EL NAZISMO Y LOS TRIUNFOS DEL EJE

El nazismo
Nacionalismo, racismo e imperialismo

Luego de la guerra, los alemanes depusieron al Kaiser y proclamaron la República de Weimar.

En 1919, el país conducido por los social-demócratas debió firmar el Tratado de Versalles -en muchos aspectos humillante para Alemania- que obligó a este país a pagar una enorme deuda de guerra en parte solventada por créditos norteamericanos.

Alemania atravesaba por un período crítico: inflación, desempleo, miseria, enfrentamientos sociales que el gobierno fue incapaz de resolver. Las oposiciones crecían y la prédica de socialistas y comunistas alentaba las agitaciones sociales. Los militares, por su parte, trataban de justificar la derrota alegando que «Alemania había sido apuñalada por la espalda» por marxistas y judíos.

En ese año, en la ciudad de Munich, Adolfo Hitler, un ex-cabo que había participado en la guerra, creó el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, cuya abreviatura originó el término nazi con que se lo conoció. Esta nueva agrupación intentó sin éxito apoderarse del gobierno de Munich (1923), por tal razón Hitler fue encarcelado por unos meses. En la prisión escribió un libro -Mi lucha- en el que sintetizaría las bases de la doctrina nazi. En esta obra Hitler defiende la idea de la superioridad de la raza aria de la cual el pueblo alemán sería el más puro representante.

Los Nazis en el poder

Los nazis, con su prédica antimarxista, fueron logrando el apoyo de los sectores que veían alarmados el crecimiento de los partidos de izquierda. Las elecciones presidenciales de 1932 confirmaron en el gobierno al anciano mariscal Hindenburg, pero Hitler obtuvo una considerable cantidad de votos. Ningún partido logró la mayoría como para dominar el Reichtag (Parlamento) y constituir un gobierno. Hindenburg entonces, llamó a Hitler para ocupar el cargo de canciller en un gabinete de coalición en el que figuraban nazis y conservadores (1933).

En 1934 fue incendiado el Reichtag. Hitler acusó a los comunistas: fue el pretexto para disolver el Partido Comunista. Al morir el presidente Hindenburg (1934) el Parlamento dio plenos poderes a Hitler, quien se convirtió en el Führer (término parecido al de Duce) del pueblo alemán: comenzó entonces la terrible dictadura nazi.

Se exacerbó el militarismo y el imperialismo y se acentuó el carácter racista del movimiento: los judíos fueron perseguidos y confinados en campos de concentración donde fueron asesinado en masa. La oposición fue destruida. Una gran cantidad de intelectuales y científicos debió exiliarse y en la noche del 10 de mayo de 1933, se alzó en Berlín una enorme pila de libros para ser quemados públicamente argumentando que «subvertían el pensamiento alemán»: Thomas Mann, Stefan Zweig, Eric Maria, Remarque, Albert Einstein, Freud, etc., fueron algunos autores cuyas obras terminaron devoradas por el fuego.

El nazismo montó un extraordinario aparato publicitario destinado a popularizar la doctrina oficial. Los SA (milicias del partido) actuaban como grupo de choque, en tanto que la Gestapo (policía política) lo vigilaba todo.

Se implantó un rígido control del Estado sobre la economía y al desconocerse las determinaciones del Tratado de Versalles que prohibían el rearme alemán, se propició la producción industrial principalmente aplicada a la industria bélica y química. Era evidente que el Tercer Reich, tal el nombre dado por los nazis al nuevo régimen, se preparaba para la guerra.

El Stalinismo en la Unión Soviética
Una cruel dictadura personal

Terminada la guerra civil con el triunfo de los comunistas (1921), Lenin dirigió férreamente los destinos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (denominación oficial de Rusia a partir de 1922). Se instauró la dictadura del proletariado y se planificó la economía en medio de grandes dificultades que amenazaban con provocar un caos económico.

Con la muerte de Lenin (1924) y tras una tremenda lucha por el poder entre Stalin y Trotski, asumió el primero. Trotski y sus seguidores debieron exiliarse. Radicado en México, fue asesinado en 1940 por orden de Stalin.

El stalinismo pasó a ser sinónimo de intolerancia y persecución. Stalin instauró una dictadura que suprimió toda forma de oposición. El Partido y la sociedad fueron sometidos a sangrientas purgas que terminaron con las disidencias.

La URSS aspiraba a convertirse en potencia industrial: la acción del Estado Soviético se aplicó a ese fin y las masas obreras fueron sometidas a ingentes sacrificios. Desapareció la propiedad privada y toda la producción industrial y agrícola quedó en manos del Estado.

El Estado soviético fue reorganizado: por la Constitución de 1936 se crearon el Soviet Supremo encargado de legislar, el Cosejo de Comisarios del Pueblo y un Presidium. Sin embargo, en los hechos, todo era controlado por la dictadura personal de Stalin.

La política internacional soviética se orientó hacia la recuperación de los territorios perdidos después de la revolución, planteándose como necesidad geopolítica gravitar con su influencia sobre Europa oriental.

De los triunfos del Eje a la contundencia de los Aliados

En el inicio del año 1942, Alemania controlaba gran parte de Europa y sus ejércitos continuaban cercando los grandes centros soviéticos y avanzando en el norte de África en dirección a Egipto, con la finalidad de dominar el Canal de Suez. En el Extremo Oriente, Japón tenía sometidas a Filipinas, Malasia, Birmania, Indonesia, y amenazaba a Australia y la India.

Sin embargo, por ese mismo año, el poderío japonés comenzaba a flaquear con la derrota sufrida en las batallas navales de Midway y Mar del Coral. Los ejércitos alemanes del norte de África comandados por Rommel fueron vencidos por las tropas británicas de Montgomery al tiempo que la marina anglo-norteamericana estaba superando el poder de los submarinos alemanes. Hacia el final del año se inició la batalla de Stalingrado, una gran ofensiva rusa que culminó con la derrota alemana (febrero de 1943) y con el avance del ya poderoso ejército soviético en dirección a Alemania.

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