El nuevo rostro de Dios

Creer no es otra cosa que encontrar los signos y testigos de la presencia de Dios en la normalidad de la vida. Suárez Codorníu ofrece un recorrido sencillo de cómo Dios se revela en lo pequeño de este mundo. En realidad para creer sólo hay que abrir los ojos para ver.

Lo que sigue son unos balbuceos, no tanto sobre Dios, sino sobre el camino que puedo percibir que uno y otro vamos haciendo juntos, y desde luego no solos. Tal vez sea un atrevimiento decirlo así, pero me motiva la pro-vocación litúrgica que nos invita, precisamente, a ser atrevidos para dirigirnos a Él y llamarle Padre, como en casa, donde me hablaban de Él como Padre Dios. Con los años y desde lo caminado en la vida religiosa, se han ido dando ensanchamientos en mi comprensión y vivencia de Él y de mí mismo, aunque no siempre a tiempo ni en todas las ocasiones de manera serena y confiada. Hoy, desde lo atrevido, me siento más humano, más hijo, y diría que más hermano; más creativo y descuadrado; sorprendido y querido, y en todo, siempre retado, urgido. Estas líneas comparten algo de esos ensanches, de lo acopiado como tesoro que no pesa en situaciones, lugares y tiempos diversos. Episodios de una historia que sigue abierta. Es vida cotidiana acompañada con las Escrituras, pero porque esa misma vida en algo me las ha aclarado: la corrección firme de una anciana, la dedicación de un catequista y el gozo de quien encuentra su lugar donde menos imaginaba. Son tres memorias que me dicen de Dios en palabra regalada de hombres y mujeres en camino. Jalonan además los veinticinco y pocos años más de profesión en mi familia religiosa, donde la Palabra se ha ido mostrando fuente de inquietudes y desafío constante, voz de estímulo y reclamo paciente. La descubro punto desprevenido de encuentro con todo rostro, cultura y creencia y nunca arma arrojadiza que inmoviliza discrepancias o fardo pesado que sella condenas. Compartida, en comunidad o en el encuentro a solas, me sigue resultando la escuela de vida que sin ofrecer grado alguno se me hace enseñanza perenne, abierta a todos.

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