El Manuscrito Voynich

El Manuscrito Voynich se encuentra depositado en la Biblioteca de la Universidad de Yale, en la sección de libros raros, tanto su composición como su historia le hacen merecedor de tal categoría.

El Manuscrito debe su nombre al librero Wilfrid M. Voynich, quién en 1912 lo descubrió y adquirió en una comunidad de jesuitas, apareciendo entonces en la Historia y descubriéndose, a partir de ahí, parte de su propia historia.

El Voynich es un libro profusamente ilustrado, ilustraciones que vienen acompañadas por abundante texto, hasta aquí no se diferencia de otros volúmenes antiguos, pero sucede que el texto no se corresponde a lengua o idioma alguno conocido y las ilustraciones, siendo en su mayoría vegetales, tampoco son identificables. A partir de eso es fácil imaginar la irresistible curiosidad despertada por el manuscrito, pero no es curiosidad reciente, el propio manuscrito nos refiere, en una carta añadida al mismo, la que despertó en sus antiguos propietarios, porque, en efecto, el Voynich nos adjunta parte de su historia a partir del siglo XVII.
Historia

El primer propietario conocido es un alquimista checo llamado Georgius Barschius, de Praga, pero el libro había pertenecido a la colección del objetos raros que el emperador Rodolfo II de Habsburgo tenía en su corte, por lo cual tenemos un imperial propietario anterior, el propio Rodolfo II que lo habría adquirido para su biblioteca por 600 ducados, cifra considerable para la época, más atrás de eso se pierde su pista anterior, la propiedad imperial –que une al Voynich con otro volumen extraordinario como es el Codex Gigas- se habría producido hasta 1612, entre 1612 y 1622, de manos imperiales pasó a poder de Jacobus Horcicky de Tepenececz y de éste a Barschius, quién seria su dueño entre 1622 y 1665, del cual pasó, a su vez, a Johannes Marcus Marci, el probable autor de la carta adjunta al manuscrito y de otra más de las tres que se conservan sobre la obra, Marci lo envió al jesuita y erudito Athanasius Kircher, famoso por dominar diversas lenguas orientales y exóticas y que, aparentemente, había descifrado algunas inscripciones jeroglíficas –aunque después se demostró que erradamente-.

Kircher lo debió tener entre 1665 y 1680, durante este tiempo no parece que realizase nada en pro de la petición de Marci de descifrar su contenido, si hizo algún intento no queda nota alguna de ello ni lo hizo público, es posible que, como indica el autor Marcelo Dos Santos, no halla rastro de ello porque Kircher o no se atrevió o no supo extraer nada del mismo y Kircher tenía un prestigio que no iba arriesgar ante un texto de las características del Voinych, el caso es que en 1680 queda depositado en el Colegio Romano de los jesuitas (actual Universidad Pontificia Gregoriana) donde se encuentra en su biblioteca, sin que haya mención del extraño libro, hasta que surge a la luz en 1912 de mano de la compra del manuscrito y la difusión de su contenido por Wilfrid M. Voynich, quién dará su nombre al manuscrito.

A continuación se muestran la primera y la segunda Carta Marci, ambas recogidas, traducidas y mostradas por Marcelo Dos Santos –la segunda es traducida parcialmente por el autor del presente trabajo-. La primera carta de Marci a Kircher sólo cita más ambigua e implícitamente al Manuscrito Voynich, siendo el texto de la segunda mucho más explicito, en cualquier caso desea dejar claro a Kircher que en el encargo también esta interesada la Corte Imperial, pese a lo cual sabemos que Kircher no respondió nunca ni se digno a retornar el manuscrito, los motivos, como se ha indicado, los apunta Marcelo Dos Santos: muy probablemente la incapacidad de reconocer lo imposible para Kircher del encargo. Al no responder, el jesuita, se evitaba tener que admitir que el manuscrito y su contenido le superaban.

Primera Carta Marci (traducción de Marcelo Dos Santos)

Querido Reverendo Padre, Maestro en Cristo y más crítico amigo:
He escrito a vuestra reverenda comunidad de sacerdotes en Ratisbona informándoles que los asuntos que me han confiado han sido tratados según su voluntad en la Corte de Su Alteza Imperial. Confío sinceramente en que las cartas a las que me referí hayan sido recibidas por los Ilustres Condes de Martinitz. Y como rápidamente han pasado seis semanas, espero ansiosamente una respuesta. El Reverendo Padre Ganz me ha escrito, pero no sé en qué juicios está involucrado Vuestra Paternidad Reverendísima. 

Como él dice que en términos generales la situación es excesivamente difícil, me ha dejado conturbado en gran medida. Y porque puede arrojar alguna luz sobre ciertos aspectos de todo esto, le he copiado una parte de la carta. El Ilustrísimo Conde Bernardo me preguntó con ansiedad por qué no había recibido respuesta a sus cartas. Yo mismo, que muchas veces me he beneficiado por lo que él hizo por mí, y como sé que Vuestra Paternidad Reverendísima es un hombre muy sabio, y que él ha hecho mucho más por la Corte de Su Alteza Imperial de lo que se esperaba –algo que ocurrirá acerca del asunto que nos interesa-, esperaría regocijarme en una muestra de buena voluntad y una declaración de mutuo afecto. Lo mismo se aplica a lo que mi gran amigo Maestro George Baresch ha de haber querido tener a través de mí como el escriba, y él entenderá las notas que he agregado aquí. Es, por cierto, un hombre excelente y con mucha experiencia química, y aún no comprende cómo llegar a la conclusión esperada que Su Imperial Majestad busca con tanta ansiedad –no por el oro, sino en interés de las ciencias médicas-. Él me preguntó especialmente acerca del heliotropo, queriendo averiguar si yo sabía algo acerca de él o si al menos había visto yo el procedimiento completo de su manufactura. Yo le contesté que ninguna de las dos cosas. Le dije al Abad (para su sorpresa) que no me había atrevido a decirle esto cuando nos hicimos amigos por primera vez, y él quiso averiguar acerca de un asunto del máximo secreto.

Si no es mucho problema para él y no está demasiado apurado acerca de lo concerniente a su apariencia externa, me gustaría al menos descubrir si la sustancia es natural o artificial, mineral o vegetal y si se la encuentra en nuestro país o no. Sea cual sea la respuesta, ofreceré mis servicios bajo el mismo sello que acostumbro usar. Estoy buscando especialmente las particularidades de ese oscuro líquido en sus variadas formas. Se me prometió la una o la otra en Roma.

Si se llegara a saber algo particularmente útil, espero que no será problemático incluirlo. Una cosa más: necesito saber si el diccionario Árabe-Copto escrito en árabe será publicado. De acuerdo con lo que se predice para el próximo Año del Oso, esos moldes tipográficos para los lenguajes orientales son satisfactorios. De modo que si hay algo que merezca ser publicado, no carecemos de las herramientas necesarias. ¿Puedo agregar esto? Ruego al Reverendo Padre Vram que cuide su salud y mantenga su excelente espíritu para que nos visite pronto. Por favor, déle mis saludos al Reverendo Padre Ferrarium, quien por mi sello reconocerá que soy yo, su siervo, Johannes Marci.

Praga, septiembre 12, en el año 1640. Johannes Marci, leal siervo de Vuestra Paternidad Reverendísima

Segunda Carta Marci, aparecida junto al Manuscrito de Voynich (traducción Marcelo Dos Santos y Jorge Romero Gil)

Reverendo y distinguido Maestro, Padre en Cristo: este libro, que heredé de un íntimo amigo, estuvo destinado a ti desde que llegó a mis manos, mi muy querido Athanasius, porque estoy convencido de que nadie más que tú será capaz de leerlo.

El propietario anterior de este libro pidió una vez tu opinión por carta, copiando y enviándote un extracto del libro, del cual pensaba que serías capaz de leer el resto, pero en ese momento no quiso enviarte el libro en sí. Para descifrarlo dedicóun esfuerzo incansable como se desprende de sus intentos que yo te envío en la misma. y acabó por renunciar a esa esperanza en su vida. Pero su esfuerzo fue vano, las esfinges como ésta no obedecen a nadie sino a su amo, Kircher. Acepta ahora este símbolo tal y como es y que es desde hace mucho tiempo, te envio mi afecto hacia ti y deseo que rompas sus barras si las haycon tu acostumbrado éxito. El profesor de lengua bohemia de Fernando III, entonces rey de Bohemia, el Señor Doctor Rafael, me ha contado que el antedicho libro perteneció al Emperador Rodolfo , que pagó por el libro a su poseedor la cantidad de 600 ducados. Él creía que el autor era el inglés Roger Bacon.  En este punto, suspendo el juicio: que es el lugar para definir aquello que nosotros debemos ver y decidir al respecto,con tu favor y amabilidad. Me comprometo sin reservas y me mantengo

A las órdenes de Su Reverencia, Johannes Marcus Marci de Cronland. En Praga, a 19 de agosto del Año del Señor de 1666.

Antes que Marci también había escrito a Kircher el anterior propietario del manuscrito, Georgius Barschius, con idéntico y escaso éxito que el obtuvo Marci, en estos términos se dirigía Barschius a Kircher

En ocasión de la partida hacia Italia y Roma de cierto religioso, obtuve permiso de él para llevar a Usted esta carta, con la cual quisiera recordarle cierto escrito que le envié desde Praga a través del Reverendo Moretto, de la Compañía de Jesús. La razón de haberle enviado esos escritos es la siguiente: Después de la publicación del Prodromus Copti, Su Reverencia se hizo famoso en todo el mundo, y en ese libro Usted solicitó ayuda para encontrar material adicional para otro libro que pensaba publicar.

 

Por lo tanto he decidido repetirle este pedido. Moretto me ha dicho que llegó felizmente a Roma, de lo que me complazco, y más complacido estaré cuando el contenido del libro mencionado nos sea revelado gracias a Su Reverencia, de modo que las buenas gentes puedan compartir los buenos conocimientos que hay en él. De los dibujos de hierbas, de enorme número dentro del Códex, de varias imágenes y estrellas y de otras cosas que aparentan ser secretos de la química, he conjeturado que todo él es de naturaleza médica.

 

En Praga, a los 27 días de abril de 1639, en el mismo día en que, en abril de 1605, comencé mis estudios en la Universidad de La Sabiduría de Roma.

 

Los anteriores fragmentos provienen de los extractos recogidos y traducidos por Marcelo Dos Santos.

 

Las esperanzas depositadas en Kircher por los sucesivos propietarios del manuscrito y, parece, que las depositadas por la Corte Imperial se vieron frustradas como, seguramente, el propio Kircher, que debió estudiar el asunto y lamentar el no poder abordar un asunto que interesaba a altos patrocinadores, frustración que llegó al punto de la descortesía al ser lo suficientemente grande para hacer que Kircher diese por toda respuesta un explicito silencio, quién sabe si motivado también por la esperanza de poder solucionar en algún momento el enigma.

 

Con Kircher se archivó el asunto y el propio manuscrito en el Colegio jesuita hasta su redescubrimiento por Wilfrid Michael Voynich en 1912.
Características del Manuscrito Voynich

 

El Manuscrito Voynich tiene alrededor de 240 páginas escritas en vitela –un tipo de pergamino-, su formato es de 15 por 22 centímetros y contiene 40.000 palabras. La obra esta concienzudamente ilustrada, habiendo únicamente 33 páginas que solo contienen texto.

 

El libro no tiene título, ni fecha, ni nombre de autor, tampoco presenta división por capítulos ni organización alguna, la subdivisión realizada posteriormente por quienes lo han examinado ha seguido como criterio el tipo de ilustraciones para referenciar las partes que, también, se han estructurado siguiendo parámetros medievales, así se ha definido una parte como herbario, otra biológica, otra astronómica, cosmológica, farmacéutica y de recetas, pero, en puridad, se desconoce si se habla de algo de eso o nada en absoluto.

 

Hay que decir que según autores la anterior clasificación se puede ver reducida a cinco apartados, esto sucede si dentro del apartado de astronomía se incluye el de cosmología.

 

La clasificación del Voynich además de seguir la pauta de sus ilustraciones responde también a clasificaciones de materias habituales en tratados de herboristería y/o medicina de la Edad Media, en ese sentido ese patrón de clasificación no resulta diferente, tampoco inadecuado, puesto que se ha escogido como modelo a seguir algo propio de su contexto.

 

El herbario contiene una o dos plantas por página, siendo una lo más usual, junto a ellas aparecen comentarios en letra, si tienen algún sentido hemos de suponer que sea referido a la ilustración. En ocasiones la planta dibujada con más detalle en esta sección se reproduce a escala en la sección de farmacia. Las plantas muestran numerosos detalles y gran colorido, el problema es que en su inmensa mayoría son inexistentes, aunque alguna se ha creído poder identificarla –como la acedera o cierto tipo de girasoles-. Pero, repetimos, en su mayor parte nos encontramos ante plantas fantásticas cuyas raíces toman formas caprichosas.

 

La sección astronómica contiene diagramas circulares que parece representar constelaciones, estrellas, planetas y lunas, también aparecen referencias zodiacales, fácilmente identificables por los signos astrológicos, como piscis, tauro, sagitario, etcétera, si bien se han perdido algunas de las constelaciones propias de esta serie. Cada símbolo del zodiaco aparece rodeado por miniaturas de mujeres desnudas, que en número de treinta sostienen estrellas alrededor del símbolo. En esta sección existen algunas páginas que son desplegables.

 

La sección de cosmología puede unirse o no a la de astronomía, su contenido es un tanto una miscelánea, aparecen nuevos diagramas circulares pero que no son asimilables o identificables como astros, aquí también abundan los desplegables, el más llamativo es uno que ocupa seis páginas y que muestra lo que parece un plano con islas o isletas unidas por calzadas, con castillos y un volcán, pero… no deja de ser una interpretación de ese contenido.

 

La sección biológica muestra abundante y denso texto, en ella aparece uno de los enigmas de la ilustración del manuscrito, las figuras de mujeres desnudas–algunas de ellas aparecen coronadas-, aparentemente bañándose en estanques o tinajas que se encuentran interconectados entre sí por lo que parecen complejos mecanismos de cañerías y grifería, normalmente el color de los estanques es verde o azulado. Se especula sobre el significado de estos dibujos, así se dice que estos complejos mecanismos unidos por tuberías podrán ser representaciones del aparato digestivo o de vasos sanguíneos, así como de los genitales de la mujer.

 

La sección farmacéutica repite a escala reducida algunas de las plantas recogidas en el herbario, los dibujos de plantas aisladas aparecen junto a leyendas que parecen referirse a ellas, sean hojas sean raíces, también pueden observarse frascos y botes aparentemente etiquetados, pueden verse en los márgenes y en algunos párrafos de texto.

 

El recetario podría ser cualquier cosa dado que desconocemos su contenido, se le ha denominado tal por seguir los esquemas de obras medievales de medicina y farmacopea, aquí nos encontramos párrafos de texto, relativamente breves, separados entre sí por estrellas, flores o asteriscos en su margen izquierda, que parecen diferenciar unos de otros. Si realmente se tratase de un recetario cabe imaginar que debiera contener las instrucciones respecto a los pasos a seguir y las sustancias precisas para elaborar productos químicos o alquímicos, pero… se ignora por completo si se trata de eso o de algo diferente.

 

El texto se ha dado en llamar “voynichés” en honor de su descubridor Wilfrid Voynich, lo componen 40.000 palabras y unos 170.000 glifos. Fue escrito de izquierda a derecha, no hay unanimidad en relación ha si lo ha sido por una sola mano o varias. Los párrafos más largos suelen presentarse separados por signos o marcas en su margen izquierda si bien el texto carece de signos de puntuación.

 

Su discurrir es fluido, como si la mano o manos que lo escribieron no tuviera que pararse a pensar lo que iba a escribir, no hay indicios de repetición o rectificación en el mismo, ni tampoco de pausas en la ejecución de alguna palabra, todo indica que el autor o autores se sentía seguro haciendo lo que hacia, luego tenía práctica en ello.

 

Los glifos o caracteres están separados por pequeños espacios entre sí y las palabras por espacios mayores, cada carácter esta realizado con uno o dos trazos. Se calcula que el alfabeto que compone consta de veinte o treinta caracteres, la variabilidad en la cifra se debe a la falta de unanimidad a la hora de identificar determinados glifos como uno solo o bien dos. A estos hay que añadir algún carácter suelto y extraño que aparece en raras ocasiones a lo largo del texto.

 

A partir de los espacios largos se define el número de palabras, así nos encontramos con esa cifra de cerca de 40.000 palabras, como los caracteres son identificables podemos también medir la longitud de las mismas. La composición de cada palabra parece seguir una pauta que no sea la pura aleatoriedad, cada una de ellas da la impresión de tener una pauta fonética u ortográfica, así vemos letras o caracteres que se repiten con cierta asiduidad en cada palabra, otros nunca siguen a otros –lo que indicaría una norma-, otros aparecen juntos–lo que podría formar letras dobles como la “ll”- y otros no, digamos que todo eso indica algo más que el azar a la hora de escribir el texto.

 

El texto no se considera una lengua artificial porque cumple con los patrones de la ley de Zipf, la cual sostiene que a mayor uso de lenguaje más son las palabras cortas utilizadas, es decir que cuanto más frecuente es una palabra en un idioma ésta es más corta, y eso es una característica de las lenguas naturales y de su evolución, no siéndolo de las artificiales –como el enoquiano-. La entropía del lenguaje acerca al voynichés al latín.

 

Dentro del texto ciertas palabras aparecen solo en ciertas secciones y hasta parecen encabezarlas, por ejemplo, en el herbario la palabra inicial de cada página no vuelve a aparecer en el resto de su texto, dando la impresión de ser el nombre de la planta que aparece ilustrada en esa página. Se repiten muy poco las palabras de las leyendas que acompañan a las ilustraciones, otras palabras solo se encuentran en ciertas secciones –como se ha dicho- y otras se repiten a lo largo del texto.

 

El voynichés no presenta palabras de más de diez letras de longitud, por otra parte ciertos caracteres solo aparecen a principio de palabras, otros al medio de las mismas y otros se reservan para el final; otra característica es la repetitividad del texto, esto es curioso pero no necesariamente tanto, podría tratarse de una formula o de una letanía, ello explicaría, por ejemplo, la aparición consecutiva de la misma palabra hasta tres veces.

 

El texto está escrito con caracteres latinos por lo cual se ha podido hacer una translación del voychinés al alfabeto latino, con ligeras variantes según distintos autores aunque finalmente se ha encontrado una base homogénea a partir del European Voynich Alphabet o EVA, eso permite trasladar los textos del manuscrito a una serie de palabras escritas en alfabeto latino con el cual se establece una correspondencia. No obstante ello no ha significado el menor avance hacia el desciframiento de lo que pueda contener el manuscrito.

 

Así las cosas todo es campo abonado para cualquier suposición o hipótesis, digamos que se entra en el maravilloso mundo de los significantes sin significado así que cualquier significado es posible, el universo que se abre es a la vez derridiano y lovecraftiano, sin duda tenemos un texto carente de ontología, ignoramos siquiera si llegó a tenerla original, ergo nos encontramos con una auténtica maravilla para una deconstrucción pura, todo se basa en la difference, por otra parte tenemos un códice claramente lovecraftiano, mensajes ocultos, insinuados y no dichos, cosas encerradas que prometen saberes primigenios –como su Necronomicon-, y como el Necronomicon nos hallamos, en la práctica, ante un libro inexistente, solo una sombra que bien pudiera estar escrita en blanco.
Datación

 

Pero volvamos a nuestro manuscrito y centrémonos en su fecha, su datación ha podido establecerse recientemente, en el año 2009, a partir de la utilización del carbono 14 por un equipo de la Universidad de Arizona, tras las pruebas realizadas y con una fiabilidad del 95 % la datación sitúa a la obra a principios del siglo XV, entre los años 1404 y 1438, las pruebas realizadas en el MacCrone Research Institute de Chicago para datar la tinta confirma esas fechas. Sí tenemos una fecha podemos descartar, en consecuencia, todo aquello que no se ajuste a la misma, así todo lo centrado en una autoría del siglo XVII debe descartarse, no pudo ser un fraude para embaucar a Rodolfo II y obtener los 600 ducados de oro que pago por el manuscrito, ni el aventurero Kelley pudo preparar la artimaña, sencillamente ni uno ni otro existían cuando se elaboró el manuscrito, lo mismo puede decirse de John Dee, Jacobus Horcicky de Tepenececz, el propio Marci o cualquier pícaro alquimista que desease el oro de la Corte de Rodolfo, por el mismo motivo cronológico tampoco pudo ser la mano de Roger Bacon quien trazase esos signos, ni Wilfrid Voynich quien preparase el fraude.

 

Con mensaje verídico o falso la datación está clara: entre 1404 y 1438, en esa época, forzosamente, ha de situarse al anónimo autor del manuscrito, y eso nos devuelve al misterio puesto que todas las teorías elaboradas a partir de alguno de los propietarios conocidos, directa o indirectamente, desde el siglo XVII hasta la actualidad quedan descartados de un plumazo por la temporalidad, la cronología los desmiente como autores, además sin paliativos.

 

Tenemos pues, de nuevo, los trazos blancos de nuestro muy profusamente escrito e iluminado libro, el Voynich sonríe, nos dice que no es y de quién no es, sigue ocultando de quién es y lo que es, sigue siendo nuestro Necronomicon, irreal pero existente en su irrealidad, al punto de convertirse en mito, susceptible de ser cualquier cosa que podamos imaginar, el libro que nadie puede leer es el libro que todos pueden hacerlo, todos pueden interpretarlo porque… solo es una sombra, jamás concluye, jamás abre sus páginas para nada concluyente, solo lo hace para seducir la imaginación ¿habrá acaso algo terrible o maravilloso allí? Al menos algo maravilloso sabemos que hay: la obra misma.

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