El mestizaje

Los testamentos de los indígenas ilustran de manera excepcional el mestizaje americano. Como he dicho, el propio documento en muchos casos fue adaptado, y también traducido. En las áreas rurales de algunas regiones, como México y los Andes, era redactado por escribanos indígenas o maestros de capilla. Los indígenas que escribieron testamentos fueron los que más cerca y activamente vivieron la conversión y la adopción de los valores hispánicos y católicos. Probablemente fueron los que más intimaron con los españoles y los que recibieron en forma más sistemática la doctrina de los misioneros. Sin embargo, aunque los indígenas varones continuaron más arraigados a la tierra y a las actividades tradicionales, fueron las mujeres indígenas las que desempeñaron un papel más activo en el mestizaje. Al respecto, cabe recordar el papel prominente de La Malinche en el proceso de la conquista mexicana. Traductora, amante de españoles y madre de mestizos, La Malinche representa el más elevado símbolo femenino en el establecimiento de la sociedad colonial. Con el tiempo, las actividades domésticas acercaron a las mujeres indígenas a las costumbres españolas. De hecho, aprendieron la nueva lengua y cambiaron sus formas de vestir. Por sus actividades mercantiles y el intenso contacto que tenían con todos los grupos sociales, las mujeres indígenas fueron un puente, un intermediario cultural entre el mundo indígena y el de los peninsulares. Por la movilidad que tenían, tanto espacial como culturalmente, las mujeres indígenas supieron aprovechar las ventajas que daban las fisuras del orden colonial. He dicho también, que fue en razón del contacto entre los peninsulares y los indígenas, que creció tan precipitadamente el mestizaje. Una experiencia compleja, diversa, cuyo resultado fue el de la formación una sociedad sincrética.

Un aspecto importante de comentar es el del espectro social con el que se relacionaban los indígenas20. Lo hemos visto en relación con los deudores. Pero también puede verse en relación con los testigos de los testamentos. Según sea la ubicación y la red social de estos indígenas sus testigos eran indígenas, o mestizos, o españoles. De hecho los testamentos de los indígenas del campo presentan una mayor frecuencia de testigos indígenas. No así los de la ciudad, que o son una combinación de unos y otros, o son exclusivamente de blancos. Aunque esta última circunstancia se daba entre los indígenas que habían alcanzado una posición en la ciudad.

Otro campo en el que puede observarse con propiedad el sincretismo en curso es en aquello que podríamos llamar la cultura material, aspecto en el que son ricos los testamentos. Efectivamente, los inventarios de mobiliario doméstico y vestuario son testigos de la adopción de nuevos patrones cotidianos adoptados por los indígenas. Basta observar la presencia de sillas, camas, almohadas, ropa de cama, camisas de lienzo. En algunos casos hemos encontrado vajillas chinas entre los indígenas mexicanos. O algo bastante especial, el caballo, que sólo estaba permitido a los caciques. Es más, libros de doctrina cristiana e historia universal aparecen en los inventarios de algunos indígenas. En fin, el medio doméstico de los indígenas de la ciudad era un universo sincrético. No de manera absoluta y total, por supuesto. Debemos ver el medio indígena como una realidad más variada y compleja que la que nos lo presenta compuesto por caciques e indígenas. Entre ellos tenía lugar una constelación de realidades sociales, especialmente exacerbadas por las ciudades españolas. Allí la mixtura social dio lugar a lo que entonces se llamó la plebe, grupo al que cada vez más las élites estigmatizaron y temieron. Hemos visto cuan distinta fue la vida de las mujeres del campo a las de la ciudad, y en la ciudad la variedad de experiencias que podían vivir. Por supuesto, no todas felices ni faltas de dolor, pero fue en las ciudades donde descubrieron y construyeron un destino distinto.

Conclusión

Los testamentos dejados por los indígenas de las distintas regiones de América constituyen un legado excepcional, sobre el que los historiadores apenas empezamos a tomar conciencia. Más que inusuales, los testamentos de los indígenas rompen las visiones esquemáticas del pasado colonial. Especies de pequeñas biografías, los testamentos de los indígenas constituyen un material invaluable. Ellos permiten conocer trayectorias sociales muy diversas: las de hombres y mujeres, caciques y macehuales, indígenas de la ciudad, diversos oficios, etc. Nos informan de lo material y lo espiritual, lo público y lo privado de este grupo social en un momento tan complejo de su historia. La demografía histórica construyó un gran telón de fondo del siglo XVI que fue el derrumbamiento de las sociedades indígenas y la catástrofe poblacional. Los testamentos de indígenas nos permiten ahora observar los distintos procesos ocurridos sobre ese telón de fondo: migración, sincretismo, movilidad social, nuevos patrones femeninos, lazos con el viejo sistema comunitario, y especialmente, los procesos de continuidad y cristalización del nuevo orden social.

Finalmente, gustaría llamar la atención sobre la lectura que conviene hacer de esta documentación. Un historiador o un antropólogo puede encontrar datos de interés en un testamento. Como quien saca un pez del agua. Más interesante aun, puede hacer una lectura sistemática de este corpus y encontrar hechos regulares. A partir de ellos puede construir hipótesis de orden económico, social o cultural. Aunque esa lectura debería combinarse con la atención a lo irregular, a lo incidental, a lo excepcional de la información. Éstos, que podríamos llamar indicios, pueden llevar a cotejar o precisar nuestras ideas consolidadas. También pueden servir para intuir nuevas interpretaciones de fenómenos sociales locales. Con todo, cabe recordar que los testamentos no son un corpus documental total, autosuficiente, y que siempre requerirá complementarse con otra documentación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *