma manera que lo hizo en tiempos remotos. Convertirse en médium significa que uno tiene que desorganizarse fisiológicamente con respecto al sistema nervioso, ya que por mediación de éste se efectúa la conexión entre los dos mundos. Tan pronto como la puerta se abre, todas las fuerzas desconocidas se precipitan dentro, y como la parte más crasa de la naturaleza es la más próxima a nosotros en este plano, es esa parte la que más nos perjudica; la naturaleza inferior es igualmente la primera en ser afectada e incitada, porque las fuerzas que se emplean pertenecen a esa parte de nuestro ser. Nosotros quedamos entonces a la merced de los más viles pensamientos de todos los hombres y expuestos a la perversa influencia de los cascarones o vestiduras astrales del Kama-Loka. Si a ésto se le agrega la adquisición de un interés monetario por la práctica de la mediumnidad, encontramos un peligro adicional, porque las cosas del Espíritu y las relacionadas con el mundo astral no deben ser jamás objeto de comercio. Esta es la gran dolencia del espiritismo en las Américas, que ha envilecido y degradado totalmente su historia; hasta que ésto haya sido eliminado, no se podrá obtener beneficio alguno de esa práctica. Todos esos que deseen oír la verdad procedente del otro mundo, deben consagrarse dentro de sí mismos a la verdad y dejar fuera todas las consideraciones de orden monetario.

Aventurarse a adquirir el disfrute de los poderes psíquicos por pura curiosidad y con fines egoístas, es también peligroso por las mismas razones atribuídas anteriormente a la práctica de la mediumnidad. Como la civilización de la época actual es egoísta en grado superlativo y está basada en el elemento de lo personal, los métodos para el desarrollo de estos poderes en la forma correcta no han sido divulgados, sino que los Maestros de Sabiduría han expresado que la filosofía y la ética deben ser primeramente conocidas y practicadas, antes de que pueda darse a conocer el modo de desarrollo del otro departamento; así, la censura de los Maestros con respecto al entrenamiento de los médiums se encuentra justificada en la historia del espiritismo, que no es sino una historia interminable de la ruina de médiums desde todo punto de vista.

Igualmente impropio es el método de las escuelas científicas, que sin pensamiento alguno acerca de la verdadera naturaleza del hombre, se inmiscuyen en experimentos hipnóticos, en los que los sujetos son lesionados de por vida e inducidos a ejecutar actos vergonzosos y a desempeñar papeles repugnantes, para satisfacción de los investigadores, papeles que jamás serían desempeñados por ellos en pleno goce de sus facultades. La Logia de los Maestros no puede interesarse en la Ciencia, a menos que ésta se esfuerce en mejorar el estado del hombre tanto moral como materialmente, y ninguna ayuda se le dará a la Ciencia hasta que ésta se decida a ver al hombre y la vida desde el punto de vista moral y espiritual. Por esta razón, aquellos que saben todo lo concerniente al mundo físico, a sus moradores y a sus leyes, están procediendo con el inicio de una reforma moral y filosófica antes de que le sea concedida atención alguna a los seductivos fenómenos posibles por los poderes internos del hombre.

En el momento presente, el ciclo casi ha terminado su curso con respecto al siglo. Ahora, lo mismo que hace cien años, las fuerzas están debilitándose; por esa razón los fenómenos del espiritismo están mermando en número y en notoriedad; la Logia espera que, para la época en que la próxima marea comience a subir, el Occidente habrá adquirido algún conocimiento verdadero de la genuina filosofía con respecto al Hombre y a la Naturaleza, y esté listo entonces para permitir que se levante el velo un poco más. Contribuir al progreso de la raza en ese sentido, es el propósito de este libro, y, por lo tanto, su contenido se somete al juicio imparcial de sus lectores en todas las latitudes del mundo.

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