– El motor más pequeño


CORTESÍA DEL LABORATORIO DE SYkES, UNIVERSIDAD TUFTS

Hasta hace poco, el motor más pequeño del mundo medía 200 nanómetros, el equivalente a la cuadragésima parte de un glóbulo rojo. Hace unos meses, sin embargo, Charles Sykes y sus colaboradores de la Universidad Tufts batieron con creces esa marca: su motor se compone de una sola molécula y apenas mide un nanómetro. A diferencia de otros de mayor tamaño, el ingenio de Sykes no opera por medio de reacciones químicas ni de luz, sino con electricidad. «Se han propuesto muchos diseños», explica Johannes Seldenthuis, investigador de la Universidad de Tecnología de Delft, «pero este es el primero que ha dado buenos resultados».
El motor de Sykes consta de una molécula de sulfuro de butilo y metilo (BuSMe, formada por un átomo de azufre con un átomo de carbono a un lado y cuatro en el opuesto). Esta se coloca sobre una superficie de cobre, muy cerca de la cual se emplaza un microscopio electrónico. Cuando los electrones del microscopio excitan los de la molécula, esta comienza a rotar hacia delante y atrás; pero, dado que se trata de una molécula asimétrica, tiende a girar más en un sentido que en el otro, por lo que acaba desplazándose sobre la placa.
Aunque así descrito quizá no parezca un motor, el comportamiento de la molécula guarda grandes semejanzas con lo que sucede en las células de nuestro cuerpo. «Al observar un motor biológico en acción, tampoco suele parecernos que realice ninguna función útil; solo vemos cómo deambula de un lado para otro», apunta Sykes. Sin embargo, en nuestro cuerpo abundan las estructuras de este tipo: las membranas celulares se encuentran repletas de bombas que controlan el flujo de iones, así como de otras que desplazan sustancias en el interior celular.
En ello reside la importancia del motor de una sola molécula: «Si consiguiésemos controlarlos, podríamos llevar a cabo multitud de tareas», señala Sykes. Con réplicas fiables de las bombas celulares podrían realizarse experimentos muy eficientes, organizarlos para que cupieran en pequeños chips y reducir así el espacio, el coste y el tiempo necesarios para cada prueba.

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