EL NO INVITADO

Este mes celebraremos el advenimiento de la Luz a la tierra, bajo la figura de Yeshua, nacido en Judea, hace más o menos 2000 años…
 
Que la fecha real sea incierta no modifica en absoluto el hecho de que podamos reunirnos a celebrar ese momento, momento en que Dios se introduce en Su propia creación a fin de adecuar una vez más las mentes y los corazones al Sentido (que desde El, cursa en El hacia Él)…
 
No obstante, más allá de creer realmente en esto o no, la verdad es que la navidad dista mucho de ser una celebración en Su honor, en Su recuerdo…
 
Más bien, parece haberse transformado en una nueva oportunidad para expresar la banalidad y el mercantilismo feroz, mostrando una vez más que no tenemos ni la más mínima idea de lo que celebramos y dando a entender que, además, no nos interesa mucho que digamos: el gran olvidado de la navidad es precisamente aquel cuyo nacimiento se evoca: el No-Invitado…
 
Y entonces, los negocios buscan vender (cualquier cosa, a cualquier precio), el emblema de la navidad es finalmente un personaje gordo y barbudo, más o menos simpático y vestido de rojo, que porta regalos (cosas, cosas y más cosas) que se ponen al pie de un árbol con luces y adornos coloridos (cuyo significado pocas personas recuerdan y entienden) y la reunión se transforma en una comilona, donde beber (alcohol, por supuesto) y comer a destajo parece constituir el sentido final de estos encuentros donde, además, se ventilan malestares ocultos, cuidadosamente guardados durante el año, pequeñas o grandes rencillas familiares y todo tipo de bajezas y estupideces…
 
Y el broche final será la irracional (y por supuesto fuera de lugar) celebración de las explosiones, con sus quemados de cada año, claro…
 
Y ni mencionar los accidentes de tránsito, producto del alcohol y la idiotez humana…
 
Lamentable, pero no insoluble…
 
Porque, en definitiva, cabe preguntarnos a nosotros mismos qué es lo que estamos celebrando…
 
Y después, sería suficiente, por ejemplo, con hacer un pequeño alto en medio de la celebración, sostener la copa un instante (como si se la estuviese consagrando, que eso es en suma lo que significa ese gesto) y agradecer, en silencio, Su presencia entre nosotros (entre todos nosotros, judíos, cristianos, budistas, teístas, ateos, etc)…
 
Podríamos recordar entonces que no existe un solo ser humano ni un solo ser viviente que no sea verdaderamente nuestro hermano…
 
Entonces, al menos por un instante, la celebración tendrá Sentido y la Noche, efectivamente, será Buena…
 
Espero que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad y que la celebración del advenimiento de la Luz, sea para todos y cada uno (cristiano o no), motivo de serena alegría…
 
Les envío a todos y cada uno de ustedes, mis compañeros del Camino, un gran abrazo fraterno…
 

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