El mudo taciturno

Sobre las posibilidades que abre un error de traducción y la voluntad de entender a aquellos que son diferentes de nosotros.

Me contaron el siguiente error de traducción. En una novela extranjera aparecía un personaje que quedaba anonadado frente a un suceso insólito. Donde el autor escribió “quedó anonadado”, el traductor al español prefirió la palabra “enmudeció”, lo cual no estaría mal, si no fuera porque el personaje en cuestión era mudo de nacimiento. El traductor hizo enmudecer a un mudo. Se trata de una torpeza, mas no de un error, porque lo de enmudecer se dice en sentido figurado y, por lo tanto, puede aplicarse también a los mudos, quienes, como todos saben, utilizan un lenguaje de señas, tan lleno de sentidos figurados como el nuestro, y, por consiguiente, tienen el derecho de “enmudecer” igual que nosotros. Dicho de otro modo, entre los mudos hay gente que habla más y gente que habla menos, por eso es posible imaginarse un diálogo en el que un mudo se queje con otro mudo de la excesiva locuacidad de un tercer mudo, y diga: “Fulano habla por los codos”, y el otro mudo, que es sordomudo de nacimiento, replique: “Sí, tan pronto como empieza a hablar, dan ganas de taparse las orejas”, frase absurda desde luego, pues sería más lógico que dijera “dan ganas de taparse los ojos”, siendo el idioma de los sordomudos un idioma de señas. Todo esto nos muestra que dos sordomudos que se quejen de la verbosidad de un tercero, que es tan mudo como ellos, están hablando, o sea usando la voz, igual que todos. El hecho de que en ellos la voz haya sido sustituida por ademanes, no la hace menos voz, y ellos no son ni un ápice menos hablantes que los que sí “hablan”, y lo demuestran justamente al decir disparates, o sea hablando en sentido figurado, sin el cual no hay lenguaje humano entendible. Pero hay algo más, y es que mientras los no mudos no logremos entender que algunos mudos son más “mudos” que otros, o sea que hay mudos de pocas palabras; mientras no podamos concebir a un mudo taciturno, o a un mudo que enmudece de golpe, o a un sordo que se tapa las orejas, no podremos entender a nadie que sea diferente de nosotros.

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